Unidad con pies de barro

Unidad con pies de barro

 

Come Mexicans, Muslims, LGBT and Jews

keep your eyes wide for what’s on the news

for President Trump is expressing his views,

and I fear that the mob he’s inciting

Will soon break your windows

and burn down your schools

 For the times they are a-changing back…

Billy Bragg

 

En el primer libro de su República, Platón mostró la diferencia definitiva entre el clan y la comunidad política. Carl Schmitt fue, quizá, quien más claramente lo aprendió y, sin duda, quien más persuasivamente lo ocultó: nada nos hace más unidos que un enemigo en común. Ante el peligro, para el abogado católico, las diferencias políticas se suspenden y los hombres se suman en torno a la causa del líder. El liderazgo triunfa, se ha de concluir, cuando la comunidad política torna en una gran familia. El peligro forja la unidad. En el peligro está la salvación.

En días recientes, la unidad se ha vuelto unánime y para triunfar, en los días que vienen, deberá encontrar un liderazgo legítimo, o legitimar un liderazgo, o acrecentar el peligro. Si encuentra un liderazgo, al menos habrá ley; de lo contrario, cundirá el peligro. Los días que vienen serán nublados.

No veo en el horizonte camino para la unidad nacional ahora presumida. Creo que no prosperará y que todos sabemos que nos ronda su término. Vislumbro cuatro escenarios para la unidad nacional ahora presumida; los expongo en el camino.

El primer escenario para la unidad nacional tiene una fecha específica: 4 de febrero de 2017. Ese día se registrará un aumento más en el precio de la gasolina. ¿La unidad nacional ahora presumida sobrevivirá a la inconformidad por el aumento al precio de la gasolina? Probablemente el aumento exhibirá la falsedad de la unidad nacional. El aumento anterior mostró, a través de los saqueos, la fractura de la población general, la incordia social en que plantamos los pies, la carencia de unidad. ¿Es mayor el temor por las decisiones del norte que la incordia cruel? Mientras la guerra con Donald Trump sólo sea con palabras, la mayoría descargará su resentimiento en la acción directa contra los nacionales. Incluso cuando los políticos profesionales declarasen su unidad y exhortaran al término de la violencia, la fractura que se exhibió en enero quedará intocada. El gasolinazo de febrero mostrará la fragilidad de la unidad.

El segundo escenario no tardará más de seis meses en presentarse: el siguiente caso de corrupción del gobierno federal. En cuanto los equipos periodísticos que están investigando –digamos que en Valle de Bravo, Huixquilucan y Texas- la corrupción federal presenten un caso más, el apoyo al presidente Peña Nieto se esfumará y los partidos que esta semana lo respaldaron –incluso el amoroso López Obrador- se desmarcarán, tomarán distancia y recordarán al electorado –porque en el lapso que aquí preveo hay elecciones- su diferencia. Mientras la guerra con Donald Trump sólo sea con palabras, la mayoría satisfará su afán de linchamiento con escándalos de una semana. Incluso cuando las nuevas reglas para la censura aminoren la difusión de los nuevos casos de corrupción, la presumida unidad nacional se exhibirá falsa. El siguiente escándalo de corrupción desilusionará de la unidad.

El tercer escenario debe mencionarse sin rodeos: la unidad nacional no resistirá el siguiente atentado del narco. Trump, el gasolinazo y la corrupción nos han servido para distraernos del mayor problema nacional, y la presumida unidad nacional no ha hecho más que ignorarlo. Incluso cuando la guerra con Donald Trump no sea sólo con palabras, nada nos protegerá ante la violencia del narco. La guerra con Trump es el escenario ideal para la siguiente etapa de la guerra contra el narco. El expresidente Felipe Calderón, abogado católico como Carl Schmitt, ha propuesto dejar de colaborar con Estados Unidos en la lucha contra el narco, ha sugerido incluso la conveniencia de dejar pasar los cargamentos por el territorio nacional y que sea responsabilidad exclusiva del país adverso su revisión. Quizás a Calderón le faltó concluir que donde abunda el peligro… Perspicaz, Jorge G. Castañeda ha dicho que si se va a subir el tono de la confrontación hay que empezar por la expulsión de los agentes de la DEA que trabajan en el país; suspicaz, no nos recordó la operación Irán-contra. La presumida unidad nacional mostrará su mera apariencia cuando el narco vuelva a alzar la voz. Ante la sangre reconoceremos que estábamos jugando con capa de Supermán y casi creímos que podíamos volar.

El cuarto escenario se va presentando desde ayer y tras su calma aparente oculta la posibilidad de convivir con los otros tres escenarios. Rodolfo Usigli le llamó gesticulación y nombró con ello al modo mexicano de hacer política. El presidente Peña Nieto comunica a la nación que acordó con el presidente Trump no hablar públicamente del tema escabroso; que la distensión sea producto del fingimiento. El ingeniero Carlos Slim expresó que es necesario prosperar económicamente para estar en condiciones de negociar con Donald Trump, que es un asunto económico y no político; mientras, el ingeniero ha arreglado sus acuerdos comerciales y financia la investigación del segundo escenario. El licenciado López Obrador anuncia que hará una gira por Estados Unidos para acompañar a los migrantes mexicanos; mientras, se preparan los documentos que se repartirán durante la gira poniendo especial atención en la activación de las credenciales del INE para votar desde el extranjero, claro, no pensemos mal, sin credencial vigente ¿cómo poder ayudarlos? En el mismo escenario podrían encontrarse la sensibilidad que suspenda un segundo (y tercero) gasolinazo o un acuerdo privado con cierto cártel de Jalisco. La unidad nacional gesticulada no será, pese a todo, menos débil; sólo será más difícil de entender. Su límite se encontrará, sin duda, en los afanes de violencia nacionales. La gesticulación puede administrar la delación, pero no podrá contener a la crueldad.

