El espejo roto

Tanto cuestionó al espejo, tanto alimentó la esperanza de ver algo distinto en las mañanas, que sólo se sintió satisfecho cuando el polvo y el tiempo le quitaron su lustre a la superficie en la que se veía todos los días.

Así pues, la realidad dejó de ser lo que la superficie bien pulida mostraba, porque lo que era aceptado como real es lo que  se veía entre el polvo y las manchas del tiempo.

Pero,  un día limpiaron el espejo y con la plena visión de lo que era, el que en éste se reflejaba se sintió molesto con el artefacto, lo arrojó al suelo y terminó por ver muchas veces el reflejo de lo que era.

Miles de pedacitos mostraban pequeños rostros gesticulando y dando a entender el enfado y desparpajo del que producía los reflejos, miles de pedacitos le dijeron un millar de veces que no era lo que simulaba ni lo que pensó que era.

Miles de pedacitos lo invitaban por todas partes a hacerse a sí mismo pedazos, una vez que aceptara la verdad. Pero como buen cobarde, el que se reflejó en el espejo recién limpiado, optó por dejar esos miles de pedacitos y buscar una superficie más amable con él y menos fiel a la verdad.

Maigo