Hacer sonar un ruido

Hacer sonar un ruido

 

En el prólogo a La balada de la cárcel de Reading [Quimera, 2010] en versión de Hernán Bravo Varela [México, 1979], José Emilio Pacheco -¿cuántos prólogos escribió? Se necesita un antologador dedicado, pues la reunión de sus prólogos indudablemente sería uno de los más inteligentes panoramas literarios- afirma: “Cada época y cada generación lee de manera diferente los mismos textos. Las traducciones deben renovarse sin tregua. Al hacerlo prolongan la vida de sus originales”. Más allá del falso dilema entre literalidad y sentido literario, Pacheco sugiere que el verdadero fin de las traducciones es poner en conversación las obras; traducir un texto literario no es trasladarlo al idioma de llegada, sino aproximarlo a nuevos hablantes; traducir es conducir, compartir, invitar a dialogar. Cuando las traducciones se deterioran, se deteriora el diálogo. Cuando las traducciones se aferran a la literalidad, se reduce la riqueza expresiva de la palabra. Cuando las traducciones se olvidan, la originalidad se reduce a extrañeza, la comprensión a autoelogio, el diálogo monologa. Para que la traducción prolongue la vida del original, la traducción debe buscar la efectividad poética. Podemos verlo, por ejemplo, con un vistazo a algunas traducciones del haiku más famoso.

         El más famoso haiku fue compuesto por Matsuo Basho. Esta es la versión que en el número de abril de 2011 de la Revista de la Universidad de México publicó Aurelio Asiain [México, 1960]:

 

El viejo estanque,

el salto de una rana,

ruido del agua.

En su versión se presenta el haiku de cuerpo entero. Nos confirma la afirmación de Octavio Paz: el haiku es un instante privilegiado. En la versión de Asiain, el poema presenta tres elementos sólo reunidos por la totalidad del poema. No hay causalidad, no hay sucesión temporal. El todo se conforma en la mirada del poeta y su representación se delinea al aparecer de los versos. La efectividad poética arroja la luz sobre el instante: la efectividad poética es visibilidad.

         Por su parte, Mariano Antolín [Gijón, 1943] ofrece la siguiente versión:

 

El estanque antiguo,

salta una rana.

¡El ruido del agua!

En su versión aparece la sorpresa. Su versión nos presenta un nuevo rostro del poema de Basho. No faltan ni el estanque, ni la rana. Aparece la sorpresa en el tercer verso. Presenta sorpresivo al ruido del agua. La sorpresa se marca tanto por el signo, como por la independencia del verso. La efectividad poética de la versión de Antolín reúne al estanque y la rana en una realidad que se expresa sorpresiva, que se presenta a sí misma tan inusual como puede ser. La efectividad poética renueva al mundo.

         Algo más puede verse en la versión que Alberto Manzano [Barcelona, 1955] ofreció en Haikú de las estaciones [Teorema, 1985]:

 

El viejo estanque;

una rana salta adentro,

el sonido del agua.

El poema adquiere dimensión, una profundidad no sólo física: la profundidad de la conciencia zen. El amigo de Leonard Cohen introduce pliegues en la realidad. El primer pliegue lo marca con un “punto y coma” que sitúa al estanque en su concreción material, en su realidad. La rana viene de fuera. La rana es totalmente otra. La rana, en su viva independencia, irrumpe en la concreción material del estanque. La realidad adquiere un segundo pliegue: la vida produce interioridad; la rana salta dentro del estanque. Sucesión temporal, mas no causal, en la versión de Manzano el ruido se vuelve sonido. Tercer pliegue de la realidad: la interioridad es conciencia: sólo para la conciencia el ruido se vuelve sonido. La efectividad poética ya no es visual o expresiva, es interioridad. La realidad material en que irrumpe la vida nos hace sabernos vivos, vivir es la conciencia del todo.

         En otro panorama espiritual, el cristiano, está la versión del teólogo jesuita Antonio Cabezas García [Huelva, 1931-2008] presentada en Jaikus inmortales [Hiperión, 1983]:

 

Un viejo estanque.

Se zambulle una rana:

ruido de agua.

El centro está en la acción. Lo importante es que la rana se zambulle. Hay poema porque hay acción. El poema gira en torno al zambullimiento. ¿Difiere en algo saltar de zambullirse? Quien salta, lo hace con dirección y sentido, siempre en oposición, siempre como otro. Zambullirse es llevarse a sí mismo, conducirse: hacerse responsable de sí en la inmersión de lo otro. Quien salta puede esquivar; quien se zambulle se entrega. La rana que se zambulle en el viejo estanque hace el mundo por su acción. La consecuencia es indecible: lo indecible está en el ruido. Cuando la acción produce lo indecible, el juicio se suspende. La casuística irrumpe en el poema. La efectividad poética proviene de la irrupción. El poema logra un silencio diferente.

         El problema del sonido en el poema, entre el silencio y el ruido, buscó una solución ejemplar en la versión de Octavio Paz [México, 1914-1998]:

 

Un viejo estanque:

salta una rana ¡zas!

chapaleteo.

En la versión de Paz, primero se presenta el lugar, la situación: los dos puntos son la puerta al instante privilegiado. Si bien aparece una onomatopeya, lo más importante es la sonoridad del lenguaje. ¿Cómo se nombra la innovación del poema? Paz resuelve: chapaleteo. El poema absorbe la acción y la destila en sonoridad. La efectividad poética distiende el instante, lo despliega, sin que por ello pierda unidad. La efectividad poética de la versión paceana es plenamente sonora.

         La plenitud sonora toma un nuevo camino en la versión que José Luis Rivas [Veracruz, 1950] presenta en Raz de marea [FCE, 1993]:

 

Un sapo salta…

Tirado de la lengua,

el charco chasca.

El salto es la totalidad del poema, una totalidad aorista: los puntos suspensivos disuelven los límites del todo. La totalidad del poema es una totalidad del habla: el charco tiene lengua. El poeta ha dado la vuelta al poema: primero está el acto, la rana; el actor hace presente al lugar, el lago. La relación entre el lago y la rana es una correspondencia tensa, un equilibrio frágil, el instante en que nace la palabra. Nótese el sonido: el charco chasca. La efectividad poética nos presenta en su sonoridad al habla y al instante. El poema es un ojo de agua, borbotón de sonoridades.

