El hecho literario

El hecho literario

 

No todo texto autobiográfico es un texto literario. Ni todo texto literario trasluce necesariamente episodios autobiográficos. La vida de un literato no se filtra inclemente en la obra, ni la conforma forzosamente, ni la orienta agazapada. La obra autobiográfica se nutre desde el hecho literario. El literato compone la obra creando literariamente su vida. Podemos verlo, por ejemplo, si comparamos la nueva gran obra de Paul Auster, 4 3 2 1, con su tercera novela autobiográfica, Diario de invierno.

         El personaje principal de Diario de invierno es un hombre descalzo, parado frente a la ventana, viendo caer la nieve y encontrando en los pliegues de la claridad exterior los serpenteados vericuetos de la memoria interna que conforma su vida. Sí, de cierta manera es cierto que el personaje central es Paul Auster. Pero afirmando eso perdemos de vista la experiencia literaria de la obra: no es un texto en que el autor nos presente a su personaje, sino un diario. Aunque no es simplemente un diario, sino una evocación de los días pasados desde la mirada del hombre descalzo, de pie frente a la ventana y viendo caer la nieve. Entender que el Diario de invierno es un diario, una novela y una autobiografía es entender el hecho literario de la obra.

         Mientras 4 3 2 1 presenta las posibilidades de una vida a partir de la creación de varios narradores posibles, Diario de invierno se construye desde la experiencia interna que el poeta ha fraguado en el personaje autobiografiado. Que el presentador sea el mismo en ambos libros no es suficiente para suponer que la presentación acontece del mismo modo: las vidas posibles de los narradores posibles son plenas invenciones del autor, sin que por ahora nos importe desde dónde inventa; la vida recordada en el Diario de invierno, en cambio, es una recolección del personaje inventado, no invención dentro de la invención, sino exploración de las propias posibilidades pasadas cuando se asume uno mismo como personaje rememorante. No es igual la propia asunción como personaje que la creación desde la interioridad literaria: ahí está la diferencia entre el Diario de invierno y el Informe del interior. No es igual la propia asunción como personaje que la creación de las posibilidades de uno mismo como un personaje posible. La literatura, en 4 3 2 1, Informe del interior y Diario de invierno es, como en Aristóteles, representación de lo posible. Mas la diferencia entre las tres obras explora posibilidades de la posibilidad, ensaya la vida, ensaya la literatura. La literatura como ensayo: Paul Auster como autobiografiante.

         Si ahondamos en el hecho literario descubriremos que Paul Auster ha explorado las posibilidades literarias de la autobiografía. Ahondando en ello, podríamos comenzar a entender 4 3 2 1 como obra literaria, como el todo creativo que realmente es. Ahondando en ello podríamos reconocer el valor literario de las filtraciones de la vida en la obra, de los destilados de los libros en la vida.  Sólo así, quizá, la propia vida sería literatura.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. Qué fácil decir estupideces y confiarse en que los medios editarán las declaraciones centrándose sólo en lo que puede ser escandaloso para todos, no en lo que realmente debería preocuparnos. En aquella declaración del censor de México se señaló a Mario Vargas Llosa como mal político porque perdió, pero los medios omitieron la explicación del asunto: Alberto Fujimori viene a ser buen político por el puro hecho de ganar. ¿Fujimori, buen político? Ah, pero ahí van todos contra don Mario.

Coletilla. “En la escritura de un solo párrafo podemos pasar del deleite a la tortura”. Ignacio Solares

Anuncios

La vida como grulla

La vida como grulla

 

I was down and out
He looked at me to be the eyes of age
As he spoke right out

 

Es una opinión extendida que la unidad del arte poético posibilita la reunión de la comedia y la tragedia en las grandes obras. Y siempre es una opinión debatible cuáles sean esas grandes obras, o bajo qué definición ha de juzgarse aquello en que puede reconocerse la pretendida reunión. Si se toman simplonamente, por ejemplo, las definiciones aristotélicas de tragedia y comedia, pronto podría decirse que en cada obra se confirma la reunión, o que cualquier cosa es literatura. Y en diciéndolo pierde plenamente su sentido aquello de donde nace la opinión extendida. ¿A fin de qué sostener la reunión de lo distinto cuando tan arduo empeño exige la precisión de la diferencia, la claridad de la definición?

         Rondo por estos asuntos en el intento de explicarme una novela reciente, su éxito relativo y su dificultad particular. Ando rondando en torno de Esperando a Mister Bojangles de Olivier Bourdeaut.

