Cachito mío

Amigos del pueblo sabio. Disculparán la broma de mal gusto que vengo a contarles en esta entrada, es solo que no puedo evitar que la risa corroa mis entrañas.

Por supuesto, ya sabemos que no hay nadie mejor que el pueblo para juzgar estos asuntos. Y es por ello que pasaré de hacer bromas obvias sobre la rifa de nuestro Avión Presidencial, así también, obviaré esta propuesta de instaurar la SS mejicana, y por último no me meteré en asuntos como ¿para qué verga quiere ese dinero nuestro presidente? ¿Va a pagar impuestos por la venta de boletos? ¿Puede él participar en la rifa? ¿Es como cuando Calderón quería vender petrobonos?. Porque es evidente que con la sabiduría del pueblo sabio, no necesitan que un bromista venga a señalarles estas cosas.

Así que iré directo al grano, porque a la muchedumbre solo le interesa una cosa: El dinero, y el tiempo es oro. Nuestro chingón presidente libertador y defensor de nuestros derechos de pobres (porque son los pobres los que por principio están primero) nos prometió para que votaran por él, que iba a cuidar nuestro dinero. Que iba a acabar con la corrupción. Y es con esta noticia del Avión Presidencial, donde, a pesar de que yo no apoyé su llegada a la presidencia; me ha persuadido de que esas promesas no serán en vano y efectivamente se están cumpliendo. Por supuesto, ustedes ya lo sabían, yo me vengo enterando. Ya que de haber sido sabio como ustedes, hubiera votado por él.

El plan es un tanto obvio, pero es bastante efectivo: ¡Vamos a ser una nación freemium!

Adiós a todas esas estructuras neoliberalistas tradicionales, izquierdosas y rojizas. ¡El siglo 22 está en el 21 y en Méjico!

Lo primero que debemos saber, es que sí es necesario que los politiquetes dejen de robarse nuestro dinero. ¿Cómo es esto? ¿Cómo se lo roban? Porque yo en mi vida me he visto atracado por un senador, aunque sí he sido víctima de los asaltantes que habitan las calles de la Ciudad de Méjico. Sin embargo, es sabido por el pueblo sabio y nuestro presidente que los políticos nos roban. ¿Qué nos roban? Nos roban nuestro dinero. ¿Qué dinero? El dinero de nuestros impuestos.

Sencillo, ¿no? Espero que me estén siguiendo hasta aquí, porque es este punto donde brilla la genialidad de nuestro soberano: La manera más efectiva de evitar que nos roben el dinero, no es devolviéndonos parte de nuestras contribuciones en forma de becas a los más necesitados, a los niños, a las mujeres y a los retrasados. No, por supuesto no hay que ser muy listo para darnos cuenta que cada quincena pagamos más de 500 pesos de impuestos, como para que nos lo “devuelvan” en forma de apoyos para las personas de la tercera edad. Para decirlo un poco más claro: si pagamos 1000 pesos al mes de impuestos, ¿por qué a los jóvenes becados les dan solo 300? Es obvio que ahí hay gato encerrado. ¿No? Sigan conmigo.

Si queremos que no nos roben nuestro dinero, la solución es sencilla, obvia y me siento tonto por no haberla pensado antes: ¡dejemos de pagar impuestos! De esa manera, nuestros políticos no tendrán nada que robarnos. De esa manera podemos darle 500 pesos a nuestros hijos y gastarnos los otros 500 en chelas. De que se las compre un político a que nos la compremos nosotros… Bueno, yo sé lo que preferiríamos.

Y ya sé que habrá algún santurrón que me acuse (mal) de anarquista, y que venga a decirme que nuestros impuestos pagan los servicios básicos como el agua, el café, el gas, los chicles y el chapopote de las carreteras. Sí, y es ahí donde se puede apreciar la magnanimidad de la mente genial de nuestro presidente. ¿Cómo hacer para que el gobierno pueda costear esos servicios si no reciben dinero de impuestos y al mismo tiempo evitar que los políticos nos roben? ¡Sencillo! ¡Vamos a rifar la nación!

