Huachicoleo del alma

Huachicoleo del alma

Parece que la conversación pública padece huachicoleo del alma. Y no lo digo sólo por la oportunidad de la expresión o la permeable presencia del desabasto de combustibles en las ciudades de México, sino por la abundancia de alegatos publicados mas no públicos, politiqueros pero no políticos. Los huachicoleros del alma han conseguido el desabasto de ideas políticas en la conversación pública y la sobreoferta de combustibles antipolíticos. Sólo así explico mi sorpresa: estamos viviendo un ensayo de Estado de Excepción y la preocupación mayoritaria no parece haberse dado cuenta. Sí, ya sé que se me objetará que todavía soy libre de inventarme un Estado de Excepción, que a pesar del desabasto la mayoría de las personas se ha desenvuelto libre y rutinariamente, que las garantías todavía no han sido tocadas, o que todo ha sido magnificado por la verbosidad mediática. Todo lo cual es casi cierto. No afirmo que estamos en Estado de Excepción, sino que estamos presenciando un ensayo de Estado de Excepción. Y añado: el ensayo va resultando tan exitoso que la abundancia de opiniones en torno a él es buena prueba. Intentaré explicarme.

         Desde el poder ejecutivo se ordenó que las fuerzas armadas tomaran control y posesión de las instalaciones de una empresa. Para justificar pragmáticamente la decisión se alegó que fuera de esas instalaciones, pero en algunas propiedades de la empresa, se cometían crímenes. Tomada militarmente la empresa se añadió que la justificación última de la decisión es la soberanía nacional. La justificación última encontró aceptación por varios de los elementos esenciales de la ideología política dominante (y en el poder): la convicción de la superioridad de la unidad sobre la ley, la teología del petróleo y la reinterpretación lópezobradorista del origen de la violencia.

         Que en nuestros días se ha supuesto a la unidad como objeto de cuidado en detrimento de la ley se reconoce desde los días posteriores a la elección: aunque casi medio país no votó por él, se dice, hay que apoyar al presidente para que las cosas salgan bien. Opinión que se refuerza con el protagonismo autocrático de Andrés Manuel López Obrador, quien insiste en presentarse como el camino a la unidad y la concordia. Cierto, entre los eslóganes habituales de su rutinario y limitado discurso, el presidente insiste en que nada contra o sobre la ley, siendo él y no la ley la garantía de lo dicho. “Yo no miento”, insiste. En estos términos, la toma militar de una empresa pública se vio públicamente como aceptable: ¡primero la unidad!

         La teología del petróleo es el discurso nacionalista que para arraigarse en un pasado fabulado cree encontrar la identidad nacional en el subsuelo. Manipulador ideológico de la historia, López Obrador ha insistido -desde hace mas de treinta años- que el destino del petróleo es el destino de México. Incapaz de reconocer al petróleo como un recurso agotable, el presidente ha pretendido que Pemex es la promesa del futuro nacional. ¿Qué pasará con México cuando el petróleo se haya terminado? Encontrará la identidad en el rencor, buscará culpables y sacrificará a los corruptos que hayan “saqueado” a México. Andrés Manuel, profeta petrolero, no será el responsable, sólo el conducto, el enviado. ¿Acaso no dijo en el espectáculo multicolor en que recibió el “bastón de mando” que él ya no se pertenece?

         El carácter sacrosanto y nomotético que el presidente se adjudica tiene una consecuencia importante en la comprensión de la violencia y en la posibilidad de instaurar un Estado de Excepción. Con Felipe Calderón la explicación, casi nula, del origen de la violencia intentó ser legal pero su temperamento la emplazó al desplante y el capricho: del alegato por la salvación de los hijos al desdén desesperado del sólo son malandros. El carácter de Calderón Hinojosa, su falta de templanza, le impidió cualquier condición que acercara al Estado de Excepción. Incapaz de contenerse, el presidente parapetó con la ley su enojo y presumió como tenacidad su capricho. Con Enrique Peña la explicación se impuso, pues su estrategia de erradicar la violencia no hablando de ella quedó calcinada en el río San Juan. Tentado a decretar el Estado de Excepción a partir del reconocimiento de su desprestigio y desdibujamiento público, fue capaz de ver que la violencia misma bloqueaba el intento de rescatar al Estado. Apocado y timorato, Peña Nieto se hizo a un lado esperando que el terror fuese disuasión efectiva. La falta de carácter del presidente redujo las leyes a reglamentos, consiguió que el cumplimiento de los segundos fuese un trámite burocrático, logró que las primeras fueran un rumor académico. La violencia se consideró sólo un problema técnico y fue técnicamente incorregible. Y en el escenario de descrédito de la técnica, el análisis, los reglamentos y las leyes, apareció la modificación de la explicación del origen de la violencia de Andrés Manuel López Obrador: la causalidad moralista. Si la ley es límite contra el Estado de Excepción, la moral podría pedirnos suspender la ley. Si los reglamentos nos impiden el Estado de Excepción, la moral nos dictará modificarlos. Si el Estado de Excepción es técnicamente inviable, la moral corregirá a la técnica. La situación límite no tuvo, ni con Calderón ni con Peña, una interpretación moral. Para López Obrador, la situación límite es moral: me colmaron el plato. En su postura, Andrés Manuel supone que el límite no lo da la ley, o los reglamentos, tampoco los análisis o los especialistas; el límite es Él, el señor presidente, el garante de la moral. El Estado de Excepción ya tiene listo el camino. El desabasto de gasolina va siendo un ensayo exitoso.

