Política: razón y ocio

Política: razón y ocio

 

La política es la actividad de los hombres libres. O al menos eso pensaron los filósofos políticos de la Antigüedad. Actividad propia de los libres no por un prejuicio de clase, como usualmente se supone, sino porque su ejercicio es voluntario. Sólo los hombres libres pueden decidir dedicarse a la política. Sólo los hombres libres pueden elegir alejarse de la política. Por ello la política no podría ser una profesión. Al profesional de la política se le llamaba sicofante, y su fama –como ahora- no era buena. El hombre libre decidía dedicar su tiempo a la política. No dedicaba el tiempo libre, lo que algunos llaman ocio, sino que a la política dedicaba su tiempo libremente. La libertad del hombre dedicado a la política no era una libertad económica, sino absolutamente política. Sólo a nosotros los modernos, quienes hemos perdido de vista lo político, se nos vuelve económico el problema del ocio y, por ello, se nos plantea como progreso la posibilidad de la política: solucionar el problema económico para garantizar la libertad política. Pero el hombre libre también puede elegir no dedicarse a la política. La solución económica no es necesariamente solución política.

         La solución económica no puede garantizar la libertad, porque la libertad sólo es política. La solución económica sólo puede garantizar la manumisión (sobre todo ahora que ya no tenemos –formalmente- Circo Romano). El liberto no es político, simplemente ya no es esclavo. ¿Puede ser político un esclavo? ¡No vayamos por ahí, que se nos cuela la esencia de la rebelión! (Compárese la salida de los judíos de Egipto con la revolución económica de los Gracos). La libertad sólo se garantiza con la política. Una política que no vela por la libertad será alguna forma de ejercer el poder, pero no una forma de la política. Un ejercicio del poder fundado en la necesidad no es un ejercicio político, pero puede ser un efectivo ejercicio económico. Podemos tener prosperidad económica y no ser políticos. Sin política, pero con economía, podemos aspirar a la prosperidad de los libertos y los sicofantes: prosperidad de la crueldad y la delación.

         Cuando los profesionales de la política, y quienes ejercen el poder por su influencia económica, justifican sus decisiones, propuestas y programas, por la necesidad y la fuerza, ponen en riesgo la posibilidad de la política. Cuando un aumento de impuestos (supongamos que a la gasolina) sólo se justifica por la necesidad (turbulencia económica extranjera, alza de los precios del petróleo o estabilidad del mercado), se pone en riesgo la posibilidad de la política. Cuando la oposición al aumento de impuestos sólo toma la forma de ejercicio de la fuerza (que el presidente decrete inválida la ley que produce el aumento, que va a despertar el México bronco, que tomemos las gasolineras), se pone en riesgo la posibilidad de la política. Cuando una sociedad, ante su posibilidad política en riesgo, no puede ponerse de acuerdo, sólo le quedan la delación y la crueldad.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El lunes pasado, en la conmemoración de los 27 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, los padres de los desaparecidos fueron encapsulados por la fuerza pública durante su visita a la Basílica de la Virgen de Guadalupe. Se impidió a los padres participar en la misa en el altar central y fueron conducidos a una sala alterna, donde el obispo Raúl Vera ofició sin que los funcionarios del centro mariano facilitaran lo necesario para la ceremonia religiosa. Hace dos semanas comenté aquí que el Cardenal Norberto Rivera quería oficiar la misa como parte de su estrategia de reposicionamiento público y reinvención política -estrategia generada tras el nombramiento del nuevo Cardenal-, pero ante las dudas de los padres sobre las nuevas intenciones de Rivera, el Cardenal Primado -quien ahora se inventa el discurso de combatiente de la pederastia-decidió bloquear la misa de conmemoración por los 27 meses de la desaparición. Rivera Carrera está nervioso, su tiempo se acaba. El año siguiente la jerarquía católica estará muy activa. 2. Luis Miguel González reflexiona, en El Economista, sobre los efectos a corto, mediano y largo plazo del aumento en el precio de las gasolinas. 3. El IFT contribuye a la formación del Estado totalitario. Dentro de los lineamientos que entrarán en vigor a finales de febrero, se considera crear un Comité (¿de salud pública?) que tenga la facultad de dictaminar la suspensión “precautoria” de las transmisiones de algún medio que, a juicio de los miembros del Comité, viole los derechos de la audiencia. Si los conductores de los noticieros de radio y televisión no “distinguen” entre la opinión y la información, es decir si editorializan, se podría suspender la transmisión de su medio. Y todavía no hay nadie protestando. Mensaje para los  bolivarianos nacionales: la reforma también incluye a Carmen, pues también aplica para radio y tv restringidas. ¿Ahora sí van a protestar?

Coletilla. “Nuestro tiempo, por mucho que hable de economía, es un despilfarrador: despilfarra lo más valioso, el espíritu”. Nietzsche

 

Navidad una, sólo una

Navidad una, sólo una

 

