La explicación persistente

La explicación persistente

 

Pallas, quas condidit arces,

ipsa colat…

 

La ciudad es el lugar de las palabras. Por ello, la reacción romántica contra la civilización moderna enaltece al campo. Si la ciudad moderna se construye a partir de la razón instrumental, será la sólida muralla del silencio la que circunde el panorama romántico del campo. Y la música –a media luz entre el silencio y la palabra- se presentará como la frontera de la civilización y la naturaleza. ¿Acaso la música requiere explicación? ¿Acaso el campo nos libra de explicar? ¿Qué es una ciudad donde ya no se explica nada?

         El silencio del civilizado extraña, pues es una renuncia a la explicación. De igual modo, cuando la música deja de ser concierto en la ciudad, el ruido es lo que permea. ¿Quién quiere vivir en el ruido? Incluso allí donde la palabra parece ya imposible, la explicación no es del todo un inútil combate. Podríamos explicarnos el ruido que circunda para entender al menos si todavía hay lugar para las palabras. Persistir en la explicación no es siempre un acto vanidoso, que a veces la vanidad del autor está en su renuncia a explicar.

         Alexis, o el tratado del inútil combate es una obra literaria que nos permite pensar en la persistencia de la explicación. Por un lado, Alexis podría ser considerada una novela cuasi-autobiográfica: el drama del despertar sexual de un escritor que se hipostasia en su personaje como mecanismo de ocultamiento. Por otro lado, y más acertado, El tratado del inútil combate podría ser considerado como una carta extensa en que se explican en primera persona las acciones de un personaje fabulado. Sin embargo, Marguerite Yourcenar logró mucho más que eso con su obra: logra una novela epistolar biográfica que da razón silenciosa del autoconocimiento erótico. ¿Razón silenciosa?

         Considerada como carta, el autor es el personaje principal de la novela. Pensada como novela, Alexis es el personaje principal de la carta. Sin embargo, no es sencillo identificar a Alexis con el autor de la carta, ni a alguno de los dos con la autora de la obra, ni a la destinataria con el lector, la autora o quien originalmente pedía la explicación. Alexis, el autor de la carta, la destinataria de la carta, la autora de la novela y el lector de la novela se encuentran en torno al silencio que origina toda la obra. El silencio está tanto en la periferia como en el centro de la obra porque es la continuación del viejo lamento de un pastor que es cervatillo, es la respuesta de quien alejándose protege, es la explicación persistente del silencio en la segunda Bucólica de Virgilio.

         Virgilio presenta a Corydon lamentándose porque su amor por Alexis no le es correspondido. A lo largo de la égloga, el pastor muestra la sinceridad de su pasión amorosa y su distanciamiento de la sencilla armonía natural. El epicureísmo virgiliano permite notar que el amor, aun cuando sea sincero, es siempre una perturbación, un desequilibrio de lo natural. No es antinatural la pasión homosexual, sino que su oposición a la naturaleza se origina en la perturbación originaria: todo amor es contrario a la naturaleza. Corydon se lamenta porque al amar ha perdido la tranquilidad y no ha ganado a Alexis.

         Alexis, en cambio, no tiene voz en el poema virgiliano. El silencio de Alexis motiva la creación yourcenariana: parece que la novela pretende dar voz al que en el poema calló. Sin embargo, la voz de Alexis sólo sonará a través de la voz de quien redacta la carta: un hombre que confiado en la comodidad de la costumbre evitó el autoconocimiento y en ello ha reconocido la razón de su infelicidad. El redactor de la carta escribe a su esposa para explicarle por qué ha huido, por qué la ha abandonado, por qué ella es la única que podría entenderlo. Huye porque él nunca sería feliz en la relación burguesa que el matrimonio le permite; él ama de otro modo. Abandona porque no puede exponerse a la tentación de la ciudad, de los citadinos, de los jóvenes de la ciudad. Y la esposa es la única que lo entenderá porque es la única que sabe por qué su amor es realmente imposible: sólo la esposa aquilatará el silencio de la explicación nunca plenamente dada. El esposo se va de la ciudad sabiendo que en el campo tampoco podrá hablar Alexis.

         El epicureísmo del poema nos permite ver al amor como perturbación. Alexis, si correspondiese a Corydon, se perdería en el silencio de los lamentos. El yourcenarismo, en cambio, comprende al silencio de otro modo. Piensa el redactor de la carta que entre una ejecución musical y otra sólo permea el silencio, la continuidad musical de la vida. Los lamentos de Corydon continúan en el silencio de Alexis. El esposo que abandona a su pareja, sabedor de la imposibilidad de amarla, deja una carta en que da razón del silencio en que terminará su relación. Mientras en el epicureísmo no hay solución para el amor, en el yourcenarismo la falta de solución es una renuncia a dar razón. Mientras los cantos virgilianos enaltecen el campo, la música yourcenariana nos acompaña en la ciudad.

