Marcha infructuosa

Marcha infructuosa

 

“Se solicita tirano” es la frase que resume el veredicto mayoritario respecto a la marcha por la unidad nacional del pasado domingo. Aunque nadie lo va a decir así de llano. La mayoría opinó que la marcha fue un fracaso por el número de gente que participó, por lo infructuoso del acto o por la ausencia de propuestas. Considero que el número de participantes no es argumento válido: la de 2004 fue mucho más numerosa y aun así fue menospreciada; la toma del Paseo de la Reforma en 2006 fue realizada por un número mucho menor de personas y todavía se cacarea legítima. El número no es suficiente para evaluar un hecho político. La ausencia de propuesta, por su parte, es inevitable: nada se puede proponer en unidad cuando no hay unidad. Ni siquiera la marcha, con su convocatoria y su crítica, sirvió para que discutiéramos la unidad (y el intento hicieron en la prensa Enrique Krauze y Jesús Silva-Herzog Márquez, pero no fueron escuchados). Al contrario, regodearse con el fracaso de otra marcha de pirruris encona la separación, aprovecha la diferencia para buscar pleito y aprovecha el pleito para incrementar la diferencia. ¿O no fue eso lo que logró la crítica celosa de la exclusividad de la indignación popular? Ni a la discusión de la unidad podía apuntar la marcha, con su convocatoria y su crítica, porque nuestras diferencias carecen de razones. A pesar de todo, me parece que lo más preocupante es la comodidad con que se esparce la convicción de lo infructuoso del acto. ¿En serio nadie ve que es una excelente noticia que veinte mil personas se manifestaran en una avenida de la Ciudad de México, sin necesidad de acarreos, corporativismos partidistas y escalafones militantes? Esto no había pasado desde las marchas por los 43, hasta que las boicotearon los anarquistas. Que veinte mil personas que no suelen tomar la calle por un asunto político lo hagan es buena noticia.

Claro, la real politik me dirá que tomo las pulgas por elefantes y confundo la llovizna con el diluvio. ¿Cómo es que me emociono por una marcha así, si tras ella nada ha pasado? ¿Cómo puede emocionarme una marcha infructuosa? Respondo: yo no soy el que espera frutos inmediatos de la actividad política. ¿Quién una marcha con frutos? Está la de Mussolini y sus seguidores sobre Roma. Y a mí, discúlpenme, pero esos frutos no me gustan. El modo más sencillo de cambiar las cosas es el del uso de la fuerza, y para las cosas políticas sin duda lo es la fuerza en manos de un líder. Pero el solo hecho de cambiar no me emociona. Así como no me parece necesario que la vida política sea la expresión del líder o que nuestra situación sea tan extrema que sólo quede la fuerza. Si la vida política nacional debe medirse por sus frutos y la situación es realmente extrema que requiere fuerza y liderazgo, entonces tenemos que otear el horizonte para identificar a algún buen tirano. Si lo identificamos, y en verdad es un buen tirano, tendremos que obligarlo a ejercer la fuerza, tendremos que obligarlo a derramar sangre. Si logramos que nuestro buen tirano nos tiranice, y con ello logramos resolver todos nuestros problemas, tendremos que cuidarlo de los tiranicidas y de los problemas que pueda enfrentar su tiranía. Para todo ello, de todos modos, nos tendremos que poner de acuerdo, tendremos que buscar un tipo de unidad, tendremos que buscar una tiranía fructífera. ¿Para qué, entonces, compatriotas, vuestro tirano? Prefiero una marcha infructuosa.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. ¿Es cierto que en el municipio mexiquense de La Paz se ha presentado el primer grupo de pandilla sureña en el centro del país? Los padres de familia y profesores de la escuela donde hizo su aparición así lo han denunciado. En las fotos de las pintas, al menos el lenguaje cifrado coincide con las clásicas expresiones de ese grupo. Aquí urge una investigación periodística seria. 2. También debería investigarse con cuidado cuál es el interés del misterioso grupo que ganó la mayor parte de las licitaciones de estaciones de radio, como dice Mario Maldonado, invirtiendo mucho más del valor de las mismas. 3. La investigación que sí siguió es la de las opacidades en el manejo del presupuesto de la delegación Cuauhtémoc. El delegado, un expriista llamado Ricardo Monreal que, como buen priista, siempre acusa dobles intenciones en las notas que lo exhiben, ha descalificado -otra vez- la nueva investigación. 4. El pasado jueves 16, en Chicago, hubo una marcha de migrantes mexicanos contra el presidente Donald Trump. Cuando la marcha se detuvo frente al consulado mexicano la consigna fue: “Fuera Peña”. 5. Se contempla la desaparición de la Lotería Nacional, lo informa Alberto Aguirre en El Economista.