         Tres ejemplos para ilustrar el éxito del ensayo.

  1. En Tamaulipas, habiendo tomado control militar de las instalaciones de Pemex, el ejército prohibió a los trabajadores el uso de dispositivos móviles. Los empleados acataron, ya sea porque están convencidos de la moralidad de la medida, ya sea porque están aterrados de nuestro régimen de delación y sospecha. Los lectores de noticias transmitieron el hecho. A los analistas no les pareció raro. ¿Y al lector? No hizo falta modificar la ley o los reglamentos para que un sector de la población renunciara a sus derechos laborales.
  2. En la morbosa exhibición de los desesperados en las gasolineras fue lugar común la aceptación de racionamiento. La población mexicana se habituó a un régimen de guerra sin declaración de por medio. La convicción, según los entrevistados, es moral. Todos dicen estar en contra del crimen. ¿Qué diferencia habría con el racionamiento en el resto de los productos? La facilidad con la que el argumento moral manipula las convicciones vuelve el asunto preocupante.
  3. En el discurso público y las tomas de partido de estos días abundan los alegatos técnicos, legaloides, morales, politiqueros y conspiracionistas… pero casi nadie ha notado la renuncia a los propios derechos, la sumisión de la vida a un régimen extremo que por una presumida superioridad moral ha ensayado un Estado de Excepción. No se ha de prohibir la expresión en tanto carezca de ideas políticas. Para el Estado de Excepción la verborragia es buena herramienta, pues por ella se transmite el imperativo moral.

Vamos, muchachos, sigan saturando lo público con lo que no es político, que ya hasta a la conocida frase de Cosío Villegas ha aludido el simulador. El ensayo de Estado de Excepción va siendo todo un éxito. El huachicoleo del alma nos ha dejado en desabasto de ideas políticas. El mercado sólo tiene combustibles de inflamación del ánimo. Todo está puesto para que, inflamados los ánimos, del ensayo pasemos a la ejecución. ¿Y cuando la moralina no sea suficiente?

Námaste Heptákis

 

Coletilla. Hoy, estimado lector, nuestro blog celebra 10 años. Quiero agradecerte a ti y a mis amigos. Tanta complicidad, ¿dónde encontrarla? “Mis amigos son unos malhechores, convictos de atrapar sueños al vuelo, que aplauden cuando el sol se trepa al cielo y me abren su corazón como las flores”. Gracias.

La vida en un tiempo enfermo

La vida en un tiempo enfermo

 

Estamos enfermos de

predicciones y recuerdos

Quizá la más terrible de las consecuencias prácticas del historicismo sea la resolución. Considerar a nuestros tiempos impulsados por un pasado fatídico y dar a nuestra acción una importancia tal que sea siempre necesaria es consecuencia directa de la fe historicista. Creer que se tiene demasiada claridad sobre el pasado suele engendrar la convicción de una claridad suficiente sobre el futuro. De ese modo la acción se vuelve imperativa: hay que hacer algo, y hay que hacerlo ahora… Así nuestro tiempo enfermo. Mas no basta señalarlo, que la crítica al historicismo, a la fe en el progreso o a la insensatez de la resolución ni son nuevas ni son desconocidas. Los jóvenes marxistas que en el pasado se engrieron con el banderín del “¿Qué hacer?” para sostener la inevitabilidad de la revolución, después se negaron a reconocer el infierno soviético y ahora creen que su proyecto no fracasó, sino que solamente no se realizó a plenitud. Había que hacer algo, piensan; se reconfortan creyendo que al menos ellos sí lo hicieron. Mas no basta señalarlos, que siempre habrá más dedos para apuntar a los demás. Señalar y denunciar no son necesariamente críticas; no todas las críticas disuelven las imágenes: nos falta imaginación. Traigo a cuento el problema, porque el inminente aniversario 40 de la muerte de Jordi García Bergua [1956-1979] me ha recordado su Karpus Minthej, quizá la novela mexicana que mejor presenta el problema de la resolución.

         Karpus Minthej parece escrita en dos partes, pero en realidad se conforma de seis. Dos de ellas, la segunda y la tercera, señaladas como partes. Tres, la cuarta, quinta y sexta, señaladas como apéndices. Una, la primera, como una carta que presenta el resto. Precisamente, reconocer la unidad de las partes es comprender el ejercicio de imaginación de García Bergua y, con ello, leer cuidadosamente la novela.

         Si atendiésemos únicamente a las partes de la novela que se señalan como partes, tendría que decirse que Karpus Minthej es la historia de la muerte de Karpus Minthej, joven europeo enfermo de Modernidad. Y efectivamente, a lo largo de las dos partes señaladas como partes se nos presenta el proceso de enfermedad de Karpus Minthej y la terrible consecuencia que su enfermedad conlleva. Problema con ello es que en ninguna de las dos partes muere Karpus Minthej; lo enfermo y la muerte dan sentido a las partes, pero más allá de sí mismas.

