Liberación

Si algo nos muestran los lirios del campo y las aves del cielo, es que el mañana se preocupa por sí mismo, y que el hombre egoísta sólo en sí mismo piensa y por el mañana vive preocupado.

La cadena del mañana es muy larga, porque quita el sueño y alimenta al hambre: doblega a la cerviz y dirige la mirada hacia la tierra haciendo que nos olvidemos de las maravillas que hay en el cielo.

Recordar que hay cielo, es recordar que somos libres, que tenemos libre albedrío y que no por trabajar para conseguir el pan de cada día debemos preocuparnos por acumular más pan, pues el pan guardado  mañana estará duro o ya no servirá de nada.

Para recordarnos que hay un cielo vino el salvador y elevo nuestras miradas, primero en la cruz y luego hasta perderse entre las nubes una vez que ya había roto las cadenas del mañana.

Maigo.

Nostalgia por la enemistad

En el contexto de la guerra la gloria se mide por la fuerza del enemigo que es vencido o ante el que hay que rendirse, Aníbal midió sus fuerzas contra Roma y Escipión el Africano consiguió derrotar al extranjero que invadió a su amada ciudad al aprender de él todo lo que pudo obtener tras observar sus tácticas.

Por ello, para ser buen enemigo en la guerra es necesario estudiar al otro, reconocer su dignidad y entender que en muchos aspectos es mejor el otro que uno mismo. Quien desprecia a sus enemigos y los hace menos casi siempre es vencido por ellos, pues la soberbia es un mal que ciega a los generales y lleva al ejercito a una muerte segura, mientras que el reconocimiento del otro como alguien valioso pero contrario trae grandeza para el vencedor y para el vencido en la contienda de la que se trate.

Para vencer a un enemigo no es tan claro que hay que abstenerse de odiarlo, el odio encadena al odiante con lo que supuestamente desprecia, porque esconde la envidia que  tiene quien odia ante la posibilidad que es el otro quien muchas veces, sin fijarse en el primero, hace lo que aquél no se anima a hacer.

Al digno enemigo no se le odia, más bien se le admira y se aprecian sus grandezas, pues enemigo sólo es el que se encuentra en mismo campo de batalla como oponente tratando de obtener la misma finalidad, muchas veces con los mismos medios con los que se cuenta. Quien odia, envidia, se encadena y se pierde en la mala visión que tiene respecto al odiado y se hace odioso a sí mismo y por lo ello insoportable, hasta para sus propios hombros.

No piense el lector que con las líneas anteriores estoy a favor de la enemistad, no es mi intensión que el mundo se llene de enemigos, aunque tampoco creo que la respuesta para que el hombre viva bien se encuentre en las sanas competencias ofrecidas por el mercado. Lo que pasa es que a veces parece que no queda nada cuando ha quedado de lado la posibilidad del amor al prójimo o siquiera el reconocimiento del otro como tal y no como mero actor en un mundo financiero.

Sin la esperanza de la salvación, de la que creo que me estoy alejando, me llega el anhelo por la búsqueda de enemigos entrañables que ya están más que sepultados.

Maigo

 

Gloriosa enfermedad

La enfermedad tiene sus bellezas, y éstas no consisten en ser el centro de atención de varios doctores o de los familiares que cuidan de la persona que padece un mal, quien considera a la enfermedad como bella por ello no conoce a la humildad en el corazón.

La enfermedad también tiene sus glorias, que no se encuentran en vencerla o en estar impasible ante la ausencia de salud, aguantar dolores sólo por mostrarse como un ser superior a quienes se quejan de ella es no tener pobreza de espíritu.

La enfermedad tiene sus bellezas y sus glorias cuando se vive de la mano de Cristo, porque se padece con el reconocimiento de que no somos omnipotentes ni eternos y se acompaña al enfermo porque en él se refleja la viva imagen del salvador, un Dios hecho hombre siempre amante de su creación.

Maigo

Examen de consciencia

Un buen examen de consciencia se traduce en gratitud hacia el Creador. Con el examen atento de lo que somos vemos que venimos del polvo y en polvo nos convertiremos, nos sabemos frágiles cual estatuillas de barro, que con facilidad se quiebran, pero también vemos no dejamos de ser soberbios cada vez que somos incapaces de mirar a los pies que nos sostienen. Nos examinamos constantemente y al tratar de dar cuenta de nuestros actos y pensamientos lo que surge muchas veces es el desencanto de ver nuestro real reflejo, nos reconocemos en nuestros encadenados a nuestros errores y con disgusto aparatamos la mirada de ese cruel reflejo. Pero el disgusto no da cuenta de un buen examen de consciencia, porque el buen examen no sólo ve lo que está errado, también reconoce la belleza contenida en el alma contrita y sedienta por saber de Dios y atenta a la mano amiga que el Salvador le tiende desde la desgarradora imagen del hijo de Dios crucificado.

Cuando hacemos un buen examen de consciencia, nos sabemos criaturas salvadas por Dios y vemos que entre todas las gracias que nos ha concedido están la vida y el libre albedrío, de tal forma que podemos elegir entre las cadenas de la muerte y una vida pecaminosa, o la salvación de mano del más fiel de los amigos.

Maigo

Hermandad

El llanto de tus ojos propicia angustia en mi alma, la ausencia de tu voz me agüita el corazón, el sudor de tu frente me mueve y amilana. Mis egoísmos se pierden cuando veo tu dolor, quisiera calmarlo y veo que no puedo hacer nada, sólo puedo tomar tu mano y acompañarte en tu dolor, mi impotencia y tu sufrimiento en algún sentido nos hermanan, porque sin sentir siento y sin sufrir sufro y porque tu alegría me alegra y tu salud me devuelve la mía.

 

Maigo

Ensayando la mezquindad..

Mezquino es aquel que hace algo esperando el agradecimiento de los demás, ya que considera la gratitud como deuda, que si no es pagada por los otros ha de serlo por la vida o por Dios.

Maigo.