Estudiar sin amigos

¿A qué vamos a la escuela? La obvia respuesta es a estudiar, a aprender, a llenarnos de conocimiento. No necesitamos demasiada evidencia para afirmar que en los primeros años de formación escolar apenas si nos importa lo que aprendemos de los maestros. Algunas habilidades las adquirimos de manera mágica para nosotros. ¿Cómo aprendimos a leer?, ¿qué nos permitió percatarnos que podíamos hacer sumas de cifras de más de dos dígitos y multiplicar o dividir elementos sin tener clara la referencia con la realidad? Tal vez adquirir habilidades sea la finalidad principal del aprendizaje en los primeros años, y por ello las clases continúen de manera remota o con estrictas medidas pese a la pandemia. Aunque si lo que más se aprende, o lo que se va desarrollando, es la capacidad de relacionarnos con otras personas, de socializar, la escuela en tiempos del Covid-19 fracasará.

No me refiero a que los niños vayan a socializar a las aulas como lo haría un adulto. No empiezan a comprar contactos que posteriormente les serán de suma utilidad para sus productivas actividades y juegos de poder. Los niños comienzan a experimentar ese gusto de interactuar con sus compañeritos, de jugar con ellos, van empezando a sentir la amistad. Se ríen, platican, comparten intereses, forman grupos, o simplemente pasan el tiempo a lado de personas semejantes a ellos. Muchos estudiantes al dirigirse a sus instituciones educativas ni por asomo se les ocurre que van a adquirir algún tipo de conocimiento, algo que les servirá para su futuro; ellos simplemente van a jugar, a pasarla bien. Estoy lejos de creer que aprender a leer y escribir no sea tan valioso como la amistad misma, pero los amigos vuelven más placentero el leer y el escribir; ver el tráfico con la compañía adecuada es muy agradable. Sin amigos nadie querría ir a la escuela.

Aunque los amigos también podrían fungir como una distracción. La escuela sin amigos, o por vía remota, podría ayudar a que los estudiantes desarrollen ampliamente su concentración, que lean desmedidamente, que investiguen diferentes maneras de explotar su potencial y que contribuyan al progreso social. ¿Para qué lo harían? La escuela en un principio puede ser una obligación molesta. Los alumnos más jóvenes apenas si se percatan que sus clases en algo servirán para su futuro (ni los mismos universitarios saben con claridad para qué están estudiando lo que estudian). Pero tanto los incipientes estudiantes, así como los más avezados, están seguros que, pese a sus obligaciones, quieren disfrutar el paso del tiempo con sus amigos.

Yaddir

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s