Coletilla. El pasado 1 de octubre señalé que Patrick Slim financiaba a los grupos detrás del movimiento llamado Frente Nacional por la Familia. Esta semana lo confirmó un reportaje de Luis Pablo Beauregard en El País. A partir de una entrevista con Vicente Segú Marcos, presidente de la Fundación Incluyendo México, el periodista confirmó la participación del hijo del hombre más rico de México, así como de Agustín Coppel -de Grupo Coppel-, Carlos Fernández -exdirector de Grupo Modelo- y Lorenzo Servitje -y por ahí se relaciona con el Yunque-. La organización tuvo tratos con Salvador Martínez della Roca, El Pino -exdirigente estudiantil del movimiento de 1968-, en el gobierno de Guerrero, y los tiene con el gobernador “independiente” de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez Calderón, la gobernadora priista de Sonora, Claudia Pavlovich, el de Quintana Roo, el priista-panista-perredista Carlos Joaquín, el de Querétaro, el panista Francisco Domínguez y el de Tamaulipas, el panista Francisco Cabeza de Vaca. La organización, que ya anunció sus intenciones para la elección federal de 2018, ocupó el cuarto lugar nacional en ingreso por donaciones en 2016 (más ingresos que Fundación Teletón, pero el periodismo militante -para no ir contra quien los financia- no lo ha investigado). Antes de Segú, y no está de más recordarlo, el presidente de la organización fue Luis Guillermo Zazueta Domínguez, quien como operador de Transforma México trianguló recursos de la Lotería Nacional a Vamos México, la fundación que promovía la candidatura presidencial de Marta Sahagún en 2004, con facilidades de la entonces secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota -a partir de mañana precandidata panista a la gubernatura del Estado de México-; Zazueta ahora es consejero de ICA, la empresa encargada del nuevo aeropuerto junto con Grupo Carso, de Carlos Slim. El hijo del mexicano más acaudalado tiene su propio proyecto político.

 

Un capricho de felicidad

Un capricho de felicidad

 

Leía a San Agustín comentando a Cicerón y caí en la cuenta: el término latino beatus no debería traducirse por felicidad, pues ya el latín tiene felicitas para ello. Igualmente inadecuado sería traducir beatus por santo, pues la santidad romana es piedad familiar y la cristiana reconfiguración interior (ya algo de esto ha explorado Arnaldo Momigliano en Religion in Athens, Rome, and Jerusalem in the First Century B.C.). Y más inadecuado parece, todavía, trasladarlo a bienaventurado, que nos cerraría a la posibilidad de pensar en la otra vida. Beatus, como juicio moral de una vida, se parece a la felicidad, pero en algo se distingue de ella.

Etimológicamente, beatus es la forma supino (infinitivo de fin) de beo que nombra el tener propiedades, ser reconocido por lo que se tiene y, por ende, ser “feliz”. Beo, por su parte, proviene de la raíz indoeuropea *dweos, que los manuales suelen referir como “felicidad”. Felicidad, por su parte, comparte raíz con feto y fecundidad, por lo cual no nombra propiedades, sino producciones: la mujer con muchos hijos es fecunda; Odiseo es fecundo en pretextos. La forma antigua de la raíz *dweos es *dwejos y no es muy seguro su significado, aunque produjo en griego el término deinós, el término para lo terrible aterrador, la antesala al abismo de la tragedia. ¿Beatus y deinós provienen de la misma raíz? ¿Cómo puede ser posible? ¿Qué podría significar eso?

Se dice que el equivalente griego de beatus es eudaimonía, compuesto del prefijo eu que califica lo bueno y daimon, la divinidad intermedia entre los mortales y los dioses. La eudaimonía, empero, no nos libra de preocupaciones, pues daimon proviene de la raíz indoeuropea *dwey, que a su vez comparte el origen con la forma antigua *dwejos: *dwe, que produce en sánscrito la palabra sagrada para la maldición. ¿La eudaimonía y la maldición se reúnen en una misma raíz? ¿Qué podemos pensar a partir del hecho de que la raíz común de beatus y eudaimonía, que tradicionalmente se traducen por felicidad, están relacionados con lo terrible y la maldición?

Creo haber encontrado un camino. La raíz indoeuropea *dwe produce en armenio antiguo erkn, que nombra la labor de parto. Cuando en la labor de parto se alumbra la bendición de la vida se la nombra beatus; cuando la labor de parto se oscurece en la maldición de la muerte se la nombra deinós. Lo beatus nunca estará separado de lo deinós; su posibilidad es mutua, su inherencia práctica es evidente. Categorialmente puede decirse que beatus nombra un estado; felicitas una situación. Quizá cuando se reflexiona que la felicidad puede desembocar en lo terrible se comienza a considerar la necesidad de perseverar en la beatitud.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. ¿Tucídides para pensar nuestro actual conflicto? Así lo propuse el pasado sábado en este blog, así nos lo propuso el domingo Julio Hubard en Milenio. A leer a Tucídides, pues. 2. Quizá se trata de la columna de opinión más heterodoxa de toda la semana. Quizás es la mezquindad intelectual por lo que no se le reconoce. Pero el pasado lunes, Sergio Sarmiento se preguntó: ¿cuándo se jodió México? Su respuesta: el 5 de febrero de 1917. Creo que antes de él, nadie lo había dicho tan claro. 3. ¿Acaso cabe en la cabeza de alguien mandar a los marinos a asesinar a dos capos y propiciar la ruptura en un cártel, mediante una emboscada, para mostrar que México sí sabe qué hacer con los bad hombres? 4. El secretario de Movilidad del Gobierno del Estado de México puso dos propuestas sobre la mesa en la más reciente reunión con los dueños de las rutas del transporte público: o aceptan dos pesos de aumento al pasaje a partir del lunes 13 y no vuelven a pedir un aumento en años, o esperan al siguiente aumento a la gasolina para aumentar cuatro pesos, pero asumiendo ellos el costo político (pues no sería un aumento “oficial”). Los concesionarios aceptaron la primera. Los operarios quedaron entre dos fuegos. 5. No es broma, por desgracia el señor presidente lo dijo en serio: “El cadete que se desmayó, cayó con honor al no meter las manos”. Ahora entendemos lo que es un gobierno honorable.