La crueldad, empero, no debe asimilarse al peligro, pues mientras una apela al poder de un modo específico, el otro es indeterminado. El peligro es un engaño abstracto. No habrá unidad mientras no podamos reconocer la crueldad.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El pasado jueves se cumplieron 28 meses de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos volverán a reunirse con los funcionarios de la PGR para conocer los resultados de la investigación interna por las irregularidades en las pesquisas del caso.  2. Interesante reportaje de un rancho de exterminio zeta que funcionó cuando el actual gobernador independiente de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez “El Bronco”, era alcalde de García. 3. Inquietante la propuesta de Julio Hubard en Milenio el pasado domingo: los millenials acertaron y su falta de compromiso, su descuido del mundo, su desidia exhiben el derrumbe del mundo industrial y de los Estados Nación. Ante la debacle, Julio vuelve la mirada a la inteligencia de nuestro clásico vivo y encuentra en El progreso improductivo la clave de nuestros tiempos. Coincido con Hubard. 4. Curioso. Los mismos que se indignaron por las ofensas del millonario Donald Trump a un periodista, celebran ahora la ofensa del millonario Carlos Slim al director editorial de Milenio, Carlos Marín. Sabemos que Epigmenio no lanzará a sus huestes a posicionar un hashtag contra Telmex, que don Fede no denunciará la inmoralidad de la ofensa y que la señora Dresser no lo mencionará siquiera en la mesa del lunes. La indignación, ya lo hemos dicho, es selectiva. 5.  ¿Leyeron La Jornada del 24 de enero? ¿La sección El correo ilustrado? Sucede que los “filósofos” de la Ciudad de México, agremiados en una cosa llamada Observatorio Filosófico de México, los mismos que nombraron a la velocista Ana Guevara como defensora de la filosofía, exigen a los constituyentes que en la Ciudad de México se establezca la obligatoriedad del “alto contenido filosófico” de la educación. Obviamente, ya hay un Observatorio Filosófico de México para medir el contenido filosófico. Quieren chamba, pues.

Coletilla. “No se puede ser sincero y parecerlo a la vez”. André Gide

Consenso para la censura

Consenso para la censura

 

El 18 de enero de 2017 deberá registrarse en la historia patria como el día de la censura. Tras los hechos violentos en una secundaria regiomontana, la difusión frenética de los datos puso en manos de todos (y a disposición de cualquiera) el video del tiroteo, la imagen del atentado, la publicidad de la muerte. Los medios informativos, emplazados por el frenesí de los datos, comenzaron a publicitar los hechos y a ilustrar sus notas con el video y las fotos. Pasado un par de horas, Gobernación y Derechos Humanos sugirieron a los medios informativos “prudencia” en el manejo de las imágenes. Coincidentemente todos los medios –con excepción del popular tabloide de nota roja Metro (el patito feo de Grupo Reforma)- acataron la censura. Entiéndase: ¡todos los medios informativos del país acataron la censura! Es un hecho inédito en nuestra historia reciente. El consenso para la censura fue tal que los periodistas de oposición se escudaron en los reglamentos, los críticos en el combate a la “promoción de la violencia” y los asiduos defensores del gobierno federal esgrimieron el mal gusto de las imágenes, el cuidado de las buenas costumbres y la crisis de los valores. [No puedo evitar el recuerdo de un pasaje del diario de Rodolfo Usigli quien, tras las incomodidades provocadas por El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, expresó la reacción del general Calles: “los criticó con dureza opinando que la situación de México exige que se conserven los pocos valores que tenemos, aun mintiendo, y que es un crimen destruirlos”. El priismo no ha cambiado]. El consenso para la censura fue tal que los censurados orientaron sus discursos a criticar a cualquiera que en redes “compartía” (alguien debe hacer la crítica de este uso del verbo compartir) el video, a criticar la inmoralidad de los usuarios de redes y a reivindicar la moralidad de la censura. La censura ganó tanto el miércoles 18 de enero de 2017 que no se cuestionaron las amenazas a la libertad de expresión de parte del gobernador “independiente” de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez “El Bronco” (quien además considera la poca militarización como la causa del atentado), o el anuncio de persecución legal por parte de Gobernación. El país que no se puede poner de acuerdo encontró con facilidad consenso para la censura. ¿Por qué?

Ofrezco dos respuestas tentativas que deben ser pensadas con más calma: delación y crueldad. En una comunidad que tiende a la tiranía cunden la crueldad y la delación, pues ambas son modalidades del ejercicio del poder bajo el tirano. El consenso para la censura es conservación del modo en que la delación y la crueldad se nos van volviendo costumbre. Comencemos por la crueldad. La explicación pública del atentado en la secundaria de Monterrey rápidamente tomó dos caminos: la medicalización y la pedagogización. La pedagogización hizo uso de su comodín predilecto: el bullying. Quienes creen en el bullying como una categoría de las relaciones sociales privan de moralidad a la acción y perfilan a la conducta como el resultado de las interacciones sociales. El bully, piensan ellos, es así a consecuencia de los modos en que ha interactuado, pero su conducta puede ser modificada si se cambian sus modos de interacción. El cambio en los modos de interacción debe ser prescripto por un profesional que dispone de los elementos ambiente para la producción de una conducta distinta. La ocurrencia de un comportamiento negativo –que un joven dispare un arma de fuego contra sus compañeros y su maestra, para después dispararla contra sí mismo- da cuenta de un error de disposición y emplaza a los profesionales a corregir el ambiente en función de la reducción de la posibilidad del comportamiento negativo. Visto así, el caso –porque en esta explicación el suicida (y quizás asesino) es un caso representativo cuya recurrencia debe evitarse para el correcto funcionamiento del mecanismo social- nos advierte de la necesidad de mayor control y de regulaciones más precisas. Ciegos para reconocer la crueldad, nos empeñamos en planificar mecanismos que reduzcan la reincidencia de los casos. La medicalización, por su parte, supone iatrogénica a la violencia: quien disparó es un enfermo erróneamente tratado. De haber sido tratado correctamente, su comportamiento hubiese sido encaminado a una canalización positiva de su padecimiento –y el malestar a él concomitante-. ¿Cuál padecimiento? Ahí es donde los predicadores de la bata blanca y los ministros del diván suplantan lo público y postulan la necesaria medicalización de la vida, de toda la vida. Esto es, se supone la subordinación necesaria al profesional, con todas las consecuencias que en Némesis médica mostró Iván Illich. La violencia como padecimiento psicológico es otro modo de ocultarnos la crueldad. Quizás ocultamos la crueldad en la disposición técnica de los profesionales de la pedagogía, la psicología y la medicina porque nos disgusta ver en la crueldad el ejercicio del poder subordinado.

