Lectura en línea

Tienen razón quienes proclaman la intervención de la tecnología en la vida del hombre. A veces muy entusiastas, tienen fe en un mundo nuevo sin confusiones, con plena eficiencia en sus metas y problemas políticos prontos a resolverse. Siendo reservados con esta expectativas, al menos sí podemos coincidir con que la vida diaria ha sido trastocada por la vertiginosa novedad. El cambio es tan drástico que sorprende la comparación de nuestro actual modo de vida al de hace veinte años. Sustituimos el frágil walkman con un teléfono celular que contiene —entre otras maravillas— una biblioteca musical. En vez de comprar la Enciclopedia Británica y buscarle espacio en nuestro modesto hogar, consultamos la infinita Wikipedia. Muchos artefactos y síntesis digitales nos rodean, asumimos que el cambio se prueba por la cantidad de facilidades. Sin embargo otros giros no tan evidentes llegan a ser igualmente importantes: lo tradicional es alterable por la novedad.

La celeridad y eficacia proclamada también alcanza a la lectura. Siendo una actividad tan arraigada y común en nosotros, se percibe inmutable. Una capacidad útil, propia, usualmente menospreciada, e independiente del ambiente social (o circunstancias objetivas); una cualidad auténtica e inherente. Una buena lectura exigiría tener dispuestos nuestros sentidos y una capacidad cognitiva normal. En ello, la tecnología auxilia: afina la vista, busca alternativas en los ciegos, añade luz portátil para disfrutar los libros donde el sol esté casi inexistente. Sus beneficios no sólo están en asegurar la normalidad, sino en la expansión de lo que significa leer. Por ejemplo, la lectura del mayor número posible de palabras apuesta por potencializar el maravilloso cerebro y reparar la estrechez visual. Poder devorar las palabras acelera el tiempo de lectura, entre menos tiempo diario se ocupa más tiempo vital para leer. Quien sepa la técnica habrá leído más libros de lo que hubiera logrado sin ella. La expansión no se limita a la explotación biológica, sino que también lo ha hecho con el entorno. El lector nunca sufrirá desabastecimiento al tener la obra a un clic de distancia.

Si la excelencia en lectura radicara en el número de libros, sería una de las promesas más tangibles conseguidas por la tecnología. La novedad presumiría la erudición somo sinónimo de cultura en el hombre. Empero esta manera de leer no es la única. En su libro más célebre, al comienzo, Mortimer J. Adler distingue dos tipos de lectura: la informativa y comprensiva. La imaginación inquieta nos hace entender la alusión de la primera categoría. Leer para informarse es obtener el contenido en las obras que leemos, saber de los hechos que relatan, las opiniones que ofrecen, las afirmaciones que hacen. Un lector informado recolecta extractos de las obras de consulta. Quien capta miles de palabras por minuto, al cabo de un año habrá leído casi mil libros; la capacidad expandida a linderos sobrehumanos. La segunda lectura distinguida no busca la obtención, sino la asimilación de lo que se dice. Asimilar significa pasar del almacenamiento a la viveza de las letras. Es reconocer las múltiples interpretaciones en lo que leemos, seleccionarlas, dilucidar una postura y dialogar con el libro. Así una obra ayudaría a hacernos entender más o hacernos entender menos la realidad.

Aunque más popular y menos exhaustiva, la primera lectura es deficiente. No sólo fomenta la visión generalísima y rudimentaria de los libros, sino es una desaprovechamiento de nuestras capacidades biológicas y anímicas. Prueba de su inferioridad es su degeneración: la lectura en línea. Descartamos leer un gran libro encontrado en un formato digital o consultar una entrada en Wikipedia; en ambos se ocupan las lecturas susodichas. La lectura en línea es la ejercida usualmente al navegar en redes sociales. Mientras se desplaza el usuario, su vista capta publicaciones cortas y memes. No se detiene a rumiarlos, ni los almacena y muchos menos los asimila. Sólo posa fugazmente su vista. Quizás el meme es una puntada que despierta una sonrisa lánguida, pero continúa siendo un objeto unívoco que pasa tras otro. Desplazarse por horas se realiza bajo un tedio disfrazado. Hay memes que se burlan de esta adicción, buscan una risa nerviosa ante la incomodidad del propio reconocimiento; como buen momazo, se tritura a sí mismo. Leemos para enterarnos del marcador del partido de ayer, leemos para saber las conquistas de Julio César, leemos para delinear los componentes de la célula, en redes sociales leemos únicamente para pasar el tiempo.

