El gobernante del pueblo

Por lo regular aquellos gobernantes que dicen deberse a su pueblo acaban más locos que los que los vitoreaban cuando inician su gobierno. En poco tiempo el miedo a perder el poder conseguido tras muchos años, digamos unos dieciocho, se apodera de ellos; y con tal de afianzar su lugar como mandatarios cortan lenguas y envían a sus opositores al exilio o al cadalso.

A veces surgen defensores de aquellos que inician con un buen gobierno indicando las dificultades de una infancia difícil, llena de austeridades y privaciones, a veces las incoherencias de aquellos que se ganan el título de Gobernante del pueblo, se justifican en la presencia de fiebres.

El caso es que ya sea por dolores y estrés o por las fiebres que atacan a un cerebro débil, en ocasiones aquellos que ostentan el nombre de Gobernante del o para el pueblo, aquellos que dicen deberse a su pueblo, se convierten en seres peores que los opresores de los que supuestamente libraron a quienes los vitorearon cuando llegaron al poder.

Calígula, por ejemplo, estuvo sometido a la voluntad de Tiberio desde que era niño hasta que heredando el trono se convirtió en César. Fueron años de sospechas y de un constante encierro y también fueron años de convivencia con su antecesor Tiberio.

En siete meses se convirtió en Gobernante del Pueblo, y tres meses después de esos siete, de él se apoderaron la locura y el miedo, no quería perder el poder que en sus manos tenía y para mantenerlo se dedicó a asesinar y callar a su querido pueblo.

Ese pueblo que lo vitoreó al ver que en nada se parecía el nuevo César al anterior, especialmente cuando se habían cancelado algunas costumbres de Tiberio. Ese pueblo que se desencantó al ver que tras unos meses regresaban poco a poco las crueles y sangrientas costumbres del gobernante que no era del pueblo.

Maigo.

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21 siglos después

Dicen que Virgilio escribió la Eneida por encargo, y que el encargo no consistió en la métrica o en el tema de la Épica, sino en mostrar que la familia Julia provenía de Eneas, héroe salido de Troya con los penates y su padre en la espalda.

La necesidad de esa demostración tiene algo de sentido cuando pensamos en que Julio César se veía así mismo como descendiente de Venus, quien fuera la madre de Eneas, de modo que tener sus manos el poder Roma fuera algo así como el destino que correspondía al gobernante y a quienes él eligiera.

Rescribir la historia remontándose a viejos tiempos, digamos unos 500 años atrás, es necesario cuando se quiere justificar en mandatos divinos la ostentación del poder que se muestra en la tierra. Los reyes justifican su gobierno en la elección que los dioses hacen de ellos, pero para que el poder del rey sea válido de igual modo debe ser válido el Dios que nombra al rey.

Así pues la entrega de bastones de mando, fundados en la divinidad, sólo adquiere significado cuando ese bastón es válido y por tanto es reconocido como tal por todos aquellos que en algún sentido lo rodearon.

Virgilio tuvo que revalidar la posición de la familia Julia en el Imperio recién formado y hay quienes buscan en tradiciones perdidas la validez de su mandato. Un bastón de mando sólo es significativo cuando el que lo otorga manda y no es conquistado, como nunca lo había sido el hasta entonces pueblo romano.

 Quizá por ello, a tantos años de la Eneida  hay quienes exigen reescrituras de la historia, porque con ellas se crean culpas y se inventan perdones que funden una tradición capaz de mantener en el poder a quienes se sienten por la divinidad tocados.

Maigo

Función matinal

Cuentan algunos, que en ese tiempo vivieron, que tras la muerte de Augusto el turno de gobernar llegó a manos de Tiberio. Dicen que el nuevo César rechazó de Emperador el nombramiento, que públicamente desistió de hacerse llamar padre de la romana patria y que salvo por sus actividades privadas solía ser bastante sosegado, al menos al principio de su gobierno.

Lo que importa de lo que cuentan, aquellos que vivieron bajo el régimen de Tiberio, creo no son los excesos o su capacidad para dejar en el erario varios millones de sestercios. Creo que lo que puede resaltar más en ese gobierno es el debilitamiento del Senado mediante inconvenientes nombramientos.