Coletilla. “Somos yunkies de los megabytes”. Valeria Luiselli

Nuestra luminosa actualidad

Nuestra luminosa actualidad

 

Quizás el rasgo más característico de la modernidad política sea la persuasión sobre la imposibilidad del saber político del ciudadano. Ya sea por el convencimiento de que los sucesos cotidianos encubren las decisiones de la élite (cuya presentación novelada ha sido realizada por Nir Baram en La sombra del mundo, que reseñé aquí), ya por la convicción de la educación necesaria para entender la política (que Iván Illich reconoció como consecuencia del principio de escasez y el Papa Francisco ha ubicado como fundamento de la cultura del descarte), ya por el imperio de la efectividad del especialista (que terminará en lo que Eduardo Nicol llamó “régimen de razón de fuerza mayor”), los modernos estamos persuadidos de la imposibilidad del saber ciudadano. Y por dicha persuasión nuestras disposiciones ante la crisis se reducen o bien al desistimiento, o bien al acatamiento de las decisiones de los “expertos”. El panorama se complica en el conflicto actual y el análisis intelectual que comienza a ponerse en boga oculta su complicación.

The Guardian, el mejor medio informativo de lo que todavía se llama Reino Unido, fue el foro en que inició la discusión: ¿cómo se puede explicar que la mayoría británica votara a favor del Brexit? El electorado inglés es medianamente culto. Los medios británicos practican aceptablemente la discusión política. No faltó información y debate sobre las consecuencias –económicas, políticas y sociales- del resultado de la elección. Los pronósticos, las encuestas y los estudios académicos apuntaban a un resultado diferente. ¿Cómo se puede explicar que la mayoría británica votara a favor del Brexit? El primer intento de respuesta fue una descarga generacional: fue culpa de la apoliticidad de los millenials, acusó la generación esbozada en Trainspotting. Nada pudo confirmar la responsabilidad millenial. El segundo intento de respuesta fue una compensación de clase: fue la clase media afectada por el desempleo. Nuevamente faltaron los elementos para la comprobación. El tercer intento de respuesta sólo intenta explicar que no hay explicación porque no se sabe analizar a la sociedad actual. El triunfo electoral de Donald Trump reanimó la discusión. Y ahora se está estableciendo un consenso: vivimos la época de la posverdad. Según explican los intelectuales, nuestra actual vida política se caracteriza por que para la mayoría no tienen valor los hechos y las elecciones se realizan en función de las emociones y los sentimientos. ¡Casi descubren la retórica!

La posverdad, empero, encubre un elemento de nuestra modernidad política que no se le oculta al planteamiento clásico de la retórica en política. Tanto Aristóteles como Hobbes sabían que las emociones y los sentimientos son fundamentales en la práctica política, pero ninguno de los dos suponía imposible el saber del ciudadano; no por nada, dicho sea de paso, para ambos fue tan importante pensar el papel de la retórica en los discursos de la historia de Tucídides (no afirmo, con esto, que ambos tienen la misma estimación del saber del ciudadano; alguien debería investigar ambas retóricas y explicarnos las diferencias). Nuestros intelectuales suponen, en cambio, la imposibilidad del saber del ciudadano y la necesidad de la Ilustración. Creo que no llevan al final su razonamiento: si realmente vivimos la época de la posverdad, el hecho es el fracaso de la Ilustración. Y fracasada la Ilustración… queda la fuerza.

