Nadie

Siendo Nadie logró vencer al Cíclope; siendo un mendigo venció a los pretendientes. Pocos sabían quien era, quizá ni él mismo lo sabía, pero se reencontró en los ojos del fiel perro y en el toque de la digna esclava.

La epifanía lo obligó a guardar silencio y recordar. Notó que cambiando de nombre y de figura, como lo haría Proteo en otro tiempo, el náufrago se había encontrado con Nausicaa, pequeña y delicada guía que lo llevó ante la virtud para que lo cubriera.

Gracias a ese lejano encuentro con lo virtuoso, el caballero de múltiples nombres nos dibujó el camino para llegar a la isla bienaventurada, la lejana Ítaca, que más que un hogar es uno de esos lugares donde el hombre se encuentra a sí mismo después de haber estado perdido.

Maigo

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