         Un recurso más en el esfuerzo de hacer sonar un ruido es el de la versión que José Emilio Pacheco [México, 1939-2014] presentó en Como el viento que pasa [Visor, 2015] de Matsuo Basho (la versión difiere en la edición de Aproximaciones de 1984. Por Marco Antonio Campos me enteré de una tercera versión en edición limitada distribuida por Era en 2013, pero no he tenido acceso a ella):

 

Viejo estanque dormido.

         Pero de pronto

         salta una rana.

Pacheco plasma gráficamente la expresividad sonora. Abre un espacio. Su poema es una visualidad que canta, una visualidad que sorprende, una sorpresa sonora. El lector está ante el asiduo “viejo estanque dormido”. Es el mismo estanque viejo, pero está por primera vez dormido. No hay oportunidad de mirarlo dormir: de pronto salta una rana. El poema tantas veces traducido, el poema tan famoso, el viejo estanque, la vieja rana y el viejo salto todavía pueden sorprendernos. En la versión de Pacheco, el poema sorprende a la memoria. La efectividad poética atrapa el instante frente a la anticipación hermenéutica. La efectividad poética rehabilita al poema para el ejercicio de la memoria. La sonoridad y la visibilidad del instante se congregan en la palabra del poeta; las palabras del poeta conforman la memoria.

         En 1920, don Ramón María del Valle-Inclán presentó una versión del haiku dentro de su censurada obra teatral Farsa y licencia de la Reina Castiza:

 

El espejo de la fontana,

al zambullirse de la rana,

¡hace chas!

¿Cómo aparece el ruido en el drama? Aparentemente, Valle-Inclán no logró hacer sonar el ruido. El último verso podría parecer insuficiente. Sin embargo, en la versión de don Ramón aparecen juntos el ruido y la rima. La rima marca el desenlace del ritmo del verso, el desenlace produce la cadencia del poema y la cadencia puntúa la expectación posible: el ruido sólo puede aparecer inesperado porque la rima nos ha acostumbrado a lo esperado. En la versión menos cercana al haiku, el poema logra una efectividad del instante privilegiado probablemente insuperable. La rima da luz sobre el ruido; el ruido sólo se escucha en la rima. La efectividad poética de la versión valle-inclaniana regresa a la poesía lo que el haiku llevó al mundo.

         Queda por investigar, claro, si el más famoso de los haikus puede ser expresado en otras formas poéticas tradicionales. ¿Cómo hacemos sonar el ruido del haiku en un soneto? ¿Cómo lo presentamos en un poema en prosa? ¿Es traducible el poema de Basho en un cuento? Quizá sean aproximaciones necesarias.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El Yunque quiere medir sus fuerzas en la Ciudad de México. Para ello, su precandidato azul se ha lanzado contra una posible alianza PAN-PRD en la Ciudad. Si, como es de esperarse, el precandidato azul del Yunque no logra la designación en su partido, menos de la mitad del PAN capitalino apoyará la alianza. Y en ese escenario, probarían sus fuerzas con otro candidato, el propuesto por el Frente Nacional por la Familia. Aunque el lector no lo crea, el enemigo no es Morena, sino el PRD: sólo los amarillos han defendido el matrimonio igualitario. Para la derecha capitalina, el triunfo de Morena -especialmente si lleva a Monreal como candidato- sería buena noticia. 2. Cuando se afirma que Rius fue el educador político de la mayoría de los mexicanos, ¿quién se atreve a decirlo como elogio? 3. Carlos Zúñiga ha sido el primero en notarlo: la propaganda ideológica rusa se ha filtrado en los medios públicos porque no pudo hacerlo en los medios privados, lo cual se explica por las limitaciones presupuestales de los medios públicos. ¿No es, a la larga, un problema político para quien limita los recursos a los medios públicos?

Coletilla. Tres juegos sobre el mismo tema.

Un piropo

salta al chat:

friendzone.

 

Buena conciencia

que protesta en twitter

se llama chairo.

 

Viejo estancado

en medio del tránsito:

claxonazo.

Vida discreta

Vida discreta

 

Revisando a los intérpretes científicos decimonónicos del tratado aristotélico Sobre la memoria y la reminiscencia llegué al médico alemán Morson Gauldin [Baviera, 1862-Frankfurt, 1912], quien se especializó en el estudio de los trastornos cognitivos y elaboró los protocolos de atención para los pacientes con amnesia agravada del asilo mental de Frankfurt. De educación clásica, conocedor del griego y del latín, trabajó una versión alemana de la Ilíada de Pope e intentó una versión inglesa de la Eneida al estilo del autor de The Rape of the Lock, sin llegar a terminarla. Escribió en inglés unas gruesas y entretenidas memorias que poco tienen de científicas, pero mucho de imaginativas. Ahí, describe profusamente el estado y deterioro de sus pacientes del asilo, al tiempo que acompaña las descripciones con poemas de ocasión. Extraigo el siguiente soneto de sus memorias, específicamente del caso 46, la española Rosalva Correo. Y aunque nada aporta al asunto, lo menciono: Morson Gauldin es ancestro de un conocido musicólogo estadounidense.

 

La vida se contrae en tu mirada;

el tiempo dando tumbos desalienta.

Imposible pensar que serás nada,

que la muerte se acerca tan discreta.

 

De cruel enfermedad toma la cara

y en tenaz olvido hunde los días.

No es tanto tu memoria en falta,

sólo es que nuestra vida olvidas.

 

Ahora es tu palabra escueta

y sólo pasos lastimosos das.

Quién imaginara vejez tan cruenta.

 

En misterio se pierde tu mirada

y el olvido se encuentra como afrenta.

¡El resto es silencioso panorama!