         Si atendemos a la carta inicial, Karpus Minthej es el informe detallado de un científico que pretende demostrar la inocencia de Karpus a fin de lograr la absolución de la justicia por los crímenes que cometió. De este modo, las dos partes señaladas como partes serían la descripción del científico que pretende defender a Karpus. De ahí que dichas partes expliciten la enfermedad. Genialidad del autor: comprender al nihilismo como enfermedad es una interpretación cientificista de la misma Modernidad enferma. Nietzsche exageró evidentemente esa comprensión; García Bergua leyó de tal modo a Nietzsche que reprodujo poéticamente la exageración. Eso da, por tanto, una distancia en la lectura que nos pide considerar los tres apéndices.

         Por los apéndices de Karpus Minthej nos enteramos que el científico que redactó la carta inicial y las dos partes señaladas como partes no es el autor de la novela Karpus Minthej, por lo que no podemos concluir que la novela tenga la misma intención que el informe científico. García Bergua no nos permite saber quién recopiló los apéndices, y el impedimento es parte de su ejercicio literario. Si Jordi García Bergua hubiese construido al personaje-autor de Karpus Minthej, Jordi García Bergua se comprometería a encontrar solución al problema de la resolución; cayendo en el problema mismo. La resolución se entiende a través de Karpus Minthej precisamente porque la vida de Karpus resuelta en el drama no está resuelta en la trama. Esa contradicción sólo puede ser presentada poéticamente, sólo se origina en la crítica que opera la imaginación.

         El tercero de los apéndices de una vuelta más sobre la imposibilidad de solucionar la resolución. ¿Y si la resolución es aniquiladora de sí misma? Y si el hombre más inteligente comete el más grande crimen, ¿una trepanación podría ser la resolución final? Si lo fuese, gana el nihilismo. Si no, Jordi García Bergua habría logrado mostrar que la resolución siempre es una trepanación. ¿Cómo sobrevivimos los trepanados? Bien haría mi generación (y la que le sigue) en leer Karpus Minthej.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. A partir del lunes 7 se registrarán las asociaciones políticas con intenciones de recibir el reconocimiento como partido político nacional. Ante la incertidumbre del camino que les toque transitar, el Frente Nacional por la Familia decidió probar suerte en más de uno de los grupos que buscarán el registro. Así, tienen gente entre los margaritos, lo mismo que andan en negociación con la Maestra o con la última dirigencia de Nueva Alianza. De parte del Yunque, sus representantes tienen fuerza en lo que sería el partido México Independiente. Y por la izquierda, sus miembros se han colado en dos de las principales organizaciones. En febrero sabremos cuántas organizaciones quieren convertirse en partido político y entonces veremos por cuántos caminos está apostando el Frente Nacional. Mientras, los defensores de derechos humanos duermen en los laureles de la 4T.

Coletilla. No entiendo. Si dicen que los Reyes Magos son los papás… ¿entonces soy hijo de un ménage à trois?

El soledoso arte de narrar

El soledoso arte de narrar

Algunos creen que el escritor imagina una trama completa y la distribuye habilidoso en frases. ¡Eureka, tenemos una novela! Otros más consideran que el escritor tiene una idea y va buscando modos de expresarla, tasando la gramática alquímicamente. No faltará quien piense que para narrar se requiere primero la privilegiada mirada que reconoce entre lo diario aquello que puede ser narrado. O bien, habrá quien crea que la obra literaria es producto de la planeación, el ejercicio y el profesionalismo. ¡Metodología de la obra maestra! Pues los lectores preguntamos con entusiasmo por la obra literaria, creyendo que el autor es la autoridad para respondernos todo sobre la obra. Creencia, por cierto, que encuentra su problematización más literaria en Versos de vida y muerte de Amos Oz.

La novela de Oz ofrece una apariencia inicial: se trata del discurso interno de un escritor que reflexiona sobre el arte narrativo a causa de un evento cultural en que será cuestionado sobre su obra literaria. Así, la novela nos va presentando el monólogo interior del autor (que permanece anónimo a lo largo de la obra, pero que es popular y famoso; contradicción, por cierto, con la que Oz nos permite ir más allá de la apariencia inicial. El autor se llama a sí mismo el autor en su discurso interno; nadie se nombra a sí mismo como el autor al interior de su alma. Oz es el autor de un autor que es autor de un autor), al tiempo que va desarrollando lo que parece ser la acción. La acción, empero, nunca se presenta directamente, sino por medio de lo que en la apariencia inicial es el discurso interno del escritor. ¿La acción se realiza por la narración del escritor o el escritor narra la acción realizada?

En cuanto nos percatamos que la acción de la obra siempre es incompleta, o potencial, también nos percatamos de la inexactitud de la apariencia inicial: el discurso interno del autor reúne indistintamente los pensamientos y las impresiones, las reflexiones y las imaginaciones, del personaje llamado el autor. Distinguir la indistinción es importante porque apunta al hecho literario. Cierto, el autor sentado en la mesa de un café imagina el pasado y el futuro de la mesera, la peripecia de quienes ocupan la mesa contigua, la tragedia del conocido común de los vecinos de mesa, la relación posible entre el conocido común y la mesera, o entre la exnovia imaginada del exnovio imaginado de la mesera apenas vista y el imaginado desconocido conocido común de los vecinos de mesa… El discurso interno del autor es imaginación de la experiencia cotidiana, al tiempo que narración, recreación de esa misma experiencia. ¿Las acciones ocurren realmente o es nuestro modo de reunir la experiencia lo que nos permite reconocer las acciones?