Allá por el 2008 si no es que antes, Radiohead lanzó su disco In Rainbows que fue lanzado “gratis” y quien quisiera donar dinero, pues lo hacía. Resultó que a final de cuentas, antes de ser lanzado ese disco, ya había recaudado más dinero que su álbum anterior. Y la mayoría de las personas que lo descargó no pagó nada por él. Estoy seguro que es el modelo que nuestro presidente quiere instarurar para quitar los impuestos, y por ende, la corrupción (porque todos sabemos que la corrupción es cosa de dinero).

¿Eso qué tiene que ver? Pues es sencillo, siempre se puede rifar el avión presidencial (aunque no le pertenezca al gobierno). Nada impide que se rife, el día de mañana, un pedazo de tierra, un pedazo de agua, el Río de los Remedios, una parte de la compañía de energía eléctrica, CONAGUA, La SAGARPA, La CNDH, el campo mejicano, los aeropuertos, los elotes, los servidores públicos, los puertos, las palmeras, los cocos, y el aire sin contaminación. ¿Y por qué no? ¡Imaginen ganar la rifa de alguno de estos objetos fantásticos! Por solo 500 pesos no tendrías que volver a pagar agua jamás. Y tu billete iría a parar a manos de un campeón de boxeo a modo de trofeo. ¡Todo el mundo gana!

¿Quieres que se tape el bache de tu colonia? Que el gobierno lo rife. Con el dinero lo tapa y ya es tuyo para hacer lo que quieras con él. ¿Quieres que se subsidie la gasolina? ¡Gánate la rifa! Por quinientos pesos, será tuya y podrás darla gratis si te place ¡No más gasolinazos jamás! ¿Quieres que se realice un proyecto de infraestructura? ¡Mándalo a kickstarter! Dejemos que la gente vote con su dinero. Al fin, como ya no se malgastará en impuestos…

Sí, nuestro presidente es genial. Y al menos yo, ya tengo mi plan de qué hacer con mi avión presidencial. Porque por supuesto, voy a terminar por participar en la rifa. ¿¡Se imaginan que me ganar el avión!? De inmediato se lo vendería al Presidente por 1000 pesos, para que lo vuelva a rifar y yo pueda comprar mi boleto de nuevo y salga con ganancia.

Creo que ya he mostrado lo magnífico de este plan que nuestro presidente tenía tan guardado. A final de cuentas, ya no nos van a robar nuestro dinero. Si no quieres, no entras en la rifa y ya. Solo pagarán los que quieran que les roben los políticos corruptos (que ya serán nulos porque eso dijo el presidente) y los que quieran adueñarse de un pedazo de nación.

Y así, bueno, cada quién tendrá lo que quiera y lo que pueda pagar, pero nos va a alcanzar para todo, porque ya no estaremos pagando impuestos. Seremos felices con nuestras adquisiciones y ninguno de esos cochinos políticos rateros nos van a venir a quitar lo que hemos ganado con el sudor de nuestra frente y nuestra suerte.

Ya solo nos quedará ver cómo hacerle para arreglar la inseguridad en las calles, porque seguro los ladrones que andan rondándola, nos quitarán lo que ganemos en la rifa.

En fin, una vez llegado ese momento, supongo que mis amigas me seguirán cuidando, no como el Estado. Y todos viviremos mejor con nuestro cachito de Méjico a nuestros pies.

Canta y no llores

Armados hasta los dientes con brillantes armas purpureas y con ánimos de guerra, los valientes pixiríanos se preparaban para la batalla.

Todo estaba listo, las armas, la tecnología ancestral que los había llevado a tomar por sorpresa en su rebelión contra el gobierno opresor; la organización y la táctica.

