Brutalidad

Ahora que el dios se había invocado, Tucídides tenía cierto orgullo de haber podido realizar el ritual de cabo a rabo a la perfección. Es más, durante el primer año, no le importó ser un esclavo absoluto de los caprichos de esta entidad abominable. Ya saben, el corazón de una virgen cada quince días, los ojos de un niño cada luna llena, etc. Las exigencias que podría esperar cualquier fiel ciervo de un Señor Oscuro.

Fue hasta el segundo año, y unos diez meses en el que las cosas comenzaron a hacerse un tanto depravadas. De un día a otro su siniestro amo, dejó de pedir asesinatos o mutilaciones. En cambio, le dio por pedirle cierta cantidad de lágrimas propias. Al principio le pareció algo sencillo, y conforme la cuota fue aumentando, Tucídides, poco a poco tuvo que comenzar a ser creativo, para poder ir cubriendo lo solicitado, por supuesto con su aumento de una lágrima por día.

¿Por qué te platico esto? Sencillo, el pobre Tucídides se ha quedado seco, lo puedes ver en aquella esquina, y tú, bueno, lograste llamar la atención de dios gracias a tu pericia en las artes ocultas. Así que, si no te importa, el día de hoy comenzaremos a llorar a la media noche.

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