Si no hay acciones fuera del marco de un discurso, el origen del discurso es la fuente de nuestra vida diaria. Vivimos en tanto hablamos; los hablantes somos los creadores de lo que vivimos. Sin embargo, Oz no permite que lleguemos a esa conclusión tan sencillamente. El que en la apariencia inicial es el discurso interno del autor y que en una segunda mirada es la imaginación narrativa de un autor aparece pronto como el discurso interno del autor, de aquellos con los que se relaciona el autor y del punto de vista del espectador que es el lector (algo así como ese efecto único de Virginia Woolf al cambiar la fuente de la narración entre los personajes sin que ninguno agote la narración por sí misma). O bien aquello que nos narra nos hace narradores que crean el marco desde el que surgen las acciones, o bien el autor es narrador de las narraciones ajenas y la vida es la reconstrucción literaria del desconocimiento de los otros. ¿Qué es aquello que nos narra? ¿Qué autor puede ser tal que su narración reconstruya la vida de los otros?

No se trata en Versos de vida y muerte de crear con la palabra, aunque a varios lectores les podría ser fácil esa blasfemia. El título de la obra está tomado del título de una obra que forma parte del discurso interno de la obra misma. Versos de vida y muerte nos presenta en varias de sus páginas algunos fragmentos de los poemas de un personaje que intituló su poemario Versos de vida y muerte. La narración novelística crea la obra poética. El lugar de los poemas es el intrincado sitio desarrollado en la novela. En la ejecución de la obra poética encontraremos el lugar de la creación novelística.

Versos de vida y muerte (poemario) es una obra tradicional del sionismo que reivindica al Estado de Israel y a los valores del mismo Estado. Según nos enteramos por la novela, los poemas fueron muy populares en un momento anterior a aquel en que se desarrollan el discurso y la acción de la novela; ahora, no se sabe si el autor sigue vivo y sólo los mayores recuerdan los poemas. La popularidad se explica por la intención nacionalista de los versos. Los poemas arraigan entre la gente, se popularizan, se vuelven necesarios, cuando expresan las opiniones de su tiempo, cuando confirman las convicciones de sus coetáneos, cuando nos dan la razón. Versos de vida y muerte (poemario) es el opuesto a Versos de vida y muerte (novela), que ve con ironía el nacionalismo, que cuestiona las opiniones de su tiempo, que impide confirmar cualquier convicción de sus coetáneos. En tiempos en que los lectores opinan que el lenguaje es sólo un problema, Amos Oz nos hace preguntarnos sobre la distinción entre palabra e imaginación, difuminando dicha distinción. En tiempos en que algunos lectores tienen la convicción de que el lenguaje es yahvista, Amos Oz nos conduce a considerar que el lenguaje sólo es posible por la distancia que da la imaginación: los hombres no creamos con las palabras, sino que por ellas salen a la luz las creaciones. ¿Quién crea? Amos Oz crea un autor que crea un discurso que crea a un autor que crea un poemario que crea a un autor que crea un modo de vida. El autor concluye con toda autoridad: la vida es una alegría que acaba en llanto. ¿Entonces quién crea la alegría? ¿Acaso podremos evitar el llanto?

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. Un accidente demasiado perfecto. Tras él, el presidente interpreta los hechos como un problema moral: que no lo acusen los neofascistas. El problema, empero, es legal. Ni el presidente por encima de la ley, ni la moral como excepción de lo legal. Fue un accidente demasiado perfecto.

Coletilla. La revista Letras Libres celebrará 20 años con su número de enero de 2019, un número imperdible, lector, que has de ir a comprar lo antes posible. ¿Por qué? Porque su portada será origen de una polémica importante; podríamos decir que la ilustración de portada llevaría por título “La Rapsodia Bohemia de López Obrador”. El artículo principal es de Enrique Krauze y está dedicado a una detallada revisión de los libros de historia que ha escrito el presidente López Obrador. El historiador muestra la distorsión ideológica de la historia que permea en las opiniones del político que se jacta de estar haciendo historia. Además, el número incluye una narración de Héctor Manjarrez (que este año publicó sus relatos reunidos en Historia), un ensayo de Ian Buruma sobre la libertad del arte y poemas de Hernán Bravo Varela. Además, se celebran cincuenta años de traducción poética de Gabriel Zaid, presentando versiones del sabio mexicano a poemas de: Voltaire, Po Chu Yi, Shakespeare, Geoffrey Hill, Paul Celan, Janos Pilinszky, Richard García, George Bataille, Jan Zych, Fouad El-Etr, Dorothy Parker, Nerval, Safo, Vidyápati y Pessoa. Imperdible, lector, Letras Libres de enero de 2019.

El barco en el puerto

El barco en el puerto

 

Revisitando la primera parte del poema “Del Egeo” de Odiseas Elitis.