La posverdad oculta el supuesto de la imposibilidad del saber del ciudadano y con ello la imposibilidad de la racionalidad política. La posverdad, como renuncia a las explicaciones, justificará el manejo profesional de las emociones en función de la efectividad, y con ello la cancelación definitiva de la vida pública. La posverdad abre el camino de la adulación solitaria impuesta por la necesidad: la luz azul de las pantallas de nuestros dispositivos será nuestro reflejo y al final seremos soles.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Semana de mucha información sobre el narco, el problema más grave del país. Primero, el semanario Río Doce alerta sobre los reacomodos del narcotráfico en Sinaloa. A través de un canal de YouTube se presenta un sistemático plan de exterminio de presuntos narcotraficantes rivales: se graba la tortura y días después aparece el cadáver del desaparecido. De acuerdo a los videos, se trata de la alianza del “Mayo” con los Beltrán. En segundo lugar, El Norte fue el primero en advertirlo: por amenazas del cartel del Noreste (o Zetas de la vieja escuela) el diario El Mañana de Nuevo Laredo tuvo que suspender su publicación durante dos días. En tercer lugar, Héctor de Mauleón reportó las amenazas de muerte al comisionado de Seguridad de Morelos. 2. Y semana de mucha información sobre Donald Trump. Primero, el pasado martes 31 de enero, Excélsior presentó una encuesta que destaca la cifra de desaprobación del presidente Donald Trump entre la población mexicana: 88%. Diez días antes, Reforma había presentado una encuesta que destacaba la cifra de aprobación del presidente Peña Nieto entre la población mexicana: 12%. Y así podemos jugar a ver el vaso medio lleno… En segundo lugar, me parece interesante la lectura de Roberto Blancarte sobre las implicaciones de las decisiones del presidente Trump respecto a los migrantes musulmanes y los refugiados cristianos de Medio Oriente en la religión civil de Estados Unidos. No coincido con él en que sea un retroceso a la guerra de religión, pero creo que sí es un cambio en la comprensión de esa invención rousseauniana llamada religión civil. En tercer lugar, conviene leer los análisis de Raymundo Riva Palacio y Liébano Sáenz sobre la “filtración” que fue el escándalo de la semana: la filtración es el estilo de hacer política del principal asesor de Trump. Y por último, lo dijo con claridad Mario Maldonado: el ingeniero Slim llama a la unidad mexicana, pero no anuncia aumentos en la inversión en el país, al contrario, confirma la disminución de sus inversiones al tiempo que lleva adelante sus negocios (y sus inversiones) en EU, claro, como socio de Trump. ¿Cómo explicarnos los aplausos que recibió el viernes pasado? 3. Ayer, en La Jornada, Enrique Galván Ochoa adelantó el desprecio de los progres a la marcha “Vibra México”, convocada para el domingo 12 de febrero como protesta por las posiciones antimexicanas de Donald Trump. Curioso que para fundar su desprecio la compare con la marcha contra la violencia de junio de 2004, y que al recordarla omita accidentalmente lo más notable de aquella marcha: el jefe de gobierno del DF -Andrés Manuel López Obrador- no atendió a los reclamos de la población y despreció la manifestación como un asunto de “pirrurris”. Ah, qué memoria tan terca la mía y qué memoria tan caprichosa la de don Enrique, ¿no?

Coletilla. Estaba entre mis planes presentarte, lector, una reseña del libro póstumo de Luis González de Alba, pero Juan Carlos Romero Puga ha hecho una reseña que da en el punto.

Unidad con pies de barro

Unidad con pies de barro

 

Come Mexicans, Muslims, LGBT and Jews

keep your eyes wide for what’s on the news

for President Trump is expressing his views,

and I fear that the mob he’s inciting

Will soon break your windows

and burn down your schools

 For the times they are a-changing back…

Billy Bragg

 

En el primer libro de su República, Platón mostró la diferencia definitiva entre el clan y la comunidad política. Carl Schmitt fue, quizá, quien más claramente lo aprendió y, sin duda, quien más persuasivamente lo ocultó: nada nos hace más unidos que un enemigo en común. Ante el peligro, para el abogado católico, las diferencias políticas se suspenden y los hombres se suman en torno a la causa del líder. El liderazgo triunfa, se ha de concluir, cuando la comunidad política torna en una gran familia. El peligro forja la unidad. En el peligro está la salvación.

En días recientes, la unidad se ha vuelto unánime y para triunfar, en los días que vienen, deberá encontrar un liderazgo legítimo, o legitimar un liderazgo, o acrecentar el peligro. Si encuentra un liderazgo, al menos habrá ley; de lo contrario, cundirá el peligro. Los días que vienen serán nublados.

No veo en el horizonte camino para la unidad nacional ahora presumida. Creo que no prosperará y que todos sabemos que nos ronda su término. Vislumbro cuatro escenarios para la unidad nacional ahora presumida; los expongo en el camino.

El primer escenario para la unidad nacional tiene una fecha específica: 4 de febrero de 2017. Ese día se registrará un aumento más en el precio de la gasolina. ¿La unidad nacional ahora presumida sobrevivirá a la inconformidad por el aumento al precio de la gasolina? Probablemente el aumento exhibirá la falsedad de la unidad nacional. El aumento anterior mostró, a través de los saqueos, la fractura de la población general, la incordia social en que plantamos los pies, la carencia de unidad. ¿Es mayor el temor por las decisiones del norte que la incordia cruel? Mientras la guerra con Donald Trump sólo sea con palabras, la mayoría descargará su resentimiento en la acción directa contra los nacionales. Incluso cuando los políticos profesionales declarasen su unidad y exhortaran al término de la violencia, la fractura que se exhibió en enero quedará intocada. El gasolinazo de febrero mostrará la fragilidad de la unidad.

El segundo escenario no tardará más de seis meses en presentarse: el siguiente caso de corrupción del gobierno federal. En cuanto los equipos periodísticos que están investigando –digamos que en Valle de Bravo, Huixquilucan y Texas- la corrupción federal presenten un caso más, el apoyo al presidente Peña Nieto se esfumará y los partidos que esta semana lo respaldaron –incluso el amoroso López Obrador- se desmarcarán, tomarán distancia y recordarán al electorado –porque en el lapso que aquí preveo hay elecciones- su diferencia. Mientras la guerra con Donald Trump sólo sea con palabras, la mayoría satisfará su afán de linchamiento con escándalos de una semana. Incluso cuando las nuevas reglas para la censura aminoren la difusión de los nuevos casos de corrupción, la presumida unidad nacional se exhibirá falsa. El siguiente escándalo de corrupción desilusionará de la unidad.