Sería incompleto decir que la lectura en línea es abuso de imágenes y publicaciones superfluas. En realidad es la máxima reducción del acto de leer, lo lleva casi a la pasividad tan disonante con el alma humana. Sin comunicación posible, las redes sociales conducen al aislamiento o necedad. El maestro caería en ingenuidad si omitiera la intervención tecnológica. Debe admitir el detrimento que ha traído al hábito de leer.  Negar la realidad sería permanecer en su torre, ésa donde reina la serenidad y el silencio propios de un manicomio.

 

Anuncios

Analista socio-político

¿Te interesa hablar de política frente a muchos ¿Eres el centro de atención por defender tus opiniones? ¿No temes a la controversia? ¿Eres crítico y combativo con tus ideas? Pon atención, ¡ésta es tu oportunidad ideal! CONSULTORÍA INTELECTUAL “ANTONIO RAMÍREZ” te invita a ser parte de su equipo de trabajo como:

Analista socio-político 

Requisitos:

-Licenciatura relacionada con Ciencia Política o Administración Pública (preferente contar con posgrado, aunque no necesario)

-Preferentemente que tenga conocimientos en Economía

-Experiencia profesional como docente, comunicador, activista social, en medios escritos o asociaciones civiles

-Disponibilidad para rolar en medios informativos (televisoras, periódicos, canales de YouTube, etc.)

-Disponibilidad completa en horarios e incluso para viajar

-Conocimiento de redes sociales (principalmente Twitter) y manejo de gestores de publicaciones (Hootsuite, Google AdWords, etc.)

Habilidades:

-Facilidad de palabra

-Sentido del humor, carisma y extroversión

-Profesionalismo

-Habilidad para discutir

-Versatilidad en argumentar

-Excelente ortografía

-Amor a la patria (sí, ¡es muy importante!)

Beneficios:

-Proyección nacional y posicionamiento público

-Acceso exclusivo a conferencias de personalidades de alta difusión y reconocimiento social (Denise Dresser, Federico Arreola, Horacio Villalobos, Ilse Salas, Francisco Alanís)

-Diplomados y cursos periódicos impartidos por catedráticos de las mejores universidades a nivel nacional

-Asesoría gratuita de imagen y expresión vocal

-Descuentos en restaurantes, bares y cafeterías en zonas como Coyoacán, Roma, Chapultepec, etc.

 

Somos una consultoría interesada en participar en los asuntos de interés social. Nuestros clientes solicitan a nuestros analistas por su eficiencia como articulistas, opinadores y comentaristas. Desde su capacitación, exhortamos a nuestros miembros a ser profesionales con capacidad de adaptación. Buscamos ser vigente en la conversación diaria sobre los cambios veloces ocurridos en política, sociedad y economía. Por ello nuestros analistas gozan de preferencia en medios de comunicación, institutos educativos y asociaciones políticas. Manda tu CV a reclutamiento@antonioramz.com.mx, con el asunto “Postulación”, además de un escrito donde brindes tu opinión sólida sobre cualquier tema relacionado con la política y sociedad.

¡Trabajar con nosotros es la más grande oportunidad en tu carrera!