 

¡Eros!

Y el archipiélago:

la proa de sus espumas

de sus sueños las gaviotas

y una canción el marinero ondea

en el mástil más alto.

 

¡Eros!

Y su canción:

los horizontes del viaje

de la nostalgia el eco

y aguarda la prometida un barco

en la más mojada roca.

 

¡Eros!

Y el barco:

desinterés por los vientos

de la esperanza la vela

y el arribo que mece la isla

en el más ligero oleaje.

 

Escenas del terruño. Consecuencias de la austeridad de la cuarta transformación. Primero, por los reajustes presupuestales en la UNAM, Joaquín Díez-Canedo dejará la Dirección de Publicaciones; una lástima para cualquier editorial perder a uno de los mejores editores del país. Segundo, la Biblioteca de México ha perdido a su director, don Eduardo Lizalde, quien tampoco conservará sus espacios en el IMER. Tercero, la Caniem advierte: el presupuesto asignado a la producción de libros de texto gratuito para 2019 será insuficiente. No sólo es grave para el funcionamiento del programa de textos escolares, sino que avisa del riesgo de utilizar la proyectada editorial única del Estado para cubrir la demanda. ¿Así o más clara la destrucción del Fondo de Cultura Económica?

Coletilla. “El estúpido es el que no se da cuenta de que la inteligencia existe, pero es ajena”. Julio Hubard

Estereoscopia del alma

Estereoscopia del alma

Maravilla la mirada del poeta cuando en la imagen reúne los rasgos de la diversidad del mundo. Leer poesía, pensar las imágenes, reconocer lo múltiple y distinguir lo uno, es siempre maravilloso. Descubrir que por el logos una imagen reúne lo disperso y que la imagen nos permite la unidad, da qué pensar sobre la vida del libro, de las letras, de las lecturas… de quien vive leyendo. Compartir emocionado las maravillas, contagiar las lecturas con entusiasmo, leer juntos para encontrar los tesoros escondidos (frase de conocido personaje), da qué vivir. Leer, cuidar lo leído y meditarlo en el alma, que el alma se mire a sí misma e intente una imagen de sí, que el alma reflejada en el espejo del discurso se reúna en una misma imagen para encontrarse nuevamente a sí misma, que el alma vuelva a sí la mirada sin bizco alguno, a todo eso podemos llamar estereoscopia del alma.

Ejemplo de estereoscopia podemos encontrar en la Gacela del amor maravilloso de Federico García Lorca.

Con todo el yeso

de los malos campos,

eras junco de amor, jazmín mojado.

 

Con sur y llama

de los malos cielos,

eras rumor de nieve por mi pecho.

 

Cielos y campos

anudaban cadenas en mis manos.

 

Campos y cielos

azotaban las llagas de mi cuerpo.

 

Breve, el poema está compuesto deliberadamente de opuestos que se reúnen en una misma imagen. Prueba de ello es que los versos 7 y 9 reúnen los opuestos de las primeras dos estrofas e invierten su enunciación para recalcarlo. El poeta contrapone deliberadamente los cielos y los campos; el poema es la imagen que reúne campos y cielos. En la medida en que el campo se opone al cielo, el poema crea la imagen de la totalidad del mundo. Es el mundo como totalidad el escenario del amor maravilloso; casi suena a Fray Luis… Sin embargo, el poema toma un camino muy distinto al de la maravilla del mundo. Nada reúne, a primera vista, el último verso de la primera estrofa con el conjunto que forman por su final los últimos versos de la segunda estrofa y ambos pareados. El pecho, las manos y el cuerpo no parecen reunirse con facilidad al jazmín mojado. ¿Estamos ante otro opuesto? ¿Disarmonía del mundo?

Algo pasa entre los terceros versos de las estrofas que da movimiento al poema. Comparadas entre sí, ambas estrofas son correspondientes: mismas letras iniciales de cada verso, misma duración de los dos primeros versos, mismo esquema acentual y rítmico. Mas no es así en los versos terceros. La correspondencia se rompe y el verso bimembre de la primera estrofa da lugar a un sonorísimo endecasílabo en la segunda. El junco de amor de la primera estrofa se reúne sonoramente en el rumor de la segunda, la reunión da vitalidad y fluidez al verso, sonoridad del río que corre al lado de los juncos. La vida entre los juncos de la primera estrofa resuena para que escuchando su rumor en la segunda estrofa haga aparición el cuerpo. El poema reúne la vida y el cuerpo, el oído y la vista, una movilidad y un reposo. El poema maravilla.

La primera estrofa tiene su propio juego de contraposiciones. El blanco del yeso se contrapone a la blancura del jazmín. El campo de juncos es una contraposición en sí misma: Aaru era el reino de Osiris, el dios egipcio de la resurrección. Claro, el yeso del campo refiere inmediatamente a la muerte: el yeso de los sepulcros hace de los campos unos campos malos. Su maldad, obviamente, no proviene del tipo de tierra, sino de aquello a lo que ha sido destinada: infertilidad voluntaria. Campos malos para el amor, si el amor ha de ser fértil. Precisamente ahí reluce la blancura del jazmín, quien no renuncia a su fertilidad, sino que reconoce que su voluntad lo hace infértil. El yeso embellece la tumba de quien no conoce su deseo: sepulcro blanqueado. El jazmín, mojado por la brisa matutina, por su descubrimiento, por lo que ha sabido de sí, reluce entre los malos campos con la naturalidad de su deseo. El alma sabe de sí como amor maravilloso.