Me molesta la paganización de la Navidad, a pesar de que por ella la celebración se mantiene. Entre las expresiones populares es común escuchar que la Navidad es la oportunidad de que dios nazca en el corazón de las personas, de que renazca el amor en el alma de la gente, de que la vida se abra nuevamente a la eternidad… Y todo lo que la espiritualidad posmoderna gusta decir y escuchar. Sin embargo, en Navidad dios no renace, ni dios nace cada año al final de la Noche Buena, ni hay una renovación de los pactos de amor de la cristiandad. Todo ello es paganismo. Son los paganos quienes tienen una visión cíclica del tiempo (el eterno retorno). Son los paganos quienes creen que dios muere y renace para mantener el ciclo de la existencia. Son los paganos quienes ven en el renacimiento la renovación de los pactos, las oportunidades nuevamente avenidas, la oportunidad cíclica de la salvación (moksha). La Navidad no es una fiesta de fecundidad, no es un nuevo inicio, no es la perpetuación del devenir. La Navidad es una y sola. No es celebración de la fecundidad, sino aceptación de la gracia. No es inicio, sino cumplimiento. En la Navidad no hay pactos qué renovar, sino consumación del Pacto –el de Abraham, Isaac y Jacob-. La Navidad no es oportunidad de salvación futura, sino salvación acontecida. En Navidad nació el Dios que no renace, sino Resucitó. Y la Resurrección no es un evento cósmico, que eso es la Creación que supera la nada, sino la superación del más profundo nihilismo del pecado y la muerte (cfr. Robert Sokolowski, Phenomenology and The Eucarist). Por eso la Navidad es una sola, un evento único, es definitiva. Por eso su celebración en realidad es conmemoración. La Navidad es la conmemoración de quienes vivimos los últimos días…

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El lunes siguiente se cumplen 27 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Es importante mencionar el más reciente libro sobre el caso: La verdadera noche de Iguala de Anabel Hernández. El libro se presenta como una detallada investigación en torno a los hechos del 26 de septiembre de 2014, aunque en realidad es un detallado alegato en contra de la explicación que la PGR ha ofrecido del caso. El libro se centra en desmentir a la PGR, sin que por ello diga la verdad del caso; por su lectura no sabremos dónde están los normalistas. Tengo cinco observaciones sobre el libro. Primero, exculpa a José Luis Abarca. La prueba máxima para la exculpación es una entrevista realizada por Hernández en junio de 2015, donde el exalcalde perredista de Iguala afirma que tras finalizar el informe de labores de su esposa estuvo en coordinación con los elementos de seguridad (p. 148). Es sospechoso que una periodista tan puntillosa no contrastara esa entrevista con la única que dio Abarca tras los hechos, la mañana del 29 de septiembre de 2014, donde afirmó que no se había enterado de nada y se fue a dormir tras el informe. ¿Por qué tiene validez la segunda entrevista y no la primera? Segundo, se insiste una y otra vez que los policías de Iguala fueron inculpados, pues ellos no sólo entregaron las armas voluntariamente, sino que también permitieron que les hicieran las pruebas de rodizonato de sodio, lo que permite a la autora presentarlos como probablemente inocentes, bajo el supuesto de que la culpabilidad produciría resistencia. ¿Por qué es más fácil suponer la fabricación de culpables que la confianza en la impunidad? Tercero, a lo largo del libro se menciona al exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, de modo peculiar. Por el inicio la periodista afirma: “según sus allegados, lo consiguió (el triunfo en las elecciones) con el apoyo incondicional de Peña Nieto y Osorio Chong” (p.68). En la siguiente ocasión, menciona al exgobernador Aguirre como “cercano al presidente Peña Nieto y al secretario de Gobernación Osorio Chong” (p. 72) . Y más adelante, Ángel Aguirre es presentado como “amigo personal de Peña Nieto y Osorio Chong” (p. 158). ¿Cuál fue la prueba? ¿Pasar de un “se dice” a una afirmación categórica? ¿Por qué sugerir el presunto apoyo de Peña y Osorio en la campaña a la gubernatura, y no mencionar, por ejemplo, el apoyo real de López Obrador en esa misma campaña? Cuarto, en ninguna parte del libro se sopesa la responsabilidad de la organización estudiantil, y sus grupos afines, en los hechos de aquella noche. La autora decidió que para su investigación sí era conveniente hablar de la relación de los normalistas de Ayotzinapa con Lucio Cabañas, pero que no iba a investigar la relación de los normalistas de Ayotzinapa con la guerrilla (relación ya mencionada en Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos [Anagrama, 2015] de Sergio González Rodríguez pp. 31-39). La autora decidió que para su investigación sí era conveniente hablar del secuestro de camiones y justificarlo porque “la normal no tiene presupuesto para las movilizaciones” , y que no era conveniente señalar que no se puede asignar un presupuesto a un rubro que no corresponde a las actividades escolares. ¿Por qué ser tan condescendiente con los normalistas? ¿La verdad sólo se ve tras las gafas del romanticismo revolucionario? Y por último, se insiste a lo largo del libro en la participación del ejército aquella noche, pero la prueba que aporta la autora es una afirmación de “un informante de credibilidad comprobada” (p. 324) quien afirma que los militares fueron a rescatar la heroína oculta en los camiones tomados por los normalistas y que necesitaron desaparecer a los jóvenes para que no hubiera testigos. De ahí, la autora refiere nuevamente la sospecha de que fueron llevados a las instalaciones del 27 batallón; pero es sospecha, no prueba (sobre todo porque hay otras posibilidades que la autora decidió no considerar, como las referidas por Humberto Padgett en su Guerrero. Los hombres de verde y la dama de rojo [Urano, 2015] pp. 127-137) Por lo demás, el libro es un excelente documento que reúne las deficiencias de la investigación oficial y su lectura es imprescindible para la comprensión pública del caso. Anabel Hernández nuevamente ha hecho un gran trabajo periodístico. 2. Jesús Silva-Herzog Márquez es el primero en decirlo tan claro: tras el fracaso de los 10 años de lucha contra el narco, tras la destrucción en que nos tiene nuestra guerra civil, ahora estamos discutiendo el estado de excepción, estamos discutiendo la dictadura. 3. El pasado miércoles 21 de noviembre se publicaron, en el Diario Oficial de la Federación, los “Lineamientos Generales sobre la Defensa de las Audiencias”. Preocupante es el artículo 15, en el que se distingue entre información noticiosa y opiniones, distinción que obligará a los periodistas que ejercen en radio y televisión a separar la presentación de la información y la editorialización y comentario de los contenidos informativos; es decir, el Instituto Federal de Telecomunicaciones ha inventado la “objetividad” informativa y, suponiendo idiotas a los radioescuchas y televidentes, ha decidido que para velar por el derecho a la información, la información no debe editorializarse. Cabe la duda: ¿a partir de febrero de 2017 tendremos solamente notas con cifras oficiales y repetición de notas de prensa? Grave atentado a la libertad de prensa. Los políticamente correctos, como andan envolviendo sus regalos, no han levantado la voz. 4. Informa La Jornada de hoy que el gobernador de Nuevo León, el priista e independiente Jaime Rodríguez Calderón -quien hizo campaña bajo la marca de “El Bronco”-, está molesto con que lo periodistas hagan su trabajo y por ello declaró “que se jodan, ya no vamos a comprar periódicos”. Qué jodido el góber de los regios.