La delación, por su parte, tiene doble raíz: la fascinación por el chivo expiatorio –que nos enseñó a ver René Girard- y la apariencia de control y poder que permiten experimentar las redes sociales –que Giorgio Agamben comenzó a explorar en ¿Qué es un dispositivo?-. El consenso para la censura puede facilitar una disposición legal persecutoria que se presentará como regulación de las redes. La persecución satisfaría legalmente nuestra afición al linchamiento. La regulación envanecería al usuario de redes: sabe usar correctamente las redes, es responsable en el ejercicio del poder mediato en que está emplazado, gana una superioridad eficiente que lo distingue como esclavo feliz. En tanto, al otro, al torpe o al inferior, hay que delatarlo, perseguirlo y castigarlo: someterlo al poder del reglamento. El consenso para la censura es la suplantación de la moralidad de la praxis por la eficiencia del uso. El consenso para la censura pedirá nuevos profesionales en la educación del uso eficiente de las redes. Para evitar otro atentado, se esgrimirá, será necesario terminar con la política.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El próximo jueves se cumplen 28 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. En torno al caso hay que resaltar que los defensores de los inculpados, quienes indicaron la versión del río San Juan como destino final de los restos calcinados de los normalistas, intentarán probar, a partir de un dictamen emitido esta semana, que las declaraciones se obtuvieron bajo tortura, por lo que no se siguió el debido proceso y merecen ser liberados. De ser así, la versión oficial del caso se desmorona. 2. Se ha hablado recientemente en este blog sobre la acuciante pregunta “¿qué hacer ante nuestra apremiante situación?”. El lunes pasado, en La Jornada, Gustavo Esteva ofreció una de las más claras reflexiones sobre nuestros tiempos: “el desafío que enfrentamos exige obviamente un tipo de imaginación a la que no estamos acostumbrados”. 3. A la pregunta “¿Qué hacer?” también se puede responder a partir de la última novela de Javier Sicilia El deshabitado, reseñada aquí.

Coletilla. “Al homicidio se le considera un crimen cuando se le comete privadamente, mas se le llama virtud cuando se ejecuta en nombre del Estado”. San Cipriano

 

Riesgo y necesidad

Riesgo y necesidad

 

La paz como efecto del comercio es una idea que se remonta a Montesquieu. El desarrollo de las naciones, pensaba él, hará que los hombres reconozcan tarde o temprano que la paz es más favorable a la prosperidad que la ausencia de ella. En la medida en que el comercio llega a ser la fuente de la prosperidad, pudo haber asegurado, cundirá el convencimiento de la necesidad de la paz. Tras esa resignificación de la paz –pax oeconomica– se oculta una resignificación de la guerra –la guerra como lucha- y una reinterpretación de la praxis: la hacienda, lo que hay que hacer para la propia prosperidad. Cuando ta prágmata es lo que hay que hacer, la praxis ya no es política.

A partir de esto, podemos hablar de una paz no-política, casi de una regulación administrativa, del gobernante como administrador. Las reglas de la administración se conocen como funciones -¿habrá sido primero el uso técnico o el uso matemático?- y su ejercicio como aplicación de las reglas. Por eso el administrador “justifica” sus decisiones en función de lo que hay que hacer, de la necesidad, de la supervivencia. Ninguna decisión del administrador puede cancelar la supervivencia. Ninguna medida administrativa distiende la tensión superviviente.

Ser administrado, por su parte, es ser superviviente, vivir de lo que hay que hacer. No por nada en los reclamos contra la mala administración la necesidad es el centro. Los límites de la explotación, el agravio acumulado y la lucha de clases son las fórmulas de la perentoriedad del administrado, los nombres profesionales de la supervivencia. La indignación del administrado no es política, sino económica, y en tanto tal es irresoluble. (Además, la indignación política y moral no es cuantificable, así como los agravios morales no son acumulables: nunca hay tantas injusticias que justifiquen injusticias). La vida económica es lo que hay que hacer. Tras ello, siendo imposible la virtud, sólo queda la lucha o la desesperación, la paz burguesa o la esperanza vana.

