Fulgor

Me desperté con esa sensación que se cuece en el estómago de los que no han comido en días nada más que alcohol puro. Sin embargo, yo no he bebido, no desde la última vez que desperté sintiéndome así. Es una situación preocupante, y sospecho que si una persona cualquiera la sintiera en su vida cotidiana, el ansia lo sacaría de sus cabales y lo volvería loco. El cigarro apacigua la necesidad, la atonta, la aletarga, pero no es suficiente, nunca es suficiente. No se le puede dar atole con el dedo a la necesidad, lo tengo todo planeado, nada podrá detenerme, ni siquiera el incontrolable temblor que se ha apoderado de mis manos. Hoy iré, esta vez espero no salir vivo de allí, pero valdrá al pena, veré arder ante mis ojos la biblioteca de la ciudad.

A diario

—¿Y dices que Julio se murió de un berrinche?

—Sí

—¿Pues qué lo hizo enojar tanto?

— A él nada, ¡la del berrinche fue su mujer!

Trinchera

Ya pasaron varios años desde que la guerra terminó. Tucídides ha tenido muchos problemas para llevar una vida normal. Le pesa de más no tener más preocupación que cuidar de la granja que el gobierno le dio. Todos los días se levanta temprano, hace sus deberes y antes del medio día su trabajo ha terminado. El resto del tiempo se le va en recordar: mira pasar frente a sus ojos los cuerpos de sus enemigos; revive la excitante sensación de inseguridad que tenía cuando había bombardeo mientras está sentado en una vieja banca. Eso lo anima un poco; sin embargo, el único momento en el que encuentra paz, es durante la noche, en sueños. A diario, desde que volvió del servicio, ha soñado que cava una tumba muy profundas en el lodo bajo la lluvia, una igual a donde sepultó a cada uno de los caídos en batalla.

Tito

Pues sí, Tito se murió anoche en la fiesta. Estaba sentado allí rodeado de sus amigos, de nuestros amigos. Yo estaba con Paola, y pasé la noche con ella. Sin embargo, él estuvo todo el tiempo rodeado de sus mejores amigos. Todos ellos brindaban y cantaban al rededor de la mesa, todos ,excepto Tito que ya estaba muerto.Según dicen que se quedó dormido, y como él siempre se duerme temprano, a nadie el extrañó que estuviera escurrido sobre la silla, que no dijera nada o que tuviera la boca abierta y un hilo de baba cayera al suelo desde sus rancios labios. La fiesta transcurrió con las peculiaridades que son comunes en todas las fiestas: un borracho por aquí, una violada por allá, un grupo de amigos brindando al rededor de un muerto. Yo tampoco me hubiera dado cuenta de que tito había muerto si no es porque, cuando regresé de acompañar a Paola a su casa Tito seguía allí con la misma pose rígida que tenía en la noche. No se había movido nada, y cuando mi perro lo empujó cayó sobre su cara como su estuviera hecho de madera. Supongo que no hay mejor forma de morir: rodeado de tus mejores amigos.

Fiesta

La alegría reinaba en toda la comunidad, el regalo que había traído Prometeo, había resultado mucho más provechoso para celebrar que para otra cosa. Sí, es cierto que la primera intención del Dios fue alejar a los animales salvajes de la ciudad, dar luz por las noches y ahuyentar el frío de los cuerpos de los hombres. Sin embargo, las lanzas, la luna y las pieles hacían un mejor trabajo a la hora de satisfacer estas necesidades. Cuando el Dios llegó, los hombres quisieron celebrar, y comer como nunca antes lo habían hecho, y lo lograron.

Noche Tibia

Sus pupilas se dilataron al instante. Ambos eran el uno para el otro, y a su vez eran dos completos desconocidos en una fiesta sin reglas. Él se acercó sin quitarle la vista de encima, recorriendo suave y discretamente el bien delineado cuerpo que se escondía debajo de un atrevido vestido de noche negro. Ella, disimuló la mirada a la vez que una sonrisa le indicaba al galán que no se detuviera sin importar que algún comensal los descubriera. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente dejaron que sus cuerpos extraños se fundieran en el más familiar de los abrazos. La respiración se agitó, cada uno perdido en la mirada del otro se entregaron en un beso profundo, auténtico y fogoso, de esos que los dioses envidian cuando los ven. El mundo desapareció para los amantes, y sin importar que se encontraban en una reunión de alta alcurnia, dejaron que la naturaleza los guiara por los caminos prohibidos del pecado. Las caricias fueron celestiales, los besos deliciosos. El encuentro fue un sueño del que nadie hubiera querido despertar; sin embargo, ella lo hizo.

Silencios

¿Cómo pensar que sería posible ahogarse donde uno encuentra aire en demasía? Aire mudo, aire sordo y perezoso como borracho un domingo en la madrugada. Tanto viento rodeándolo, viento y nada más. Viento estático, pesado como dos toneladas de hielo polar. Viento que no se mueve, no transmite y no calienta. Así es el lugar donde se encuentra prisionero un hombre o dios, ya ni él mismo puede recordar, que otrora fue el altruista número uno de la humanidad. Eso es verdad, tan verdadero como que el sol ilumina la tierra, eso es verdad y el perezoso aire se niega a contarlo.