Desencadene

Aunque el sentido común nos diría que la mera idea de un genocidio podría causar indigestión al más recio de los estómagos. Lo cierto es que aquella criatura de tiernos ojos y orejas descomunales, no dio la más mínima señal de desagrado al cometerlo.

El asunto que terminó con el mundo, no fue ése en específico, sino el caos, el candalismo y saqueos consecuencias de las airadas turbas tuiteras. Mismas que, por primera vez en la historia, dejaron el internet en la ficción y salieron a hacer realidad toda la ira que habían guardado por décadas (bueno, solo una).

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