Creo que, considerando lo anterior, nuestra pregunta no debe buscar lo que hay que hacer, sino lo que es bueno hacer. Pensar la política en términos morales nos permite reconocer la inmensa pérdida que significa pensarla en términos de necesidad. No es el virtuoso quien necesita ser virtuoso, o quien ha alcanzado un estado especial que lo distingue de los otros, sino quien decide actuar conforme a la virtud, virtuosamente. Actuar virtuosamente no es una consecuencia necesaria, sino el resultado de cada caso. El virtuoso no es perfecto, sino que su actuar es acorde a la perfección. El virtuoso puede errar, así como el vicioso puede esforzarse por la virtud: el perdón y el arrepentimiento son posibilidad de la virtud. Tanto la paz como la guerra, cuando son políticas, involucran al vicio y a la virtud, y por ello es conveniente buscarlas. La política, como actividad del hombre libre, es el riesgo constante de la tiranía.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Interesante historia la que presentó el diario Vanguardia el pasado domingo: un pueblo destruido por las intenciones mercantiles del hombre más rico de México, hombre al que ya se promueve como candidato a la presidencia. El progreso económico está en guerra contra lo pequeño. 2. Mexicanos contra la Corrupción publicó una investigación sobre el conflicto de intereses de algunos de los defensores del impuesto a las gasolinas. Específicamente menciona al secretario de Energía y al titular de Profeco. En el negocio de las gasolinas aquí investigado también se encuentran familiares del presidente Peña. ¡México adelante!3. En Animal Político evaluaron cada una de las afirmaciones del mensaje de año nuevo del presidente Peña. Las cosas buenas casi no se cuentan, pero las mentiras sí, se cuentan y se contabilizan, señor presidente. 4. Es común escuchar que no hay crítica al gobierno por parte de los neoliberales, por ello vale la pena leer “Cuando el gobierno roba”, del neoliberal Leo Zuckermann. 5. En la semana se filtró con insistencia a los medios de comunicación un documento que, supuestamente, contenía parte de la investigación oficial en torno a los organizadores de los saqueos de los días anteriores. El documento es una muestra de la profesionalidad de la inteligencia mexicana. Si, por ejemplo, Animal Político y Carlos Puig comentaron los eventos, la inteligencia mexicana los ubica como instigadores. Si Andrés Manuel López Obrador, Gerardo Fernández Noroña y Mario Delgado publicaron en sus redes sociales una opinión adversa al impuesto a las gasolinas, ¡claramente están llamando a saquear Elektra! O la inteligencia mexicana es estúpida, o quisieron aprovecharse del sospechosismo popular para avanzar la censura de las redes, o, como lo sugiere Martha Anaya, el asunto es un conflicto interno de la Segob: el modo en que el equipo de Osorio Chong golpea a Renato Sales. 6. Y por último, una aclaración: me han preguntado varias veces en los últimos dos días qué pienso del reportaje que circula con profusión en redes sociales (me dicen que circula principalmente en whatsapp) sobre el saqueo secreto de Enrique Peña Nieto a la CFE y a Pemex. Contesto: pienso que debemos leer bien y más allá del encabezado. El reportaje, que no es malo, de Manuel Hernández Borbolla para The Huffington Post México señala que durante las administraciones de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto se tomaron recursos de ambas empresas para subsanar las finanzas públicas, ojo, por ambas administraciones, no por Peña Nieto. De hecho ambas administraciones han reconocido el uso del patrimonio de las dos empresas y en el marco actual del incremento de precios se alega como necesario porque ese uso de patrimonio para solapar los problemas de las finanzas públicas ya no será posible. Hay que leer más allá del título, pues. Acá el reportaje.

Coletilla. “Dios jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón”. Francisco, papa.

Realidad infiltrada

Realidad infiltrada

 

La libertad política no es la libertad fáctica, así como la sabiduría práctica no es un acto teórico. La teoría y la práctica se distinguen por sus objetos. Cavilar sobre una acción posible no es semejante a la contemplación de un teorema. Detenerse a considerar los pormenores de la acción no es, por ello, un proceso deductivo. La sabiduría práctica garantiza la libertad política. Pero no hay libertad política si es imposible la sabiduría práctica. Y la sabiduría práctica es eso que antes se llamaba virtud.

La diferencia entre la libertad fáctica y la libertad política se muestra en el problema de la tiranía: el tirano podría tener toda la libertad fáctica de la acción resuelta, pero no por ello tiene libertad política, pues es esclavo de sus vicios. Un tirano podría resolver la apariencia de la libertad política, pero no con ello será libre políticamente. La libertad política es la que permite el reconocimiento de la práctica como práctica, no como vida fáctica. Pensar que la vida política es fáctica supone la imposibilidad de la política y el imperio de la necesidad. La tiranía sólo se sostiene cuando la política es imposible y la necesidad imperiosa.

La necesidad no puede ser imperiosa cuando el mal es posible. Por ello, cuando en la vida política nos negamos a ver el mal, suponemos una necesidad imperiosa y una tiranía posible. Pensemos, por ejemplo, en una explicación popular sobre una revuelta populosa. Un grupo de gente toma las calles para protestar contra una imposición gubernamental y la protesta deviene en saqueos y robos. La explicación que se niega a ver el mal supone inmediatamente una confabulación: los saqueadores son infiltrados. O bien son los funcionarios quienes confabulados desvirtúan las protestas del pueblo bueno infiltrándolo en su manifestación, o bien son los opositores quienes confabulan con intenciones golpistas infiltrando a desestabilizadores, o bien hay especialistas en la infiltración que buscan la reacción desproporcionada de las fuerzas del orden. El hecho violento es cuestión de fuerzas que no dan la cara. Quienes así piensan ya concluyeron que la maldad es imposible. La violencia como efecto de las fuerzas es amoral. La conspiración enmascara la crueldad. Una comunidad que se niega a ver la crueldad de su propia acción es una comunidad que será sorprendida por el mal. Ante el mal que sorprende y la política que se cancela sólo queda la libertad fáctica.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El miércoles 11 se cumple un año de la desaparición de los jóvenes de Tierra Blanca. Tras el intento de cerrar el caso con el planteamiento de que una gota de sangre es prueba del asesinato de los jóvenes, no hay avances en la investigación desde el 12 de mayo de 2016. 2. El violento polvorín que es el país ha sido rociado con gasolina, asegura Juan Villoro. 3. Durante el año pasado mencioné las recurrentes amenazas a Héctor de Mauleón. En la semana, en su columna de El Universal, se dio a conocer el seguimiento de los casos. Primero, señaló de quién provienen las amenazas: un simpatizante de Morena. En segundo lugar, nos informó que quien coordinó las amenazas radica en Puebla y utilizó las instalaciones de la BUAP para amenazar; además de que dos miembros más del grupo han sido detectados en Zacatecas y Houston. En Puebla, parece trabajar también para Moreno Valle. De Zacatecas es el actual delegado en Cuauhtémoc (delegación sobre la que de Mauleón reporteó y cuyos reportajes generaron las amenazas). ¿Por qué Houston? Sospecho que algo podría encontrarse si se remonta al 20 de mayo de 2012. En tercer lugar, se señaló que no sólo Héctor de Mauleón, sino Denise Maerker, Olivia Zerón, Denise Dresser y algunos críticos de Morena también han sido amenazados por el mismo individuo. Como es de esperarse, los seguidores de la “honestidad valiente” denuncian difamación, dicen que el señalado no es de Morena, dicen que de Mauleón ni aguanta nada… ¡Ah, qué recurrente es el compló! 4. Lo malo de no ir a la fuente. Sergio Aguayo escribió para el diario Reforma una nota sobre El deshabitado, última novela de Javier Sicilia –reseñada aquí-. Basándose en la nota de Aguayo, Juan Ignacio Zavala difama a Sicilia en las páginas de El Financiero. Lo malo de no ir a la fuente.

