Ridícula eficacia

Ante la ineficiencia e ineptitud sólo le quedaba la ridiculez, por eso siempre reía en las fiestas y reuniones, mostraba lo que comía y se entretenía en diversiones.

Marco Antonio se divertía, mientras César afianzaba su poder, para hacerlo había doblegado a una ciudad que en memoria sería eterna, aunque ruinas ahora sólo queden de ella

Mientras el ridículo bailaba y con pronunciamientos se desdecía, los generales se peleaban: César y Pompeyo en pos de la gloria rumbo a Egipto se mataban.

 El hombre ridículo, en tanto, bailaba y con palabras suaves pretendía calmar los ánimos, miedos e inseguridades que había sembrado su general en en jefe con tal del poder afianzarse.

Al ver que los discursos, y el recuerdo de las buenas madres romanas no servía, Marco Antonio se desesperaba y para calmar a la turba embravecida hacía un pronto y mal uso de las armas.

¿Cuántos Marco Antonios no  ha habido? De esos que destrozan ciudades eternas en pos de tratar de calmar los ánimos de las turbas a los que con sus discursos y ridiculeces despiertan.

Maigo

Textos breves

Leo un mensaje, luego otro, y otro y uno más. Hay cuatro mensajes que parecen tratar de lo mismo. Uno es un saludo, otro una pregunta, el tercero la duda de si la pregunta se escribió bien, y el último una carita. Lo último que tengo en mi pantalla es la carita. Resulta amenazadora. ¿Vale la pena abrirlo? Después de dudar, lo abro. ¿A qué le pongo más atención?, ¿a la pregunta o al cuestionamiento de la pregunta?, ¿esto es a lo que Martin Heidegger llamó preguntar la pregunta? Supongo que resultaría más comprensible hacerle caso a la segunda pregunta, no sólo porque sea producto de la reflexión que un par de minutos acumulan, sino porque replantea a la primera. Creo que es más importante porque es el preludio de una carita, y las caritas, al menos para quien me la escribió, intentan enfatizar la importancia que tiene lo escrito, pues recalca una emoción, enfatiza la vitalidad de lo recientemente escrito. Pensándolo mejor, ¿tendrán relación los cuatro mensajes? El saludo es una muestra de cortesía, una muestra de que es tan importante mi aliviadora respuesta como el saber cómo me encuentro. La pregunta es el motivo del saludo, pero la segunda pregunta bien se la pudo haber hecho sin necesidad de la primera pregunta; es decir, su relación temática, consecuencia de la primera duda, apenas si es visible, como si hubiera algo intermedio que no estuviera siendo escrito. La carita es una emoción, pero jamás me explicó si el enojo se debía a que no le di respuesta en un minuto (lo cual es sumamente improbable), a que se sentía tonta preguntándome eso, o porque alguien había provocado el enojo de la persona que me escribió los mensajes mientras me los escribía. La separación de los mensajes no sólo obedece a la brevedad, también obedece a la separación que tiene un mini texto con otro. ¿Podemos aceptar que la brevedad de los mensajes útiles, con chispazos de emoción, nos hacen separar nuestras ideas a tal grado que nos imposibilita expresarnos con un mensaje amplio y explicativo, que requiere un mínimo momento de concentración, lo que nos lleva casi necesariamente a la imposibilidad de entablar una conversación larga y significativa en una mesa?, ¿los mensajitos nos incomunican en lugar de comunicarnos?, ¿vivimos a pedazos nuestras vidas, sin relacionar un momento con otro, porque escribimos a pedazos?, ¿por eso no podemos comprendernos, porque apenas si somos capaces de relacionar cómo nos sentimos actualmente con lo que hicimos la hora anterior? Un quinto mensaje me saca de mi ensimismamiento: “Olvídalo, creo que no es tan importante”.

Yaddir

εὖ πράττειν ἑπτάκις

 

Bienaventurados somos porque Sócrates no escribió nada; pero tal vez, amigos, siete veces más lo somos porque por eso podemos saberlo.

Estación

¿Qué hay de malo en lanzar una hoja de hielo sobre la plana superficie de un lago congelado?
Al quebrarse, pensando que el lago soportaría el impacto, haría saltar, patinar y delizarse sobre su superficie a un sinfín de cristales blancos y brillosos. El espectáculo, tal vez sería menos a lo que hubiera podido imaginar, pero en un lunes de invierno, sin trabajo y sin escuela, no se necesita ser muy creativo para matar aunque sea un poco el aburrimiento.