         Persistencia en la explicación de uno mismo es el camino por el que Marguerite Yourcenar presenta el autoconocimiento erótico de Alexis y del personaje de Alexis, o del combate inútil. Negarse al autoconocimiento, negarse a dar razón de sí mismo, obliga a un silencio contrario a la razón, a un silencio forzoso, a la infelicidad más sencilla y más imbécil. Dar razón de la propia pasión erótica no necesariamente conduce a la felicidad, pero al menos sí nos aleja de imbecilidad. Cuando es imposible el sencillo amor del campo, cuando se es moderno, cabe detenerse a escuchar la música antes de partir. Cuando es imposible el amor de la ciudad, cuando se es romántico, cabe detenerse a explicar las razones del silencio. La explicación es solución, aunque no sea efectividad. A la oposición entre modernidad y romanticismo, Yourcenar presenta el valor de las palabras: el silencio revalora las palabras acalladas por la razón instrumental, así como las palabras revaloran el silencio de la simplificación romántica del campo. Las palabras valen cuando aquilatan los silencios. Los silencios suenan cuando prueban las palabras. Palabras y silencios se entretejen en toda explicación. Conocerse es, quizás, una explicación persistente.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. No nos engañemos: la alianza del Frente Nacional por la Familia con Mikel Arreola no significa que la gente del Frente sólo esté en el PRI, sino que el asunto está muy bien arreglado. Hacia el fin de semana circuló en los centros de activismo de derechos LGBTTTI una declaración en que se denunciaba la discriminación de Morena en la repartición de candidaturas. Para preparar terreno, el Frente convenció a Mikel de hacer una declaración escandalosa en domingo. La carta se hizo pública. Y el nuevo distractor fue la divulgación de la alianza del Frente con Mikel. ¿Por qué esforzarse tanto en dar la impresión de que Morena y el Frente no están de la mano?

Coletilla. “No hay mundo exterior para los amantes, pero todo es exterior en ellos”. Juan García Ponce

Anuncios

Retrato imaginario

Retrato imaginario

 

Cuatro son los poemas que se han conservado de Hafsa Bint Hamdûn al-Hiyâriyya, dama de sociedad nacida en la Guadalajara andalusí en el siglo X. Revisito el primero de esos poemas. No lo seleccioné para promover su radiante optimismo, sino como para hablar en contrario. Al buen entendedor…

 

El generoso piensa de la vida

que a cada instante es amable,

y que a toda creatura nacida

cada don a su tiempo le es dable.

Suave como el vino es su carácter,

igual que cuando con agua se mezcla;

que nada hay más digno de amarle,

o que quizá iguale su belleza.

Y brilla de hermosura

su rostro como un sol.

Los ojos nos clausura

con toda su atracción.

Y un respeto inmenso

despierta el corazón.

 

 

Coletilla. “El amor, si no es verdadero, no es más que un juguete de los sentidos”. Nizami

Claridad de la palabra

Claridad de la palabra

 

Cualquiera que haya leído a Alfonso Reyes sabrá que el cuidado de las palabras es el cuidado del hombre. Lo humano se apalabra. Las palabras descuidadas arriesgan al hombre. Cuidar la palabra es el esmero de la lectura y el diálogo. Y siempre es deleitoso el esmero en lo mejor del hombre. Por ello, Mil palabras, el nuevo libro de Gabriel Zaid, es un deleite lujoso de oído refinado entre el ruido y la bastedad, escritura elegante entre la rusticidad del post y ordinariez del panfleto, testimonio lector de quien quiere saberlo todo.

         Mil palabras reúne en sesenta ensayos una investigación de más de cuarenta años sobre las palabras, su origen, sus sentidos y sus finalidades. Sesenta ensayos que, publicados previamente, han sido revisados y actualizados por el autor a fin de que no sólo testimonien la publicación original, sino continúen el diálogo entre quienes quieren cuidar las palabras, cuidar al hombre. Zaid enseña -porque, como bien dijo Salvador Elizondo en un famoso ensayo, don Gabriel es ante todo un pedante, en el sentido propio y original del término- el amor a la palabra. El lector puede observar en la obra el arte de hacer un libro, de construirlo como un todo a partir de partes independientes articuladas en función del lector, de la finalidad natural de todo libro. El lector puede advertir la necesidad de escuchar con agudeza lo que decimos, escribimos y leemos, para encontrar en la propia lengua -y en la voz ajena- los sentidos y matices de los movimientos del alma que habla. El lector puede notar la pericia de quien consulta las fuentes de información (que bien puede aprender aquí el tecnócrata académico el uso correcto de las enciclopedias -incluyendo Wikipedia-, los diccionarios y las bases de datos que la metodología profesional enseña a desdeñar, abusar o ignorar), de quien se orienta en medio de la aparente confusión de los demasiados datos y encuentra creativamente el camino a las respuestas de su pregunta. Mil palabras puede contagiar al lector el gusto de leerlo todo, de leer para entender, para entenderse, de leer para entender la propia vida, vivirla entendiendo: ser real.