Coletilla. Jean Jacques Rousseau “quiso reinventar el mundo, pero no salió del espejo”, ha dicho Jesús Silva-Herzog Márquez en su contribución para Nexos de enero de 2017. Le debemos una más a su lucidez.

Política: razón y ocio

Política: razón y ocio

 

La política es la actividad de los hombres libres. O al menos eso pensaron los filósofos políticos de la Antigüedad. Actividad propia de los libres no por un prejuicio de clase, como usualmente se supone, sino porque su ejercicio es voluntario. Sólo los hombres libres pueden decidir dedicarse a la política. Sólo los hombres libres pueden elegir alejarse de la política. Por ello la política no podría ser una profesión. Al profesional de la política se le llamaba sicofante, y su fama –como ahora- no era buena. El hombre libre decidía dedicar su tiempo a la política. No dedicaba el tiempo libre, lo que algunos llaman ocio, sino que a la política dedicaba su tiempo libremente. La libertad del hombre dedicado a la política no era una libertad económica, sino absolutamente política. Sólo a nosotros los modernos, quienes hemos perdido de vista lo político, se nos vuelve económico el problema del ocio y, por ello, se nos plantea como progreso la posibilidad de la política: solucionar el problema económico para garantizar la libertad política. Pero el hombre libre también puede elegir no dedicarse a la política. La solución económica no es necesariamente solución política.

         La solución económica no puede garantizar la libertad, porque la libertad sólo es política. La solución económica sólo puede garantizar la manumisión (sobre todo ahora que ya no tenemos –formalmente- Circo Romano). El liberto no es político, simplemente ya no es esclavo. ¿Puede ser político un esclavo? ¡No vayamos por ahí, que se nos cuela la esencia de la rebelión! (Compárese la salida de los judíos de Egipto con la revolución económica de los Gracos). La libertad sólo se garantiza con la política. Una política que no vela por la libertad será alguna forma de ejercer el poder, pero no una forma de la política. Un ejercicio del poder fundado en la necesidad no es un ejercicio político, pero puede ser un efectivo ejercicio económico. Podemos tener prosperidad económica y no ser políticos. Sin política, pero con economía, podemos aspirar a la prosperidad de los libertos y los sicofantes: prosperidad de la crueldad y la delación.

         Cuando los profesionales de la política, y quienes ejercen el poder por su influencia económica, justifican sus decisiones, propuestas y programas, por la necesidad y la fuerza, ponen en riesgo la posibilidad de la política. Cuando un aumento de impuestos (supongamos que a la gasolina) sólo se justifica por la necesidad (turbulencia económica extranjera, alza de los precios del petróleo o estabilidad del mercado), se pone en riesgo la posibilidad de la política. Cuando la oposición al aumento de impuestos sólo toma la forma de ejercicio de la fuerza (que el presidente decrete inválida la ley que produce el aumento, que va a despertar el México bronco, que tomemos las gasolineras), se pone en riesgo la posibilidad de la política. Cuando una sociedad, ante su posibilidad política en riesgo, no puede ponerse de acuerdo, sólo le quedan la delación y la crueldad.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El lunes pasado, en la conmemoración de los 27 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, los padres de los desaparecidos fueron encapsulados por la fuerza pública durante su visita a la Basílica de la Virgen de Guadalupe. Se impidió a los padres participar en la misa en el altar central y fueron conducidos a una sala alterna, donde el obispo Raúl Vera ofició sin que los funcionarios del centro mariano facilitaran lo necesario para la ceremonia religiosa. Hace dos semanas comenté aquí que el Cardenal Norberto Rivera quería oficiar la misa como parte de su estrategia de reposicionamiento público y reinvención política -estrategia generada tras el nombramiento del nuevo Cardenal-, pero ante las dudas de los padres sobre las nuevas intenciones de Rivera, el Cardenal Primado -quien ahora se inventa el discurso de combatiente de la pederastia-decidió bloquear la misa de conmemoración por los 27 meses de la desaparición. Rivera Carrera está nervioso, su tiempo se acaba. El año siguiente la jerarquía católica estará muy activa. 2. Luis Miguel González reflexiona, en El Economista, sobre los efectos a corto, mediano y largo plazo del aumento en el precio de las gasolinas. 3. El IFT contribuye a la formación del Estado totalitario. Dentro de los lineamientos que entrarán en vigor a finales de febrero, se considera crear un Comité (¿de salud pública?) que tenga la facultad de dictaminar la suspensión “precautoria” de las transmisiones de algún medio que, a juicio de los miembros del Comité, viole los derechos de la audiencia. Si los conductores de los noticieros de radio y televisión no “distinguen” entre la opinión y la información, es decir si editorializan, se podría suspender la transmisión de su medio. Y todavía no hay nadie protestando. Mensaje para los  bolivarianos nacionales: la reforma también incluye a Carmen, pues también aplica para radio y tv restringidas. ¿Ahora sí van a protestar?

