El tiempo se acabó

Y el tiempo de buscar culpables se le fue a Simón, por un momento pensó que refugiado en el miedo que todo hombre sentía era más que suficiente para no dejarse marcar por la culpa.

Más que por culpa era por responsabilidad, él sabía lo que había dicho la noche anterior, él sabía cómo se había envalentonado ante la turba unas horas antes, él se sabía temeroso y vulnerable, trató de esconderse en el miedo a los golpes, al martirio.

El tiempo de buscar culpables se había terminado, el inocente ya estaba siendo condenado a pagar por culpas ajenas y con el canto del gallo Pedro se dio cuenta de la responsabilidad que sobre sus hombros caía al negar al maestro al que tanto decía amar.

Afortunadamente para Pedro no era tarde, y sus lágrimas marcaron un rostro que durante años dio testimonio de lo que había vivido y de lo que había sido.

Afortunadamente Pedro no era un tirano y reconoció su debilidad y asumió el lugar que como discípulo amado le correspondía en el madero del que fue colgado.

En estos días hacen falta hombres como Pedro, capaces de rectificar el camino de la negación y de andar senderos que se alejan de la presunción, de los miedos y de las culpas.

Maigo

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