         Quizás el aspecto más velado de la nueva obra de Gabriel Zaid sea su pertinencia, pues cualquiera que piense en un libro sobre palabras, etimologías y diccionarios podría suponer que se trata de una ostentación impúdica de erudición, de un irresponsable despliegue de palabras que se abstraen del diario acontecer, de la afectación de un intelectual que ofrece a su público cautivo sesenta pretextos para atrincherarse en un escolasticismo caduco o un intelectualismo vano. Nada más lejos de la realidad. Zaid creó su nueva obra con la sabiduría del hombre que sabe escuchar sus tiempos. El libro de palabras de Gabriel Zaid no reúne palabras al azar o al tanteo: pone en claro las palabras que necesitamos para dialogar en la plaza pública. La heurística de la etimología zaidiana se llama sabiduría política. Mil palabras cuida al hombre con la claridad de la palabra.

 

Námaste Heptákis

 

La letra yerta. El pasado lunes, Cantumimbra planteó que el concepto usual de lo “políticamente correcto” no denota la ironía con el que lo mentamos, por lo que vale pensar en la necesidad de un neologismo. Él propuso tres: flexiortodoxia, ortopolítico y doxinestesia. He de confesar que el primero es el más cercano conceptualmente, pero que es feo, por ser demasiado largo y tener una doble “x” que dificulta su pronunciación; no lo imagino en una copla satírica. Ortopolítico no me gusta, pues puede ocultar lo que se intenta decir y puede servir para cosas peores. Doxinestesia suena bien, principalmente por el carácter sensible del asunto, pero requiere el deslinde de la actividad sinestésica y su distinción de la publicidad. Propongo timagogia, que nos recuerda que en el caso de lo “políticamente correcto” estamos ante una psicagogia centrada únicamente en un elemento –lo thymos-, que -distinta a la demagogia- se orienta a sectores específicos de la población y no siempre con intenciones políticas, y que sus llamados a la indignación recurrente son -en alguna ocasión- entimemas. ¿Cómo ven?

Coletilla. Qué belleza ante el horror.

La interioridad literaria

La interioridad literaria

 

Entre las críticas simplonas ―que se irán volviendo lugar común― sobre la nueva obra de Paul Auster, 4 3 2 1 [2017], se encuentra aquella que la afirma como una novela autobiográfica, afirmación tan difícil de sostener tanto por la irrepetibilidad de la vida como por la variación intencional del estilo usual del autor. Auster ha dedicado cuatro novelas a la autobiografía y en las cuatro predomina el estilo usual del autor. En 4 3 2 1, en cambio, el estilo es deliberadamente distinto. Auster sabe que no va a repetirse, incluso cuando haya de contar “lo mismo”. Si algún día queremos comprender el peculiar logro creativo de la nueva obra de Auster, tendremos que deshacernos del prejuicio de que se trata de una novela autobiográfica. Si algún día queremos comprender el todo creativo de 4 3 2 1, tendremos que comenzar a pensar en Auster como creador. Y una de sus cuatro novelas autobiográficas nos puede ayudar de inicio.

         Informe del interior [2013] es un recorrido pesquisón de la interioridad, pero no de esa interioridad que la superficialidad mística cree haber encontrado o que el esoterismo de las cadenas de oración y meme cree alimentar, sino la interioridad única y unificable que una memoria atenta y esforzada encuentra en su reconocimiento del pasado. La interioridad como actividad de la memoria no es arqueología interior, sino expedición asombrada al momento mismo en que se inaugura ese diálogo del alma consigo misma que es la interioridad, que es lo reporteable, que es de lo que de nosotros mismos vale la pena hablar. Lo dice bien Auster contando un episodio de sus seis años: “cuando la voz interior se despierta y surge la capacidad de discurrir, cuando te dices a ti mismo que estás produciendo un pensamiento. En ese momento entra nuestra vida en una dimensión nueva, porque en ese punto adquirimos la aptitud de contarnos nuestras historias a nosotros mismos, de iniciar la ininterrumpida narración que continúa hasta el día de nuestra muerte”. La interioridad es el lugar desde el que nos contamos historias. La interioridad es la fuente de la lectura.