Jesse tomó la hoja de hielo que se había formado sobre el techo de su auto. La tomó con todo el cuidado del mundo, ya que dependía de su unidad, que el espectáculo fuera tal y como se lo había imaginado. La cargó con cuidado, tomando pasos cortos y bien afianzados, cuidando de no caer y arruinar su diversión, hasta que llegó a la orilla del lago de la parte trasera de su granja.

Es un lago grande, en medio de la nada, de un tamaño que le obliga a usar un bote para cruzarlo todo, pero no tan grande como para que se desborde en un río o en un mar. Lo cuál le ha llevado a pensar en más de una vez, que el agua viene de algún río o estanque subterráneo, aunque de esto no lo ha podido confirmar, a pesar de haber pasado todos los veranos de su adolescencia buceando y ahuyentando al calor de su cuerpo.

Sin mucho preámbulo tomó la hoja de hielo, que, cabe señalar, era bastante gruesa, al menos una pulgada de espesor le permitía tomarla con confianza con las dos manos. Luego, dio un par de vueltas intentando mantenerse en su eje, para ganar un poco de ímpetu y terminar soltando el cristal como si fuese un disco de las olimpiadas. La fuerza de Jesse no era mucha, pero esta pequeña técnica le permitió que la hoja saliera disparada por los aires para terminar quebrándose al caer de bruces en un sin fin de cristales que recorriendo desde el centro del lago todos a la misma velocidad, disparados hacia los extremos. El espectáculo fue muy cercano a su imaginación, y por eso, durante un segundo demasiado breve, temió que el aburrimiento regresara después de su absurdo entretenimiento. Tal como lo había imaginado.

Para su desgracia, esto no fue así, una vez que los cristales dejaron de moverse un extraño sonido burbujeante comenzó a escucharse cada vez con más fuerza acercarse desde el fondo del lago hacia la superficie. Si bien, podría ser un sonido similar al del agua mineralizada con burbujas del tamaño de un adulto, también pudo haber sido el exhalar de varios animales, o de uno solo con un montón de narices. A decir verdad, la negrura que cubría el hielo de la superficie del lago, le impidió ver más allá de lo que la luz podía mostrarle. El sonido se mantuvo durante diez minutos, y Jesse, pasó tanto ese tiempo, como el resto del invierno pidiéndole a Dios que nunca terminara, y la capa de hielo no se derritiera jamás.

Soñé

Soñé

Soñé que soñabas.

Yo me hacía pequeño. Ínfimo,

lo suficiente como para entrar por tus

pestañas.

 

Y miré

miré que soñabas.

 

Sílabas perdidas de otros tiempos,

pero no eran emisiones de aire

nada que el fuelle de tus pulmones

palabra alguna profirieran.

 

Desordenados

eran tus recuerdos;

como el baba beba biba

de un niño en la boba

que trata de copiar una palabra

cuyo significado le es ajeno.

 

Sílabas que eran recuerdos

Pensamientos informes

Sensaciones vagas

Deseos

Temores

Delirios

 

Así se veía todo

En el espejo de tus ojos.

¿Unidad para qué?

No quiere dialogar, está claro. Dialogar significa encontrarse con el otro y respetar su existencia. Respetar no es dejar de lado, sino encontrarse en lo importante. Lo que él quiere es imponer su visión, no superar un desacuerdo, sino aplastar al oponente, porque hay que decirlo, no hay otredad en la polémica injusta. Injusta es su argumentación, casi irracional, porque se ha puesto en el lugar de los oprimidos, los injuriados, los lacerados por los de allá arriba. Pensar, mejor dicho, sulfurar palabras desde esta posición sin pensar en la justicia es injusto, es víscera. Sentir la injusticia sin pensar el bien: paranoia.

Pero tiene su orgullo, que es su humildad. No necesita consejos de nadie porque ya lo ha visto todo desde la tierra. ¿Cuántas veces no la ha recorrido?, pero estos sabedores del amplio espectro del alma humana que van con parsimonia dando, regalando, consejos, por lo regular son más egoístas y orgullosos hasta el enojo que ningún otro hombre. Su humildad es su orgullo. Tentación del bien más pedestre. Ya conoce el bien, por eso actúa así. Miedo a perder lo que conquistó. Existen pequeñas vanidades que ante cualquier ofensa se levantan. Pero él no es de ésos.