Por supuesto, no pudo faltar la banda de guerra, que siempre los acompañó a lo largo de todos levantamientos libertarios. Y fueron estos, los que portaron su arma secreta para esta batalla.

Se encontraron frente a frente con el general del imperio enemigo, ambos ejércitos bien armados, fieros, con todo el valor que puede caber en el pecho de un soldado dispuesto a dar la vida por su libertad. Listos para la batalla, la moneda se encontraba aún en el aire.

Fue entonces cuando comenzaron a sonar los tambores pixiríanos, percusión tras percusión pusieron en marcha tanto los latidos aliados como los enemigos. Y ahí en ese mismo instante, justo como lo habían planeado, el arma secreta fue liberada.

Todos los pixirianos, desde el reina hasta el último soldado raso, comenzaron a bailar. La tonada pegajosa de su canción de guerra, fue inmediatamente acompañada de voces acusantes, llenas de ira, rencor y locura. El baile era hipnotizante, empalagoso y contagioso, de muy mal gusto, al igual que su canto. Sabían, todos y cada uno de ellos, que lograrían dejar una marca en el mundo con esta acción, y por lo tanto, la guerra estaría asegurada a su favor.

He ahí la razón, jóvenes estudiantes, de que nunca antes jamás hubieran escuchado la historia de los pixiríanos, como podrán imaginarse, perdieron la guerra. Y nadie nunca más habló de ellos, si no era para señalarlos como ejemplo del cómo perder una guerra, al no saber distinguir un juego de algo serio.

Sinapismos

Con suficiente tecnología para no morir congelados, los seres humanos por fin se decidieron a abandonar el sistema solar.

No hubo necesidad de usar naves carísimas, ni recursos limitados. Es más. no necesitaron siquiera dejar el planeta. Decidieron viajar en él.

El asunto es el siguiente, con 200 años cumplidos en el viaje, hemos olvidado lo que es tener un Sol natural que nos brinde sus beneficios. La Luna logró hacer el mismo trabajo y mucho mejor, una vez que aprendimos a domesticarla.

Sin embargo, seguimos sin entender, por qué desde Mercurio hasta Saturno, siguen estos cuerpos manteniéndose a la misma distancia y siguiendo la misma elíptica que acostumbraba cruzar nuestro Sol.

Los 27 Nakshatras también nos siguieron, y lo único que se nos ocurre es que al haber emprendido este viaje tan fantástico; por fin logramos alcanzar un nivel superior de fe.

Ahora, lo que debemos aprender, es cómo compensar a todas y cada una de las deidades este milagro. Seguro en los próximos milenios, algo se nos ocurrirá.

Reflexión festiva profunda

En este año que agoniza hemos aprendido tanto, que hasta parece que el día de mañana será mejor.

Tal vez eso no lo hemos aprendido tan bien, pero no importa, tenemos el resto de nuestras vidas para seguir tarugueando.

Solsticio

¿Quién lo hubiera dicho? En realidad muchos sabios antiguos lo dijeron, pero a estas alturas del partido, estábamos más que seguros de que eso era falso.

Sin embargo, y aquí he de darle la razón sobre la causa a Dante, al sol un buen y amoroso día, le dio por girar al rededor de la Tierra. Lo malo no fue que toda nuestra ciencia se desplomara en un lentísimo instante. Lo malo fue que se le ocurrió suceder (irónicamente) justo cuando empezaba el último verano sobre la Tierra.

Posada

Y cuál sería la sorpresa de los peregrinos, que sin saber ni sospechar, a final de cuentas se quedaron a vivir para siempre en la casa donde se realizó la última posada sobre la tierra.

Sino

No le pesaba el hecho de que la guerra estuviera perdida.
Mucho menos, que nadie en lo que le restaba de vida, fuera a creer su historia de haber sido el único sobreviviente de ambas detonaciones nucleares.
Lo que le pesaba de verdad, es que, aunque quisiera contar su historia, no había nadie que pudiera escucharla en kilómetros a la redonda.