La gasolina de la bicicleta

“Ante la falta de gasolina usa la bicicleta”. La frase anterior la he leído, escuchado y hasta compartido en redes sociales. Es un transporte con varias ventajas evidentes: no provoca gastos mayores que la compra del aparato y de vez en cuando algunas refacciones de bajo costo; no contamina, lo cual ayuda a que los habitantes de la ciudad enfermen menos y las personas con problemas respiratorios no tengan que encerrarse en casa durante los días de polución; no ocupa demasiado espacio, pues, a diferencia de un automóvil, con la bicicleta sólo se utiliza lo indispensable para ésta y su ocupante, por ello no estorba demasiado a los transeúntes ni causa aglomeraciones; y ejercita a quien la usa, lo cual le permite tener una mejor disposición para sobrellevar los asuntos complejos y problemáticos de su día. La bicicleta es el transporte del futuro.

Pero lo problemático no es el uso de la bicicleta, sino las condiciones con las que se cuenta en una comunidad adicta al transporte amplio y veloz, que ruga y sea llamativo, para que los ciclistas sean respetados. Muchos ciclistas han muerto embestidos por los automovilistas más frenéticos y alocados; “¿para qué respetar a quien tiene un transporte débil si éste se entromete en mi camino?”, supongo que se han de preguntar y justificar quienes atropellan a los ciclistas, viéndolos como insectos en su camino. Lógica que además de compartir los conductores que se educaron viendo las películas de Rápido y Furioso y Mad Max, comparten las autoridades, pues la mayor parte de los caminos son trazados y planificados para quienes tienen automóvil. Esto podría deberse a que las distancias que recorren quienes pueden usar automóvil son considerablemente amplias y necesitan ser recorridas de la manera más rápida posible. Es decir, el uso del automóvil propicia el frenesí. Las grandes ciudades están programadas para realizar las actividades, principalmente las laborales, con premura y desesperación. La bicicleta es débil en un ambiente dominado por el ruido de grandes motores.

Los ciclistas, conscientes de su papel en la sociedad, tienden a considerarse un grupo aparte, como personas más avanzadas, quienes utilizan el transporte del futuro. Eso suele ser un problema para quienes seguimos usando nuestras piernas como principal uso de transporte, pues, al igual que los automovilistas, los ciclistas llegan a aventarnos su transporte y a ocasionarnos lesiones sólo por dar unos pasos por sus ciclovías. Algunos llegan a justificar sus acciones, aduciendo que no respetamos su espacio. Usar el transporte del futuro no es igual a ser personas del futuro, ni mucho menos a ser mejores personas. El mejor transporte siempre será el que más incite a la convivencia.

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Violencia numérica

No hay manera más extraña para entender la violencia que mediante las cifras: al año matan tantas personas de tal edad en entidades de tantos habitantes; los robos son tantos en este año; las golpizas se incrementan entre los jóvenes de los 19 a los 27 años (por suponer una cifra). A su vez, tampoco hay manera más clara de vislumbrar la violencia en tiempos recientes. Quizá porque así se vea el impacto de ciertos factores en el incremento de ejecuciones, secuestros, robos y extorsiones, como las zonas en las que hay mayor incidencia delictiva o si ésta se presenta más en jóvenes que en adultos, si el hecho de que hayan tenido educación universitaria los vuelve más temerosos de la violencia armada pero no de la violencia física, entre otros motivos o causas de las agresiones. ¿Se sintetiza la información para saber en dónde hay que proponer planes de acción o se simplifica para fingir que se está haciendo algo? Pese a la gran cantidad de estadísticas y estudios sobre la violencia que existen, no se ha logrado reducir ésta, al menos no en el contexto mexicano, al que se le agrega el ingrediente del crimen organizado cuyo foco más rojo se encuentra en las cuantiosas ganancias que deja el narcotráfico. ¿Cómo se evita el que las personas no prefieran ganar mucho dinero en poco tiempo en lugar de trabajar arduamente por ello? Es casi como si se les pidiera que dejaran de desear cualquier cosa. Tal vez así no se pueda entender la violencia porque se deja de lado que, con una sola ejecución, con una sola persona que haya muerto de manera accidental, por estar en un mal lugar en un mal momento, el sufrimiento les cambia la vida a muchas personas. Familiares, amigos, seres amados, todos ellos sufren con una sola muerte. Los recuerdos se vuelven ácidos, los lugares por los que antes se transitaba con tranquilidad, ahora se miran con desconfianza, como si detrás de cualquier sombra estuviera esperando el peligro el preciso momento de atacar. Esto sólo pensando en quienes saben lo que les pasó a sus seres queridos; hay quienes se consumen en la espera, quienes soportan la mezcla de la esperanza y el dolor, quienes no pueden no seguir buscando a los desaparecidos. Sólo a un político ensimismado con la imagen de su propia grandeza le importan más los números que la peor consecuencia de la violencia: las víctimas.