         Importante la descripción de Auster, pues la conciencia, antes que un fenómeno moral, aparece como un fenómeno literario: aquello por lo cual contamos historias, aquello por lo cual queremos que las historias nos sean contadas. La experiencia literaria (expresión alfonsecuente) como origen de una vida dignamente humana. De ahí, el autor como creador de lo humano: de la propia historia en la autobiografía y de las posibilidades de la propia historia en una obra mucho más compleja. De ahí, el lector como cocreador de lo humano: testigo del testimonio autoral, autor de su otredad, escucha de la historia ajena narrada con la voz propia. La interioridad reporteada por Paul Auster es la que origina al autor, lo reapropia de su fundamento, lo hace fenómeno literario. Nada semejante se encuentra en esa totalidad creativa que es 4 3 2 1. ¿Para qué buscaríamos el testimonio austeriano de su origen narrativo? Buscamos nuestra propia voz en los relatos ajenos desde el día en que sabemos por los libros que nunca más estaremos solos. La interioridad nunca es solitaria.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Ayer se cumplieron 40 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. El pasado lunes 22, una comisión de representantes de los familiares de los desaparecidos se reunió con el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En la reunión se acordó una reunión con el pleno del Consejo de la Judicatura Federal para el próximo 31 de enero. Según el abogado de los normalistas, la reunión tiene por objetivo informar de las omisiones de los jueces para librar órdenes de aprehensión contra los policías de Huitzuco, además de solicitar que la investigación se oriente contra las Fuerzas Armadas. 2. Importante el señalamiento de Carlos Puig: el 30 de diciembre de 2017 fue liberado Erick Valencia Salazar, El 85, y no nos habíamos enterado. Y peor: en un oficio fechado el 16 de diciembre se informa de la sentencia del 29 de diciembre: back to the future! 3. Qué raro: la Fepade “acuerda” con Javier Corral que sólo investigará las acusaciones contra César Duarte por desvío de recursos para las campañas electorales. ¿Por qué se necesita acordar que la Fiscalía Especial Para la Atención de Delitos Electorales investigará sólo delitos electorales? Ah, qué exitosa la caravana de Corral. 4. Enrique Quintana no quita el dedo del renglón: alguien está manipulando la percepción sobre las cifras económicas para propiciar inestabilidad. En esta ocasión el dato es la inflación de la primera quincena de enero, que en los corrillos se trata como altísima, pero en los datos es bastante baja. 5. “Honestidad valiente”, le dicen, juar juar. Una corruptela más de los impolutos. El exdelegado Ricardo Monreal se hizo de un negocito familiar durante su desastrosa administración de la Delegación Cuauhtémoc. Ya dirán los groupies de Morena: ¡compló!, ¡mafia del poder!… Lo de siempre. 6. ¡De risa loca! Una señora que se presenta públicamente como filósofa dio una conferencia en la que dijo que la capacidad de razonar nos ha hecho animales violentos y que por ello propone abandonar el humanismo para adoptar el animalismo. ¡Chíngale! Ah, claro, pero denostar a la razón y a la palabra no es ir contra naturaleza, doctora Rivero Weber, sino inventar el hilo negro: lo difícil no es ser humano, sino vivir humanamente.

Coletilla. “Laberinto” de Milenio diario nos deleitó hoy con un nuevo relato de John Maxwell Coetzee.

Simulación o disimulo

Simulación o disimulo

 

Revisito libremente a Teognis de Mégara. Originalmente, se trata de seis versos, o tres dísticos, de una sección bien conservada de las Elegías. En esta ocasión, intenté llevar los dísticos a cuartetas. ¿Se vale el intento? Por lo demás, el poema muestra una característica específica de la moral griega: su practicidad. Al lector que le recuerde al sexto de los Ensayos de Francis Bacon, le quedarán mucho más claros los límites de la practicidad moral.

 

 

Corazón, acorde al amigo

alterna tu tenaz talante,

adecuado con cada uno

según cada caso se trate.

 

Del pulpo toma el carácter,

que siendo él siempre flexible

de la piedra semeja parte

cuando a ella él se le ciñe.

 

Cambiar deberías ahora

que de otro color se tiñe.

Pues la astucia ha de ser prora

o naufraga el inflexible.

 

 

Garita. Si así será la campaña, nos vamos a aburrir bastante. El año pasado, en entrevistas con Pepe Cárdenas (que comenté aquí) y Carmen Aristegui, Andrés Manuel López Obrador inauguró su nuevo estilo de comunicación: indicando a los periodistas qué han de preguntar, cómo lo han de preguntar y para qué. Además, presentó su faceta de cómico voluntario. Por los días de su designación, José Antonio Meade (en entrevista que Cantumimbra comentó acá) corrigió una pregunta que le hizo un reportero del diario El País, pues se debían hacer las preguntas adecuadas a lo que quiere el candidato. Hace unos días, en su registro como candidato de Movimiento Ciudadano, Ricardo Anaya fue callado por Dante Delgado, quien determinó qué preguntas se han de hacer al candidato. El año pasado, López Obrador dijo que no habrá problema si no le hacen las preguntas que él quiere, pues tiene redes sociales para difundir su mensaje. Tras el replanteamiento de la pregunta, la gente de Meade difundió su mensaje. Tras la grosería de Delgado, la gente de Anaya difundió su mensaje. En algo ya ganó el estilo de López Obrador: será la campaña del soliloquio estruendoso.