Escenas del terruño. 1. “El procurador va a prometer que se investigará, caiga quien caiga…” decía Ciro Gómez Leyva cuando una de las entrevistadas lo interrumpió: “aquí las únicas que caen son nuestras lágrimas”, palabras de la madre de uno de los asesinados en un departamento de la colonia Narvarte hace dos años, palabras que expresan la realidad cotidiana de las víctimas, la realidad de un país en cuyas entrañas la violencia es metástasis plena. 2. ¿Es en serio? El martes, en Reforma, Diego Valadés -jurista, exprocurador general de la República y exministro de la Suprema Corte- planteó una “solución” ante el clima de violencia que se vive en el país: la suspensión de garantías. ¿Es en serio? 3. En entrevista radiofónica, Alfredo Castillo, director de la Conade, dijo que el Estado mexicano prefiere apoyar atletas adultos y no infantiles, porque para los adultos es más fácil aceptar la derrota. Las cosas buenas casi no se cuentan… 4. Se llama responsabilidad social. Y responsable es la iniciativa del equipo Tigres de futbol para desplazar la incidencia del polémico grito de “Eh, puto”. ¿Algún equipo se unirá a Tigres en la campaña?

Coletilla. “No es lo mismo ejercer la crítica del poder que lanzar tomatazos a quien gobierna”. Carlos Bravo Regidor

 

Mirada en la ventana

Mirada en la ventana

 

Recordaremos por las palabras a Ramón Xirau. Especialmente lo recordaremos por las palabras con que lo nombró Octavio Paz: hombre-puente. Lo inmediato es tomar el nombre paceano, darle la vuelta y hacerlo gritar como definición. Así, sin esfuerzo pensamos en Xirau como un puente entre España y México, o entre la filosofía y la poesía, o entre el castellano y el catalán… ¿Para qué definir los lugares comunes? ¿Por qué usar las palabras del poeta para tasar el recuerdo en el mercadeo “cultural” de los obituarios? Ni Octavio definió a Ramón, ni Xirau se prestaba simplonamente a la voz alzada de las definiciones. El nombre paceano, palabras del poeta, debe entenderse como la metáfora que nos devuelve a lo inmediato. Pensar a Ramón Xirau como hombre-puente es desembarcar en la lectura con la metáfora paceana como mapa. El nombre paceano sólo resuena en la lectura. La metáfora del poeta es privilegio del lector.

         Recordaremos por las palabras a Ramón Xirau. Principalmente lo recordaremos por las palabras que son sus obras: sus libros y poemas. Sólo por la lectura recordaremos a Xirau. Nuestra vida prosaica no tiene lugar para el recuerdo de los poetas; mucho menos para un poeta que escribió en catalán. Nuestra vida profana no tiene lugar para el recuerdo de los filósofos; sin ciudades no hay filósofos. Si queremos recordar a Ramón Xirau, poeta-filósofo―hombre-puente, debemos volver a lo inmediato: las palabras de sus libros y poemas.

         Recordaré a Ramón Xirau por su poemario finisecular Indrets del temps. Leamos “Per la finestra”.

Fa fred avui, ho diuen la llum de la finestra,

l’aire en el gebre de les fulles.

 

La llum però la llum

                                       és nostra

                                                           la teva clara llum.

 

El caliu de la posta il·lumina la tarda

el vermellós incendi        nau vermella?

 

Les pomes a la taula

                                     repòs, repòs de tarda.

 

El poema pasa en tantos lugares y tiempos como de dísticos está formado. En el primer dístico, hay un hombre que mira a la ventana, una ventana que trasluce el mundo, una simultaneidad entre el hombre que siente frío y el movimiento mundano que trasluce el frío, una simultaneidad que se encuentra en el filo de la ventana. La interioridad y la exterioridad sincronizan en la luz de la ventana. Y es la luz la que, en el segundo dístico, todo lo trastoca. En un verso que se distiende como el tiempo y se extiende como la luz, el personaje del poema pasa del encuentro entre el sentimiento propio y el sentimiento del mundo, a un mundo habitado por el otro, a un sentimiento compartido, a la propia persona como mirada y al otro en comunidad en la ventana. Nótese que teva es el término central del poema: al centro del poema estás tú. No es ya un hombre que mira en la ventana el paso del mundo y especula para sí un estado exterior, ni es la sola unidad de mundo y hombre en la ventana ateridos a un mismo tiempo, templados al mismo frío, iluminados por la misma luz. Aquí, la luz sólo es tu luz, la luz sólo ilumina cuando nos ilumina, el nos es el claro de la presencia, nosotros somos el mundo y el mundo se ilumina cuando nos reconocemos nosotros. El poema frente a la ventana es un puente al hombre, el poema nos lleva del hombre al hombre.

         La segunda mitad del poema nos devuelve a lo inmediato, pero sólo a condición de que la genuina inmediatez siempre sea comunitaria: la inmediatez del solitario, del contemplador silencioso, del sujeto cartesiano, es una abstracción. Sólo hay atardecer porque el hombre es comunitario; el atardecer nunca es solitario. ¿Por qué? ¿No es acaso el atardecer solitario, el contacto ascético con la naturaleza, uno de los dogmas de los románticos, druidas posmodernos y místicos amateur? El poeta lo dice de un modo insuperable: El caliu de la posta il·lumina la tarda. Cierto, la traducción menos literal, pero quizá más literaria, prefiere “resplandor”, que el verso diga: el resplandor de la puesta ilumina la tarde. Sin embargo, el resplandor nos devuelve al contemplador silencioso, al hombre solitario frente a la ventana, al romántico que se abisma en el paisaje. En cambio, cuando la mirada frente a la ventana reconoce en el mundo el lugar en que somos, cuando reconoce al mundo como el lugar propicio al otro, es posible que la calidez de la puesta ilumine la tarde: cuando no soy yo, sino cuando sé que somos, toda puesta es calidez. La proximidad de la noche, el diluirse de la luz en el filo del horizonte, nos devuelve tras la mirada, tras la ventana, nos devuelve un yo que es nosotros.

         Y somos nosotros, al final del poema, quienes reconocemos lo inmediato en ese más allá del mundo que es el más acá del mundo de los hombres. La tarde reposa en las manzanas de la mesa porque ya no son una parte del paisaje, mero acontecer, tiempo transcurrido. Las manzanas en la mesa son tiempo vivido, tiempo de los hombres. ¿O no es la manzana la más humana imagen de un atardecer? Fue en el atardecer de la infancia humana donde la manzana iluminó al tú y en la luz nos descubrimos temporales, finitos, mortales.