Tiberio como gobernante, a un lado hizo las leyes y modificó las costumbres de tal modo que la posibilidad de elección se le fuera quitando al pueblo, más decían las aclamaciones en el circo sobre el bienestar de los romanos que la participación en las asambleas que determinarían sus pasos.

Con circos y espectáculos Tiberio mostró que lo que gobernaba era a un grupo de cerdos, complacidos con los placeres y dejando de lado las libertades que los convertían en pueblo, en lugar de asambleas los romanos acudían a ver cómo es que entre algunos se mataban en honor al gobernante que decidía hacer más cómoda la estancia en la arena en la que se celebraban los juegos.

Tal pareciera que el éxito de Tiberio consistió en liberar el gusto de la gente por lo espectacular y lo grotesco, en medio de los espectáculos circenses a muchos opositores juzgo y condenó a que fueran muertos.

Estando en el siglo en el que estamos, los pueblos se transforman en hatos de cerdos, dejan de lado la asamblea y lo que en ella se puede cuestionar en serio, prefieren los espectáculos vanos: llenos de chistoretes y descalificaciones, llenos de batazos y términos beisboleros. Es como si nadie quisiera saber cómo estamos o si nos llevan a un despeñadero.

Maigo.

Entre las musas y la memoria

Las musas llegaron, puntuales como siempre.

La memoria estaba atenta a las palabras que ellas dictaban, tal vez de nuevo recordaríamos a un tirano, tal vez de nuevo veríamos a las fuentes de la palabra.

Todo parecía perfecto para que a tiempo se publicara, pero la vejez y las distracciones, llamadas ocupaciones no ayudaron para nada.

Maigo

Las botitas del emperador…

Dicen los que saben que Gaius Julios Caesar Augustus Germánicus se hacía llamar Mesías y que su autonombramiento lo llevó a ordenar que se le construyera una estatua en Jerusalén. El Mesías, de la tierra romana, gobernó de tal forma que perdonó deudas a los que fueron acusados de traición a la patria por causa de Tiberio, su antecesor. El gran perdonador de vidas al que cariñosamente los soldados legionarios llamaban Calígula, es decir botitas,  era muy aceptado por el pueblo, de haber encuestas en ese tiempo seguramente habría rebasado el 90 por ciento.

En los primeros siete meses de su reinado Calígula entregó recompensas al ejército y celebró lujosos espectáculos, siempre poniéndose del pueblo el calzado y mostrando que su gobierno era justo por cambiar lo que en Roma ya parecía estar hecho pedazos, luchó contra la corrupción en el Impero Romano, persiguió delincuentes, y entre ellos juzgó a varios miembros del Senado.

El César, que por su pasado y actuar era tan amado, tras los primeros meses de su gobierno se vio desesperado. El dinero que tenía Roma en el erario se había terminado y Calígula culpó por ello al Senado, persigió a críticos y a otros los hizo correr tras un joven corredor que se llamaba Incitato, un cónsul que en realidad era un caballo.

Incitato era veloz y ganaba apuestas, eso lo hacía el indicado para dictar leyes, quizá equitativas para las bestias; con avena y hojuelas de oro se alimentaba, mientras en las calles el pueblo de Roma el hambre aguantaba.

Las deudas contraídas por el amado por el pueblo, es decir por Calígula, llevaron al emperador a pedir a la plebe aportaciones para salvar de la miseria a quienes eran de Roma pobladores, sobra decir que éstas pronto dejaron de ser voluntarias, los impuestos y las deudas cada día menos se soportaban.

El amor se convirtió en odio y el hambre en desesperación, el pueblo romano a su autonombrado Mesías loco llamó, la demencia de Calígula se ha convertido en un asunto para hacer historia, pero no sólo él fue el demente que cambió para siempre a Roma.

Por la locura del gobernante al Imperio, que años atrás fundó Julio César, el pueblo más o menos se negaba. Algunos dicen que la República intentó surgir con vida, pero no fue posible porque en el corazón de los gobernados la tiranía ya estaba instaurada.

Tras Calígula, a muchos otros malos tiranos, los habitantes de la ciudad fundada por los críos de la loba, soportaron; y en la más baja de las esclavitudes se fue hundiendo el pueblo Romano.