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Doce uvas

Me causa miedo tener que comer doce uvas en un santiamén. Pienso que podría ahogarme con ellas si no veo antes por qué las como. Es como pensar en un propósito, en ningún caso podría comerlo por comerlo, antes debo pensarlo, ver cuidadosamente qué pido para saber si puedo acercarme a su cumplimiento. ¿Cuántos propósitos de los que uno mismo se establece se cumplen? La locura irradia cada que llevamos una uva a la boca. ¿Habrá planes para saber cómo se come con cuidado un propósito?, ¿se comen porque es bonito creer que están dentro de nosotros y, en cualquier momento, saldrán? Pero los propósitos ya no se ven igual una vez que salen. En menos de un mes se pueden olvidar todos los propósitos. Sería mejor tener un gran propósito, en lugar de los tradicionales doce, pero que fuera posible. Sería mejor preguntarnos de lo que somos capaces. Lo mejor sería que el comer uvas para empezar el año fuera un ejercicio de autoconocimiento.

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Una anécdota

Ahora me doy cuenta que no quería hacerlo. La semana pasada decía que me habían convencido de hacerlo. Pero no soy tan tonta como para no saber que fui yo quien desde el principio decidió echarle la culpa a los otros de lo que hice. Lo hago con frecuencia. Así no me siento tan mal conmigo misma. Pero lo que hice hace un mes es distinto a cualquiera de mis cagadas. No es como arruinar una amistad por un chisme. O decirle gorda y dejada a mi tía en su cumpleaños 40 enfrente de 200 invitados. El aborto es cosa seria. Una decisión completamente individual.

¿Realmente es individual? Me hacían dudar mis amigas y amigos. La individualidad no es igual al egoísmo, es independencia, libertad. Antes no contábamos con lo que contamos ahora. Me decían cada 5 minutos. Pero ellos qué saben. Ellos no tuvieron a alguien adentro por casi 50 días. Nunca estuve sola, es verdad. Pero estar demasiado tiempo acompañada no es lo mío. Tal vez sí quería hacerlo y mis dudas eran provocadas por un fuerte rechazo de mi madre a hacerlo. Ella que me tuvo cuando era muy chiquita, que no tenía dinero para tragar pero que aun así quiso tener una hija, y que nunca le faltara nada. “Me valía madres que tu papá no nos ayudara. Estabas chiquita. Yo me fajaba la herida de la cesárea y me ponía a chingarle. Nunca te hizo falta nada.” La escuchaba constantemente en mi cabeza cuando estaba en la sala, esperando mi turno. Iba sola. Casi todas iban acompañadas por gente que parecían ser parejas o mejores amigos. Creo que ahí fue cuando la duda se me hizo un poco pesada. Me empezó a apretar el cuerpo lentamente. Casi me empezó a costar trabajo respirar. Pero vi a una mujer que lloraba y decía “todo es cuestión de amor; no lo merecía.” Por fin lo había entendido. Y lo hice.