 

 

Don Paco, servidor de la nación

La Estrategia Nacional de Lectura enciende, mas no promete. Presentada ante una multitud, en el ardor del templete, las buenas intenciones se lucen por sí misma. Las demostraciones son prescindibles. Previamente aquí se ha levantado la sospecha sobre la opacidad del programa. Sin detalles ni lineamientos, el imperativo se sostiene en el entusiasmo. La bondad de la lectura no necesita justificación; será bienvenida siempre una acción gubernamental si la promueve. Nadie tendrá la moralidad para denunciar un programa que invita a leer entre la población. En este gran umbral, criticar el programa es visto fácilmente como un acto apátrida e inmoral. La crítica es avistamiento de doblez; buscarle tres pies al gato por molestar y hasta sabotear. El ejercicio intelectual es reducido a politiquería.

El volumen de publicaciones no garantiza ni promete hábitos de lectura. Aunque el Fondo presuma haber ganado más en un día que en tres años (lo cual es fácil pregonar…) o tener incrementos de 8.3%, si lo que se persigue son nacimientos en la República de Lectores, no tienen significado alguno. Se ve más probable el boom de bibliófilos. La rebaja de precios pretende renovar al atractivo de muchos títulos. Que la falta de dinero no sea razón para que el lector no encuentre la obra que cambiará su vida, o para que al futuro novelista no le sea vedado su despertar artístico, o para que el futuro historiador no sienta el fervor por su pasado. Sin embargo, estas predicciones se quedan en polvo de estrella. Estorba más la opacidad en la toma de decisiones de la empresa cultural. Respecto a los libros de cincuenta, no se sabe el porqué de la selección. La nueva colección anunciada, Vientos del pueblo, por su nombre, puede adivinarse también su derrotero.

El criterio para reeditar es un agudo problema en las editoriales. Se satisface a unos lectores, se deja insatisfechos a otros. Los lectores de Fulanito celebran que vuelva a salir su obra completa, los lectores de Sultanito se quejan y reprochan hacia sí. Las ideas políticas subrepticias en el equipo del Fondo complica todavía más el desbalance. El visto bueno personal acaba siendo el visto bueno para el público. Si bien es cierto que habrá obras rescatadas, otras seguirán sin ser reeditadas. Algunos títulos no morirán, pero sí serán sofocados. Perdieron su turno en la fila de espera. En La superación tecnológica del libro, Zaid resalta que el mercado de los libros permite la variedad de nichos. A diferencia de los medios masivos, v.g. el cine, la producción de libros puede cubrir la demanda variada y seguir siendo rentable. Sin un criterio claro de reedición, insuflados por el nacionalismo, esta virtud será negada.

Las afectaciones comienzan a verse con la revista El Trimestre Económico. Ya fue anunciado que el neoliberalismo será combatido desde sus páginas (flamante declaración en Aló Taibo: “vamos hacer un comité editorial nuevo, distinto al que había, ahí va a haber, como dijimos en una de nuestras reuniones, del keynesianismo hacia la izquierda. Lo que está a la derecha del keynesianismo es neoliberalismo, y ése, en principio, no lo vamos a publicar, excepto para debatirlo. Podemos publicar artículos, pero que lleven ahí mismo su argumento en contra […]”). Cabe recordar que Don Paco también fue parte del colegio-formador de cuadros para el partido reinante. Este antecedente le da otra profundidad al ritualismo del juramento hecho en la Biblioteca Ignacio Altamirano; no vaya a ser que los educadores desistan de su participación en la coyuntura nacional. Primeros los intereses, luego la formación; o más bien, no hay formación sin intereses. En vez de hacer al FCE una empresa rentable con una oferta atractiva, parece convertirse en un brazo operativo de la Secretaría de la Cultura. Pieza clave de la Cuarta Transformación. Dejan muchas dudas la Estrategia Nacional de Lectura y los trabajos afanosos de Don Paco cuando en el mismo gobierno se han demolido otros esfuerzos a favor de la lectura y comunidad. Huele a hipocresía, y causa mucha tristeza que el FCE esté en medio de todo.