         En “Per la finestra”, Ramón Xirau es puente del hombre al hombre. Sin dialécticas abstractas o mitologías metafísicas, el poeta nos presenta la conformación del mundo humano en función de la sabiduría del tiempo. Y al centro de dicha sabiduría permite al lector encontrar el tesoro de la palabra. ¿O no es “tú” la palabra más bella para el que empieza a vivir eso del amor? Sin tú no habrá mundo, no habrá palabra, no habrá… Recordaremos a Ramón Xirau por sus palabras.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Se cumplieron 34 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos reiteraron que de llegar al tercer aniversario anual del caso y no tener una explicación clara, aumentarán sus protestas en tono, forma y número en la Ciudad de México. Por su parte, los funcionarios de la PGR se comprometieron a presentar los avances del caso en agosto. Mientras tanto, el Presidente acudió a Guerrero en el mismo día del aniversario, no mencionó el tema, pero dio reconocimientos a militares. 2. Seguimos rompiendo las marcas, seguimos una tendencia a la alta, nos vamos superando… pero en la cifra de homicidios: junio tuvo la tasa más alta de homicidios desde 1997. ¡Veinte años no son nada! Y para Alejandro Hope es claro el problema: “cuando la violencia se asume como asunto “entre ellos” [los criminales], los homicidios no se investigan”, luego la impunidad impera. 3. Para Sara Sefchovich, el presidente Enrique Peña Nieto “parece muy gallito, pero tiene miedo”, por eso habla siempre, recibe aplausos y hace giras, pero calla cuando hay problemas, se esconde, no da la cara y manda a un subordinado. 4. Gil Gamés comparte mi estupefacción: un prohombre de la política al que se celebra por su servilismo con atuendo democrático. Se trata, claro, de Porfirio Muñoz Ledo, quien lleva más de 60 años viviendo del presupuesto, acomodándose para caer de pie. “sí, dígame don Gustavo, para qué soy bueno; dígame, don Luis, en qué le ayudo; don Miguel de la Madrid, vamos bien; búscame una cita con Carlos Salinas; Zedillo me recibirá mañana; ya platiqué con Fox y decliné porque soy un prócer; hablé ayer con Cuauhtémoc; dice Andrés Manuel que todo va viento en popa; por cierto, me pide Miguel Ángel Mancera que cuide la Constitución de la Ciudad de México”.

Coletilla. Va el poema “Por la ventana” de Ramón Xirau, pero revisitado.

Hoy hace frío, me lo dicen la luz de la ventana,

o el aire entre la escarcha de las hojas.

La luz pero la luz

                                 es nuestra

                                                      tu clara luz.

La calidez de la puesta ilumina la tarde

incendio rojizo     ¿nave rojiza?

Las manzanas en la mesa

                                                reposo, reposo de la tarde.

El vendaval II (otros tres intentos)

El vendaval (otros tres intentos)

 

El pasado lunes en este mismo blog, mi amigo Cantumimbra presentó tres versiones de su poema “El vendaval”. Hoy presento tres intentos más del mismo poema. No puedo llamarle revisitaciones, pero les diré rediversiones. ¿Alguien más se anima a vendavalizar?

 

Versión 4: lira

Arrastrando despojos,

deshilando en lágrimas la voz;

anublando los ojos

el vendaval nos inunda atroz:

es la crueldad que reina a sovoz.

 

Versión 5: haiku

Tras la matanza

nuestra voz torturada

yace en el polvo

 

Versión 6: copla infantil (para niños crueles)

El vendaval sin rostro

que viene por ahí,

la voz tendrá por costo

y nadie podrá reír.

 

Námaste Heptákis

 

Estantería. 1. El novelista Rafael Pérez Gay, en compañía de Gutiérrez Nájera, nos enseña a ver a las lluvias torrenciales en su relación con la humildad. 2. Reconocer los rasgos velados del alma del amigo cuando revisamos los libros que dejó tras su muerte, conocer al otro en otro tiempo, continuar la amistad en otra vida. Hay que leer “Los libros de mi amigo” del poeta David Huerta. 3. Para el poeta e historiador Tomás Calvillo vivimos “el reino de la desnuda violencia como fuente de poder económico y político”.

Coletilla. Leo con gusto una reseña de la obra “Herodes Hoy”. Es la puesta en escena de la obra “H” de Richard Viqueira, incluida en Tragedias Tempranas [Tierra Adentro, 2007]. Parecen buenas noticias que se monte teatro contemporáneo, que los jóvenes vean teatro contemporáneo y que lo reseñen en su sitio.

 

De cómo perdí mis sentimientos

De cómo perdí mis sentimientos

 

Una de las ventajas espirituales reservadas a los daltónicos es la expectación burlona ante la inminencia de la pregunta impertinente de quien acaba de conocer nuestra condición. Claro que sé de qué color es el suéter del otro, pero no tengo tan poco humor –ni soy tan humanitario- como para decirle lo que quiere escuchar. Toda mi vida he visto el pasto verde, aunque pronto aprendí que es casi imposible para el normal comprender que nunca vemos el mismo verde. Y no, no sé cómo ven los perros. Desde que tengo memoria –y no la nombro como una facultad potencial, sino como la actividad potente que es- nunca he sido perro, aunque a veces defiendo mi lugar; casi siempre he andado en dos patas y casi nunca acerco mi rostro a los genitales ajenos cuando ando por la calle. No sé cómo ven los perros y ni siquiera sé si tienen sentimientos.

         Momento, no quiero provocar el linchamiento de una turba animalista. Sé que a muchos conmueve el video tal en que llora un pollito. Sé que la mayoría ha oído de la existencia de sesudos estudios sobre el cerebro animal que una minoría dice entender. Sé que no es de buen gusto en esta época, falta de gusto pero prolija en gasto, decir que los animales son eso, animales. No estoy llamando a matar animales, ni a maltratarlos deportivamente, ni a no hacerlo, o dejar de hacerlo, o encontrar el método adecuado, económico y multicultural para hacerlo. Simplemente estoy diciendo que no sé si los animales tienen sentimientos. No lo sé, repito, pero tampoco me preocupo mucho por saberlo. Me preocupa más la acción humana, preguntar por el comportamiento del hombre con los animales, el uso de los animales por el hombre. El comportamiento humano no se cuestiona con un pollito llorando o mediante un colorido electroencefalograma, pues son ejemplos muy faltos de imaginación; al hombre se le cuestiona con preguntas éticas, con reflexión política, con imaginación.