Coletilla. “¿Cuándo comprenderá la gente que de nada sirve que alguno lea su Biblia si no lee también la de los demás?” G. K. Chesterton

Intentamos volver

Intentamos volver

 

entre restos de cena están las migas

los olvidados coros de la noche

 

Inútil recorrer los límites del silencio: no hay señales, no hay arriba, no hay abajo, intentamos volver y nos devuelve. Un silencio que no se guarda, sólo se observa. Silencio en el que a solas me despierto. Silencio del deshabitado. Silencio que el poeta intenta nombrar al tiempo que comprueba que el mundo es indigno de la Palabra. Hablo del silencio de El deshabitado, la última novela de Javier Sicilia.

         El deshabitado es una despedida más, es el último ejercicio novelístico de Javier Sicilia, su retiro de la narrativa. El deshabitado es la descripción exterior del silencio interno que nos reveló Vestigios, su último poemario. Contrario a su despedida lírica, la última novela de Sicilia está inevitablemente malograda. Vestigios se escribió sobre los hitos desgarrados de la muerte; El deshabitado testimonia la dolorosa memoria. Los poemas de Vestigios yacen a la sombra de la Palabra; las páginas de El deshabitado apuntan a la soledad interna, a la clara ausencia de mi ausencia. En El deshabitado, sin hallar los límites del silencio, Sicilia exhibe los límites de la palabra.

         La primera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es formal. Javier Sicilia (el autor) escribió una novela en que Javier Sicilia (el narrador) cuenta la experiencia límite de Javier Sicilia (el personaje) tras la muerte de su hijo Juan Francisco Sicilia. El personaje, sin embargo, al mismo tiempo de ser un personaje en la novela es un personaje en la vida pública del México contemporáneo, un personaje clave de la historia reciente. El narrador debe llevar al lector hacia el encuentro del personaje en la historia novelada y al recuerdo del personaje en la historia reciente. El narrador, omnisciente, también sabe lo que el lector experimenta: hace del lector, que es actor de la historia reciente, un personaje mudo de la historia novelada. Al mismo tiempo, el autor reúne en una misma obra a su narrador, su personaje literario, su personaje público y su activista político frente al lector, sin que por ello el lector pueda sentirse abrumado. Los cinco Javier Sicilia que confluyen en la novela dejan al lector ante un misterioso silencio: el silencio del deshabitado. El poeta ha tomado la palabra para que dentro de ella se despliegue el silencio: cuando Dios nos ha abandonado, nos descubrimos deshabitados… y no tenemos nada que decir. Como la novela no puede encubrir el silencio, porque inevitablemente habla, la novela es inevitablemente malograda. Sicilia tomó la palabra para decirnos que ya no bastan las palabras.

         La segunda dificultad de la última novela de Javier Sicilia es una dificultad lectora. ¿Qué hará el lector ante un libro que anuncia la desolación de las palabras? ¿Para qué se lee una novela en cuyo centro el lenguaje no es casa de nadie y en cuya morada nadie puede habitar? ¿Por qué tendría alguien que leer la malograda novela autobiográfica de un deshabitado? Porque al menos todavía puede haber lectores que se lo pregunten. Tan inexplicable, tan incómodo, tan aparentemente inútil como lo fue repartir abrazos por el país, llorar con las víctimas, encontrarse en el amor adolorido, es leer la nueva novela de Javier Sicilia. No es un testimonio del Movimiento por la Paz, no es una reivindicación de los muertos, mucho menos es una justificación de la desconcertante actividad del poeta. El deshabitado es la ventana al inexplicable e incómodo vivir de quien lo ha perdido todo, pero ama; de quien ha sido abandonado, pero busca; de quien transido de dolor, besa. El deshabitado es la novela de quien entiende el drama inmenso del que entrega con un beso y de quien se entrega besando, del que habita la noche y del que escapa a la mitad de ella, del que observa el silencio.

         La tercera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es práctica. La novela sostiene que en nuestros tiempos ya no bastan las palabras, sino que la palabra, nuestras palabras, como la Palabra, debe volverse carne: como el perdón se encarnó en los abrazos que las víctimas se dieron recorriendo el país en la Caravana por la Paz. El lector ve en la novela el desmoronamiento de un hombre, de un país, de un mundo, ve la indignidad del mundo para la Palabra y ve la necesidad de que la Palabra sea carne. Y la encarnación sólo puede entenderse como un acto de despoder. La dificultad práctica de El deshabitado es idéntica a la dificultad teórica del retraimiento de Sicilia: no encabezó un movimiento para tomar el poder, sino que lo encabezó para renunciar a él. ¿En qué medida un lector está en posibilidad de despoder?