Coletilla. Buen recuerdo de José Luis Martínez desde la pluma de “La China” Mendoza.

Ociosidad civilizada

Ociosidad civilizada

 

Leemos los libros de memorias porque testimonian las vidas de los grandes hombres. En los casos más afortunados, una vida ejemplar es narrada de manera ejemplarmente bella: pleno dominio del estilo, prosa insuperable, íntima complicidad con el lector. En otros casos, hurgamos las memorias espigando los detalles de una andanza, recreando un episodio o confirmando las sospechas. Hay, además, algunos pervertidos que se ufanan de saber mejor las vidas ajenas que las propias y que escrutan los renglones memoriosos verificando, corrigiendo, censurando… incluso inventando (con mal genio, por supuesto). Y hay otros que leen las memorias de los miembros de su gremio con un ánimo ritual, iniciático, como queriendo comenzar la historia, como aspirando a superar el estado tribal del profesional lustroso. Leer por puro gusto unas memorias es, finalmente, un paseo amistoso en la única red social real: los libros. Porque hay una gran diferencia entre la ociosidad del lector hambriento de memorias y la avidez famélica del chismoso que estalquea insomne. El lector podría probarlo leyendo las apetitosas Memorias de cocina y bodega.

         Publicadas hace 65 años, Memorias de cocina y bodega es un festín de la pluma alfonsecuente. Vano es señalar que el libro está escrito con una prosa insuperable. De más está recordar al lector la plena cultura de Alfonso Reyes. Tampoco se haría justicia alguna al libro si se invoca aquí el lamento frecuente por el olvido de los textos –que es filisteísmo cultural puro. Un libro impecablemente escrito por un hombre que sabía de todo, pero que tiene fama de hombre muy serio y totalmente ajeno a los excesos y divertimentos, será necesariamente un libro empolvado. El lector de nuestros días no tiene tiempo para una ociosidad civilizada. Si el lector de nuestros días no tiene tiempo para los placeres de la mesa y los deleites de la sobremesa, menos tendrá el ocio espiritual para regocijarse con los recuerdos gastronómicos de don Alfonso. Leer Memorias de cocina y bodega por el puro gusto de amigar los placeres es casi estrafalario en nuestros días. Pruébelo el lector, vale la pena.

         Memorias de cocina y bodega es la memoria civil de Alfonso Reyes. Y no lo digo como exageración. En el libro, Reyes consigna el panorama gastronómico que sus andanzas por el mundo le permitieron conformar. Las cocinas francesa, española, brasileña, argentina y mexicana constituyen un vitral por el que la inteligencia de don Alfonso ilumina lo humano. ¿Qué pasa si vemos la amistad francesa, inmortalizada por Flaubert en La educación sentimental, a la luz de una asociación gastronómica que tenía por finalidad construir el mapa del maridaje de París? ¿Qué nos dice el olvido europeo del vino riojano comparado con las campiñas españolas descritas por la mirada minuciosa de Azorín? ¿Habrá emoción mayor para un provinciano de Monterrey que la anagnórisis del cabrito brasileño? ¿Dónde quedó la sabiduría mexicana que podía distinguir una taza de café rojo de una taza (con bigotera) para chocolate y despreciar el café a la americana –que es negro-? Nótese: la amistad como aventura del maridaje, el nacionalismo como mirada interior, la provincia como símbolo del cosmos, los buenos modales como formación del gusto… ¡Ociosidad civilizada!

         ¿No es exagerado considerar a la gastronomía como el orgullo de la civilización? ¿No es lo políticamente correcto asignar ese lugar a los derechos humanos? ¿O quizás a la libertad? Precisamente por eso es importante la enseñanza alfonsina: la dignidad no se concede con una declaración, la libertad no es un mero estado social. Lo mejor del hombre es aquello que lo hace más real, más plenamente humano: ahí, a la mesa, dando lugar a la amistad, a la palabra, a la creatividad y a la vida. ¿O no siente el lector que come rápido, solo y sin sobremesa, que le falta la vida, la creatividad, la amistad y la palabra? Memorias de cocina y bodega es un lujo para la vida en tiempos de supervivencia.

