Día de muertos

Ofrendo un cigarro a los que ya no están y que no olvidamos. Esperando que la muerte se olvide por un buen tiempo de los que acá quedamos.

Virgencitaplis

Ahora que Méjico está a un paso de convertirse en el pueblo bicicletero que siempre ha soñado ser. Lo único que me queda, ya no es reír, sino más bien aferrarme a la promesa que hizo el peje hace unos años: iba a quitar el horario de verano.

Es el mejor momento par hacerlo: la economía está por los suelos, hay toque de queda, no hay tanta gente laborando y la inversión extranjera no quiere tener nada que ver con nosotros. ¿Para qué verga sincronizar nuestros relojes con el resto del mundo? ¿Para ahorra energía? Sería creíble si no estuviéramos en el viaje empecinado del carbón y el chapopote. Pero lo estamos, conviene despilfarrar energía, de ese modo, tal vez pueda reactivarse la economía interna y valga la pena la inversión en las refinerías y demás pendejadas.

De verdad, déjenos este horario que es el que Dios mandó, tal vez, pueda pasar a la historia como el peor presidente que jamás tuvo méjico, pero para mí será recordado como el que devolvió el tiempo al orden impuesto por Dios y eso no tiene precio.

Progreso Nacional

En esta ocasión no les traigo un breve cuento, es más una queja de la vida real.

Hace mucho tiempo que no espero nada de mi país, lo veo con tristeza decaer sin que nadie haga otra cosa más que aplaudirle como espectador en el coliseo.

Es solo que el día de hoy, creo que hemos alcanzado un nuevo hito. Comprendo que la naturaleza es indomable, tengo las paces hechas con esa verdad, y no pretendo desilusionarme porque de repente brote un virus y nos coma a todos.

Sí, los caprichos de mamá naturaleza son, a veces, un pocos subidos de tono. Lo que no llego a concebir y vengo a denunciar con tanta tristeza como coraje es que estemos teniendo un rebrote de lepra. Sí, señores, nada más y nada menos que la lepra está dando lata en pleno siglo veintiuno.

Estamos viviendo en el futuro desde hace veinte años. y hace cuarenta la gente creía y miraba al año dosmil con la ilusión de que nos traería autos voladores y casas superaónicas montadas en un poste gigantesco. Y sin embargo, venimos a encontrarnos conque hay un rebrote de lepra. Al menos en Méjico, porque dudo que en otros países no sudamericanos esté sucediendo eso.

No voy a culpar al sistema de salud, tampoco a la cuarta transformación. No conozco cómo funciona la lepra, sé que también ha rebrotado el sarampión y no me extrañaría que le siguieran la tuberculosis y la polio. ¿Por qué?

Lo pregunto de verdad, ¿por qué? ¿Por qué están reviviendo estas enfermedades ya tan “superadas”? ¿Es que la gente es más sucia que antes? ¿Es que no tenemos hábitos sanitarios suficientes? ¿Será que somos ahora más pobres? No tengo idea de qué está sucediendo, sin embargo, tenemos un rebrote y contagiadero de lepra. Situación que me parece por demás vergonzosa.

Lamento que tengamos que vivir esto y ahora que hemos vuelto a padecer de estos males tan bíblicos, ya no me queda imaginación suficiente de qué es lo que sigue, ¿sacrificios humanos? ¿Pozole? Esperemos que este paso firme que tenemos para retroceder, termine por renguear antes de que nos lleve a perdernos 40 años en el desierto.

En masa

Tal vez a nadie se le hubo ocurrido en ningún momento de la historia, tal vez sí, a estas alturas ya nada importa. Nadie imaginó que para destruir el mundo solo hizo falta una idea. Ésta fue escuchada por todos los habitantes del planeta, la mayoría corrió a realizarla; la otra parte corrió a evitar que se actualizara, fue tal su impacto, que ninguna de las muchas otras ideas o modos de pensar fueron escuchados, a final de cuentas no sirvieron de nada. Tanto hombres como mujeres se entregaron a la guerra sin siquiera pensarlo, y fue así como el progreso del pensamiento terminó por canibalizarse a sí mismo.

Inconexo

Teodoro era la mónada más feliz del cosmos, vivía dentro de sí, proyectaba desde su alma hacia su realidad todo lo que le rodeaba, belleza, fealdad y uno que otro milagro.

Teodoro pasó la menor parte de su vida adulta tratando de entender cómo construir su realidad, una en la que todo estuviera en armonía para consigo mismo. Teodoro logró en una ocasión forjar una realidad casi perfecta. En ella todas las mónadas estaban conectadas, y perdieron su cualidad de ser. Así mismo, todas y cada una de las realidades se tornaron una sola, pefecta, comunicada e indivisible. Gracias a Teodoro, de un momento a otro el mundo, como lo conocían las mónadas, dejó de ser, Se transformó en una realidad en el que la proyección interior y el constructivismo no era otra cosa que un cuento de hadas.

Fue así como Teodoro destruyó al mundo sin sinquiera enterarse, desterró la soledad, la irresponsabilidad y todos fueron perfectamente felices para siempre en un único, bueno y perfecto mundo. Como Dios manda.

FIN.

Endemia

El mundo no se acabó, como todos quisieron hacernos creer, el día en que un chino devoró a un murciélago. Sí, es bien sabido por todos en aquella región que su sabor es inigualable y altamente deseable. Lo que acabo con el mundo, fue que de vez en cuándo a los murciégalos les da por devorar chinos, y eso causó una enfermedad que se extendió en todo el reino animal. Los seres humanos, inmunes a ésta, murieron de soledad a causa de la glotonería.

Ansia

Con los músculos tensos y la vista vacía de esperanza quedaron todos los seres vivientes inundados por el terror. El fin del mundo llegó, pero no como ninguno de ellos hubo imaginado jamás. Todos y cada uno de los seres vivos, murieron ahogados, paralizados cuando a la ansiedad le dio por atacar el mundo, y éste sucumbió a su encanto.