La Bestia

Allí viene la pobre y cansada bestia con toneladas de carne extranjera en su lomo. Viene siempre por la misma ruta, con su estruendoso paso de metal hace cimbrar la tierra que pisa y los países que visita. Lleva años así, su cuerpo no conoce el descanso y su futuro se oscurece más que el petroleo. ¡Qué cansada se ve la bestia! ¡Quién diría que llega a diario a la misma estación con una puntualidad impecable! ¡Quién diría que lleva en sus espaldas, sueños de una vida mejor!

Pena máxima

La verdad es que yo nunca he escuchado a José estornudar, pero me parece comprensible, ya que su tío murió por esa razón. Así es, por estornudar, ¡¿quién lo diría!? Dicen que estaba el pobre hombre muy tranquilito viendo el fútbol cuando le dio por echarse un fuerte estornudo justo antes de que su equipo tirara un penal. El difunto quiso maldecir al delantero que falló (así me lo contaron los que estaban allí presentes), pero en vez del rugido que acostumbraba tirar en situaciones similares, salió un chisguete de voz (como en la canción) y después, sin más ni más se desparramó muerto sobre el sillón. Allí enfrente de toda la familia y claro, justo al lado de José, que dicen que desde entonces no estornuda, no vaya a ser que se le reviente el polígono de no sé quién que tenemos en la cabeza. En fin, yo la verdad no le creo que no estornude jamás, pero no puedo imaginar qué tan cerca siente a la muerte cada vez que lo hace.

Presentes

Algo tiene el fuego, ¿sabes? No me deja apartar la mirada de su manso baile. No importa dónde lo encuentre, siempre termino hipnotizado. Alegra la vista y encandila el alma. Es por eso que lo quiero ver todo el tiempo, pero no achicado pusilánime y domesticado sentado sobre la silla de ruedas que llaman encendedor. No, así no me causa más que ansias, me desespera y me acongoja. A mí me gusta verlo rugir, quebrar a su antojo carne y madera por igual, sonrojar al hierro y destrozar las verdes faldas de la madre naturaleza como un amante desconsiderado. No importa dónde esté, ¡quiero verlo todo el tiempo!

Sordina

—¿Sabes? Dicen que ese ángel de bronce que está sobre la parroquia va a tocar su trompeta el día del en que nuestro Señor regrese y venga a juzgar a justos e impíos por igual, de ese modo nos avisará a los ungidos que estamos salvos, pero solo los que escuchemos el sonar de su bendito aliento.

—¿Y alguien lo ha escuchado alguna vez?

— Todavía no.

Líneas

Quise pescar en las nubes con una caña muy larga que tuviera un mayate como cebo.
Quise pescar dos peces tan grises como el firmamento antes de que llovieran su color al suelo.
Quise pescar desde abajo, colar mi anzuelo en la pecera de Dios mientras Él no nos presta atención.
Quise pescar en el Cielo ahora que El Mar se secó.

El Arca

Con cada gota de lluvia que cae, la habitación se achica cada vez más. No sé qué es peor, si morir aquí adentro triturado por la constante expansión de lo que prometía salvarnos de morir ahogados, o estar allá afuera a merced de la Ira de Dios. Tal vez, si el arca no estuviera hecha de madera, ésta no se hincharía con la humedad.

Nunca Más

Ruedan apacibles por las mejillas de la Diosa, granas lágrimas de desesperación: una figura sombría le ha oscurecido el semblante, y sus ausentes ojos, otrora brillantes y nocturnos, ya no ven más allá del río Lete.