         El deshabitado no puede ser una novela bien lograda, porque por su lectura nunca logrará que su lector se despodere. Javier Sicilia no predica la conversión de los débiles. El poeta no es coribante de un nuevo rito. La despedida de la narrativa no es un acto de poder, de arroparse en el silencio, sino de despoder, de deshabitación de la palabra. El poeta ya no hablará como poeta: será palabra encarnada. A sus lectores nos queda abierta la posibilidad de leer despoderando, de que la palabra sea carne.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Anoten la fecha: 12 de diciembre de 2016, la primera ocasión que el término “desaparecidos” apareció en un discurso del presidente Peña. Héctor de Mauleón ha hecho un recuento de nuestra narcofosa nacional, recuento que ha incomodado a algunos y le ha valido una nueva amenaza de muerte. 2. Algo cambió en la historia del secuestro en México durante la semana. En San Miguel Totolapan, Guerrero, un grupo de “autodefensas” secuestró a 21 personas ligadas al líder de secuestradores de la región, Raybel Jacobo de Almonte “El Tequilero”, para obligarlo a liberar a quienes él había secuestrado. La labor de los funcionarios fue de mediadores entre ambos grupos de secuestradores a fin de conseguir el intercambio de secuestrados. Leyó bien el lector: los funcionarios mediaron un pacto criminal. 3. Es preocupante que la nueva jornada de acciones para pedir resultados en la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde hace 26 meses inicie con violencia. El pasado miércoles, un grupo de normalistas lanzó piedras, petardos y bombas molotov contra el cuartel militar de Chilpancingo; desde el interior del cuartel los militares contestaron con petardos. ¡Los militares contestaron a la agresión! Al parecer las nuevas jornadas concluirán con una peregrinación de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” a la Basílica de Guadalupe, donde el Cardenal Norberto Rivera oficiaría una misa en memoria de los normalistas desaparecidos. De ser así, sería un acto más de la reinvención del Cardenal Rivera, quien tras el nombramiento del nuevo Cardenal ha cambiado su discurso y ahora finge que le preocupan las causas sociales. ¿Acaso no recuerdan que la principal preocupación de Rivera Carrera este año habían sido los anos? Si tan comprometido se siente con los padres de los desaparecidos, ¿por qué no los apoyó para el encuentro con el Papa Francisco? El Cardenal Rivera quiere salvar el puesto y para ello está dispuesto a prestar los cerillos. Indignante.  4. Las cosas buenas casi no se cuentan… Basta leer El Sur del pasado 12 de diciembre, que informa que en una comunidad del municipio guerrerense de Cochoapa el Grande, el municipio más pobre del país, están esperando a los profesores desde 2012, pero no llegan. El problema, además, es que los profesores que acreditaron las evaluaciones no son bilingües (tu’un savi-español) y los padres de los niños -que rondan los 30 años- son una generación que tampoco tuvo profesores, por lo que no hablan español. Las cosas buenas ¿qué? Aquí puedes descargar, lector, un diccionario de tu’un savi. 5. La semana pasada un grupo de secretarios de Estado jugaron a hacer guacamole porque -al parecer- no tienen nada mejor que hacer, lo consideran buena onda y les da publicidad. El juego se inscribió en un evento agropecuario organizado por el exgobernador de Querétaro y actual secretario de Agricultura para anunciar una cierta certificación a una marca de uno de los empresarios favoritos del sexenio. Tan bien le va a dicha marca que no sólo reúne a cuatro secretarios de Estado para amenizar la tarde y asegurar sus exportaciones a medio oriente, sino que en próximas semanas el gobierno anunciará con bombo y platillo, en voz del actual secretario de Salud y exrector de la UNAM, la alianza de los servicios públicos de salud con una cadena de laboratorios de dicha marca para subrogar el servicio de mastografías. El dato: la marca ha sido asociada con un viejo barón del narco, del mismo cártel que creció en Querétaro y en la UNAM durante los años anteriores. Curioso, ¿no? 6. El pasado domingo, en el suplemento cultural de La Jornada, apareció una reseña del nuevo libro de Valeria Luiselli -que reseñé aquí la semana pasada-. Curioso inicio de la reseña: “en una época en que la literatura se ha dado permiso de ser un género en sí misma e incluso toma prestados recursos del periodismo”. ¿Eso en un suplemento “cultural”? ¿Eso en el diario que, en la República Socialista de Coyoacán, presumen como el único preocupado por la cultura?

Coletilla. “Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da ánimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oración que permite ser más fuerte…, son todas expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo ofrecido por los hermanos”. Papa Francisco, quien hoy cumple 80 años.

Nubladas sospechas

Nubladas sospechas

 

No mama’s arms to hold me, no daddy’s smile.
Nobody wants me; I’m nobody’s child.

 

Permea un cierto desánimo, incluso un determinado enojo, en las opiniones sobre la vida pública de México. Enrique Krauze lo ha llamado con acierto “desaliento de México” y reconoce sus orígenes en las dificultades de la vida democrática. El presidente Enrique Peña, por su parte, lo ha nombrado “mal humor social” y lo supone consecuencia de un error de comunicación: se cuentan más las cosas malas que las cosas buenas. Los hechos son, a mi juicio, que las cosas se cuentan, que la democracia es difícil y que estamos desanimados. ¿Para qué contamos las cosas?