Notas al margen: En sintonía, Guillermo Sheridan habla sobre la resurrección José Mancisidor.

Don Paco, historiador y administrador

Poner el gobierno al servicio del pueblo es una de las máximas de la cuarta transformación. Tal cosa puede verse en los cambios emprendidos últimamente. El nuevo gobierno intenta ser más cercano y deshelar las barreras tecnocráticas. Combatir la maquinación neoliberal con la justicia sincera y cálida. Un símbolo de esta lucha puede verse en las trincheras menos imaginadas: el Fondo de Cultura Económica. Paco I. Taibo II, su director a cargo, la representa perfectamente. A diferencia del sexenio anterior, donde hubo un funcionario escasamente público y asociado al salinismo, ahora el director en turno goza de una popularidad inmensa. Tiene ovaciones y muestras de respeto en la misma aldea donde el salinismo es el mito nuevo de la Caída. Asimismo su promoción cultural es celebrada. Recuerdo un tuit donde una usuaria lo defendía aduciendo que era un luchador social y un promotor comprometido con la difusión cultural. Un historiador que escribe para el pueblo, viste como si fuera del pueblo y habla como si fuera del pueblo. Frente a eso, en cualquier comparación, sale perdiendo el banquero disfrazado de letrado.

Bajo estas expectativas, la Estrategia Nacional de Lectura enciende. No sólo por la aceptación popular que tiene la lectura, sino por la persona que la encabeza. Su trabajo en Para Leer en Libertad entusiasma por todo lo que han hecho: bibliotecas remotas abastecidas, ferias de libro puestas en las aceras, libros obsequiados por el triunfo de la izquierda. En contraste con las simulaciones en administración de cultura, la brigada toma por asalto las calles y a los ciudadanos de a pie. Ponen manos a la obra cuando otros delinean estrategias que avanzan tan lento que ni terminan por concretarse. Sus primeras medidas como director de la FCE van por el mismo rumbo: poner en marcha los librobuses, rebajar los precios de varios libros y fusionar el Fondo con el Educal y la DGP (decisión criticada por Zaid).

La Estrategia Nacional de Lectura enciende, mas no promete. Está basada en la política de grandes masas y se sostiene por un prejuicio: la lectura es buena y es deseable por todos. Si no hay muchos lectores, ha sido por las condiciones materiales e ineficiencias en la educación. Sostiene el señor Taibo que las editoriales han abusado en sus precios y eso ha vuelto inaccesibles los libros. El mexicano no es leído por el mundo capitalista y los salarios bajos. Desafortunadamente la realidad es más cruda. Hay muchos mexicanos que no tienen dinero para comprar los libros que pudiera, sin embargo hay más a los que no les interesa. Cada año aumentan los precios en cines, desde entradas hasta botanas, y el volumen de clientes no parece disminuir drásticamente. Gran parte de los visitantes en las librerías de viejo son compradores que, con facilidad o penurias, son capaces de adquirir en las grandes cadenas. Aquellos que no mantienen como prioridad la lectura, que no buscan para conseguirla, no son lectores en potencia. Venderles ejemplares más baratos atiborra su casa, no asegura lectores habituales. La motivación y curiosidad son más complejos que un ajuste entre venta y salario.

En una de las entrevistas, el señor Taibo mencionó haber negociado con 20 o 30 escritores para que accedan bajar sus precios. Afirmó que les conviene: menor precio, mayor atractivo; mayor atractivo, mayores ventas; mayores ventas, mayor ganancia. (Ecuación cultural.) Deja pensando qué sucede si un escritor no accede: ¿no sería publicado por el Fondo? ¿Qué pasa si es un autor asiduo o perteneciente a una colección? También preocupa cuál sería la relación con otras editoriales para las coediciones. En un mercado difícil, ellas tienen su derecho a velar por sus intereses. Muchas sobreviven al ser absorbidas por grandes casas editoriales. Si una de ellas no le conviene el trato, ¿el FCE aplicaría el principio de respeto entre todos los individuos (físicos o morales) y la negociación se cerraría? ¿O se la comerían doblada?

