Vídeo

Sí, era innegable, por fin, después de tres noches sin dormir, por fin había Eugenio logrado grabar al fantasma que atormentaba el asilo de ancianos.

La cosa fue más sencilla de lo que esperaba, incluso le dio tiempo de transmitirlo en vivo en todas sus redes sociales. Hubo una presentación, una introducción y si no hizo un prólogo a su aparición fue porque a final de cuentas el fenómeno paranormal se daba de manera fortuita.

Simplemente se esperó, sentado en el lugar donde las noches anteriores se había manifestado el desperfecto a la realidad, prendió su linterna de mano, que, aunque no dejó de parpadear con la presencia de aquél ente, fue suficiente para que la cámara pudiera presentar cómo el tiempo y el espacio se doblablan durante un segundo entero (o eso es lo que marca el video, aunque yo tengo mis dudas). Y aunque nadie de los espectadores podía comprender lo que sucedía en ese momento, era evidente que había algo mal en lo que se grababa en tiempo real. Por supuesto, a todos se les puso la piel de gallina, y todavía cuando alguien reproduce ese video maldito, no dejamos de sentir ese vacío existencial que provoca por un largo e interminable segundo.

El asunto es que el mismísimo delegado, pidió la renuncia del buen Eugenio, cosa que vino a convenirle, no lo dijo durante la transmisión en vivo, pero la razón para grabar este suceso, era tener pruebas para poder justificar su renuncia. Más tardó en transmitir, que en recibir su despido. Que venía redactado de tal manera en la que acusaban al velador de no cumplir con sus funciones. Era este segundo infinito, el que le permitía a su empleador, alegar que el caballero había pasado la noche entera transmitiendo, y no, cuidando el asilo de algún intruso que fuera a robar o a dañar propiedades de la institución. Eugenio fue despedido sin derecho a una liquidación. Cosa que no importó mucho ya que esta transmisión se viralizó a tal grado que el buen Eugenio pudo vivir de las regalías de su video. La mala noticia es que el mundo no volvió a ser el mismo. Nadie ha podido explicar el porqué, pero estamos seguros de que cada vez que alguien ve aquél fenómeno paranormal, un pedacito de su alma muere.

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