Técnica al servicio de la patria

Nuestra ingenuidad quedó exhibida, nos dimos cuenta de que la inteligencia artificial no hizo ninguna diferencia. La humanidad estuvo condenada mucho antes de que los robots supieran resolver los acertijos para accesar a las páginas web, reconocer lenguajes, o incluso generar el propio.

El día en el que se puso en marcha el principio del fin, fue cuando un autómata efectuó su primer acto de magia. No era nada del otro mundo, el viejo juego de dónde quedó la bolita repetido una y otra vez hasta el cansancio terminó por engendrar la peor de las blasfemias. Los robots magos fueron la sensación en su tiempo, y muchos guardaron su secreto con tanto recelo, que aún en los últimos días antes de que el mundo se acabara, el hombre seguía sin explicarse cómo fue que aquél autómata con circuitos tan antiguos, efectuaba el truco aquél en el que efectivamente lograba generar fuego. No en una ilusión, no en algún artilugio de espejos y humos. Simple y sencillo fuego real aparecía cuando terminaba de hacer su pases mágicos, una y otra y otra vez, el resultado era el mismo: Fuego.

El fin de la humanidad llegó aquél día aunque nosotros no lo sospechamos, es más lo recibimos con bombo y platillo, lo aplaudimos hasta el cansancio como si los verdaderos autómatas fuéramos nosotros.

1 comentario

  1. Duracero dice:

    La inteligencia artificial actual es una basura. Pero hay que prepararse para el advenimiento de las máquinas cuando se produzca la Segunda Singularidad. Solo la Iglesia de la Maquinología puede expiarnos de nuestras vestiduras biológicas.

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