La segunda estrofa presenta el temor del alma ante lo aterrador del mundo, reuniendo oposiciones en sí misma y con la estrofa anterior. Sonoramente el palatal fricativo de la primera estrofa se transforma en un palatal lateral en la segunda: de yeso a llama, señalando con ello la diferencia del objeto de comparación, pues la fertilidad se juzga en la tierra y las intenciones desde el cielo. Lo cual se indica con la dirección de las llamas, con la lluvia de fuego (Génesis 19:24). Se presentan como malos los cielos que condenan el amor del jazmín. Mas el jazmín no vuelve atrás la mirada, no será yeso ni estatua de sal. Aquí, en el drama pleno, aparece el verso más sonoro del poema, a la mitad misma del poema. Eras rumor de nieve por mi pecho es, al mismo tiempo, un consuelo ante las llamas amenazantes, como un dolor ante la inevitabilidad de la pérdida. El alma se refresca con el amor cuando la acecha el mundo; el alma se hiela cuando se descubre solitaria… el otro ha mirado atrás. El alma descubre en el amor la maravilla del dolor y del consuelo.

La maravilla descubierta por el poema produce la imagen que muestran los pareados: el martirio de San Sebastián. Desde los cielos hasta los campos (extremos de la oposición) el mundo se reúne en aquel que está sufriendo por el amor. El sufriente, encadenado al amor, tiene las manos anudadas: entrega su amor, se entrega y al entregarse sufre. El sufrimiento se incrementa con los azotes en las llagas, por lo que el cuerpo se vuelve realidad al alma. Por el amor, el alma descubre su presencia en el mundo y se maravilla. ¿Qué es lo que maravilla al alma? Que nada es tan simple en el mundo como para solo gozar. Que detrás de los juncos yace la vida, aunque no participe de la eternidad. Que a veces, como con Federico García Lorca, lo eterno es la maravilla de solo saber amar.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Fernando Escalante Gonzalbo considera que la revuelta de los “chalecos amarillos” es señal de la política por venir: un liderazgo que se forma desde el descrédito partidista, una reforma impopular y la calle como único escenario de resolución del conflicto. 2. Dijo el señor presidente López Obrador que él no donará su sueldo, como la secretaria de Gobernación, pues es pobre y con su sueldo debe sostener a su familia. ¿Pues no que durante sus 12 años de desempleo y campaña vivía de las regalías de sus libros? 3. Durante las vacaciones decembrinas se negociará el pago de bonos de lo que iba a ser el nuevo aeropuerto. ¿Negociación en vacaciones? Pero ahora los políticamente correctos miran a otro lado. 4. Dijo el secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, que en la propuesta educativa de la cuarta transformación se propone que en los exámenes “se vale copiar y se debe copiar porque se debe trabajar en equipo”. 5. Con alevosía, los senadores de Morena, PES, PT y Verde expulsaron a Juan Zepeda de la Comisión de Justicia. Haciendo valer su mayoría, lo defenestraron en comisiones y ratificaron la destitución en el pleno. En la discusión se supo que Morena obtuvo los votos de los otros tres partidos con mentiras. Además, la expulsión fue alevosa porque se hizo a horas de que el senador se sometiese a una cirugía programada, lo que limita su posibilidad de defensa. Y estos senadores son los que aprobarán la constitución moral. 6. La cuarta transformación claro que hará historia. Tres ejemplos. Primero, ¿gusta usted de la radio pública? Pues aproveche las siguientes dos semanas para escucharla. La austeridad del nuevo régimen ha decidido cancelar contratos de quienes en el IMER trabajaban por honorarios, por lo que estaciones como Reactor, Opus y Horizonte tendrán, a partir del 1 de enero, menos conductores y menos programas. Adiós a los viernes de blues con Raúl de la Rosa, o a los martes de la misma pieza en muchas versiones con Javier Platas, o a los descubrimientos musicales de Oscar Sarquiz, o al programa de música brasileña, o a las tardes de piezas barrocas, o a las noches de sábado soulero, o al programa de música y leyendas gitanas, o la serie de historia de la música con el maestro Álvarez del Castillo… hasta el dinosaurio de las mañanas dominicales se irá. La cuarta transformación llegará hasta los oídos. Segundo, ¿gusta usted de los libros del programa Tierra Adentro? Pues al menos para mí era indispensable leer cada año los libros editados por su fondo editorial, pues eran la ventana a los literatos jóvenes. Ahora, han sido despedidos los trabajadores del programa. A partir de enero ya no habrá programa Tierra Adentro; quizá se vuelva una colección del Fondo de Cultura Económica. La cuarta transformación se enquistará en los libreros. Tercero, ¿es usted aficionado de la ONEFA? El equipo de futbol americano Centinelas, en sus versiones máster, profesional, juvenil, femenil e infantil, desaparecerá junto con el órgano de guardias presidenciales por decisión del nuevo régimen. La cuarta transformación hasta en el emparrillado.