Coletilla. “Nuestro tiempo, por mucho que hable de economía, es un despilfarrador: despilfarra lo más valioso, el espíritu”. Nietzsche

 

Navidad una, sólo una

Navidad una, sólo una

 

Me molesta la paganización de la Navidad, a pesar de que por ella la celebración se mantiene. Entre las expresiones populares es común escuchar que la Navidad es la oportunidad de que dios nazca en el corazón de las personas, de que renazca el amor en el alma de la gente, de que la vida se abra nuevamente a la eternidad… Y todo lo que la espiritualidad posmoderna gusta decir y escuchar. Sin embargo, en Navidad dios no renace, ni dios nace cada año al final de la Noche Buena, ni hay una renovación de los pactos de amor de la cristiandad. Todo ello es paganismo. Son los paganos quienes tienen una visión cíclica del tiempo (el eterno retorno). Son los paganos quienes creen que dios muere y renace para mantener el ciclo de la existencia. Son los paganos quienes ven en el renacimiento la renovación de los pactos, las oportunidades nuevamente avenidas, la oportunidad cíclica de la salvación (moksha). La Navidad no es una fiesta de fecundidad, no es un nuevo inicio, no es la perpetuación del devenir. La Navidad es una y sola. No es celebración de la fecundidad, sino aceptación de la gracia. No es inicio, sino cumplimiento. En la Navidad no hay pactos qué renovar, sino consumación del Pacto –el de Abraham, Isaac y Jacob-. La Navidad no es oportunidad de salvación futura, sino salvación acontecida. En Navidad nació el Dios que no renace, sino Resucitó. Y la Resurrección no es un evento cósmico, que eso es la Creación que supera la nada, sino la superación del más profundo nihilismo del pecado y la muerte (cfr. Robert Sokolowski, Phenomenology and The Eucarist). Por eso la Navidad es una sola, un evento único, es definitiva. Por eso su celebración en realidad es conmemoración. La Navidad es la conmemoración de quienes vivimos los últimos días…

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El lunes siguiente se cumplen 27 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Es importante mencionar el más reciente libro sobre el caso: La verdadera noche de Iguala de Anabel Hernández. El libro se presenta como una detallada investigación en torno a los hechos del 26 de septiembre de 2014, aunque en realidad es un detallado alegato en contra de la explicación que la PGR ha ofrecido del caso. El libro se centra en desmentir a la PGR, sin que por ello diga la verdad del caso; por su lectura no sabremos dónde están los normalistas. Tengo cinco observaciones sobre el libro. Primero, exculpa a José Luis Abarca. La prueba máxima para la exculpación es una entrevista realizada por Hernández en junio de 2015, donde el exalcalde perredista de Iguala afirma que tras finalizar el informe de labores de su esposa estuvo en coordinación con los elementos de seguridad (p. 148). Es sospechoso que una periodista tan puntillosa no contrastara esa entrevista con la única que dio Abarca tras los hechos, la mañana del 29 de septiembre de 2014, donde afirmó que no se había enterado de nada y se fue a dormir tras el informe. ¿Por qué tiene validez la segunda entrevista y no la primera? Segundo, se insiste una y otra vez que los policías de Iguala fueron inculpados, pues ellos no sólo entregaron las armas voluntariamente, sino que también permitieron que les hicieran las pruebas de rodizonato de sodio, lo que permite a la autora presentarlos como probablemente inocentes, bajo el supuesto de que la culpabilidad produciría resistencia. ¿Por qué es más fácil suponer la fabricación de culpables que la confianza en la impunidad? Tercero, a lo largo del libro se menciona al exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, de modo peculiar. Por el inicio la periodista afirma: “según sus allegados, lo consiguió (el triunfo en las elecciones) con el apoyo incondicional de Peña Nieto y Osorio Chong” (p.68). En la siguiente ocasión, menciona al exgobernador Aguirre como “cercano al presidente Peña Nieto y al secretario de Gobernación Osorio Chong” (p. 72) . Y más adelante, Ángel Aguirre es presentado como “amigo personal de Peña Nieto y Osorio Chong” (p. 158). ¿Cuál fue la prueba? ¿Pasar de un “se dice” a una afirmación categórica? ¿Por qué sugerir el presunto apoyo de Peña y Osorio en la campaña a la gubernatura, y no mencionar, por ejemplo, el apoyo real de López Obrador en esa misma campaña? Cuarto, en ninguna parte del libro se sopesa la responsabilidad de la organización estudiantil, y sus grupos afines, en los hechos de aquella noche. La autora decidió que para su investigación sí era conveniente hablar de la relación de los normalistas de Ayotzinapa con Lucio Cabañas, pero que no iba a investigar la relación de los normalistas de Ayotzinapa con la guerrilla (relación ya mencionada en Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos [Anagrama, 2015] de Sergio González Rodríguez pp. 31-39). La autora decidió que para su investigación sí era conveniente hablar del secuestro de camiones y justificarlo porque “la normal no tiene presupuesto para las movilizaciones” , y que no era conveniente señalar que no se puede asignar un presupuesto a un rubro que no corresponde a las actividades escolares. ¿Por qué ser tan condescendiente con los normalistas? ¿La verdad sólo se ve tras las gafas del romanticismo revolucionario? Y por último, se insiste a lo largo del libro en la participación del ejército aquella noche, pero la prueba que aporta la autora es una afirmación de “un informante de credibilidad comprobada” (p. 324) quien afirma que los militares fueron a rescatar la heroína oculta en los camiones tomados por los normalistas y que necesitaron desaparecer a los jóvenes para que no hubiera testigos. De ahí, la autora refiere nuevamente la sospecha de que fueron llevados a las instalaciones del 27 batallón; pero es sospecha, no prueba (sobre todo porque hay otras posibilidades que la autora decidió no considerar, como las referidas por Humberto Padgett en su Guerrero. Los hombres de verde y la dama de rojo [Urano, 2015] pp. 127-137) Por lo demás, el libro es un excelente documento que reúne las deficiencias de la investigación oficial y su lectura es imprescindible para la comprensión pública del caso. Anabel Hernández nuevamente ha hecho un gran trabajo periodístico. 2. Jesús Silva-Herzog Márquez es el primero en decirlo tan claro: tras el fracaso de los 10 años de lucha contra el narco, tras la destrucción en que nos tiene nuestra guerra civil, ahora estamos discutiendo el estado de excepción, estamos discutiendo la dictadura. 3. El pasado miércoles 21 de noviembre se publicaron, en el Diario Oficial de la Federación, los “Lineamientos Generales sobre la Defensa de las Audiencias”. Preocupante es el artículo 15, en el que se distingue entre información noticiosa y opiniones, distinción que obligará a los periodistas que ejercen en radio y televisión a separar la presentación de la información y la editorialización y comentario de los contenidos informativos; es decir, el Instituto Federal de Telecomunicaciones ha inventado la “objetividad” informativa y, suponiendo idiotas a los radioescuchas y televidentes, ha decidido que para velar por el derecho a la información, la información no debe editorializarse. Cabe la duda: ¿a partir de febrero de 2017 tendremos solamente notas con cifras oficiales y repetición de notas de prensa? Grave atentado a la libertad de prensa. Los políticamente correctos, como andan envolviendo sus regalos, no han levantado la voz. 4. Informa La Jornada de hoy que el gobernador de Nuevo León, el priista e independiente Jaime Rodríguez Calderón -quien hizo campaña bajo la marca de “El Bronco”-, está molesto con que lo periodistas hagan su trabajo y por ello declaró “que se jodan, ya no vamos a comprar periódicos”. Qué jodido el góber de los regios.