         La primera novela de Bourdeaut ha sido recibida por el público relativamente bien. Sin ser un fenómeno mediático, ha logrado agradar a un público amplio. Sin ser la nueva gran novela, ha gustado a la crítica. Y mucho más interesante, sin ser una lectura sencilla, ha sido leída con demasiada facilidad. Así, por ejemplo, la mayoría de las reseñas falla al captar la unidad de la obra, ciñéndose inexplicablemente a las primeras páginas. O bien, perfila desarticuladamente el carácter de los personajes, simplificándolos, estatizándolos. O, finalmente, reducen la novela a un calificativo tan ridículo como sospechoso; ni el surrealismo es mero absurdo, ni toda excentricidad es exagerada.

         La novela se divide en tres partes. La primera es la jocosa descripción de una familia, su génesis y sus costumbres. La segunda va más allá del círculo familiar: junto con los profesionales aparece el ámbito público, la vitalidad aparece excesiva frente al orden del Estado, la diferencia torna anomalía, la disidencia aparece como sintomática enfermedad. Hacia la tercera parte el hogar es ya imposible, la vitalidad pasado y la soledad futuro. Las risas de la primera parte contrastan con la resignación y el desconcierto de la tercera. La comedia privada termina en tragedia interna cuando el Estado pone orden, cuando los profesionales determinan la moral pública. Tan sólo por la visión general de sus partes, Esperando a Mister Bojangles es una novela política.

         El título de la novela evoca una canción popular que encuentra su expresión más bella en la interpretación de Nina Simone. El personaje que baila en la canción es la visita esperada en los festivos bailes de los personajes de la novela. Mientras el baile y la música iluminan una celda de prisión en la versión original, aquí la vida ―ya luminosa por sí misma― quisiera no perder la luz ―preservar el constante amanecer― mientras se baila. La música del entrañable anciano de Mr. Bojangles añora el mundo externo. La música que espera la llegada del anciano en Esperando a Mister Bojangles quisiera conservar el mundo interno. La vieja canción nos conmueve porque nos da esperanza de un futuro promisorio. La nueva novela nos perturba porque anuncia que la alegría en que brota la esperanza siempre está al acecho de la destrucción. Olivier Bourdeaut alerta sobre la tristeza que nos inundará cuando sigamos esperando al viejo Bojangles en una nueva celda: la moral.

         No se trata de que Esperando a Mister Bojangles sea una novela inmoral, o un gajo romántico-revolucionario desprendido desde alguna trinchera. Sino que muestra que la vitalidad se agota cuando es imposible mentir. O para decirlo mejor: la alegría suspira cuando es imposible mentir bien. O para decirlo más correctamente: la vida pierde su sentido cuando la mentira sólo es un asunto moral. “Cuando la realidad sea aburrida y triste” ―se aconseja en la novela― “invéntese usted una buena historia y cuéntemela. Con lo bien que miente sería una pena no aprovecharlo”. Mas cuando sólo reina la moral, toda mentira es triste, la literatura vana y la tragedia clara. Viviremos una comedia mala.

 

Námaste Heptákis

Escenas del terruño. El lunes siguiente se cumplen 41 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. No hay novedades en la investigación del caso. ¿Las habrá antes de la elección?

Coletilla. En una síntesis perfecta de nuestros tiempos, Jorge F. Hernández señala el hartazgo provocado por el ruido de la política y avizora la necesidad de buscar un horizonte lejano en que sea posible reconocer nuevamente lo importante.

La explicación persistente

La explicación persistente

 

Pallas, quas condidit arces,

ipsa colat…

 

La ciudad es el lugar de las palabras. Por ello, la reacción romántica contra la civilización moderna enaltece al campo. Si la ciudad moderna se construye a partir de la razón instrumental, será la sólida muralla del silencio la que circunde el panorama romántico del campo. Y la música –a media luz entre el silencio y la palabra- se presentará como la frontera de la civilización y la naturaleza. ¿Acaso la música requiere explicación? ¿Acaso el campo nos libra de explicar? ¿Qué es una ciudad donde ya no se explica nada?

         El silencio del civilizado extraña, pues es una renuncia a la explicación. De igual modo, cuando la música deja de ser concierto en la ciudad, el ruido es lo que permea. ¿Quién quiere vivir en el ruido? Incluso allí donde la palabra parece ya imposible, la explicación no es del todo un inútil combate. Podríamos explicarnos el ruido que circunda para entender al menos si todavía hay lugar para las palabras. Persistir en la explicación no es siempre un acto vanidoso, que a veces la vanidad del autor está en su renuncia a explicar.

