Afirmaciones peligrosas

“Nosotros somos el virus” es una afirmación profundamente general. Resulta difícil y fácil de entender; resulta muy fácil de aceptar y adherirse al grupo de los afirmadores convencidos. Las únicas explicaciones que he encontrado a la enigmática sentencia vienen acompañadas con imágenes de temas variados: bombardeos, playas repletas de basura y sus contrastes, ciudades deshabitadas y playas limpias de tan solas.  Claro que es muy fácil suponer que los belicosos y los que tiran basura son el virus, pero aceptarlo, siquiera convencerse un poco, es aceptar que los pacifistas y los recicladores son el antídoto y que, así como hay que acabar con el Covid-19, hay que acabar con los que hacen daño al mundo. Sería mucho más fácil suponer que estoy exagerando la afirmación, pero si no se consideran las consecuencias de la afirmación, cualquiera puede propagar el odio en redes, sin demasiada reflexión, hacia los que hacen la guerra y tiran basura. Exagerando un poco, si cuando vaya a la playa y por accidente se me vuela una basurita mientras disfruto del sol, alguno de los convencidos de quiénes son los malos y quiénes los buenos podría reclamarme y querer desinfectar al planeta de mí (a lo mejor sólo intentaría explicarme el daño a los animales y al medio ambiente que provoca el dejar que la basura viaje por la mar, aunque si sí toma en serio que soy un virus, podría aniquilarme como lo hace un medicamento contra una enfermedad) sin darme tiempo de explicarle la situación. No quiero imaginarme qué pasaría si el convencido ve a alguien con uniforme militar.

Pero lo que me parece más virulento es afirmar que el virus somos nosotros sin ninguna explicación. Imagínense que tras esa afirmación se ocultara un grupo nutrido de personas que quisieran un nuevo rumbo para la humanidad y el planeta, para replantear la relación entre los humanos y el planeta de manera ventajosa para el último. Un grupo suficientemente grande y organizado para limpiar los virus de la tierra y dejar sólo a los sanos. Supongo que podrían perdonar a los jóvenes menores de tres o cuatro años, para que no recuerden a sus padres y, más importante, para que sean adoctrinados o educados en las prácticas saludables. Supongamos que logran la virulenta aniquilación de los virulentos, ¿podrían ponerse todos de acuerdo y evitar divisiones sobre cómo cambiar la relación tierra-humanidad?, ¿no habría guerras por saber quiénes estarían al mando?  O ¿el virus no son también los tipos de regímenes? En ese caso, ¿el que lleve una vida más acorde con el planeta, es decir, que no le haga daño, sería el líder máximo?, ¿y si hay dos o más personas que vivan casi igual? Tal vez ahora sí esté exagerando con las consecuencias de la afirmación. Pero como nadie le pone diques (ahora que lo vuelvo a pensar, tampoco sucede que en redes se reflexione sobre el contexto de las frases), supuse que podría reflexionar en torno a ella como la entendiera. A mí me da la impresión que el único virus es afirmar, sin pensarlo, qué sea lo bueno.

Yaddir

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