El tercer escenario debe mencionarse sin rodeos: la unidad nacional no resistirá el siguiente atentado del narco. Trump, el gasolinazo y la corrupción nos han servido para distraernos del mayor problema nacional, y la presumida unidad nacional no ha hecho más que ignorarlo. Incluso cuando la guerra con Donald Trump no sea sólo con palabras, nada nos protegerá ante la violencia del narco. La guerra con Trump es el escenario ideal para la siguiente etapa de la guerra contra el narco. El expresidente Felipe Calderón, abogado católico como Carl Schmitt, ha propuesto dejar de colaborar con Estados Unidos en la lucha contra el narco, ha sugerido incluso la conveniencia de dejar pasar los cargamentos por el territorio nacional y que sea responsabilidad exclusiva del país adverso su revisión. Quizás a Calderón le faltó concluir que donde abunda el peligro… Perspicaz, Jorge G. Castañeda ha dicho que si se va a subir el tono de la confrontación hay que empezar por la expulsión de los agentes de la DEA que trabajan en el país; suspicaz, no nos recordó la operación Irán-contra. La presumida unidad nacional mostrará su mera apariencia cuando el narco vuelva a alzar la voz. Ante la sangre reconoceremos que estábamos jugando con capa de Supermán y casi creímos que podíamos volar.

El cuarto escenario se va presentando desde ayer y tras su calma aparente oculta la posibilidad de convivir con los otros tres escenarios. Rodolfo Usigli le llamó gesticulación y nombró con ello al modo mexicano de hacer política. El presidente Peña Nieto comunica a la nación que acordó con el presidente Trump no hablar públicamente del tema escabroso; que la distensión sea producto del fingimiento. El ingeniero Carlos Slim expresó que es necesario prosperar económicamente para estar en condiciones de negociar con Donald Trump, que es un asunto económico y no político; mientras, el ingeniero ha arreglado sus acuerdos comerciales y financia la investigación del segundo escenario. El licenciado López Obrador anuncia que hará una gira por Estados Unidos para acompañar a los migrantes mexicanos; mientras, se preparan los documentos que se repartirán durante la gira poniendo especial atención en la activación de las credenciales del INE para votar desde el extranjero, claro, no pensemos mal, sin credencial vigente ¿cómo poder ayudarlos? En el mismo escenario podrían encontrarse la sensibilidad que suspenda un segundo (y tercero) gasolinazo o un acuerdo privado con cierto cártel de Jalisco. La unidad nacional gesticulada no será, pese a todo, menos débil; sólo será más difícil de entender. Su límite se encontrará, sin duda, en los afanes de violencia nacionales. La gesticulación puede administrar la delación, pero no podrá contener a la crueldad.

La crueldad, empero, no debe asimilarse al peligro, pues mientras una apela al poder de un modo específico, el otro es indeterminado. El peligro es un engaño abstracto. No habrá unidad mientras no podamos reconocer la crueldad.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El pasado jueves se cumplieron 28 meses de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos volverán a reunirse con los funcionarios de la PGR para conocer los resultados de la investigación interna por las irregularidades en las pesquisas del caso.  2. Interesante reportaje de un rancho de exterminio zeta que funcionó cuando el actual gobernador independiente de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez “El Bronco”, era alcalde de García. 3. Inquietante la propuesta de Julio Hubard en Milenio el pasado domingo: los millenials acertaron y su falta de compromiso, su descuido del mundo, su desidia exhiben el derrumbe del mundo industrial y de los Estados Nación. Ante la debacle, Julio vuelve la mirada a la inteligencia de nuestro clásico vivo y encuentra en El progreso improductivo la clave de nuestros tiempos. Coincido con Hubard. 4. Curioso. Los mismos que se indignaron por las ofensas del millonario Donald Trump a un periodista, celebran ahora la ofensa del millonario Carlos Slim al director editorial de Milenio, Carlos Marín. Sabemos que Epigmenio no lanzará a sus huestes a posicionar un hashtag contra Telmex, que don Fede no denunciará la inmoralidad de la ofensa y que la señora Dresser no lo mencionará siquiera en la mesa del lunes. La indignación, ya lo hemos dicho, es selectiva. 5.  ¿Leyeron La Jornada del 24 de enero? ¿La sección El correo ilustrado? Sucede que los “filósofos” de la Ciudad de México, agremiados en una cosa llamada Observatorio Filosófico de México, los mismos que nombraron a la velocista Ana Guevara como defensora de la filosofía, exigen a los constituyentes que en la Ciudad de México se establezca la obligatoriedad del “alto contenido filosófico” de la educación. Obviamente, ya hay un Observatorio Filosófico de México para medir el contenido filosófico. Quieren chamba, pues.

Coletilla. “No se puede ser sincero y parecerlo a la vez”. André Gide

Consenso para la censura

Consenso para la censura

 