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Partidismos inamovibles

Se ha puesto de moda una película mexicana: Roma. Decir que se ha puesto de modo, en estos ruidosos tiempos, es lo mismo a decir que ha despertado simpatías y antipatías. Que está muy aburrida, que la fotografía es magnífica, que la historia reivindica las raíces mexicanas, que no las reivindica sino que romantiza la servidumbre. Los expertos tuiteros han hablado, y, como en casi todo tuit, sin dar ninguna razón. Los tuiteros, conocidos por tenerse ojeriza entre ellos, se han sumado a cada uno de los respectivos bandos; aquellos que no saben si la película les gusta o les disgusta, tienen dudas al respecto de la historia, no importan para la red social, pues no pueden generar tendencias. Los bandos, aunque nadie pueda creerlo, han existido desde que a Twitter y a cualquier red social se infiltró el fantasma del partidismo, esto fue aproximadamente desde que en ese lugar cibernético se empezó a sumar una masa considerable de usuarios; los partidismos han existido desde el principio de las organizaciones mismas. No importa si se discute de feminismo, machismo, aborto, derechos animales, tauromaquia, siempre se generan bandos con ideas más o menos establecidas e insultos programados. Algunos han querido sintetizar cualquier partidismo sobre cualquier tema con el eslogan: lo tuyo es malo y lo mío es bueno por eso tú estás mal y yo bien. La razón por la que no existen videojuegos de discusiones es porque eso ya se logra en la red. De cuando en cuando, las opiniones no se quedan en palabras binarias, sino asaltan a la realidad con la misma simpleza con la que fueron tecleadas. Hace poco se atacó a un magistrado mexicano con el pretexto de que su sueldo, como el de todos los magistrados, era más de tres veces superior al del presidente y en la Constitución estaba indicado que nadie podía ganar más que éste. Los descontentos no cesaron ahí, pues las protestas afuera de la Suprema Corte continúan pese a que los internautas ya se hayan entretenido con las opiniones y memes generados por una película. Quizá los magistrados pacten con el responsable de las protestas o apuesten a que otros eventos distraigan la atención de los ansiosos internautas; esperan que algún otro tema, como la molestia del recorte al presupuesto destinado a las principales universidades públicas, desvíe su atención y los haga protestar en otros lugares y en otras instituciones. Pues, quizá supongan, de todos los temas polémicos nunca se aprende nada: los animalistas seguirán protegiendo a los animales con el mismo ahínco con el que los espectadores de la fiesta grande disfrutarán de la temporada grande; se seguirán atacando entre las feministas más radicales y los machistas más agresivos; difícilmente alguien cambiará su posición respecto a la interrupción legal de la vida.

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Cenas enredadas

Empieza diciembre y arrancan las reuniones navideñas. Uno se imagina una cena digna de comercial: los niños riendo, contagiando alegría; los padres unidos y contentos, conversando sabrosamente con sus otros familiares; los adultos mayores siendo tratados con el mayor respeto y consideración; inevitablemente, en el fondo hay un árbol navideño rodeado de juguetes, esferas, luces y otros objetos brillantes. Sin embargo, en pocas ocasiones se logra una postal como la mencionada. La principal razón atribuida a la poca convivencia navideña muchos la encuentran en la adicción a los smartphones. Esos espejos negros que representan la propia complacencia en uno mismo y que permiten su extensión en comentarios e imágenes. Eso explicaría por qué las cenas navideñas tienen tan poca repartición de palabras. Aunque, a diferencia de un espejo normal, el espejo negro no refleja nada.

Otro problema de las fiestas decembrinas es que la poca convivencia parece impedir el tránsito de una conversación. ¿De qué platican quienes no se han visto en mucho tiempo?, ¿de qué temas pueden conversar?, ¿saben de qué asuntos les gusta o les disgusta departir?, ¿qué cosas pueden hacer? Supongo que ese problema es un falso problema si las personas quieren reunirse; si sólo se manejan entre compromisos, cuya base es una tradición que ellos mismos no logran entender, se recurre al espejo negro como escape del tedio. Si las personas que sólo pueden (quieren) reunirse una vez al año tienen un pasado, como los hermanos, los primos, tíos o las personas con cualquier relación filial, el pasado siempre será un tema. El problema es que cada año se va vaciando el tema y, al momento en el que al fin se acabe, ni el pasado de contar el pasado podrá dar conversación. El presente de esas relaciones no se quiere mantener; sólo se quiere dar sentido al presente con unas relaciones que impiden olvidarlo. Pero el pasado sin presente es tan vacío como el presente sin pasado. Visto así, el reflejo del pasado en el futuro no tiene nexo por su carencia de presente.

Pero no todos los encuentros navideños están teñidos de acartonadas, tediosas, largas e insustanciales conversaciones; hay lazos que no se rompen ni con los silencios más atronadores. Quizá con esos trozos de tela se pueda tejer una convivencia que cubra el frío de las solitarias mesas navideñas. Quizá sólo se trate de que las personas quieran reunirse y sepan por qué es bueno que se reúnan.