Coletilla. “¿Cuándo comprenderá la gente que de nada sirve que alguno lea su Biblia si no lee también la de los demás?” G. K. Chesterton

Intentamos volver

Intentamos volver

 

entre restos de cena están las migas

los olvidados coros de la noche

 

Inútil recorrer los límites del silencio: no hay señales, no hay arriba, no hay abajo, intentamos volver y nos devuelve. Un silencio que no se guarda, sólo se observa. Silencio en el que a solas me despierto. Silencio del deshabitado. Silencio que el poeta intenta nombrar al tiempo que comprueba que el mundo es indigno de la Palabra. Hablo del silencio de El deshabitado, la última novela de Javier Sicilia.

         El deshabitado es una despedida más, es el último ejercicio novelístico de Javier Sicilia, su retiro de la narrativa. El deshabitado es la descripción exterior del silencio interno que nos reveló Vestigios, su último poemario. Contrario a su despedida lírica, la última novela de Sicilia está inevitablemente malograda. Vestigios se escribió sobre los hitos desgarrados de la muerte; El deshabitado testimonia la dolorosa memoria. Los poemas de Vestigios yacen a la sombra de la Palabra; las páginas de El deshabitado apuntan a la soledad interna, a la clara ausencia de mi ausencia. En El deshabitado, sin hallar los límites del silencio, Sicilia exhibe los límites de la palabra.

         La primera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es formal. Javier Sicilia (el autor) escribió una novela en que Javier Sicilia (el narrador) cuenta la experiencia límite de Javier Sicilia (el personaje) tras la muerte de su hijo Juan Francisco Sicilia. El personaje, sin embargo, al mismo tiempo de ser un personaje en la novela es un personaje en la vida pública del México contemporáneo, un personaje clave de la historia reciente. El narrador debe llevar al lector hacia el encuentro del personaje en la historia novelada y al recuerdo del personaje en la historia reciente. El narrador, omnisciente, también sabe lo que el lector experimenta: hace del lector, que es actor de la historia reciente, un personaje mudo de la historia novelada. Al mismo tiempo, el autor reúne en una misma obra a su narrador, su personaje literario, su personaje público y su activista político frente al lector, sin que por ello el lector pueda sentirse abrumado. Los cinco Javier Sicilia que confluyen en la novela dejan al lector ante un misterioso silencio: el silencio del deshabitado. El poeta ha tomado la palabra para que dentro de ella se despliegue el silencio: cuando Dios nos ha abandonado, nos descubrimos deshabitados… y no tenemos nada que decir. Como la novela no puede encubrir el silencio, porque inevitablemente habla, la novela es inevitablemente malograda. Sicilia tomó la palabra para decirnos que ya no bastan las palabras.

         La segunda dificultad de la última novela de Javier Sicilia es una dificultad lectora. ¿Qué hará el lector ante un libro que anuncia la desolación de las palabras? ¿Para qué se lee una novela en cuyo centro el lenguaje no es casa de nadie y en cuya morada nadie puede habitar? ¿Por qué tendría alguien que leer la malograda novela autobiográfica de un deshabitado? Porque al menos todavía puede haber lectores que se lo pregunten. Tan inexplicable, tan incómodo, tan aparentemente inútil como lo fue repartir abrazos por el país, llorar con las víctimas, encontrarse en el amor adolorido, es leer la nueva novela de Javier Sicilia. No es un testimonio del Movimiento por la Paz, no es una reivindicación de los muertos, mucho menos es una justificación de la desconcertante actividad del poeta. El deshabitado es la ventana al inexplicable e incómodo vivir de quien lo ha perdido todo, pero ama; de quien ha sido abandonado, pero busca; de quien transido de dolor, besa. El deshabitado es la novela de quien entiende el drama inmenso del que entrega con un beso y de quien se entrega besando, del que habita la noche y del que escapa a la mitad de ella, del que observa el silencio.

