Retirada…

Retirada…

Pompeyo Magno estaba al frente de Roma cuando  Julio César cruzaba el Rubicón al mando de un ejército, las consecuencias de esa huída fueron nefastas, ya que mientras César desafiaba a las leyes emitidas por el Senado, Pompeyo escapaba con la esperanza de levantarse victorioso después de saberse inferior y con su partida reconocer una clara derrota.

Los pensamientos de Pompeyo no los conocemos, no sabemos si se fue para evitar muertes innecesarias en la ciudad eterna, o si partió por cobardía y con el ferviente deseo de salvar ante todo su vida, lo que sí sabemos es que perdió su última batalla en Farsalia, y murió traicionado por un joven monarca. El general recibió a la muerte lejos de la capital de la República a la que se supone protegió y engrandeció a lo largo de su vida con gloriosas batallas.

Pompeyo perdió la vida escapando, César inició una guerra civil al desconocer al Estado que le había prohibido cruzar el Rubicón con sus soldados, lo malo de la guerra civil es que también termina con tus aliados y César lo vivió en carne propia cuando entraban los Idus de Marzo.

Pero el que más perdió con esa huida fue el Estado, ese, se perdió para siempre para dar paso a un Imperio del que César no disfrutó ni dos años.

Quien diría que con la retirada de Pompeyo se anunciaba la mala muerte de lo que hasta el momento se creía civilizado.

Maigo

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