Él es un hombre de sabiduría casi incansable. Sabe hablar al pueblo, a los no expertos. A los que zalameros confían en él. Las conferencias matutinas son para el pueblo, los medios son sólo altavoces. A los expertos les contesta con guante blanco entre líneas. De lo que nos queda suponer que hay una política pública y otra que sólo se susurra en las catacumbas. Ideas que no entiende el pueblo han de ser discutidas en otro palacio. Y en ese palacio, desdeñar al anfitrión. Todo es público, excepto la verdad. Al pueblo le ofrece triunfos; a los expertos les hace oídos sordos con sus preguntas. Existen altezas que desean el tesoro de los más insignificantes.

Claro, su mundo es una pirueta. Hoy dice lo que mañana refutará. Sería un gran ejercicio de memoria y literario dar unidad a cada una de sus afirmaciones o sentencias. Está desesperado, porque el poder lo alcanzó y no sabe qué hacer con él. El poder institucional, de gobierno, que él representa existe porque atiende alguna necesidad. Poder y necesidades siempre van uno junto al otro. ¿Cuáles son las necesidades del México de hoy?, ¿el amor?, ¿la vuelta a lo nacional?, ¿el desprecio a lo fifi, como la virtud ciudadana? Sus respuestas son ideologías, por no decir prejuicios de clase. Tampoco digo que sea representante del marxismo o socialismo. Del humilde si acaso, pero el humilde que quiere ser poderoso, aunque no sepa para qué.

Quiere a México unido, aunque no pretende unidad (como todo gran demagogo sabe mentir, sabe aprovechar el mal como bien, aunque la bola de nieve crezca en contra suya y de todos los que le sirven), desea unicidad, sin amistad, sin libertad, donde la medida sea él.  No quiere que los otros confluyan en un bien, quiere ser él, el único bien.

Javel

¡Flores para el Tirano!

Desde tiempos muy remotos los tiranos se echan flores, pues la envidia los disuade de ver a la cara sus errores.

Algunos exigen de las audiencias aplausos, emulando a cierto emperador que mató de insolación a un público callado.

Desde tiempos muy remotos, los tiranos se echan flores y se cuelgan los collares que otros ganan: cierto emperador comodino con trampas vencía a gladiadores y se colgaba victorias que pertenecían a los mejores.

Algunos se cuelgan medallas y militares honores, haciendo que los tiranos de antes parecieran menos peores.

Desde hace muchos siglos los tiranos se creen mejores, y se encargan de destruir a quienes destrozan sus ilusiones como lo intentaron 30 tiranos contra un hombre llamado Sócrates. 

Tiranos ha habido muchos y muchos han sido sus víctimas o detractores, y entre las luchas por el poder siempre han estado las flores. 

¿Será que entre flores los tiranos ocultan la podredumbre que los aleja de ser hombres?.


In memoriam:

 Te marchaste de manera repentina,

porque repentino es el último suspiro.

Sin aliento me quedé tras tu partida…

Pero con la esperanza del perdón

que dejaste alegremente en mi camino,

te marchaste de manera repentina…

Los recuerdos sobrepasan al olvido,

Gracias Meche por todo lo vivido

Coletilla:

Námaste Heptákis firmó su último acorde en la Big Band que se formaba hace poco más de 10 años, ante su partida sólo puedo expresar mi gratitud por el interinato que nos regaló. 

Hace cerca de 7 años nos dijo que se marchaba, que sólo venía con nosotros a cubrir un interinato, si no mal recuerdo dijo que sólo era interino de la vida. 

He de decir que en muchos sentidos los textos de Námaste Héptakis se quedaron con sus lectores, creo que éramos más de cuatro. 

Hasta donde veo extrañaremos esos acordes que saltaban entre reflexiones alfonsinas, las ideas llenas de gracia y las muchas coletillas, los poemas, los adendos y las escenas que del terruño nos pintaba, unas terribles pero eran parte de lo que formaba a nuestro terruño. 

Gracias a Námaste Héptakis porque en algún sentido nos deja el hábito de la amistad, el de la lectura y el de la escritura. 

Nos veremos por la vida, mientras algo quede de ella, y nuevamente gracias por los acordes, los desacordes y los comentarios que dejaste entre epígrafes y sentencias. 

Maigo