En nuestra viciada vida política parecen predominar dos respuestas un tanto frívolas: para dar razón y para publicitar. La segunda encuentra su expresión más interesante cuando supone que la vida pública realmente no es pública, sino que lo público es la máscara de intereses inconfesables, de los acuerdos secretos, de las conspiraciones con las que cotidianamente injuria a la patria el traidor que en cada hijo le dio. Contamos las cosas públicas como un intento de encubrimiento y descubrimiento, como un acto de lealtad y traición, como un cálculo de la pérdida y la ganancia. Por su parte, dar razón de lo público también se tiñe de frivolidad en nuestros días: se da razón justificando las sospechas (“La casa blanca”), sembrándolas (“la verdad histórica”), suplantándolas (“la reforma educativa”) o conservándolas (“la guerra contra el narco”). La frivolidad del modo en que contamos nuestras cosas públicas se funda en suponer la igualdad de lo público y de lo político, en la confusión de una investigación política (“Las empresas fantasma de Veracruz” por Animal Político) con una investigación pública (“El expediente secreto de la boda Peña Nieto-Rivera” por Aristegui Noticias), en la transformación de los espacios públicos de crítica en escaparates del cotilleo y la difamación (Proceso). ¿Entonces para qué contamos las cosas públicas?

En Los niños perdidos [Sexto Piso, 2016], cuarto libro (y cuarto género, pues con Papeles falsos [2010] practicó el ensayo, en tanto la novela fue explorada en Los ingrávidos [2011], mientras que hizo de Historia de mis dientes [2013] una caja de sorpresas; ahora crea el ensayo migrante) de Valeria Luiselli [Ciudad de México, 1983], encontré una esperanzadora respuesta. Con una mirada abarcadora podríamos decir que el libro es un ensayo sobre la difícil condición de los niños migrantes centroamericanos en los Estados Unidos. La obra muestra claramente los problemas de origen en el fenómeno migratorio, los peligros del camino y los absurdos de las soluciones políticas del mismo. El libro hace visible los intentos de las asociaciones civiles para ayudar a los niños migrantes y la frustránea disolución de las buenas intenciones en el mar de la burocracia. Los niños perdidos hace públicas las cuarenta preguntas con las que se explora, como con sonar, cada caso, con las que se intenta delinear el contorno de una vida en crisis, identificar los cabos de una maraña desesperante, de una cuerda que probablemente no sabemos rota, aunque lo sospechamos.

Los niños perdidos ensaya nuestras sospechas. La primera sospecha se inscribe en el marco general del texto. La autora cuenta que cuando rememora y narra las historias de los niños migrantes, su hija suele preguntar: «¿cómo termina esa historia?», en tanto la ensayista, que se apropia la pregunta, reconoce que no sólo no lo sabe, sino que muy probablemente no lo puede saber. La niña, la autora y el lector sospechamos que las historias de los niños migrantes deben tener un final, porque así es la vida humana, porque todo hombre tiene derecho a un final, porque –suponemos- así debe ser… o debería. Los niños perdidos nos enseña que la incomodidad por el drama de los niños migrantes se origina en lo que no debe ser, pero es.

La segunda sospecha se apunta con claridad una sola vez en el libro, hacia el centro del ensayo, pero cada pasaje nos conduce a ella. ¿Por qué esos niños abandonaron sus lugares de origen para vivir en la soledad fragmentada del drama migrante? ¿Quién no preferiría la persecución política de los estadounidenses a una vida en el llamado “subdesarrollo”? ¿La pesadilla de Tegucigalpa es preferible en algún caso al Sueño (de persecución) Americano? Y aquí se encuadra la sospecha: Tegucigalpa no es por sí misma una pesadilla, tampoco lo es por la Mara y su pandilla rival; la pesadilla es que ni en Tegucigalpa, ni en Nueva York, ni en Tapachula, ni en Houston, vivimos en comunidad. Vale el peligro de abandonar el lugar de origen y sortear el peligro y la corrupción de México (donde el 66% de las mujeres migrantes son violadas –sean niñas o adultas, y nunca una sola vez-) si ya estamos solos, si ya no hay comunidades, si en lo público ya no hay política. Cuando no hay comunidad, el peligro sólo es material.

La tercera sospecha accesible por Los niños perdidos toma la forma de una reflexión sobre el propio trabajo, de la claridad de la autora para verse y vernos, para decirse y decirnos, para responder a la duda que corroe los contornos de la letra, reseca las tintas, rompe las puntitas de los lápices y rasga la tranquilidad del papel: ¿para qué escribimos sobre nuestra terrible crisis si de todos modos todo está tan mal? Los niños perdidos no ofrece una solución al problema migrante, ni siquiera aspira a ser un análisis concluyente de la situación de los niños centroamericanos que migran a Estados Unidos, mucho menos es la palabra definitiva sobre el tema. Los niños perdidos fue escrito para no olvidar, para que en el futuro, en lugar de suplantar el pasado e infectar con malas sospechas nuestra vida pública, podamos saber que hubo un tiempo en que pasaba lo que no debía ser, en que lo público se confundía con lo político, en que las vidas no tenían un final, pero que la constancia para enfrentarlo, la verdadera dificultad de la vida democrática, nos dio futuro, nos permitió mirar hacia atrás y reconocer: que lo político debe ser; que el problema no es la comunicación, sino la acción; que nos poblamos de niños perdidos y tenemos que encontrarlos.