         Alexis, o el tratado del inútil combate es una obra literaria que nos permite pensar en la persistencia de la explicación. Por un lado, Alexis podría ser considerada una novela cuasi-autobiográfica: el drama del despertar sexual de un escritor que se hipostasia en su personaje como mecanismo de ocultamiento. Por otro lado, y más acertado, El tratado del inútil combate podría ser considerado como una carta extensa en que se explican en primera persona las acciones de un personaje fabulado. Sin embargo, Marguerite Yourcenar logró mucho más que eso con su obra: logra una novela epistolar biográfica que da razón silenciosa del autoconocimiento erótico. ¿Razón silenciosa?

         Considerada como carta, el autor es el personaje principal de la novela. Pensada como novela, Alexis es el personaje principal de la carta. Sin embargo, no es sencillo identificar a Alexis con el autor de la carta, ni a alguno de los dos con la autora de la obra, ni a la destinataria con el lector, la autora o quien originalmente pedía la explicación. Alexis, el autor de la carta, la destinataria de la carta, la autora de la novela y el lector de la novela se encuentran en torno al silencio que origina toda la obra. El silencio está tanto en la periferia como en el centro de la obra porque es la continuación del viejo lamento de un pastor que es cervatillo, es la respuesta de quien alejándose protege, es la explicación persistente del silencio en la segunda Bucólica de Virgilio.

         Virgilio presenta a Corydon lamentándose porque su amor por Alexis no le es correspondido. A lo largo de la égloga, el pastor muestra la sinceridad de su pasión amorosa y su distanciamiento de la sencilla armonía natural. El epicureísmo virgiliano permite notar que el amor, aun cuando sea sincero, es siempre una perturbación, un desequilibrio de lo natural. No es antinatural la pasión homosexual, sino que su oposición a la naturaleza se origina en la perturbación originaria: todo amor es contrario a la naturaleza. Corydon se lamenta porque al amar ha perdido la tranquilidad y no ha ganado a Alexis.

         Alexis, en cambio, no tiene voz en el poema virgiliano. El silencio de Alexis motiva la creación yourcenariana: parece que la novela pretende dar voz al que en el poema calló. Sin embargo, la voz de Alexis sólo sonará a través de la voz de quien redacta la carta: un hombre que confiado en la comodidad de la costumbre evitó el autoconocimiento y en ello ha reconocido la razón de su infelicidad. El redactor de la carta escribe a su esposa para explicarle por qué ha huido, por qué la ha abandonado, por qué ella es la única que podría entenderlo. Huye porque él nunca sería feliz en la relación burguesa que el matrimonio le permite; él ama de otro modo. Abandona porque no puede exponerse a la tentación de la ciudad, de los citadinos, de los jóvenes de la ciudad. Y la esposa es la única que lo entenderá porque es la única que sabe por qué su amor es realmente imposible: sólo la esposa aquilatará el silencio de la explicación nunca plenamente dada. El esposo se va de la ciudad sabiendo que en el campo tampoco podrá hablar Alexis.

         El epicureísmo del poema nos permite ver al amor como perturbación. Alexis, si correspondiese a Corydon, se perdería en el silencio de los lamentos. El yourcenarismo, en cambio, comprende al silencio de otro modo. Piensa el redactor de la carta que entre una ejecución musical y otra sólo permea el silencio, la continuidad musical de la vida. Los lamentos de Corydon continúan en el silencio de Alexis. El esposo que abandona a su pareja, sabedor de la imposibilidad de amarla, deja una carta en que da razón del silencio en que terminará su relación. Mientras en el epicureísmo no hay solución para el amor, en el yourcenarismo la falta de solución es una renuncia a dar razón. Mientras los cantos virgilianos enaltecen el campo, la música yourcenariana nos acompaña en la ciudad.

