Cambio de mentalidad

“¡Todos debemos cambiar de mentalidad!” Escuché que alguien decía arriba de un templete hace varios días mientras más de un centenar de personas gritaban llenas de emoción: “¡Sí!” Me quedé estupefacto por la frase. No es la primera vez que la escucho. Pero sí la primera vez que escucho que alguien la dice arriba de un templete, es como si Facebook hubiera encarnado y alguien escribiera eso mientras recibiera cientos de likes al momento. Aunque algo que ninguna red social podrá dar es el sentido de unidad que se percibía en aquel grupo. Estaban emocionados, comprometidos con lo que escuchaban; siendo parte de ese momento. Pero pensándolo bien, ¿era una orden o un consenso? Porque en el primer caso, se podría especular que el de arriba del templete se situaba en una posición superior porque él sabía cuál era la mentalidad a la que había que cambiar. ¿Habrá sido una buena mentalidad la que tenía entre sus manos? O ¿quería crear y dirigir un grupo que se sintiera superior a los demás?, ¿cómo sería capaz de cambiar la mentalidad de alguien? Si entre los entusiastas asistentes había algún buen profesor, supongo que se quedó ahí no para recibir la mentalidad ofrecida sino para saber el secreto del cambio de las mentalidades. El cambio de mentalidad, ¿se daría según una serie de discursos o mediante una serie de ejercicios?, ¿habría un programa para dicho cambio? Porque al hablar de mentalidad se podría ir a cualquiera de los dos lados: el cambio en las ideas o el cambio en los modos de manifestarse en el mundo. O quizá creía que la mentalidad incluía ambas, que lo que se hace en alguna circunstancia cambia según las ideas que se tengan y que al realizar algo distinto en la circunstancia se cambian las ideas. Pero creo que es más importante preguntarnos: ¿para qué cambiar de mentalidad? Supongo que el grupo de seguidores no estaban contentos con su mentalidad y por ese motivo, no poco importante, querían cambiarla. No pocos estarían dispuestos a hacerlo si supieran cómo (las cosas están muy jodidas en el mundo, un buen cambio de mentalidad a varios no les vendría mal; pero creo que los que más joden el mundo son los que menos quieren cambiar su mentalidad). Aunque cambio de mentalidad suena muy radical, como a pensar y de vivir de un modo completamente distinto al que se ha llevado. Creo que no podríamos cambiar nuestra concepción de la derecha y la izquierda o de arriba y abajo, de lo sólido y de lo blando, de aquello que nos permite situarnos de modo espacial. Tal vez los objetivos de la persona del templete eran más modestos, algo así como preferir comer vegetales en lugar de carnes o de ayudar a las personas en lugar de perjudicarlas (claro que cómo ayudo a alguien no siempre es algo sencillo de saber). Pero si lo que dijo lo dijo sólo para captar adeptos, está usando una frase poderosamente retórica para objetivos perversos. El que tiene que cambiar de mentalidad es él. Aunque, si lo que quería decir era precisamente lo que él representaba, ¿en qué mundo viviremos?

Yaddir

3 Comentarios

  1. Maigo dice:

    Me parece interesante lo que planteas, pero me deja algunas dudas ¿Qué es la mentalidad?
    ¿Cómo se puede cambiar algo que no se comprende siquiera?
    ¿La mentalidad se funda en el sentimiento, en la razón o en otra cosa?

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  2. yaddir dice:

    Según lo que escuche, y se puede colegir de la reflexión escrita, una especie de disposición a actuar de una manera determinada. No importa en qué se funde, siguiendo con lo escuchado, sino que se cambie.
    No sé si sea necesaria una definición clara y distinta para, en caso de ser posible, cambiar de mentalidad.

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  3. Maigo dice:

    Según esto, ¿entonces se trata de cambiar hábitos o de cambiar la forma de pensar al mundo?.
    Lo primero parece posible, lo segundo no tanto, sería necesario percibir al mundo con sentidos distintos a los que poseemos, o habiendo pasado por una duda metódica que nos haga negar lo percibido.
    Quizá el cambio de mentalidad anunciado desde un templete sólo sea el uso de in lugar común para así lograr fines perversos, aunque no sea algo tan alejado de nuestra experiencia en el mundo, cuando la pensamos bajo el templete y lejos de los reflectores.

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