         No todo es burla en mi expectación ante las preguntas inminentes por el daltonismo. En ocasiones, cuando el caso lo amerita o la persona me interesa, me da por preguntarme qué movió su pregunta. Las más de las veces no es una pregunta genuina, pues cualquiera que lo piense con tantito cuidado sabe que en realidad es una pregunta sin respuesta, y que más bien es un intento de normalización, que es una necesaria toma de distancia de lo raro para guarecerse en la seguridad emocional de la normalidad, de la propia normalidad. Preguntar al daltónico de qué color es el suéter es tan insensato como preguntar si los perritos tiernos tienen sentimientos. Cualquiera que piense tantito las preguntas reconocerá que no hay respuesta definitiva. ¿O no sería equivalente preguntar a un perro si acaso ve igual que los daltónicos? Es insensato. Por suerte hasta ahora no me he encontrado a nadie tan inteligente como para preguntarme si los daltónicos tenemos sentimientos, que eso arruinaría indudablemente el deleite de mi burlona expectación.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Interesante entrevista en la revista Contralínea. En ella se presenta un panorama de la postura práctica, o quizá teórico-práctica, de los comunistas anárquicos. En resumen: consideran que la revolución no llegará, como creían algunos comunistas del siglo pasado, por un grupo de avanzada que mediante la crítica-práctica establecería la dictadura del proletariado, sino a través de la totalización de la violencia. Explican que la inconformidad de la clase proletaria se expresa tarde o temprano en violencia, ellos sólo exhiben que el proletariado ya tiene esta visión. La totalización de la violencia derivará en la revolución y con ello en el exterminio del Estado. Destacan, además, su diferencia con los ecoanarquistas, a quienes identifican como nihilistas, en tanto su posicionamiento a favor de la violencia como necesaria para la revolución no es destructiva de la especie humana. 2. Importante revisión de datos del equipo de Data4. Recientemente se ha repetido que el aumento de la violencia durante el primer semestre de 2017 se debió a las liberaciones facilitadas por el nuevo sistema de justicia penal. Repetido el mensaje, ya se preparan las mesas de trabajo para modificar el sistema penal, para evitar que “sea una puerta giratoria”. Lo importante del estudio de José Merino es que muestra con datos que no hay evidencia de la relación entre el aumento de la violencia y el nuevo sistema penal, además de que nos alerta: según las proyecciones, este año será el más violento del sexenio. Vivimos el infierno, aunque el administrador sólo tiene ojos para las buenas noticias. 3. Al presidente le gusta contar las cosas buenas. El pasado martes contó que las cifras de empleo han crecido considerablemente, también contó que eso es una buena noticia. No contaba el contador con la capacidad de contar de Enrique Quintana: sí, ha crecido el índice de formalización de los empleos, pero eso no significa que el empleo haya crecido conforme a la demanda. Lo cual nos recuerda el viejo adagio: cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas… 4. “Pues usted será el mejor calificado, pero ella es mujer y tenemos que cubrir cuota de género”, así se justificó el domingo en una deplorable columna la decisión para conformar al comité ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción. No estarán los mejores, pero qué bonito se siente afirmar la pluralidad mientras se incita a  linchar a un periódico. 5. Fulminante la pregunta de Guillermo Fadanelli: ¿qué tendría que hacer un hombre sin alternativas políticas? Y para responderla dialoga consigo mismo entre la resolución y la soledad.

Coletilla. He leído Jinetes de Tlatelolco [Ediciones Proceso, 2017] de Juan Veledíaz. El libro tiene la intención de volver la mirada a la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, pero preguntando por la versión de los militares sobre aquellos hechos. En particular, el autor se adentra en la visión de Marcelino García Barragán, quien por ese entonces era el titular de la Secretaría de la Defensa. La investigación es valiosa porque incorpora una perspectiva olvidada en la historia del caso. De su lectura extraigo tres datos importantes.

  1. Se confirma la versión presenciada por Luis González de Alba y presentada por primera vez en Los días y los años [1971] (recuérdese que La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska es un libro plagado de imprecisiones): en el tercer piso del edificio Chihuahua se apostaron unos jóvenes de guante blanco que al recibir los disparos del ejército gritaron asustados y al unísono: “¡No disparen, Batallón Olimpia!”. González de Alba consideró que no había coordinación entre el ejército y el Batallón Olimpia; el libro de Veledíaz lo confirma. El Batallón Olimpia no fue, como por ahí se ha escrito, un grupo paramilitar de exterminio.
  2. El tiroteo de aquella tarde no inició desde el podio en que se encontraban los dirigentes del CNH, como dice la versión oficial, ni desde la tropa militar situada en la plaza, como bien señaló González de Alba. El tiroteo inició desde la azotea del edificio Chihuahua, donde estaban situados dos francotiradores. El secretario de la Defensa ignoraba la presencia de los francotiradores. El coordinador del Batallón Olimpia ignoraba la presencia de los francotiradores. Los francotiradores fueron situados ahí por orden del jefe del Estado Mayor Presidencial, Luis Gutiérrez Oropeza. Además de Gutiérrez Oropeza, en el plan de colocar francotiradores que dispararan al ejército desde la azotea del edificio participó el agente de la CIA Luis Echeverría Álvarez, quien por entonces era secretario de Gobernación y quien algunos años después sería presidente de la república.
  3. Durante el conflicto estudiantil de 1968, el embajador estadounidense en México Fulton Freeman ofreció al general Marcelino García Barragán el apoyo del FBI para orquestar un golpe de Estado y poner las cosas en orden. La anécdota confirma lo que Carlos Madrazo dijo a Elena Garro, y lo que Javier García Paniagua -hijo del general García Barragán y padre del actual director de la Agencia de Investigación Criminal- comentó en alguna ocasión.