El nuevo libro de Valeria Luiselli, indiscutiblemente una de las mejores escritoras de mi generación, es esperanzador sin ser optimista, amable sin ser suave, doloroso sin ser cruel. Los niños perdidos se lee como cuando un niño nos pregunta por qué otros niños tienen la vida deshecha y buscando la respuesta las sospechas nos anublan la ignorancia, pues sabemos que no debería ser así. ¿Qué podemos responder ahora?

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. México tiene un lujo: la lucidez de Jesús Silva-Herzog Márquez, quien reflexionando sobre los diez años de la lucha contra el narcotráfico nos describe como un país más inhóspito, más sangriento, más bárbaro, donde se ha trivializado la crueldad. Es un lujo que alguien tome la voz en público y tenga el valor de declararnos tal cual somos. Quizá por ahí se empieza. 2. El periodista más censurado de México, para no creerse, es Joaquín López-Dóriga. Él mismo cuenta el caso más reciente, el sexto del año. Y una vez más, ni quien proteste. Eso es compromiso, camaradas. 3. El pasado miércoles 7 el periodista Humberto Padgett -autor de Jauría  [2010], el mejor libro sobre el secuestro en México- fue detenido por la policía de la Ciudad de México mientras reporteaba un desalojo. Tras denunciar su detención y la violación al libre ejercicio periodístico, el jefe de la policía de la Ciudad de México señaló en medios que la detención fue falsa; cuando Padgett presentó las pruebas, el funcionario guardó silencio. Segundo acto intimidatorio al periodista en la segunda mitad del año. 4. El equipo del delegado de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, hizo una severa descalificación del trabajo periodístico de Salvador Camarena. En Nexos de diciembre, Camarena, junto a su equipo de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, presentó un reportaje sobre la desastrosa administración del espacio público de Monreal. En réplica al reportaje, el equipo del morenista descalifica la labor periodística de Camarena y sugiere que en lugar de sustentarse en la información oficial, debería basar su juicio en las declaraciones de los funcionarios. Camarena y su equipo ofrecieron una justa contrarréplica. Mientras que Comunicación Social de la delegación señala, en la réplica a la contrarréplica, que las respuestas concretas no son de confiar. Al señor Monreal, me consta, no le gustan las críticas. Apuesto doble contra sencillo a que se le olvida que prometió un revocatorio para el próximo año.

Coletilla. Rafael Tovar y de Teresa fue agente de conciliación en el mundo intelectual mexicano. Tras la ruptura que significó el fraude electoral de 1988, y en el punto más álgido de la confrontación entre el grupo Vuelta y el grupo Nexos, Rafael Tovar convocó a los intelectuales y los concilió en lo posible hasta la transición democrática. La ruptura siguiente, el “fraude electoral” inventado por López Obrador, rompió al país y en dicha fractura seguimos ahondando. Ni el regreso de Tovar y de Teresa, ni la creación de la Secretaría de Cultura, aminoró la guerrilla intelectual (piénsese en la polémica por la antología México 20). Muerto el agente de conciliación, sin duda se acrecentará la guerrilla intelectual. Lo peor que puede hacer el presidente es repetir el error del FCE y nombrar al sucesor de la nueva Secretaría de Cultura de acuerdo a los caprichos de Carlos Salinas, o en vistas a la elección de 2018.

Curso rápido de pedagogía contemporánea

Curso rápido de pedagogía contemporánea

 

Aprendizaje significativo. Del libro de texto a detesto el libro el cambio es poco significativo.

Modelo educativo. La educación en valores se practica en el casino.

Constructivismo. Pasó de hablar ex cathedra a predicar ex kratera.

Sociedad de conocimiento. Todos sus alumnos eran oyentes: daba clases de oídas.

TICs. Para comentar el texto basta stalkearlo.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Sobre el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos destaca, nuevamente, la información que ha hecho pública Héctor de Mauléon. En cuatro entregas (I, II, III y IV) presenta el relato de un jefe de sicarios sobre aquella noche. De acuerdo a “El Cepillo”, la normal Raúl Isidro Burgos sí está relacionada con el narcotráfico y uno de los líderes estudiantiles pertenece a un cártel rival de Guerreros Unidos. 2. El admirable historiador Jean Meyer nos recuerda, nuevamente, el exterminio de los cristianos en la guerra de Siria. 3. La Red de Defensa de los Derechos Digitales documentó el espionaje gubernamental a los usuarios de telefonía móvil y conexión inalámbrica a internet en 12 estados del país. Es decir: los gobiernos estatales nos espían ilegalmente. 4. Carlos Puig se confiesa con sus lectores: “vivo en un país donde las cosas se están poniendo del carajo”. Creo que lo he pensado casi igual, casi… 5. Vaya semanita para el diario Reforma, primero le hackean su servidor y el ataque afecta hasta la impresión y distribución del diario. Dos días después, como ya señaló Carmín el jueves, policías del Estado de México golpean, humillan y abusan de una reportera. Y el viernes, desde las páginas de El Universal, reciben una pedrada. Vaya semana, pues.