 

Námaste Heptákis

 

La letra yerta. Habrás visto, lector, que utilicé el término amigar. Si bien también existe amistar, algún laboratorio lo ha tomado para nombrar un fungicida. De alguna manera eso es una paradoja amistosa.

Escenas del terruño. 1. Qué raro. Si usted leyó hoy Milenio diario, se enteró que ayer el presidente Peña tuvo un bonito evento en Querétaro. Si usted leyó hoy Excélsior, se enteró que en el bonito evento hubo una protesta por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, pero que los presentes no pudieron escuchar lo que el presidente dijo a la que protestó. Si usted leyó hoy El Universal, se enteró que el presidente le dijo a quien protestó que el caso de Ayotzinapa es un asunto cerrado. Si usted leyó hoy La Jornada, se enteró de la trayectoria política de los papás de la que protestó y que el presidente le dijo a la que protestó que considera que los 43 están muertos. Y si usted leyó hoy Reforma, se enteró que la que protestó dijo que el presidente dijo que “él cree que la investigación está cerrada y desgraciadamente los 43 estudiantes de Ayotzinapa fallecieron”. ¿Realmente dijo eso el presidente? Al menos hay video en que la que protestó afirma lo que le dijo el presidente. ¿De veras dijo eso? Si lo dijo, quizás sea la declaración más irresponsable de su administración. 2. Hace dos semanas señalé que la reunión de seguimiento del caso de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa se postergaría hasta febrero “a fin de presentarles a los familiares a un funcionario nuevo en el seguimiento del caso”. Ahora sabemos que el funcionario será Rafael Adrián Avante Juárez. El nuevo funcionario sustituye a Roberto Campa, con quien comenzó a trabajar en el sector público; de Profeco, Avante Juárez pasó a la Secretaría del Trabajo, a donde llegó de la mano de Javier Lozano Alarcón -quien esta semana renunció al PAN y se unió a la campaña de Meade-. ¿Queda claro qué función tendrá la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Segob? 3. Señores, aquí hay nota: el Fondo de Cultura Económica acaba de lanzar una nueva serie de libros dedicada a exponer las reformas estructurales del gobierno en turno. ¿Quiénes son los autores? El equipo de José Antonio Meade. El salinista que dirige el FCE también juega en la elección. 4. Alejandro Hope proyecta el escenario optimista en las tasas de homicidios para el siguiente sexenio: si bien nos va, estaremos igualando los números de la masacre en tiempos de Felipe Calderón. Si bien nos va… 5. Sé que a muchos emocionó el anuncio que dio el lunes Javier Corral. A mí me preocupa lo otro de su anuncio. Primero, si no es un acto electoral, ¿por qué lo acompañaban fraguadores del Frente como Creel o Castañeda? ¿Qué hacía ahí el tramposo y mentiroso de Nieto? ¿Cuál es el papel de la oportunista del eterno suéter negro de cuello de tortuga? En segundo lugar, ¿así tan fácil se cierra el caso del asesinato de Miroslava Breach? ¿Avalan el carpetazo todos los que ahora celebran la “valentía” de Corral? Y sobre todo: ¿cómo está eso de que el gobierno de Chihuahua le hace el favor al gobierno federal de colaborar en el combate al crimen? ¿Cómo celebrar que un gobernador diga que por buena onda va a combatir al crimen en su estado? Una cosa es que nos moleste el PRI, otra que seamos descarados. 6. La semana pasada comenté la maña de la memoria selectiva del doctor Lorenzo Meyer en un artículo de Reforma y ponía como ejemplo el caso del culiatornillado Pablo Gómez. Al día siguiente me encuentro en Revista R, de Reforma, el “testimonio” de Pablo Gómez a 50 años del 68. Curioso que las palabras de Gómez coinciden casi literalmente con las Meyer. ¿Quién está escribiendo el guion? Curioso que en el perfil del culiatornillado los de Reforma olvidaron, ¡oh veleidosa memoria!, señalar las muchas curules -“curulero”, José de la Colina dixit– que Gómez ha ocupado, o que su participación en el movimiento del 68 fue como infiltrado de un partido político, que por eso él habló del logo que refirió al periódico. Insisto, ¿para qué están rearmando de ese modo la historia?

Coletilla. Gran esfuerzo y gran trabajo: un ensayo diario por cada canto de la Divina Comedia.

Los motivos de la paz

Los motivos de la paz

 

Para una sociedad en guerra quizás el perdón sea una buena noticia, en tanto suele considerarse benéfico el término de la guerra. A quién beneficie el término sólo dependerá de lo justo o lo injusto de la guerra, de si el término también trae justicia a las víctimas del conflicto. Si la justicia no está en el panorama, en cambio, el término de la guerra puede ser “benéfico” para muchos intereses, pero también es políticamente irresponsable. Supongamos, pues, que los intereses son legítimos: prosperidad económica, recomposición del tejido social, cambio de régimen. ¿Eso haría aceptable que las víctimas renuncien a su afán de justicia y acepten una amnistía burocrática? ¿La justicia se subordina al cambio histórico? ¿Qué es prioritario en lo político: la justicia o la paz?