         La tercera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es práctica. La novela sostiene que en nuestros tiempos ya no bastan las palabras, sino que la palabra, nuestras palabras, como la Palabra, debe volverse carne: como el perdón se encarnó en los abrazos que las víctimas se dieron recorriendo el país en la Caravana por la Paz. El lector ve en la novela el desmoronamiento de un hombre, de un país, de un mundo, ve la indignidad del mundo para la Palabra y ve la necesidad de que la Palabra sea carne. Y la encarnación sólo puede entenderse como un acto de despoder. La dificultad práctica de El deshabitado es idéntica a la dificultad teórica del retraimiento de Sicilia: no encabezó un movimiento para tomar el poder, sino que lo encabezó para renunciar a él. ¿En qué medida un lector está en posibilidad de despoder?

         El deshabitado no puede ser una novela bien lograda, porque por su lectura nunca logrará que su lector se despodere. Javier Sicilia no predica la conversión de los débiles. El poeta no es coribante de un nuevo rito. La despedida de la narrativa no es un acto de poder, de arroparse en el silencio, sino de despoder, de deshabitación de la palabra. El poeta ya no hablará como poeta: será palabra encarnada. A sus lectores nos queda abierta la posibilidad de leer despoderando, de que la palabra sea carne.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Anoten la fecha: 12 de diciembre de 2016, la primera ocasión que el término “desaparecidos” apareció en un discurso del presidente Peña. Héctor de Mauleón ha hecho un recuento de nuestra narcofosa nacional, recuento que ha incomodado a algunos y le ha valido una nueva amenaza de muerte. 2. Algo cambió en la historia del secuestro en México durante la semana. En San Miguel Totolapan, Guerrero, un grupo de “autodefensas” secuestró a 21 personas ligadas al líder de secuestradores de la región, Raybel Jacobo de Almonte “El Tequilero”, para obligarlo a liberar a quienes él había secuestrado. La labor de los funcionarios fue de mediadores entre ambos grupos de secuestradores a fin de conseguir el intercambio de secuestrados. Leyó bien el lector: los funcionarios mediaron un pacto criminal. 3. Es preocupante que la nueva jornada de acciones para pedir resultados en la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde hace 26 meses inicie con violencia. El pasado miércoles, un grupo de normalistas lanzó piedras, petardos y bombas molotov contra el cuartel militar de Chilpancingo; desde el interior del cuartel los militares contestaron con petardos. ¡Los militares contestaron a la agresión! Al parecer las nuevas jornadas concluirán con una peregrinación de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” a la Basílica de Guadalupe, donde el Cardenal Norberto Rivera oficiaría una misa en memoria de los normalistas desaparecidos. De ser así, sería un acto más de la reinvención del Cardenal Rivera, quien tras el nombramiento del nuevo Cardenal ha cambiado su discurso y ahora finge que le preocupan las causas sociales. ¿Acaso no recuerdan que la principal preocupación de Rivera Carrera este año habían sido los anos? Si tan comprometido se siente con los padres de los desaparecidos, ¿por qué no los apoyó para el encuentro con el Papa Francisco? El Cardenal Rivera quiere salvar el puesto y para ello está dispuesto a prestar los cerillos. Indignante.  4. Las cosas buenas casi no se cuentan… Basta leer El Sur del pasado 12 de diciembre, que informa que en una comunidad del municipio guerrerense de Cochoapa el Grande, el municipio más pobre del país, están esperando a los profesores desde 2012, pero no llegan. El problema, además, es que los profesores que acreditaron las evaluaciones no son bilingües (tu’un savi-español) y los padres de los niños -que rondan los 30 años- son una generación que tampoco tuvo profesores, por lo que no hablan español. Las cosas buenas ¿qué? Aquí puedes descargar, lector, un diccionario de tu’un savi. 5. La semana pasada un grupo de secretarios de Estado jugaron a hacer guacamole porque -al parecer- no tienen nada mejor que hacer, lo consideran buena onda y les da publicidad. El juego se inscribió en un evento agropecuario organizado por el exgobernador de Querétaro y actual secretario de Agricultura para anunciar una cierta certificación a una marca de uno de los empresarios favoritos del sexenio. Tan bien le va a dicha marca que no sólo reúne a cuatro secretarios de Estado para amenizar la tarde y asegurar sus exportaciones a medio oriente, sino que en próximas semanas el gobierno anunciará con bombo y platillo, en voz del actual secretario de Salud y exrector de la UNAM, la alianza de los servicios públicos de salud con una cadena de laboratorios de dicha marca para subrogar el servicio de mastografías. El dato: la marca ha sido asociada con un viejo barón del narco, del mismo cártel que creció en Querétaro y en la UNAM durante los años anteriores. Curioso, ¿no? 6. El pasado domingo, en el suplemento cultural de La Jornada, apareció una reseña del nuevo libro de Valeria Luiselli -que reseñé aquí la semana pasada-. Curioso inicio de la reseña: “en una época en que la literatura se ha dado permiso de ser un género en sí misma e incluso toma prestados recursos del periodismo”. ¿Eso en un suplemento “cultural”? ¿Eso en el diario que, en la República Socialista de Coyoacán, presumen como el único preocupado por la cultura?

Coletilla. “Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da ánimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oración que permite ser más fuerte…, son todas expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo ofrecido por los hermanos”. Papa Francisco, quien hoy cumple 80 años.