Coletilla. “Quien busca fruto maduro descuida la amenidad de los campos”. Pedro Crisólogo

Amistad en pena

Amistad en pena

 

How we break each other’s hearts

and cause each other pain

How we take each other’s love,

without thinking anymore

 

Pensamos a futuro nuestras amistades. Suponemos, las más de las veces, que las amistades envejecen junto con nosotros, que la vida de nuestros amigos transcurre paralela a la “vida” de la amistad. Creemos, para decirlo popularmente, que la vida y la amistad pasan como el tiempo. Y no es de extrañar: el tiempo de los modernos es una constante en que se diluye la vida, un caudaloso cauce en que se pierden los arroyuelos de la amistad. Pero la imagen hidráulica falsea lo mismo el tiempo que la experiencia de la amistad y la vida. No toda vida es un impetuoso transcurrir: hay vidas pausadas y sosegadas, así como débiles y discretas. Algunas vidas, si nos aferráramos a la imaginación hídrica, son inoportunas como charcos o desesperantes como goteras; las hay tan breves y tenues, casi insignificantes, que sólo persisten en la memoria como una mancha de humedad. La amistad, si seguimos insistiendo, podría semejar la vitalidad del agua por festiva, pero en ocasiones también se podría reducir la humedad a las lágrimas por el amigo incomprendido o teñir de nostalgia la llovizna sobre un pasado ya imposible de reverdecer. El agua no es suficiente para contener la amistad y la vida. Hay vidas tan áridas que nos empolvan las palabras, como amistades desérticas que nos dificultan respirar; hay amigos que duelen como un silencio incómodo, vidas que cualquiera quisiera abandonar. Todo esto rebasa la fluida felicidad del agua.

         Tan poca vida [Lumen, 2016] de Hanya Yanagihara [1975] presenta la aridez y el desierto de una vida pequeña en medio de una extensa amistad. Tan poca vida podría ser la novela contemporánea sobre la amistad y la vida. A primera vista, el libro narra las historias de cuatro amigos y presenta el panorama de toda una vida de amistad. El lector encuentra a cuatro jóvenes amigos que, entre ires y venires, conservan la amistad al paso del tiempo. ¿Qué pasa con los amigos de juventud cuando se es adulto? ¿Cómo se conservan las amistades cuando la vida laboral distancia a los amigos y la diferencia de intereses traza caminos distintos? ¿Acaso sobreviven las amistades a la formación de un hogar propio, a la vida en pareja, al amor por esos otros que no son los amigos? Todo eso se responde a lo largo de las mil páginas de la novela. Yanagihara, además, nos presenta a la amistad contemporánea, a la amistad masculina y a los accidentes que confluyen en ella: aquí, el amigo cuya sexualidad es un misterio; ahí, el amigo exitoso; allá, el eterno adolescente que afirma seguir siendo tan amigo como siempre. Bancarrotas, celos, bodas, enfermedades, adicciones, disgustos y malentendidos; todo el espectro de la amistad se delinea en la obra. Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una segunda mirada, Tan poca vida es una profunda reflexión sobre el amor homosexual en nuestros días. Yanagihara contrapone claramente el amor concupiscente y el amor casto entre hombres, al tiempo que bordea el abismo de la clandestinidad y el engaño para mostrar el riesgo de la incomprensión. Frente a ello, la autora nos ofrece el más elocuente argumento para fundar un hogar homosexual y, quizá, el más tierno modo en que la comprensión exhibe la falsedad de lo clandestino. Sin consignas, la segunda novela de Hanya Yanagihara hace más por la felicidad gay que muchas marchas. Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una tercera mirada, Tan poca vida es la novela del desprecio por la vida: la incapacidad para amar y la intención del suicidio. Más allá de los suicidios clásicos (Werther, Anna Karenina y Kirillov), la intención del suicidio en la obra tiene el tono del suicidio estético (véanse Ryonosuke Akutagawa, Carta a un amigo, 1927 y Clara Guelfenbein, El resto es silencio, 2008), al tiempo que lo emplaza como un modo del arte de vanguardia. O en otros términos: el suicidio es la constante tentación de quien no se satisface con el arte de vivir. No es el camino de quien no encuentra sentido, tampoco es la opción del desadaptado o el recurso final del solitario; sino que el suicidio torna anhelo cuando se reconoce a la propia vida como un terrario, como un desierto artificial perfectamente logrado, admirable, incluso bello, pero imposible de amar. Mientras los suicidios clásicos siguen al amor, la intención del suicidio en Tan poca vida se funda en la incapacidad para amar. Yanagihara nos enseña que la condición posmoderna del desprecio por la vida se funda en la incapacidad para amar. Tan poca vida nos permite entender por qué suicidarnos por nuestros amigos… Pero Tan poca vida es más que eso.

         En una cuarta mirada, Tan poca vida exhibe al poder permeando la debilidad de la vida, a la vida destruida por el poder. La vida, nuestras vidas, se conforma por el poder: el pasado se traza sobre las cicatrices del poder, la memoria se orienta por la imposición del poder, la nostalgia y la alegría son los recuentos de la suerte ante el poder ajeno. La vida es el producto del poder y por ello, precisamente por ello, la vida es el residuo del poder. La amistad, así vista, recuerda la definición nietzscheana de la felicidad: el sentimiento más vivo del poder (Aurora, 113). Por ello, precisamente por ello, son los jóvenes quienes más disfrutan la amistad. Por ello, precisamente por ello, la nostalgia por la amistad es el residuo del poder. Por ello cabe suicidarnos por nuestros amigos. La amistad posmoderna es el ejercicio del poder: a unos produce, a otros destruye… ni al solitario deja tranquilo. Al descubrirnos sometidos al poder ya no podemos mostrar tan poca vida. El poder descubre a la amistad en pena.

 

Námaste Heptákis

 

De vista al horizonte. Ha dicho Yoani Sánchez: “unos lo despiden con dolor, otros con alivio… la gran mayoría con cierto toque de indiferencia”. El futuro es tuyo, Cuba. Todos a seguir 14ymedio.