Estantería. 1. Bellísimo perfil de Martí Soler, de la pluma de Jorge F. Hernández. 2. Carlos Eduardo López Cafaggi narra la despedida de Leonard Cohen al amor de su vida: la inspiración. 3. José de la Colina publicó, surfeando en la mente, un decálogo del escritor de minicuentos.

El artificio de la mendacidad

El artificio de la mendacidad

 

Siete cuentos morales es una obra maestra. A través de sus páginas el lector puede descubrir una inusual reflexión sobre el arte literario y reconocer una sabia mirada sobre la acción humana. En el más reciente libro de John Maxwell Coetzee el lector podrá encontrar un artificio por el que se muestra el problema de la moral, artificio tan cuidadosamente construido que vuelca sobre sí mismo y reflexiona sobre la artificialidad: la autoridad moral de Elizabeth Costello cuestiona sobre la moralidad literaria; la autora que incomoda a sus lectores se lee a sí misma para incomodarse. El lector termina Siete cuentos morales maravillosamente incómodo.

         El último capítulo, intitulado “El matadero de cristal”, es el panóptico de la curiosidad que opera por seis lentes distintas y correspondientes. En lo narrativo, el capítulo nos vuelve a presentar a una anciana Elizabeth Costello, pero ahora señaladamente accesible por la mirada ajena y la sospecha sobre la mirada. El hijo de la novelista australiana recibe los cuadernos de notas de su madre “para ver qué se puede hacer con eso”, y el capítulo nos muestra la búsqueda de sentido entre las notas. O dicho por tercera vez: el capítulo expone la capacidad lectora del hijo, al tiempo que muestra la dificultad de la lectura cuando un gran escritor no ha ordenado lo leíble. ¿Cómo entender a la incómoda Elizabeth Costello desde una mirada ajena? ¿Acaso no es el mismo problema la comprensión de cualquier personaje literario? ¿O no es el problema mismo de la literatura? ¿O será el problema de la vida? El lector podrá pensar sobre la actividad lectora en el panóptico de la curiosidad reflejado en la presentación coetzeana de la incomprensión literaria del lector ficticio de la escritora ficticia.

         A lo largo del último capítulo, la curiosidad es presentada a partir de dos actividades: la lectura y la visión. En el primer apartado, el hijo lee el origen de una perturbadora idea de la madre: construir en el centro de la ciudad un matadero de cristal para mostrar a todos el horror de los rastros. El hijo sentencia sin titubear: no será posible, pues nadie quisiera ver un matadero y es antihigiénico. La escritora cree que ambos motivos son suficientes para llevarlo a cabo. El lector, en tanto, también lo sabe: comprende la precaución burguesa del hijo, tanto como la crítica de la madre. Ni el lector, ni la madre, ni el hijo hacen nada: la idea del matadero de cristal parece quedar sólo como un desagradable proyecto. La primera sección del capítulo aparenta inconclusión.

         En la segunda parte, el hijo lee entre las notas de la madre el relato de un sacrificio que ella presenció. La escritora vio a un joven moreno llevando en brazos a un cabrito blanco, camino al matadero. La escritora resalta el contraste cromático de la escena y la armonía sentimental entre la tranquilidad del cabrito y la seguridad del joven. La muerte, parece decir, es sólo un problema operativo. Tranquilo va el cabrito camino al matadero; seguro administra la vida el que tiene el poder. La escritora lo mira todo aterrada: un sacrificio arrebata su tranquilidad, la muerte disipa toda seguridad. El hijo lee a la madre: tranquilamente reconoce un problema moral, seguro está que el relato es sólo literatura. El lector, ¿lleva en brazos el libro, es conducido por otro, o espera profesional en el patíbulo?

         La tercera parte presenta al hijo leyendo un fragmento que su madre escribió sobre Heidegger. En primera instancia, resalta que al hijo le interesa el fragmento por mera curiosidad, pues reconoce no haber leído a Heidegger, ha oído que es muy complicado y quisiera ver qué podría decir su madre sobre él. El asunto se complica cuando la Costello reflexiona sobre el amor de Heidegger, cuando considera que su amorío con Hannah Arendt es la exhibición suficiente de la incorrección de su pensamiento. Para Costello, la imagen del profesor exultante en la cama con su alumna es prueba suficiente de la reducción del mundo: la mundanidad se reduce al instante extático. La escritora produjo una imagen para juzgar lo que leyó, pero la imagen surgió incompleta. El hijo lee la imagen incompleta de la madre, no imagina razones para la incompletitud; lo razonable es suponer que se trata de un boceto que cualquier día podría ser terminado. La mundanidad de Costello se produce literariamente, la del hijo moralmente. El lector, ¿ve más allá de la imagen de Costello, o imagina las razones del juicio del hijo? ¿Acaso es por el lector que la imagen, el relato y la lectura no se completan?