Maigo.

Entre la corona y las sandalias

Cuentan algunos cercanos a Julio, que cuando se hizo dictador vitalicio un amigo suyo le ofrecía en unos juegos la posibilidad de coronarse rey de Roma, los recuerdos, en torno a Tarquino y otros reyes que antes de la república ya habían caído, muy probablemente llevaron a César a rechazar el nombramiento.

Fueron más los recuerdos en el pueblo que el propio deseo lo que condujo al nuevo gobernante a rechazar tal nombramiento.

César no era un rey, aunque su nombre después designaría a quienes actuaran como tales al ostentar su herencia: un tiránico gobierno. Lo más seguro es que deseara serlo, porque algunos cuentan que no usaba la corona que le ofreciera Marco Antonio, pero calzaba unas botas que sólo eran propias de quienes como Sila habían ejercido el mandato.

Al rechazar la corona, Julio César era por el pueblo romano ovacionado, ya que se presentaba como un romano más, caminando a pie y preocupado por el bienestar de los romanos. Pero ¡ay! bajo la túnica portaba bien colocado el calzado, que marcaba sus pasos hacia su asenso como tirano.

¿Cuántos no habrá que rechacen coronas frente al populacho y que bajo trajes austeros lleven áureos calzados?

Maigo

Hacer historia

Cuentan los historiadores que cuando César se encontraba exiliado de Roma, despúes de haber sido cónsul durante un tiempo conveniente para Graco y Pompeyo, se dedicó a escribir para el pueblo romano, describiendo con detalle los trabajos que pasaba en el territorio que enriquecería las arcas de Roma y aumentaría su seguridad.

El comentario que ahora es famoso porque relata las guerras de los romanos en las Galias cuenta de las acciones bárbaras que llevó a cabo Vercigetorix al dejar morir de hambre a las mujeres, niños y ancianos que ya no podían ser alimentados mientras durara el sitio de los romanos, se justifica la conquista y las acciones que los lectores podrían ver como actos reprobables adquieren entonces el matiz de aceptables.

Algunos lectores de las acciones de César, consideran que la relación de lo que ocurría en las Galias, más que historia es propaganda, de modo que el pueblo viera al general que aspiraba a dictador sufriendo de fríos y hambres en tierras lejanas.

Entre los comentarios y el reparto de pan, además de festejos que tuvieran muchos espectáculos sangrientos en la arena de batalla, la gente de Roma en César cada vez más confiaba, en él veían a un salvador y un protector de los derechos y garantías, y sin darse cuenta de lo que ocurría el pueblo se enajenaba y su libertad perdía.

Con César relatando lo que él mismo hacía en lo que hoy sería Francia la narración de la historia devino en propaganda y en lecturas que engrandecían cualquier acción por César realizada, pues desde su partida a las Galias él siendo César ya no se pertenecía a sí mismo, sino más bien a la ciudad eterna que junto al Tiber se levantaba.

No creo que Heródoto en eso pensara cuando empezó la investigación que una vida le llevara, pero Heródoto no se concentra más que en aquello que es digno de mención de los pueblos por él conocidos, o al menos eso dice a veces.

Pero lejos estaba el padre de la historia de lo que hacía César con sus comentarios, ya que Heródoto no relata ni siquiera el hecho de las Termópilas buscando paralelismos con su persona.

Maigo

Adendum: Estimado lector que hasta ahora me has acompañado cada semana, como parte de la celebración por los 10 años de vida que ya tiene este Blog, regresa con nosotros alguien que desde el inicio estuvo, luego vagó y finalmente regresó, por lo que a partir de este momento compartiré el espacio que cada semana tengo para que ese alguien publique, así que desde hoy las entradas que cada miércoles hacía se espaciarán a cada dos semanas.

Gracias por la lectura, y por los comentarios, por la amistad y las letras y especialmente por la paciencia que hasta ahora me has tenido.

Te pido lector le des la bienvenida a quien con nosotros se incorpora, publicará el próximo miércoles, no sé si desde temprana hora, pero lo tendremos por aquí cada dos semanas y con alegría le digo en buena hora regresas Perro de Llama.