Escenas del terruño. 1. Hoy se cumplen 26 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Sobre el caso hay que comentar dos cosas. Primero, que el pasado 23 de noviembre un grupo de padres de los desaparecidos fue recibido en comisiones de la Cámara de Diputados. En entrevista radiofónica el abogado de los padres sintetizó que fue una reunión gris, pues para los diputados no es importante resolver el caso. En segundo lugar, destaca la entrevista psicológica a uno de los implicados en la desaparición, entrevista divulgada por Héctor de Mauleón. 2. Ojo con la discusión legislativa sobre las facultades castrenses en el combate a la delicuencia. El reportero José Cárdenas considera que es un autogolpe de Estado. 3. Semana importante para la libertad de prensa en el país. Primero, el gobernador panista de Querétaro, Francisco Domínguez, acusa al periodista Joaquín López-Dóriga de ser la instancia por la que el gobierno filtra información y rumores para desprestigiar a los políticos de oposición. Como es de esperarse, Domínguez acusa sin presentar pruebas. Como es de esperarse, como se trata de Joaquín los políticamente correctos se quedan callados. Ya lo hemos dicho, la indignación es selectiva. Segundo, la revista de chismes TVyNotas dio a conocer que el pasado domingo 13 de noviembre un grupo de cinco personas entró a las instalaciones de Aristegui Noticias y robó una computadora. Al día siguiente, la reconocida periodista que dirige la empresa confirmó el dato y añadió que la computadora contenía información de la Unidad de Investigaciones Especiales. En tercer lugar, el reportero Víctor Hugo Arteaga confirma que fue presionado por funcionarios de alto nivel del gobierno de Javier Duarte para retractarse del reportaje de Animal Político sobre las empresas fantasma del ahora prófugo. Y confirma, como dije entonces, que el gobierno de Veracruz estaba en plena campaña de descalificación del medio. 4. La semana pasada señalé que confluían los intereses de algunos políticos importantes en la propuesta de un gobierno de coalición realizada por Manlio Fabio Beltrones. Esta semana, en un foro del diario El Financiero, se confirmó la versión. 5. El pasado lunes el diario Reforma dio a conocer que por recorte presupuestal el Fondo de Cultura Económica cerrará cuatro de sus librerías. No es sorpresa, sobre todo cuando su director no está ahí por los libros, sino por un capricho presidencial.

Coletilla. Termino con esta entrada una serie de 36 reflexiones sobre la amistad contemporánea, su crisis y su posibilidad, iniciada en enero pasado. Resistí a la tentación de dedicarla a los amigos; yo cargo mis errores, ellos se harán responsables de sus éxitos. Te agradezco, lector, que soportes mis obsesiones.

Capítulos sobre el arte de escribir

Capítulos sobre el arte de escribir

 

Didáctica. No hay refrán que todos aprendan.

Fonética. Así disimula la incomprensión con profundidad.

Hermenéutica. Una sentencia es mala si necesita explicación.

Poética. El que escribe con mala ironía inventa un chiste local.

Prosodia. Su única constancia era la asonancia.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El EZLN aclara que la candidatura de la que se ha hablado en semanas anteriores es un respaldo del CNI, no una candidatura del EZLN, pues los zapatistas “no buscan el poder”. Personalmente creo que su legitimidad no los empoderaría; pero es su decisión. 2. El caso de los desaparecidos de Ayotzinapa ha dado un giro preocupante. Primero, el abogado de los familiares de los normalistas desaparecidos, Vidulfo Rosales, señaló que los padres de los desaparecidos solicitan a la PGR se investigue a Omar Hamid García Harfuch, quien sustituyó a Tomás Zerón en la Agencia de Investigación Criminal. La investigación está motivada porque, a decir del abogado, el nombre del funcionario apareció en una lista de contactos de Sidronio Casarrubias, del grupo Guerreros Unidos. La PGR, en segundo lugar, no podría atender legalmente la solicitud de los padres porque, el pasado 2 de septiembre, el juez federal Óscar García Vega determinó que no hay indicios suficientes por los que la Procuraduría pueda determinar la existencia de Guerreros Unidos, ni la vinculación de Sidronio Casarrubias a dicho grupo. En tercer lugar, tras la resolución del juez federal de amparo, Casarrubias ya no es investigado por delincuencia organizada, ni por desaparición u homicidio, sino por portación de arma; si es encontrado culpable, su sentencia será de tres años de cárcel. Sin embargo, Héctor de Mauleón ha recuperado, del expediente Ayotzinapa, pruebas de la existencia de Guerreros Unidos y de la participación del grupo delincuencial en la desaparición de los normalistas. 3. Para muchos pasó desapercibida, pero el planteamiento de que una propuesta de Manlio Fabio Beltrones tiene puntos de interés común con Diego Fernández de Ceballos, Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador no debe dejarse pasar. Lo comenta muy someramente Raúl Rodríguez Cortés: para 2018 se intentará proponer un gobierno de coalición, o un esquema legislativo que asegure los gobiernos de coalición a partir de 2024. 4. Esos muchachos del Observatorio Filosófico de México son, como se dice en el norte, unos loquillos. ¿O qué otra cosa se puede pensar tras su carta en La Jornada del 18 de noviembre? Ahora resulta que la velocista Ana Gabriela Guevara es la defensora de la filosofía en México. ¿Qué sigue, Manuel Bartlett como filósofo moral o la onto-teo-logía de Morena?

Coletilla. “El determinismo sólo lo descubrimos una vez que ocurrió”. Juan Villoro