El plato del buen beber

Hay quienes piensan que con gráficas y estadísticas se compone al mundo, que al cambiar pirámides por platos o jarras se consigue una vida saludable, un espíritu libre de prejuicios y la igualdad que supone la existencia de una democracia.

Hay quienes ven al mundo como un cúmulo de colores atractivos, bien acomodados y con un sentido maravilloso, para leer al mundo hay que leer al mundo, para ver el mundo gráficamente hay que pasar mucho tiempo creyendo en gráficas y creyendo en el poder del discurso que dan los colores.

Esos pensadores, amantes de colores que ven enemigos en las pirámides y que creen que al cambiar la forma se cambia el fondo, ven al mundo como un objeto que se construye y manipula desde los discursos.

Coloridos discursos que se fundan en la fuerza de números, de estadisticas o de curvas planas, forman el mundo casi irreal en el que las tragedias se convierten en risotadas, en que todo va bien a pesar de las matanzas y en que el amor gobierna a pesar de las constantes pedradas.

Coloridas formas y atrayentes palabras procuran enseñar a comer y beber a poblaciones que ya están envenenadas, el agua se convierte en antídoto de cualquier veneno y el veneno se convierte en el pan de cada mañana.

Con coloridas formas y hueras palabras, se colman los platos de los hambrientos para que se nutran con las aguas negras del rencor y la venganza.

Maigo