Principalmente estas preguntas causan intriga debido al temple del director. Sus muestras pasadas como bravucón deben complicar el manejo de una empresa cultural y sus relaciones de negocio. Sobre todo si sus planes de venta y distribución parecen estar basadas en la cruzada moral llamada Cuarta Transformación. Quienes no cooperen podrían ser vistos como mezquinos y anti-nacionalistas por no contribuir al progreso nacional. Hacer al FCE una empresa rentable con una oferta atractiva, junto con una reedición que la revitalice, aseguraría su continuidad y servicio a futuras generaciones. Le daría más libertad y autonomía frente al Estado. Subestimar al Fondo no es tan diferente al desinterés que tienen los tecnócratas por él.

El fenómeno de la temporada

Tres virtudes sobresalen en Roma: su cinematografía, la dirección y Yalitza Aparicio. El asombro general del público prueba la calidad de la imagen en cada escena. Ver la película es visitar una galería artística de la vida en los setentas, desde sitios escasamente urbanos hasta puntos en diferentes estratos sociales. Sin embargo la película no busca el realismo absoluto. En su mayoría, los espectadores sabemos que estamos acudiendo a la memoria de su director. La película nace de su infancia. En la obra resalta la presencia de la vida personal en las circunstancias de la época. Por ello es imprescindible el retrato de los lugares (Letras Libres, diciembre 2018): los sitios que hemos pisado conforman el sustrato de lo que recordamos. A través de la cómoda, con los mismos cachivaches de hace cuarenta años, la memoria hila lo que se vivió. El cuidado y paciencia al filmar linda peligrosamente con la obsesión y monotonía.

Los detractores han sido severos ante la parafernalia comercial y la carencia de un guión excitante. Sin embargo, indudablemente, reconocen la belleza de cada escena. Esta labor no hubiera sido posible sin Alfonso Cuarón. Técnicamente es el encargado de cinematografía; un debut celebrado. Sin embargo la idea original, el plan en el montaje de cada secuencia y la coordinación de quienes colaboran, también hacen brillar su labor como responsable ejecutivo. Quizá su mérito más espectacular sea su elenco, especialmente Yalitza Aparicio. Claramente, al ver su trabajo y conocer su trasfondo, es evidente que su oficio no es el histrionismo. Más dudoso si es su talento o vocación. No obstante, la recreación memoriosa aprovecha perfectamente su impericia. El genio de Cuarón sabe encauzarla a un buen fin. Por sus personajes, cada construcción meticulosa se convierte en el segundo piso, el patio, la tienda de muebles, el cine, la arena de entrenamiento, la tortería. Cleo es el punto de inflexión en el realismo y en el melodrama fácil. Su naturalidad favorece al recuerdo; la maestría en filmar trasciende.

Contrastando con la naturalidad de ella, está la tormenta mediática. El evento que supuestamente representa la ha convertido en revelación. Ha sido una estrella en ascenso: superó las barreras geográficas, profesionales, culturales y hasta las concernientes a la fama. Consiguió nominaciones, entrevistas en programas extranjeros y hasta una sesión estelar en Vogue… México. Su portada en la revista fue la bienvenida a la alta sociedad, ese mundo que siempre ha mantenido su rechazo a ella. Una señal de que los tiempos están cambiando. La carne de Yalitza perdió volumen y su espíritu, divino como el de la raza del maíz, queda preservado en el instante temporal: se ha vuelto un estandarte indígena. Tantos años viviendo en la ocultación, así como las trabajadoras domésticas, y Roma es el mensaje social de su existencia.