La clara demasía

La clara demasía

 

La lectura aspira a una cierta claridad, a la claridad de el pensamiento. Leer es un acto del pensar, no de la comprensión, no de la comunicación. Leer sólo es una especialidad hermenéutica como empréstito del pensar. Lo principal de la lectura es lo pensado, pues ahí radica la efectividad poética del habla, no en la eficiencia de la decodificación de un mensaje. Toda frase puede ser eficiente en tanto transmite un mensaje, produce una sensación o induce una proposición; no por ello es efectiva, no por ello nos hace pensar. Toda frase publicitaria debe ser eficiente; pocas son las frases publicitarias que podrían considerarse efectivas. En el imperio de la teoría comunicativa se enseña a los párvulos de la tinta a escribir eficientemente, así se entrena en las escuelas y se le llama estilo académico, así entrenan a los redactores y a veces lo llaman objetividad, así se entrena la mayoría en los aparadores de las redes sociales y no pasan del titular, del tuitular o del pie de foto. Lo eficiente es comunicar, da lo mismo si se trata de posicionar el producto, transmitir un mensaje o ganar un like. Pero lo efectivo es otra cosa. La frase ingeniosa puede ser eficiente, pero sólo es efectiva cuando nos hace pensar. Un poema es eficiente cuando cumple todos los cánones poéticos, pero sólo es efectivo cuando nos cambia la vida. Eficiente es todo gusano musical, pero efectiva sólo es la música que alimenta la memoria. Leer es envolverse en la claridad. ¿Queda claro?

         Valga un ejemplo viejo. En el número 103 de la revista Diálogos [enero-febrero de 1982], que dirigió Ramón Xirau, se publicó el poema Me basta tu demasía de Carlos Isla.

Me basta tu demasía

Realidad apenas insinuada

pronta a entregar la eternidad intacta

Delicada fatalidad

que al despertar da sentido

Relieve de la mirada

que disuelve las formas implacables

Como la luz me llamas

a un día perdurable

Como la oscuridad

del mundo me salvas

Sentida presencia sueño vivo

en mi memoria aciaga

Fundamentas el cuerpo

Vuelves asequible el alma

Cuando llegas

abordo al que yo soy

Cuando te vas

me despido de mí mismo

Nótese en el poema la efectividad de la presencia condensada. En los primeros versos es difícil reconocer de qué o quién se habla, si hombre o si dios. En el doceavo verso, en cambio, todo se humaniza: la presencia se siente, lo sentido está presente; el sueño vive, porque sólo el hombre vive en sueños. En los versos siguientes, la presencia es la presencia amada, la carnalidad de lo amado. Los únicos dos versos que no son dísticos –además del primer verso- lo confirman. Así, encarnado, la ausencia impera el término del poema.

         En el número 72 de la revista Vuelta [noviembre de 1982], que dirigió Octavio Paz, se publicó el poema Transformación, producido por Gabriel Zaid a partir del poema de Carlos Isla bajo la técnica de no añadir palabra ni cambiar el orden del poema original.

Me basta tu demasía

apenas insinuada

Fatalidad que da sentido

Relieve que disuelve

como la luz

como la oscuridad

Fundamentas el cuerpo

Vuelves asequible el alma

Cuando llegas

abordo al que soy

Cuando te vas

me despido de mí mismo

Ha de resistirse el lector a la tentación de comparar la transformación de los versos como lectura primaria, pues eso aminora la posibilidad de ver al poema zaidiano como una totalidad en que se busca la efectividad poética. La primera efectividad del poema está en sus contradicciones: demasía-insinuación, luz-oscuridad, cuerpo-alma, llegar-ir. La segunda está en sus sonoridades: la sinuosidad del segundo verso contrasta con la carga dental del tercero, el eco aparente entre relieve y disuelve que se remarca con la posterior repetición de los como y los cuando, la rima entre los versos tres, siete y doce. Pero la efectividad poética más notable está en la introducción de la segunda persona en los versos séptimo y octavo. El poema nos sitúa en una indeterminación que sólo se insinúa con el tú de ese par de versos. En ellos arraiga la claridad que nos permite pensar al poema. Sólo un tú puede ser fatalidad que da sentido. Sólo contigo puedo reconocer un relieve que disuelve. Sólo al tú amado se le puede presentir en demasía. La efectividad del poema está en pensar la claridad del saberse amando.

         En el número 76 de la revista Vuelta [marzo de 1983] se publicó Transformación 2 de la escritora argentina Luisa Peluffo.

me basta tu demasía

engastada en mis manos

realidad apenas insinuada

fulguraba

como extraña presa tu cabeza

pronta a entregar la eternidad

yo la ideaba estuches y preciaba

delicada fatalidad

sombra a sombra su belleza

 

el sentido que al despertar

da luz a luz

en tus ojos tal vez se concentraba

 

relieve de la mirada la vida

que disuelve las formas implacables

 

filtro de tristeza

en dos vasos profundos como la luz

 

aún me llamas… yo soñaba

 

día perdurable

cuando en tu frente

del mundo me salvas

 

oscuridad en la paz de una laguna

 

sentida presencia

enorme ensueño taciturno

sueño vivo

tu cabeza fluía

 

en mi memoria aciaga

 

fundamentas el cuerpo

vuelves asequible el alma

 

cuando llegas

no sé qué mundo anónimo

aborda al que yo soy

 

cuando te vas

nocturna

de mí mismo me despido

Nuevamente, resista el lector la comparación de los tres poemas; intente, en cambio, ver el poema como totalidad. El poema peluffiano es efectivo en su tristeza y la clave se encuentra en el decimoséptimo verso, en los puntos suspensivos del verso 17. El poema se centra en la experiencia interior de quien comprende el cambio exterior. El poema nos muestra la delicada fatalidad del tú que se pierde en el hilo de la vida y la memoria aciaga en que sobrevive el yo que al otro ha perdido. La efectividad del poema se logra cuando podemos pensar que describe la experiencia de ver morir a la persona amada. Cuando muere el tú que me concentra, se diluye el yo que vive todavía. Y los puntos suspensivos son el impasse de la disolución.