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La retórica de Andrés Manuel López Obrador

El movimiento más astuto de Andrés Manuel López Obrador ha sido volver llamativa la política. Sus ingeniosos insultos que arroja a críticos y enemigos, sus estrambóticas y casi imposibles propuestas, la división que ha marcado entre fieles (los buenos) y quienes no lo siguen (los malos), sus aparentemente democráticas consultas, evidencian una retórica política efectiva. Lo cual no quiere decir que haya vuelto más democrática la relación entre las instituciones y los ciudadanos, ni que haya vuelto más justa la relación entre los gobernantes y los gobernados. Lo cual más bien quiere decir, tal vez, que ha sabido aprovecharse de lo que queríamos escuchar, de lo que creemos que nos falta en la política, del modo en el que estamos acostumbrados a conversar. Ejemplo del último punto lo encuentro en los cuatro sucesos más comentados de su toma de protesta: la ciclista que, según dijeron, representó a México; el reclamo representativo al vilipendiado ex presidente; los tres cadetes atractivos; y el rescate a las raíces prehispánicas. El que una ciclista se haya acercado tanto al auto en el que viajaba el presidente de México resulta sospechoso, pues pudo haber atentado contra él, eso sin contar que estaba escoltado por un grupo notable de agentes. ¿Pudo ser planeado?, ¿qué nos quiere decir si fue un plan de sus asesores? Evidentemente pudo planearse, preparar a una persona para que le dijera que él no podía fallar a los mexicanos; la planificación le permitió a la esposa de él que lo grabara. Con ello éste mostraría una apertura a las exigencias del pueblo bueno desde antes de su mandato, pueblo que no le iba a hacer nada malo, aunque tuviera la oportunidad, porque confía en su probidad. Todas las críticas que en su discurso inaugural el nuevo presidente le dijo al anterior mostraron la imagen del cambio: antes fue lo malo, ahora viene lo bueno. Mostraron, por otro lado, que no le teme a los poderosos del pasado, pues en su propia cara, en un espacio público y de representación democrática, le criticó sus peores y más polémicas decisiones a un ex presidente con un partido débil, sin aliados de peso, sin capital político; el nuevo presidente no le teme a los poderosos del pasado aunque en su equipo haya revivido a políticos de oscura trayectoria. En tal crítica, larga y a ratos tediosa, fueron enfocados tres cadetes jóvenes (una mujer y dos hombres), quienes contrastaban con la senectud de los políticos cercanos al nuevo presidente. Obviamente se iba a hablar de ellos, mucho más porque los espectadores están poco acostumbrados a los largos discursos políticos y son avezados en el deleite de las imágenes. Hasta el que fueran dos hombres y una mujer resultó acertado, pues si hubieran sido dos mujeres y un hombre se hubiera podido acusar a quienes los pusieron cerca del presidente de querer tratar a las cadetes como edecanes y se hubiera desatado una discusión que hubiera perjudicado al nuevo mandatario. En la parte menos solemne de la toma de protesta, en lo que ya podríamos considerar la fiesta, hubo el detalle folclórico, donde se le dio un bastón de mando que representa a los pueblos indígenas al nuevo presidente. ¿Mostró apertura hacia los abandonados?, ¿intentaba recalcar su cercanía con el pueblo, con todo el pueblo?, ¿quería decir “soy el presidente de todos y todos me lo reconocen”?, ¿quiso que todo el mundo lo viera hacer lo distintivo de lo que algunos han dicho que son las raíces mexicanas? Quizá las posibilidades anteriores se condensaron en la ceremonia. Visto así, condensó su fuerza retórica en un acto. ¿Hubo política en los sucesos más comentados de su toma de protesta? Además del discurso que dio ante los políticos mexicanos y el ex presidente, en el que resumió lo dicho en su campaña, los otros actos fueron accesorios, llamativos como las lentejuelas de un vestido. Pero los cuatro hechos que más llamaron la atención sirvieron para que nadie se aburriera, para que todos pusieran atención en el nuevo mandatario, para que todos se fueran con algo que les llamara la atención. Sin acciones políticas, López Obrador da de qué hablar, cunde la discusión y provoca el entretenimiento. Pero ahí se cae en su juego: se le defiende, se le ataca o se vuelve memes. Anula la crítica. ¿Qué pasa con sus acciones políticas?, ¿por qué nos las esconde tras el telón?, ¿Su injusticia será tal que debe entretenernos con actos de prestidigitador?

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