Berrinches a petición

Se supone que el surgimiento de una emergencia puede suponer el incumplimiento de una regla, porque lo que emerge sale de lo cotidiano y nos obliga a prestar atención en lo emergido y a veces hace que peligre lo que sustenta nuestra existencia. Pero no todo lo que emerge de las profundidades es peligroso, la planta medicinal que brota de la tierra puede curar males, y  en exceso también causarlos, por lo que la emergencia debe ser reflexionada antes que atendida.

La naturaleza propia de la emergencia es la de mostrar lo que ya existía desde antes, pero que no tenía suficiente fuerza como para llamar nuestra atención, emergen las plantas y los seres vivos, y emergen las líneas causales y las leyes de la física cuando se presentan choques entre partículas, también emerge la pregunta por el sentido de la vida cuando ésta parece extinguirse.

A veces la emergencia supone urgencia, ya que no es posible mantenerse impasible ante lo que se muestra y causa cierta sorpresa, pero es necesario notar que no todo lo que emerge debe ser atendido de inmediato y justifica la negación de una ley que mantiene en orden a la vida misma.

El problema principal con las emergencias es que en muchas ocasiones las confundimos con urgencias que deben ser personalmente atendidas, y al acostumbrarnos a ellas todo se convierte en emergencia, pues tan emergente es la vida que se extingue como la cancelación del servicio de internet, y todo lo que incomoda se convierte en urgencia y aparenta justificar la cancelación de la ley.

La cancelación de la ley sólo es urgente cuando emerge un peligro que implica la extinción de la comunidad que vive gracias a ella, así como el cambio de hábitos son necesarios cuando continuar con los mismos supone la extinción de la vida.

Cuando en una comunidad alguien ve como emergencia cualquier ocurrencia y exige la cancelación de la ley por cualquier motivo, ese alguien se convierte en tirano.

El tirano ve como emergencia cualquier cosa que pasa por su mente, lo que se le va ocurriendo emerge desde su interior, eso es natural en cualquier persona que se acostumbre a discurrir por la vida, la ocurrencia a veces surge y sale como algo que no está dentro de lo acostumbrado, pero la emergencia del tirano siempre tiene carácter de urgente y al ser urgente supone la ruptura de la ley como algo perfectamente válido.

Uno de los más grandes problemas que supone pensar a toda emergencia como urgencia es que en caso de que resulte innecesaria la ruptura de una regla lo que se puede esperar es que el tirano indispuesto contra la ley haga un berrinche que muestre como urgente lo que simplemente es emergente en el trascurso de sus más desordenados pensamientos.

Así del tirano lo que podemos esperar es berrinches que obliguen a la comunidad a aceptar como urgencia lo que es simple ocurrencia.

Maigo

 

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Cambios profundos

 

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.

Lampedusa

 

Pensar en el carácter propio de una revolución, es difícil, por un lado se puede considerar la revolución que realizan los astros cuando se mueven en sus órbitas, por otro podemos fijar la atención en un cambio respecto a la disposición que se puede tener con una corriente ideológica, religiosa o política.

He decidido iniciar el texto de hoy citando a Lampedusa, porque al reflexionar sobre la revolución de las conciencias de la que tanto se habla últimamente me percato de la repetición de ciertos detalles que me indican que esa revolución es una más entre el montón de revoluciones que ha vivido la humanidad.

Los cuerpos celestes en el cosmos tienen movimientos constantes que por ocasiones parecen erráticos, tal es el caso de los movimientos que apreciamos en planetas como Marte o Venus, que casualmente simbolizan a la guerra y al amor.

Las tendencias en las poblaciones también suelen parecer regulares. Las ciudades prosperan y decaen, señala Heródoto y con ello nos muestra el orden en el que parece vivir el ser humano, el cual a veces vive periodos de guerra y a veces vive en paz hasta que aparece la  acción de Venus, como es el caso con la guerra de Troya.

Pero la compresión del hombre no es tan simple, si así fuera no podríamos reconocer en lo político la inconstancia que nos dificulta tanto pensar en qué es la justicia o cómo es que se debe legislar la vida de una ciudad, sin embargo, a pesar de esas dificultades hay puntos que permanecen en el cambio y que nos permiten pensar con cuidado en lo político.

Sin eso que permanece en el cambio, no nos mantendríamos como seres humanos, una constante por ejemplo, es la esperanza: Los grandes tiranos han jugado con la esperanza de sus súbditos al grado de hacerlos creer en ocasiones que el Estado se concentra en una sola persona, digamos Luis XIV o de otros que resultaron tan hábiles para jugar con los anhelos de sus seguidores que hubo soldados dispuestos a dar su vida inútilmente, a veces sólo para recibir la mirada de seres como Bonaparte, que indiferente veía a soldados ahogándose en las frías aguas de un río en Rusia.

El deseo de vivir mejor es una constante en el hombre, y la sensación de que se está viviendo de manera injusta porque otros tienen lo que por derecho le pertenece a alguien también parece una constante de la que se nutre la esperanza. Quizá por ello cuando es necesario que todo siga igual hay que hacer grandes cambios fundados en las esperanzas y en el deseo de justicia de la humanidad.

 

Maigo

 

Aspirantes

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