         Hace sesenta años José Revueltas publicó su incómoda novela Los motivos de Caín. Incómoda porque nos coloca frente al problema del perdón y la justicia, de la paz imposible y la guerra intolerable, de la persona evaporada en la gigantomaquia de las ideologías… Una novela, pues, incómoda para los años 50, incómoda para nuestros tiempos.

         De manera general, Los motivos de Caín narra la conversión de un hombre moderno en una imposibilidad humana. Jack, el personaje principal, desertó del ejército estadounidense en la guerra de Corea tras ser arrastrado por el deber profesional a un crimen barbárico. Tras la deserción, Jack vaga por las callejas de Tijuana intentando comprender su situación. La incomprensión de la propia vida es paralela a la necesidad de perdón, a un arrepentimiento insatisfecho que anula el sentido de la vida. El otrora responsable soldado termina en medio de la podredumbre humana envidiando para sí el sentido de la vida que todavía tienen los criminales y las prostitutas de Tijuana, pues el arrepentimiento que él mismo ha experimentado por sus actos no le da la satisfacción de la justicia. El planteamiento de Revueltas es impecable: un criminal arrepentido es un criminal que ha perdido el sentido de su vida, sin justicia es imposible que la vida del arrepentido tenga algún sentido nuevamente. ¿Qué impide la justicia?

         El primer impedimento para la justicia del arrepentido se encuentra en la falsificación humana de la modernidad: el crimen no es mera inclinación a la maldad, sino resignificación del sentido propio en los límites de la heteronomía. Finalmente cristiano, el trotskista Revueltas interpreta el origen del crimen no sólo en la convención social, sino en la falta de sentido natural de la organización humana: el hombre caído no reconoce ley natural alguna, de ahí que la supervivencia de su situación económica lo conduzca con facilidad al crimen. Sin resolver el asunto de la ley natural, el novelista nos muestra que el crimen de Jack es tan inevitable como involuntario: el hombre moderno no sólo carece de una orientación natural respecto a lo bueno, sino que su condición histórica lo impele a cumplir con lo correcto, aunque lo correcto sea criminal. ¿Acaso es un crimen que un soldado en plena guerra torture y mate al enemigo? Desde la corrección burocrática no lo es; desde la ley natural dependería de la justicia de la guerra. Si el mundo moderno no puede determinar guerras justas, todo asesinato bélico es correcto en tanto se ampare en un reglamento; el crimen siempre será imperdonable.

         El planteamiento literario de la novela le da un giro interesante al problema del perdón y la justicia, y con ello nos muestra el segundo impedimento. El autor se nos presenta como aquel que transmite algo semejante a unas memorias incompletas, fraguadas en la mesa de un bar tijuanense, o a una confesión insatisfecha, nacida en la solitaria oscuridad de la culpa. El relato de la historia de Jack es deliberadamente incompleto: el autor no juzgará al personaje. Ni el culpable, ni el que nos cuenta la culpa, ni el lector, juzgan plenamente al personaje. La vida del criminal aparece tan carente de límites como las personas nos aparecen muchas veces en la vida cotidiana. Sabemos lo que pasó, conocemos nuestras propias culpas, pero no siempre imaginamos a dónde llegarán las consecuencias de nuestras acciones. Los hombres modernos estamos, como Jack, siendo contados por novelistas que no conocen toda nuestra historia. Ir más allá, advierte Revueltas, sería poetizar… Las posibilidades de la justicia no están tan sencillamente en nuestras manos. Lo que ha quedado en nuestras manos carga culpas inevitablemente. ¿Qué hacemos con ellas?