Quizá la imagen característica del fenómeno es su paso por alfombras rojas: rodeada de su equipo de seguridad, con un espantapájaros defendiéndola de periodistas, y ella con una cara de ingenuidad y terror. Y es comprensible: eso genera la tormenta mediática. La abruman tantos mexicanos que, afanosamente, buscan expiar sus culpas por años de discriminación. Después de la Colonia o el Porfiriato, las buenas consciencias se esfuerzan. Quien sabe si la nominación al Óscar abra más oportunidades fílmicas a las mujeres con rasgos o ascendencia indígena (Teresa Ruiz será la nueva Aislinn Derbez y Maya Zapata, la nueva Cecilia Suárez)*, o la situación será igual. De la condescendencia pende el triunfo de inclusión.

*¿Habré sido discriminatorio?

Una década en el nuevo milenio

A lo largo de la historia, dos fuerzas antagónicas han estado siempre presentes. Aquellos que desean aprovechar la corriente como si se anduviera en los rápidos, mientras otros disfrutan el río por sus remansos. Los puristas defienden su propio estado de cosas, no admiten cambios y piensan que cualquier modificación significa cataclismo. Con la llegada del correo electrónico, los románticos dieron un alarido porque las cartas recibidas no vendrían con perfumen especial. Ese pedacito de Julieta en papel se desintegra por la malévola celeridad. Lo mismo con la llegada de Netflix y similares: la magia del cine se perdería en el convencionalismo del sillón. Lo antiguo y clásico se arruinan por la modernidad e innovación, traducido en tecnología. Si la esencia humana se mantiene en la permanencia y en el pasado que ha funcionado siempre, la novedad es detrimento.

Quienes se preocupan por la escritura y lectura temen la vorágine virtual. La facilidad para publicar vuelve accesible a todo quien desee escribir. Futuro novelista, incipiente poeta, afortunado de los versos, amante de la política, chismoso de la calle, patriota exacerbado, ignorante vanidoso. En redes sociales todos publican sin costo alguno y en un ambiente tan democrático —o demagógico—que las limitaciones son mínimas. Por ello la sencillez y tendencia al conato y la agresión; ni las buenas manera ni cortesías parecen controlar lo que se escribe y publica al minuto. Bajo esta óptica, el Internet ha sido una imagen usualmente comparada con Babel. Además de las ideas en diferentes sentidos, sin comparación ni contraste, las distracciones y opiniones sin fondo contribuyen al remolino. Considerado el libro transmisión de la riqueza intelectual, la escritura como el alentador de la cultura trascendental, lo expuesto en la red es baladí.

A pesar de ellos, junto con la creciente expansión del Internet, ha crecido el número de creadores de contenido. Así de ambiguo, así de general, cada uno en diferentes expresiones. Con sus propias capacidades, han elaborado sus propias obras: vídeos, artículos de enciclopedia, hemerotecas. Son ciertas las dificultades y asperezas que genera la comunicación aglomerada y veloz, sin embargo también son un reto para el buen lector. Particularmente, asumir al Internet como incapaz de ser desenmarañada, no permite verla como el gran acervo que es. YouTube ha solucionado problemas cotidianos como anudar una corbata o mejorar la tabla en Excel. Incluso al músico aficionado le permite hallar las notas de su pieza favorita. Si así ocurre con los vídeos, ¿sucederá los mismo a través del acto de leer y escribir?

La variedad de blogs parece tener similitud con la publicación en redes sociales: banal, ligera y rápida. Si bien hay facilidad en abrir y comenzar un blog, eso no significa carencia de sustento o contenido. Al contrario, muchas personas ansiosas de escribir, o mostrar sus ideas, tienen la facilidad gracias al portal en línea. Internet ha cumplido en mejorar la vida al permitirle escribir y, si ha llegado acertadamente, a trascenderle a su lector. Las dificultades en ser distribuido por una editorial, se contrarrestran por el uso del blog. La demanda y enorme multitud de lectores es satisfecha por la libertad ofrecida en la red. La lectura es banalizada cuando se cree que el Internet la banaliza. Es perder todo crédito en su capacidad y sus múltiples pieles con las que puede aparecer.