Ya viene el otoño

Estimado lector, tomaré unas breves vacaciones. Nos vemos aquí a mi regreso. Mientras tanto, sigamos leyendo. (Ya sabemos bien que es muchísimo más lo que se escribe que lo que se lee).

Camino en Morelia

Camino en Morelia

En silencio crecen espinas, nace la flor.

En silencio camina el sol.

En silencio nacen los besos

que, sin querer hacer ruido, tiemblan la respiración.

 

Javel 

¡Flores para el Tirano!

Desde tiempos muy remotos los tiranos se echan flores, pues la envidia los disuade de ver a la cara sus errores.

Algunos exigen de las audiencias aplausos, emulando a cierto emperador que mató de insolación a un público callado.

Desde tiempos muy remotos, los tiranos se echan flores y se cuelgan los collares que otros ganan: cierto emperador comodino con trampas vencía a gladiadores y se colgaba victorias que pertenecían a los mejores.

Algunos se cuelgan medallas y militares honores, haciendo que los tiranos de antes parecieran menos peores.

Desde hace muchos siglos los tiranos se creen mejores, y se encargan de destruir a quienes destrozan sus ilusiones como lo intentaron 30 tiranos contra un hombre llamado Sócrates. 

Tiranos ha habido muchos y muchos han sido sus víctimas o detractores, y entre las luchas por el poder siempre han estado las flores. 

¿Será que entre flores los tiranos ocultan la podredumbre que los aleja de ser hombres?.


In memoriam:

 Te marchaste de manera repentina,

porque repentino es el último suspiro.

Sin aliento me quedé tras tu partida…

Pero con la esperanza del perdón

que dejaste alegremente en mi camino,

te marchaste de manera repentina…

Los recuerdos sobrepasan al olvido,

Gracias Meche por todo lo vivido

Coletilla:

Námaste Heptákis firmó su último acorde en la Big Band que se formaba hace poco más de 10 años, ante su partida sólo puedo expresar mi gratitud por el interinato que nos regaló. 

Hace cerca de 7 años nos dijo que se marchaba, que sólo venía con nosotros a cubrir un interinato, si no mal recuerdo dijo que sólo era interino de la vida. 

He de decir que en muchos sentidos los textos de Námaste Héptakis se quedaron con sus lectores, creo que éramos más de cuatro. 

Hasta donde veo extrañaremos esos acordes que saltaban entre reflexiones alfonsinas, las ideas llenas de gracia y las muchas coletillas, los poemas, los adendos y las escenas que del terruño nos pintaba, unas terribles pero eran parte de lo que formaba a nuestro terruño. 

Gracias a Námaste Héptakis porque en algún sentido nos deja el hábito de la amistad, el de la lectura y el de la escritura. 

Nos veremos por la vida, mientras algo quede de ella, y nuevamente gracias por los acordes, los desacordes y los comentarios que dejaste entre epígrafes y sentencias. 

Maigo

Toxicidad

Se miró en el espejo.
Aprovechó el último instante de lucidez para pensar que la embriaguez era el sitio terminal en que la vida podía ser amada. La toxicidad de la mordida surtió efecto y no podía decirse ahora que estaba muerto; pero tampoco vivo.

El adiós de los amigos

Volvíamos a casa en un vagón de metro. Como tantas otras veces antes, sólo que ahora nos encontrábamos en un vagón totalmente diferente. Antes todos eran iguales. Volvíamos de la preparatoria y en adelante nos veríamos por voluntad propia y no por ser aquél trayecto nuestra ruta común. J y yo éramos los últimos en bajar y creo que eso puso un poco sentimental a H.

En meses anteriores H. había pasado por cosas muy duras. Se había vuelto testigo de Jehová, la religión de su primera novia y futura madre de un hijo por venir. No tenían ni dos meses de novios cuando “les cayó del cielo” como acostumbraban decir con aquél extraño gesto que comienza en sonrisa y acaba en mueca. Además, tan sólo tres semanas antes de este episodio en metro había llegado notablemente consternado a la escuela. Se saltó las primeras clases. Nos lo encontramos en la cancha de futbol –cosa rara, porque nosotros jugábamos básket. Arrasado en lágrimas nos relató cómo encontró a su padre con otro hombre en su propia casa. Tratamos de darle un poco de apoyo. Estuvimos cerca de él en las semanas que faltaban para salir.

 

Ahí estábamos en el vagón. Viajábamos inmóviles, H Tomó la palabra. Nos llamó sus mejores amigos. J lo secundó usando palabras más emotivas y refirió las dificultades de los últimos meses. Los tres nos las veíamos duras, pero un corazón roto y horas extras en varios empleos eran nada comparado con lo que H había pasado. H lloró en cuanto J le dijo que era su hermano. Dijo que deberíamos vernos seguido a partir de ahora y se despidió dándonos un fuerte abrazo. También yo me sentía privilegiado por contar con estos amigos.

Cuando H bajó en su estación (creo que era Popotla) Apenas cerraron las puertas, no tuve oportunidad de decirle a J que nos fuéramos de vagos al centro o a buscar en las librerías de Donceles; apenas salió H de la vista J dijo algo así como

¡Vaya perdedor que es H! Espero que no nos lo volvamos a encontrar nunca más. Siempre tan crédulo. Por eso la tipa ésta lo embarcó, por eso no puede meterse a jugar a que sigue en esa religión de merolicos. Que toque las puertas de quien sea, menos las de mi casa”

—No seas cabrón J ¿entonces todo eso de que eran hermanos?

—¿Es que no viste lo contento que se puso el bruto? Digamos que le hemos dado una última alegría que masticar a ese miserable.

Pero ya quita esa cara —habíamos llegado a La estación en que él bajaba— ya verás que vamos a estar mejor sin él. Nos vemos el sábado para ir al centro ¿no?

Le dije que sí, aunque creo que en el fondo sabíamos que eso no pasaría. Me buscó algunas veces más, pero una clase de repugnancia hacia él me hizo mandarlo al diablo la misma cantidad de veces.

Como al mes busqué a H para salir a vagar por ahí o buscar algún libro, pero también él se negaba a que nos viéramos.

Parecía un triple desengaño el que se había cargado de un plumazo una breve amistad de tres años; yo aborrecía la maldad inopinada en la ocurrencia de J, lo mismo que este menospreciaba la ruda inteligencia, el infortunio y las decisiones de H. Y éste a su vez, parecía reservarse conmigo por una clase de pena y pudor.

Después de todo la amistad agudiza una cierta empatía.

Escalas

Para algunos vivir es hacer escala en todo lugar y en cualquier tiempo.

Miriam

La grandeza de una vida se aprecia en el recuerdo por ella dejada.

La grandeza de un pueblo se ve en la justicia que lo rige. Y la grandeza del individuo que forma parte del pueblo justo se distingue en los actos que recuerdan a las vidas de los justos que vivieron con amor y grandeza.

 

Al partir, Miriam dejó más alegrías que tristezas y un recuerdo de justicia que no perecerá.

Maigo.

 

Maigo