El 18 de enero de 2017 deberá registrarse en la historia patria como el día de la censura. Tras los hechos violentos en una secundaria regiomontana, la difusión frenética de los datos puso en manos de todos (y a disposición de cualquiera) el video del tiroteo, la imagen del atentado, la publicidad de la muerte. Los medios informativos, emplazados por el frenesí de los datos, comenzaron a publicitar los hechos y a ilustrar sus notas con el video y las fotos. Pasado un par de horas, Gobernación y Derechos Humanos sugirieron a los medios informativos “prudencia” en el manejo de las imágenes. Coincidentemente todos los medios –con excepción del popular tabloide de nota roja Metro (el patito feo de Grupo Reforma)- acataron la censura. Entiéndase: ¡todos los medios informativos del país acataron la censura! Es un hecho inédito en nuestra historia reciente. El consenso para la censura fue tal que los periodistas de oposición se escudaron en los reglamentos, los críticos en el combate a la “promoción de la violencia” y los asiduos defensores del gobierno federal esgrimieron el mal gusto de las imágenes, el cuidado de las buenas costumbres y la crisis de los valores. [No puedo evitar el recuerdo de un pasaje del diario de Rodolfo Usigli quien, tras las incomodidades provocadas por El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, expresó la reacción del general Calles: “los criticó con dureza opinando que la situación de México exige que se conserven los pocos valores que tenemos, aun mintiendo, y que es un crimen destruirlos”. El priismo no ha cambiado]. El consenso para la censura fue tal que los censurados orientaron sus discursos a criticar a cualquiera que en redes “compartía” (alguien debe hacer la crítica de este uso del verbo compartir) el video, a criticar la inmoralidad de los usuarios de redes y a reivindicar la moralidad de la censura. La censura ganó tanto el miércoles 18 de enero de 2017 que no se cuestionaron las amenazas a la libertad de expresión de parte del gobernador “independiente” de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez “El Bronco” (quien además considera la poca militarización como la causa del atentado), o el anuncio de persecución legal por parte de Gobernación. El país que no se puede poner de acuerdo encontró con facilidad consenso para la censura. ¿Por qué?

Ofrezco dos respuestas tentativas que deben ser pensadas con más calma: delación y crueldad. En una comunidad que tiende a la tiranía cunden la crueldad y la delación, pues ambas son modalidades del ejercicio del poder bajo el tirano. El consenso para la censura es conservación del modo en que la delación y la crueldad se nos van volviendo costumbre. Comencemos por la crueldad. La explicación pública del atentado en la secundaria de Monterrey rápidamente tomó dos caminos: la medicalización y la pedagogización. La pedagogización hizo uso de su comodín predilecto: el bullying. Quienes creen en el bullying como una categoría de las relaciones sociales privan de moralidad a la acción y perfilan a la conducta como el resultado de las interacciones sociales. El bully, piensan ellos, es así a consecuencia de los modos en que ha interactuado, pero su conducta puede ser modificada si se cambian sus modos de interacción. El cambio en los modos de interacción debe ser prescripto por un profesional que dispone de los elementos ambiente para la producción de una conducta distinta. La ocurrencia de un comportamiento negativo –que un joven dispare un arma de fuego contra sus compañeros y su maestra, para después dispararla contra sí mismo- da cuenta de un error de disposición y emplaza a los profesionales a corregir el ambiente en función de la reducción de la posibilidad del comportamiento negativo. Visto así, el caso –porque en esta explicación el suicida (y quizás asesino) es un caso representativo cuya recurrencia debe evitarse para el correcto funcionamiento del mecanismo social- nos advierte de la necesidad de mayor control y de regulaciones más precisas. Ciegos para reconocer la crueldad, nos empeñamos en planificar mecanismos que reduzcan la reincidencia de los casos. La medicalización, por su parte, supone iatrogénica a la violencia: quien disparó es un enfermo erróneamente tratado. De haber sido tratado correctamente, su comportamiento hubiese sido encaminado a una canalización positiva de su padecimiento –y el malestar a él concomitante-. ¿Cuál padecimiento? Ahí es donde los predicadores de la bata blanca y los ministros del diván suplantan lo público y postulan la necesaria medicalización de la vida, de toda la vida. Esto es, se supone la subordinación necesaria al profesional, con todas las consecuencias que en Némesis médica mostró Iván Illich. La violencia como padecimiento psicológico es otro modo de ocultarnos la crueldad. Quizás ocultamos la crueldad en la disposición técnica de los profesionales de la pedagogía, la psicología y la medicina porque nos disgusta ver en la crueldad el ejercicio del poder subordinado.

La delación, por su parte, tiene doble raíz: la fascinación por el chivo expiatorio –que nos enseñó a ver René Girard- y la apariencia de control y poder que permiten experimentar las redes sociales –que Giorgio Agamben comenzó a explorar en ¿Qué es un dispositivo?-. El consenso para la censura puede facilitar una disposición legal persecutoria que se presentará como regulación de las redes. La persecución satisfaría legalmente nuestra afición al linchamiento. La regulación envanecería al usuario de redes: sabe usar correctamente las redes, es responsable en el ejercicio del poder mediato en que está emplazado, gana una superioridad eficiente que lo distingue como esclavo feliz. En tanto, al otro, al torpe o al inferior, hay que delatarlo, perseguirlo y castigarlo: someterlo al poder del reglamento. El consenso para la censura es la suplantación de la moralidad de la praxis por la eficiencia del uso. El consenso para la censura pedirá nuevos profesionales en la educación del uso eficiente de las redes. Para evitar otro atentado, se esgrimirá, será necesario terminar con la política.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El próximo jueves se cumplen 28 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. En torno al caso hay que resaltar que los defensores de los inculpados, quienes indicaron la versión del río San Juan como destino final de los restos calcinados de los normalistas, intentarán probar, a partir de un dictamen emitido esta semana, que las declaraciones se obtuvieron bajo tortura, por lo que no se siguió el debido proceso y merecen ser liberados. De ser así, la versión oficial del caso se desmorona. 2. Se ha hablado recientemente en este blog sobre la acuciante pregunta “¿qué hacer ante nuestra apremiante situación?”. El lunes pasado, en La Jornada, Gustavo Esteva ofreció una de las más claras reflexiones sobre nuestros tiempos: “el desafío que enfrentamos exige obviamente un tipo de imaginación a la que no estamos acostumbrados”. 3. A la pregunta “¿Qué hacer?” también se puede responder a partir de la última novela de Javier Sicilia El deshabitado, reseñada aquí.

