La última cena

Rata asada, ¿por qué no? De todos modos el mundo estaba por irse al carajo. Le metió un par de plomazos en la cola, justo entre las dos patas traseras. El animalito chilló hasta que su cuerpo no pudo seguir respirando. Jonás jamás imaginó pelar una rata con sus propias manos, de hecho, le parecía bastante absurdo prepararse algo de comer sabiendo que en dos horas con dieciséis minutos, el mundo se acabaría.

Orden Natural

— ¿Qué más da si me llevo a este pobre niño? — Se dijo el soldado desobedeciendo la orden directa de su superior. Todo el escuadrón debía entrar, arrasar la aldea y salir de allí en el menor tiempo posible. No había tiempo para detenerse a salvar a las víctimas del ataque, ni siquiera para llevar a cuestas a los compañeros heridos o mutilados. Órdenes son órdenes, le quedó muy claro cuando el enemigo descubrió a su batallón en mitad de la selva gracias al niño llorón que aquél soldado de buen corazón llevaba cargando a cuestas desde hacía ya más de cinco horas.

Desazón

De verdad me gusta vivir en esta ciudad flotante, vivir de la pesca de aves y dormir entre las nubes. El temor de que las casas caigan ante un terremoto o un tsunami hace mucho que ya no me aqueja. Hasta siento un poco de lástima por los que todavía viven allá abajo, de esos que todavía no saben ordeñar los estratos para abastecerse de agua y que entierran a sus muertos. Aquí lo tenemos todas las comodidades y lujos que la tecnología puede brindarnos, estamos protegidos de las bestias y de los monstruos terribles de la mar. Además siempre tenemos mucho trabajo que nos mantiene alejados de las riñas interpersonales. De allá abajo solo extraño una cosa: la sal. Acá arriba todo es insípido y de mal gusto, desde el arroz hasta los cacahuates. Pero ya ni modo, teníamos que pagar un precio a cambio de vivir a la usanza del Olimpo y no volver a comer sal, en su momento, nos pareció algo bastante razonable.

El Tesoro de Otros

¿Cómo iba a reportar semejante noticia a sus superiores? Había pedido veinte hombres de la guardia real para que lo escoltaran al lugar donde se encontraba el tesoro de aquél famoso emperador mexica; además cinco de los más prestigiosos arqueólogos habían perdido la vida durante la excavación, ora por un derrumbe, ora por gases venenosos atrapados entre las rocas. Ni siquiera alivianó el pesar del capitán Hernán, el saber que la leyenda era verdad. Sí, encontraron el tesoro, pero, ¿a qué precio? No había manera de recuperar la inversión vendiendo la cochina pluma de quetzal que encontraron dentro de un baúl.

Celos

A la mañana siguiente, el purpúreo cuerpo de ella yacía, indefenso, sin poder contarle a nadie la imagen que sus ojos secos vieron al amanecer: era una hoja de acero muy afilado y frío, muy frío, Penetró en sus cuencas y haciendo palanca los chispó de un solo movimiento. Quién iba a pensar que una cortesana tan afamada como lo era ella, terminaría en el bosque muerta de frío. Ella misma jamás hubiera imaginado que sus ojos reemplazarían las canicas de la cabeza disecada del jabalí que cuelga sobre la cama del rey que ella conoció tan bien.

El sanguinario

La fría lengua de la muerte, que muchas veces tiene forma de navaja, había probado ya más de dieciséis estómagos débiles que se habían atrevido a faltarle al respeto a Pedro “El sanguinario”. Éste, llevaba ya varios años viviendo fuera del pueblo, asaltando, robando y violando. Hizo todo lo que quiso con las caravanas de comerciantes que se encontraba: las asaltaba, las quemaba, las desvalijaba para después perderse en el bosque. El día que pedro murió, lo encontraron con las tripas de fuera. Alguien lo había rajado con su propia navaja. Siempre, a su debido tiempo, la muerte gusta de morder la mano que le da de comer.

Velador

Las almas en pena que gustan de treparse en un ventarrón y recorren el mundo enchinando pieles a su paso. Todos ellos miran desde su estancia al tiempo como una promesa falsa, como una ilusión que la eternidad ahogó hace mucho tiempo atrás. Si tienes suerte, podrás oírlos aullar su desesperación cuando el vendaval pasa en las madrugadas.