         El poema de la periodista argentina se produjo con una técnica diferente a la producción del ingeniero mexicano: intercalando un segundo poema con el primero. El poema intercalado es un soneto de la poeta uruguaya Delmira Agustini, originalmente publicado en 1910 en el poemario “Cantos de la mañana” [disponible aquí] e intitulado Tú dormías.

Engastada en mis manos fulguraba

como extraña presa tu cabeza.

yo la ideaba estuches, y preciaba

luz a luz, sombra a sombra su belleza.

 

En tus ojos tal vez concentraba

la vida, como un filtro de tristeza

en dos vasos profundos… Yo soñaba

que era una flor de mármol tu cabeza;

 

cuando en tu frente nacarada a la luna

como un monstruo en la paz de una laguna

surgió un enorme sueño taciturno…

 

Ah! Tu cabeza me asustó… Fluía

de ella una ignota vida… Parecía

no sé que mundo anónimo y nocturno…

Se nota la forma clásica, la medida de los versos, el lugar de los acentos, la exactitud de la rima, ¡los tenaces encabalgamientos! Pero hay algo raro, inquietante, en el poema; quizá la efectividad que reúne al amor y a la muerte. Hay una claridad digna de ser hablada. ¿Acaso ve el lector el centro del poema? ¿Acaso puede verse el lector en en el centro del poema? ¿El lector puede envolverse en esa claridad?

 

Námaste Héptakis

 

Escenas del terruño. 1. Comienza a perfilarse lo que parece ser la nueva mentira sobre Ayotzinapa. Primero, fue necesario insistir en la “inocencia” de los perredistas José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda. Segundo, fue de utilidad la declaración del fiscal de Guerrero sobre la filiación partidista del líder del grupo delictivo de “Los Tequileros”. Y ahora, algunos andan promoviendo la hipótesis de que la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa fue obra de una célula de aniquilamiento, oportunamente nombrada como “Matanormalistas”, del grupo de “Los Tequileros”. Siendo priista el tequilero mayor, por fin tienen con esta hipótesis modo de exculpar al PRD y culpar al PRI. Sin embargo, promover dicha hipótesis tiene como problema que no hay, en el larguísimo expediente de la investigación oficial o del informe del GIEI, rastro de “Los Tequileros” -quienes, además, cobraron fuerza tras el debilitamiento de “Guerreros Unidos”-. La nueva hipótesis no tiene sustento en nada de lo conocido en las investigaciones -tanto la cuestionada investigación oficial, como la investigación y el seguimiento del GIEI-. Además, la nueva hipótesis también busca exculpar a la banda delictiva “Guerreros Unidos”, a quien ya se ha intentado proteger al insistir -sin pruebas- en que los ahora detenidos fueron torturados para confesar la desaparición de los normalistas. ¿A quién le interesa promover esta nueva hipótesis del caso? 2. Cosa tan rara: los políticos e intelectuales de izquierda apoyan a la patronal y niegan su apoyo a un grupo de trabajadores que inicia una huelga para reclamar el pago completo de sus prestaciones. Porque, evidentemente, siempre es inmoral no pagar a los trabajadores por el trabajo realizado, pero -para los intelectuales y políticos de izquierda- es más inmoral aún criticar a la patronal que no paga a los empleados cuando la patronal es de izquierda, es revolucionaria y es progresista. Me refiero, claro está, al curioso proceso de huelga de La Jornada. La justificación más común para defender a esa patronal que no paga a sus empleados es que la huelga se trata de un ataque a la independencia del medio crítico, un modo de censurar a un medio progresista, de inhibir la revolución. Todo lo cual suena muy bonito y hasta podría ser conmovedor. Por ello son tan interesantes los trabajos de Orquídea Fong y Marco Levario Turcott en Etcétera: revisando las notas principales del medio crítico de México se puede concluir que La Jornada es un medio oficialista. 3. Nuestra vida pública parece la de un matrimonio en problemas. Apenas publicó El Universal una nota sobre irregularidades en la designación del consejo ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción, comenzaron los pleitos. En lugar de investigar la nota, de aclarar, de reconvenir los malos entendidos, lo habitual es tomar partido, denunciar componendas, atacar. Así, comenzó a decirse que los políticos, temerosos por el Sistema Anticorrupción, lo querían tumbar; que el diario que dio voz a las irregularidades se estaba vendiendo; que todo era una confabulación maligna para acabar con el organismo anticorrupción. El Sistema Nacional Anticorrupción, ahora se sabe, es inatacable; mas si osare un extraño enemigo cuestionarlo, un soldado en cada pluma al SNA se le dio. Seis columnistas de El Universal ya renunciaron; cuatro ONG también lo hicieron. El diario fue descalificado públicamente -y ayer por la tarde su sitio en la red sufrió un intento de hackeo– y, oh gran misterio, nadie ve ahí un problema con la libertad de prensa. ¿La corrupción se combate con guerrilla editorial? 4. Las grandes civilizaciones crecieron a la vera de los ríos; los mexicanos, en cambio, estamos en los márgenes de la civilización. Lo observa y expone Guillermo Sheridan.

Coletilla. Ahora que Anagrama pertenece a una compañía italiana son varios los cambios en las políticas editoriales. La más preocupante de las nuevas disposiciones del plan editorial de Anagrama es que, para ahorrar en gastos de bodega, ya no se aprobarán reimpresiones. ¿Cuántos libros del fondo editorial Anagrama se perderán?

Falsificación

Falsificación

 

Vi un fenómeno inusitado de la naturaleza. No es que me extrañe de todo o me asombre por nada, sino que en verdad fue un fenómeno nuevo en mis incursiones al mundo animal y mineral. Vi cuatro punketos posando para la foto. Fue todo un homenaje a la virilidad falsificada: gesto huraño, dientes gruñentes, fruncido ceño, pose añusgada, pantalones arañados, mechas añiles, botas abrigañas, ojos abeñulados, chaqueta con alzapaños y fálica seña. (No es cacofonía ni almorriña, lector, pues sin eñes la descripción pierde todo su atractivo). Posar para la foto siempre es una falsificación de la vida, incluso cuando quienes posan son ya de por sí bastante falsos. Posar para la foto es un fingimiento desesperado.