Coletilla. “Al homicidio se le considera un crimen cuando se le comete privadamente, mas se le llama virtud cuando se ejecuta en nombre del Estado”. San Cipriano

 

Riesgo y necesidad

Riesgo y necesidad

 

La paz como efecto del comercio es una idea que se remonta a Montesquieu. El desarrollo de las naciones, pensaba él, hará que los hombres reconozcan tarde o temprano que la paz es más favorable a la prosperidad que la ausencia de ella. En la medida en que el comercio llega a ser la fuente de la prosperidad, pudo haber asegurado, cundirá el convencimiento de la necesidad de la paz. Tras esa resignificación de la paz –pax oeconomica– se oculta una resignificación de la guerra –la guerra como lucha- y una reinterpretación de la praxis: la hacienda, lo que hay que hacer para la propia prosperidad. Cuando ta prágmata es lo que hay que hacer, la praxis ya no es política.

A partir de esto, podemos hablar de una paz no-política, casi de una regulación administrativa, del gobernante como administrador. Las reglas de la administración se conocen como funciones -¿habrá sido primero el uso técnico o el uso matemático?- y su ejercicio como aplicación de las reglas. Por eso el administrador “justifica” sus decisiones en función de lo que hay que hacer, de la necesidad, de la supervivencia. Ninguna decisión del administrador puede cancelar la supervivencia. Ninguna medida administrativa distiende la tensión superviviente.

Ser administrado, por su parte, es ser superviviente, vivir de lo que hay que hacer. No por nada en los reclamos contra la mala administración la necesidad es el centro. Los límites de la explotación, el agravio acumulado y la lucha de clases son las fórmulas de la perentoriedad del administrado, los nombres profesionales de la supervivencia. La indignación del administrado no es política, sino económica, y en tanto tal es irresoluble. (Además, la indignación política y moral no es cuantificable, así como los agravios morales no son acumulables: nunca hay tantas injusticias que justifiquen injusticias). La vida económica es lo que hay que hacer. Tras ello, siendo imposible la virtud, sólo queda la lucha o la desesperación, la paz burguesa o la esperanza vana.

Creo que, considerando lo anterior, nuestra pregunta no debe buscar lo que hay que hacer, sino lo que es bueno hacer. Pensar la política en términos morales nos permite reconocer la inmensa pérdida que significa pensarla en términos de necesidad. No es el virtuoso quien necesita ser virtuoso, o quien ha alcanzado un estado especial que lo distingue de los otros, sino quien decide actuar conforme a la virtud, virtuosamente. Actuar virtuosamente no es una consecuencia necesaria, sino el resultado de cada caso. El virtuoso no es perfecto, sino que su actuar es acorde a la perfección. El virtuoso puede errar, así como el vicioso puede esforzarse por la virtud: el perdón y el arrepentimiento son posibilidad de la virtud. Tanto la paz como la guerra, cuando son políticas, involucran al vicio y a la virtud, y por ello es conveniente buscarlas. La política, como actividad del hombre libre, es el riesgo constante de la tiranía.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Interesante historia la que presentó el diario Vanguardia el pasado domingo: un pueblo destruido por las intenciones mercantiles del hombre más rico de México, hombre al que ya se promueve como candidato a la presidencia. El progreso económico está en guerra contra lo pequeño. 2. Mexicanos contra la Corrupción publicó una investigación sobre el conflicto de intereses de algunos de los defensores del impuesto a las gasolinas. Específicamente menciona al secretario de Energía y al titular de Profeco. En el negocio de las gasolinas aquí investigado también se encuentran familiares del presidente Peña. ¡México adelante!3. En Animal Político evaluaron cada una de las afirmaciones del mensaje de año nuevo del presidente Peña. Las cosas buenas casi no se cuentan, pero las mentiras sí, se cuentan y se contabilizan, señor presidente. 4. Es común escuchar que no hay crítica al gobierno por parte de los neoliberales, por ello vale la pena leer “Cuando el gobierno roba”, del neoliberal Leo Zuckermann. 5. En la semana se filtró con insistencia a los medios de comunicación un documento que, supuestamente, contenía parte de la investigación oficial en torno a los organizadores de los saqueos de los días anteriores. El documento es una muestra de la profesionalidad de la inteligencia mexicana. Si, por ejemplo, Animal Político y Carlos Puig comentaron los eventos, la inteligencia mexicana los ubica como instigadores. Si Andrés Manuel López Obrador, Gerardo Fernández Noroña y Mario Delgado publicaron en sus redes sociales una opinión adversa al impuesto a las gasolinas, ¡claramente están llamando a saquear Elektra! O la inteligencia mexicana es estúpida, o quisieron aprovecharse del sospechosismo popular para avanzar la censura de las redes, o, como lo sugiere Martha Anaya, el asunto es un conflicto interno de la Segob: el modo en que el equipo de Osorio Chong golpea a Renato Sales. 6. Y por último, una aclaración: me han preguntado varias veces en los últimos dos días qué pienso del reportaje que circula con profusión en redes sociales (me dicen que circula principalmente en whatsapp) sobre el saqueo secreto de Enrique Peña Nieto a la CFE y a Pemex. Contesto: pienso que debemos leer bien y más allá del encabezado. El reportaje, que no es malo, de Manuel Hernández Borbolla para The Huffington Post México señala que durante las administraciones de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto se tomaron recursos de ambas empresas para subsanar las finanzas públicas, ojo, por ambas administraciones, no por Peña Nieto. De hecho ambas administraciones han reconocido el uso del patrimonio de las dos empresas y en el marco actual del incremento de precios se alega como necesario porque ese uso de patrimonio para solapar los problemas de las finanzas públicas ya no será posible. Hay que leer más allá del título, pues. Acá el reportaje.