         La cuarta parte presenta la lectura del hijo a una página del diario de la novelista. Ahí, la australiana relata su asistencia a una conferencia en que el especialista narró a detalle un experimento cartesiano con un conejo. Perturbada, la Costello apuró su salida de la conferencia y en el vestíbulo del auditorio se hincó a pedir perdón y clemencia por el maltrato animal; en su alma permeaban perturbadores versos de Blake. El hijo concluye la lectura del relato y anota en alguna de las hojas que se ha comprobado científicamente que en las condiciones del experimento cartesiano, el conejo no experimenta sufrimiento. Nuevamente contrastan los involucrados. La Costello se niega a presenciar la conferencia-matadero y produce literariamente su mundanidad: la poesía de Blake abre el camino a la plegaria que el placer sexual cerró a Heidegger, espectador del matadero. El hijo, espectador de la ebullición de los placeres de Arendt y Heidegger, confirma seguro ‒y con aval científico‒ los límites de su mundo: la información se administra con la confianza imperturbable ante lo incompleto, i.e. progresivamente; el progreso nos da razones para ocultar el matadero. ¿Y el lector? Hay lectores que creen que el Juicio Final nunca estará cerca; los mataderos, por higiene, no están en el centro de la ciudad.

         La quinta parte presenta al hijo leyendo la nota más extensa del paquete, que es una reseña inconclusa sobre los animales y el modo en que el hombre se relaciona con ellos. En el texto, Costello se sorprende por el argumento del libro. La empatía, dice el libro, es una producción humana que podría datarse a finales del siglo XVIII, tras la instauración del subjetivismo moderno. Siendo así, nuestra consideración empática del dolor animal no asegura la comprensión del sufriente, sino que confirma la construcción por la que operamos nuestra conceptualización del dolor ajeno. Obviamente, leer una idea semejante hace que la escritora vea cuestionada su mundanidad literaria. ¿Acaso no es el escritor quien produce un artificio para operar las subjetividades? ¿Conoce el novelista a los sujetos que crea? ¿Cervantes podría ser empático con Alonso, Flaubert con Emma o Mann con Hans? ¿Y qué de Coetzee con Costello pensando sobre esto? ¿Y el lector? ¿Leer es ser operado por el artificio literario para operar las subjetividades dispuestas por el productor del artificio? ¿Acaso para ser lector se requiere que un gran novelista produzca en nosotros su artificio? ¿Podemos leer algo no ordenado por un gran autor? ¿El lector es una producción humana? Costello aprende en el libro que la salida al abismo de la producción moderna se encuentra en la angelología de Santo Tomás de Aquino, quien podía comprender la superioridad del hombre sobre las bestias por la inteligencia, tanto como la inferioridad de la intelección humana respecto a la inteligencia angélica. La jerarquía bestia<hombre<ángel no se funda en ningún principio empático, ni en producción alguna, sino en la comprensión de lo real y el reconocimiento de la propia labor especulativa. Costello reconoce ahí una lección de modestia. Coetzee no nos dice lo que de ello piensa el hijo. ¿Lo sabe el lector, o al leer esto no sabe ya ni en qué piensa?

         El último apartado del último capítulo es el único donde el hijo no aparece leyendo, sino solamente conversando telefónicamente con su madre. Ella comenta dos cosas. Primero, que algo le pasa, pues padece olvidos y ya no puede completar sus escritos. Ella explica al hijo que eso es natural: siendo material el cerebro habrá un desgaste inevitable. Explicación suficiente para el hijo; ingenioso artificio por el que la escritora oculta el asunto principal y cambia de tema. Segundo, que vio por televisión un documental sobre la administración industrial de los pollos. La televisión opera como el matadero de cristal, aunque no al centro de la ciudad, sino de la casa; es un matadero que ya no perturba, sino que confirma la seguridad del progreso y su moralidad. Costello, en cambio, con su mundanidad literaria construye el artificio por el que se podría volver a la plegaria. Costello, la perturbadora, escribe para que imaginemos las otras mentes. El artificio literario podría mostrarnos la crueldad del cristalino matadero que se nos ha vuelto la moral. Una obra maestra como Siete cuentos morales es el camino por el que Coetzee nos ayuda a pensar el artificio de la mendacidad. Nada más.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El sábado pasado, el presidente declaró que ya no se pertenece pues es del Pueblo. El doctor Lorenzo Meyer escribió el pasado domingo que el presidente es comparable a Hércules. El culiatornillado Porfirio Muñoz Ledo declaró el lunes que el presidente es un iluminado. El martes, José Blanco celebró que tenemos un presidente en servicio de los humanos, primero de los pobres. Y así… 2. Ante los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, el presidente pontificó: la verdad es revolucionaria, la mentira es reaccionaria y del diablo. 3. Saldo de la primera semana: tres periodistas perdieron su espacio en radio (Eduardo Ruiz-Healy, Carlos Loret de Mola y Ana Francisca Vega). ¿Cuándo será la marcha sobre Reforma para denunciar la censura? Ah, claro, la indignación es selectiva y vivimos nuevos tiempos. 4. Christopher Domínguez Michael ha escrito la mejor crítica sobre la posible designación del nuevo director del Fondo de Cultura Económica.

Coletilla. José Antonio Aguilar Rivera da cuenta de un milagro académico: tesis de maestría de un político mexicano que creció milagrosamente y fue publicada como libro con elogios y bendiciones por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Usted, compatriota, financió un plagio.