         Los motivos de Caín es una novela recomendable para una sociedad en guerra que no sabe qué hacer con sus culpas. Cuando un conjunto social se alista a disputar ideológicamente su propia fisonomía, vale pensar a dónde nos llevan las ideologías, cómo nos enceguecen, de qué manera enardecen los ánimos para pelear, por qué nos inculpan, para qué nos llaman a olvidar. Creo que es bueno perdonar criminales, pero la injusticia no se acaba con un decreto, sino con el resarcimiento del daño. Las víctimas piden justicia en este mundo, el mundo de siempre, el mundo en el que andamos nuestra historia incompleta. Las ideologías creen en el poder de cambiar al mundo, creen conocer la historia completa.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El pasado miércoles, Rodrigo Aguilar Martínez tomó posesión de la diócesis de San Cristóbal. Aguilar Martínez se enfrentó al grupo que protegió a Nicolás Aguilar en Tehuacán, al grupo de Norberto Rivera. ¿Así o más solo el cardenal Rivera? 2. De risa loca. Así nuestro periodismo crítico. La señora Dolia Estévez, recordada por inventar el contenido de una conversación presidencial, publicó una “crítica” a la tesis de doctorado en Economía de José Antonio Meade. La “crítica” fue escrita sólo para agradar a las audiencias, hacer escandalito y dar material a los de siempre. En la crítica se pueden encontrar juicios como “nerd obsesionado con un tema esotérico”, que por provenir de una representante del periodismo “libre” está fuera de duda su dejo discriminatorio. O sentencias de sintaxis caprichosa como “Meade pudo haber aprovechado su estancia en Yale para abrir una grieta sobre su opacidad a través de la cual filtrar una tesis que hablara de su compromiso con México”, que seguro tendrá que ver con algo (quizás una grieta), aunque la pobre redactora no sepa ni con qué (ni de la grieta). La mayor “crítica” a la tesis es que no habla de México y que el sustentante no previó que los reglamentos discutidos en la tesis serían derogados años después. Obviamente, el mexicano debe hablar siempre de México y tomar tequila y llorar como Pedro Infante. Obviamente, para ser presidente se requiere conocer el futuro, de lo contrario ¿cómo sabría qué decisiones tomar? La combativa periodista denuncia, además, que Meade recibió mucha ayuda de su asesor (¡tómenla, tesistas!). Vaya, una “crítica” de antología. Si usted es periodista urgida de atención, no deje de leer a Estévez, que algo le aprenderá. 3. Es un rumor popular: este año hubo otro gasolinazo. El rumor se preparó desde noviembre, cuando algunos seguidores de cierto político dijeron que habría un gasolinazo. En vacaciones, como siempre, ciertos medios aliados a un cierto político confirmaron que en enero habría un gasolinazo. Ahora, se ha difundido el rumor de que hay gasolinazo. ¡Pero no aumentó el precio de la gasolina! ¿A quién conviene el rumor? Responde Enrique Quintana. 4. Vaya semana para ser agorero. El jueves, en una entrevista con El Universal, el expriista, exparmista, experredista, exfoxista, expetista, exmancerista y actual morenista, Porfirio Muñoz Ledo previó un “golpe de Estado” en la elección de julio próximo. ¿En qué funda su previsión? En nada. Junta la Ley de Seguridad Interior con el alegato lopezobradorista de fraude y a eso le llama golpe de Estado. Según Porfirio, si hay compra del voto, habrá fraude; si no hay fraude, habrá golpe de Estado, y si miran sus sandalias, habrá tabla. ¡Ah, qué sencillo! Todo antes que aceptar la derrota. Así ha sido la vida de Muñoz Ledo, saltimbanqui profesional. Y el mismo día, pero en Reforma, el doctor Lorenzo Meyer lanzó el siguiente huesito para beneplácito de los carroñeros: “El régimen político actual no es el de hace medio siglo, pero tampoco es el democrático que demandaron los entusiastas inconformes del 68. El de hoy es un híbrido disfuncional y que mantiene vivas en su esencia, muchas de las razones que dieron origen a las movilizaciones del 68 y a su desenlace. Hay pues que reexaminar el 68 para profundizar en la naturaleza de ese conflicto so pena de volver a tropezar con la misma piedra en su cincuentenario”. Ah, qué memoria tan veleidosa, don Lorenzo. ¿No se acuerda que algunos de esos inconformes han estado en cargos públicos en los últimos 25 años (como el culiatornillado a una curul, nunca ganador de una elección, Pablo Gómez, quien tomó su primera curul en 1979 y desde entonces no ha dejado de “ser gobierno”)? ¿No se acuerda que muchos de ellos hicieron las paces con el priismo a cambio de una plaza en el sector público (esas plazas ahora incosteables para el ISSSTE)? ¿No se acuerda que los priistas de entonces ahora andan en Morena? Cierto, hay que reexaminar el 68, pero como advirtió Luis González de Alba: para reconocer que hace mucho se ha perdido el verdadero espíritu de alegría del movimiento. Qué tiempos para ser agorero. 5. Cuestionada por la campaña contra El Colegio Nacional, Concepción Company Company respondió certera: “Si me dicen que entré a El Colegio Nacional, a la Academia Mexicana de la Lengua, o que me hicieron emérita en la UNAM por una cuota de sexo, en este momento yo, automáticamente, regreso los nombramientos porque me insulta como mujer”.

Coletilla. Un día como hoy, pero hace 9 años, me tocó iniciar las publicaciones del blog. ¡Ya son nueve años! Que siga tocando la banda…