Coletilla. “Dios jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón”. Francisco, papa.

Realidad infiltrada

Realidad infiltrada

 

La libertad política no es la libertad fáctica, así como la sabiduría práctica no es un acto teórico. La teoría y la práctica se distinguen por sus objetos. Cavilar sobre una acción posible no es semejante a la contemplación de un teorema. Detenerse a considerar los pormenores de la acción no es, por ello, un proceso deductivo. La sabiduría práctica garantiza la libertad política. Pero no hay libertad política si es imposible la sabiduría práctica. Y la sabiduría práctica es eso que antes se llamaba virtud.

La diferencia entre la libertad fáctica y la libertad política se muestra en el problema de la tiranía: el tirano podría tener toda la libertad fáctica de la acción resuelta, pero no por ello tiene libertad política, pues es esclavo de sus vicios. Un tirano podría resolver la apariencia de la libertad política, pero no con ello será libre políticamente. La libertad política es la que permite el reconocimiento de la práctica como práctica, no como vida fáctica. Pensar que la vida política es fáctica supone la imposibilidad de la política y el imperio de la necesidad. La tiranía sólo se sostiene cuando la política es imposible y la necesidad imperiosa.

La necesidad no puede ser imperiosa cuando el mal es posible. Por ello, cuando en la vida política nos negamos a ver el mal, suponemos una necesidad imperiosa y una tiranía posible. Pensemos, por ejemplo, en una explicación popular sobre una revuelta populosa. Un grupo de gente toma las calles para protestar contra una imposición gubernamental y la protesta deviene en saqueos y robos. La explicación que se niega a ver el mal supone inmediatamente una confabulación: los saqueadores son infiltrados. O bien son los funcionarios quienes confabulados desvirtúan las protestas del pueblo bueno infiltrándolo en su manifestación, o bien son los opositores quienes confabulan con intenciones golpistas infiltrando a desestabilizadores, o bien hay especialistas en la infiltración que buscan la reacción desproporcionada de las fuerzas del orden. El hecho violento es cuestión de fuerzas que no dan la cara. Quienes así piensan ya concluyeron que la maldad es imposible. La violencia como efecto de las fuerzas es amoral. La conspiración enmascara la crueldad. Una comunidad que se niega a ver la crueldad de su propia acción es una comunidad que será sorprendida por el mal. Ante el mal que sorprende y la política que se cancela sólo queda la libertad fáctica.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El miércoles 11 se cumple un año de la desaparición de los jóvenes de Tierra Blanca. Tras el intento de cerrar el caso con el planteamiento de que una gota de sangre es prueba del asesinato de los jóvenes, no hay avances en la investigación desde el 12 de mayo de 2016. 2. El violento polvorín que es el país ha sido rociado con gasolina, asegura Juan Villoro. 3. Durante el año pasado mencioné las recurrentes amenazas a Héctor de Mauleón. En la semana, en su columna de El Universal, se dio a conocer el seguimiento de los casos. Primero, señaló de quién provienen las amenazas: un simpatizante de Morena. En segundo lugar, nos informó que quien coordinó las amenazas radica en Puebla y utilizó las instalaciones de la BUAP para amenazar; además de que dos miembros más del grupo han sido detectados en Zacatecas y Houston. En Puebla, parece trabajar también para Moreno Valle. De Zacatecas es el actual delegado en Cuauhtémoc (delegación sobre la que de Mauleón reporteó y cuyos reportajes generaron las amenazas). ¿Por qué Houston? Sospecho que algo podría encontrarse si se remonta al 20 de mayo de 2012. En tercer lugar, se señaló que no sólo Héctor de Mauleón, sino Denise Maerker, Olivia Zerón, Denise Dresser y algunos críticos de Morena también han sido amenazados por el mismo individuo. Como es de esperarse, los seguidores de la “honestidad valiente” denuncian difamación, dicen que el señalado no es de Morena, dicen que de Mauleón ni aguanta nada… ¡Ah, qué recurrente es el compló! 4. Lo malo de no ir a la fuente. Sergio Aguayo escribió para el diario Reforma una nota sobre El deshabitado, última novela de Javier Sicilia –reseñada aquí-. Basándose en la nota de Aguayo, Juan Ignacio Zavala difama a Sicilia en las páginas de El Financiero. Lo malo de no ir a la fuente.

Coletilla. Jean Jacques Rousseau “quiso reinventar el mundo, pero no salió del espejo”, ha dicho Jesús Silva-Herzog Márquez en su contribución para Nexos de enero de 2017. Le debemos una más a su lucidez.