         No me gusta ver a la gente posando para las fotos. Ponga su mano aquí, no tan alto, más natural. Una mano toma la rienda del caballo y la otra ciñe el florete con naturalidad de mando. Sonría a su esposo con ojos de amor. Mire como al horizonte su tiempo perdido. Dele limón al niño como para que sonría. Despierte al abuelito para que no salga con los ojos cerrados. Derecha la crinolina, Carolina. Y todas esas cosas que se dicen para producir el fingimiento de la foto me son desagradables. Porque la foto, cuando no es espontánea, tiene su efectividad en el ocultamiento de lo que realmente pasa. La foto posada es una mentira fácil y simplona.

         Algunos dicen que las fotos nos sirven para el recuerdo. Hay quien atesora álbumes de fotos para saber cómo era el tatarabuelo antes de perder el ojo y con ello ejemplificar la legendaria resistencia familiar ante el dolor, o para ver los bigotes de la abuela y señalar la reciedumbre que corre por las vanagloriosas venas de su prole. Otros más, repasan las fotos como para comprobar que algún día se vieron bien, que en algún momento el fingimiento no se veía tan falso, que en la juventud sabían mentir mejor. Y otros, los más cursis, ven en los álbumes de fotos sus andaderas del recuerdo, pertrechos para la memoria, utillajes para la inmersión en el pasado perdido. Siendo las fotos posadas fingimientos desesperados, los álbumes resultan falsificadores del recuerdo, llaves de puertas nunca cruzadas, hitos de caminos en los que nunca se pudo andar. (No pierda el lector la oportunidad de falsificarle a voluntad el falso recuerdo a su cursi más cercano en la próxima visita al álbum familiar. La técnica es fácil: se comienza preguntando si no recuerda por qué tenía esa genuflexión forzada como sonrisa la tía quedada y se le inventa que acababa de salir de su segunda histerectomía y que la foto fue en ocasión de su ovario izquierdo. Confundido, y desconocedor de tales intimidades, el cursi más cercano habrá creado un panorama en que se inscribe la foto, una leyenda interior sobre los interiores de su tía y una justificación a la histeria que misteriosamente la entregó virginal a los labios del alcohol y a los secretos del relicario por partes iguales).

         De entre las fotos posadas, las selfies me molestan más, tanto por hipócritas como por profanas. En ellas, todos quieren aparecer alegres o interesantes. Si alegres, aprovechan la selfie grupal para apelmazar la materia de sus rostros bajo el ojo inclemente de una cámara falsa. Si interesantes, se toman como al acaso lo que es intencionado, asumen la falsificación de la pose para negarla falsificándola (movimiento dialéctico que si todavía hubiera marxistas haría la delicia de sus deliquios). Cuando en la selfie quieren resaltar el contexto, la foto muestra una presencia que se perdió de lo presente, una importancia que se antepuso a lo importante, la primacía del yo hacedor sobre el fenómeno inusitado. La selfie falsifica la falsificación, subordina lo fotografiable a lo olvidable, anticipa la imposibilidad de falsificar recuerdo alguno porque hace de todo una imagen producida. A más que después del Cristo de San Juan de la Cruz ya no tiene chiste hacer imágenes desde la perspectiva del Padre. La selfie es quizá la última falsificación posible. La selfie será tumba de la memoria.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Importantísimos reportajes de Animal Político. Primero, policías federales señalados como probables participantes de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, específicamente señalados por su participación en el retén que permitió el paso de un grupo de 20 normalistas retenidos que eran trasladados de Iguala a Huitzuco, han sido transferidos o se ha destituido a los responsables de la cadena de mando. Segundo, un mando militar presuntamente relacionado con Guerreros Unidos, la negativa oficial a investigarlo y la clasificación confidencial a su expediente. 2. Buena nota de El Universal: hubo trampa en la designación de los integrantes del Sistema Nacional Anticorrupción. 3. Carlos Puig articula un panorama claro -en lo posible- en torno al uso gubernamental de Pegasus. En tanto Raymundo Riva Palacio dio en el punto: el problema político del espionaje es su uso propagandístico. 4. Se agradece siempre la inteligencia de Gabriel Zaid, pues en su análisis del origen de la violencia en el México contemporáneo nos da ideas para hacer frente a la catástrofe. Es Zaid, se trata de ideas prácticas, no son soluciones infladas de gigantismo, sino soluciones pequeñas del optimismo zaidiano. (Se equivoca y no le entiende, don Fede, al optimismo de Zaid, pues falla al creer que el poeta cree que los hombres pueden hacer grandes soluciones definitivas). 5. El gobernador “independiente” de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, se lanzó contra los medios de comunicación pues le molesta que investiguen sus -por no decir mentiras- imprecisiones. Ejemplo de ello la oportuna nota de El Norte del jueves 29: dice que no sabe si quiere ser candidato a la presidencia, pero ya tiene preparada su campaña. 6. ¿Alguien vio la campaña de apoyo a Joaquín López-Dóriga? ¿Alguien vio la convocatoria para la marcha sobre Reforma en protesta por el asalto a las oficinas de López-Dóriga? ¿Alguien escuchó el ultimátum de Carmen? ¿Alguien leyó la denuncia de Julio? ¿Alguien vio el hashtag de Epigmenio? La indignación, ya lo hemos dicho, es selectiva. En tiempos en que todos defienden la libertad de expresión y denuncian los ataques a periodistas, las oficinas de Joaquín López-Dóriga pueden ser saqueadas y todos se quedan calladitos. ¡Eso es compromiso, camaradas! 7. Hace 18 años, cuando comenzaba a popularizarse el uso de internet en México, Terra regalaba cederrones con los que gratuitamente podía accederse por algunas horas a la red. Posteriormente, Terra ofreció servicio gratuito de correo electrónico, páginas personales y se volvió un sitio popular de chat. Con la llegada de las redes sociales, el sitio tornó un aparador de noticias. Ayer, 30 de junio, Terra dejó de existir.

Coletilla. Tumbona ediciones regala en formato electrónico uno de los mejores libros de ensayo de la literatura mexicana de los últimos 10 años: Las encías de la azafata del ensayista tapatío José Israel Carranza, quien en Mural del jueves hizo una excelente reflexión.