         Persistencia en la explicación de uno mismo es el camino por el que Marguerite Yourcenar presenta el autoconocimiento erótico de Alexis y del personaje de Alexis, o del combate inútil. Negarse al autoconocimiento, negarse a dar razón de sí mismo, obliga a un silencio contrario a la razón, a un silencio forzoso, a la infelicidad más sencilla y más imbécil. Dar razón de la propia pasión erótica no necesariamente conduce a la felicidad, pero al menos sí nos aleja de imbecilidad. Cuando es imposible el sencillo amor del campo, cuando se es moderno, cabe detenerse a escuchar la música antes de partir. Cuando es imposible el amor de la ciudad, cuando se es romántico, cabe detenerse a explicar las razones del silencio. La explicación es solución, aunque no sea efectividad. A la oposición entre modernidad y romanticismo, Yourcenar presenta el valor de las palabras: el silencio revalora las palabras acalladas por la razón instrumental, así como las palabras revaloran el silencio de la simplificación romántica del campo. Las palabras valen cuando aquilatan los silencios. Los silencios suenan cuando prueban las palabras. Palabras y silencios se entretejen en toda explicación. Conocerse es, quizás, una explicación persistente.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. No nos engañemos: la alianza del Frente Nacional por la Familia con Mikel Arreola no significa que la gente del Frente sólo esté en el PRI, sino que el asunto está muy bien arreglado. Hacia el fin de semana circuló en los centros de activismo de derechos LGBTTTI una declaración en que se denunciaba la discriminación de Morena en la repartición de candidaturas. Para preparar terreno, el Frente convenció a Mikel de hacer una declaración escandalosa en domingo. La carta se hizo pública. Y el nuevo distractor fue la divulgación de la alianza del Frente con Mikel. ¿Por qué esforzarse tanto en dar la impresión de que Morena y el Frente no están de la mano?

Coletilla. “No hay mundo exterior para los amantes, pero todo es exterior en ellos”. Juan García Ponce

Retrato imaginario

Retrato imaginario

 

Cuatro son los poemas que se han conservado de Hafsa Bint Hamdûn al-Hiyâriyya, dama de sociedad nacida en la Guadalajara andalusí en el siglo X. Revisito el primero de esos poemas. No lo seleccioné para promover su radiante optimismo, sino como para hablar en contrario. Al buen entendedor…

 

El generoso piensa de la vida

que a cada instante es amable,

y que a toda creatura nacida

cada don a su tiempo le es dable.

Suave como el vino es su carácter,

igual que cuando con agua se mezcla;

que nada hay más digno de amarle,

o que quizá iguale su belleza.

Y brilla de hermosura

su rostro como un sol.

Los ojos nos clausura

con toda su atracción.

Y un respeto inmenso

despierta el corazón.

 

 

Coletilla. “El amor, si no es verdadero, no es más que un juguete de los sentidos”. Nizami

Claridad de la palabra

Claridad de la palabra

 

Cualquiera que haya leído a Alfonso Reyes sabrá que el cuidado de las palabras es el cuidado del hombre. Lo humano se apalabra. Las palabras descuidadas arriesgan al hombre. Cuidar la palabra es el esmero de la lectura y el diálogo. Y siempre es deleitoso el esmero en lo mejor del hombre. Por ello, Mil palabras, el nuevo libro de Gabriel Zaid, es un deleite lujoso de oído refinado entre el ruido y la bastedad, escritura elegante entre la rusticidad del post y ordinariez del panfleto, testimonio lector de quien quiere saberlo todo.

         Mil palabras reúne en sesenta ensayos una investigación de más de cuarenta años sobre las palabras, su origen, sus sentidos y sus finalidades. Sesenta ensayos que, publicados previamente, han sido revisados y actualizados por el autor a fin de que no sólo testimonien la publicación original, sino continúen el diálogo entre quienes quieren cuidar las palabras, cuidar al hombre. Zaid enseña -porque, como bien dijo Salvador Elizondo en un famoso ensayo, don Gabriel es ante todo un pedante, en el sentido propio y original del término- el amor a la palabra. El lector puede observar en la obra el arte de hacer un libro, de construirlo como un todo a partir de partes independientes articuladas en función del lector, de la finalidad natural de todo libro. El lector puede advertir la necesidad de escuchar con agudeza lo que decimos, escribimos y leemos, para encontrar en la propia lengua -y en la voz ajena- los sentidos y matices de los movimientos del alma que habla. El lector puede notar la pericia de quien consulta las fuentes de información (que bien puede aprender aquí el tecnócrata académico el uso correcto de las enciclopedias -incluyendo Wikipedia-, los diccionarios y las bases de datos que la metodología profesional enseña a desdeñar, abusar o ignorar), de quien se orienta en medio de la aparente confusión de los demasiados datos y encuentra creativamente el camino a las respuestas de su pregunta. Mil palabras puede contagiar al lector el gusto de leerlo todo, de leer para entender, para entenderse, de leer para entender la propia vida, vivirla entendiendo: ser real.

         Quizás el aspecto más velado de la nueva obra de Gabriel Zaid sea su pertinencia, pues cualquiera que piense en un libro sobre palabras, etimologías y diccionarios podría suponer que se trata de una ostentación impúdica de erudición, de un irresponsable despliegue de palabras que se abstraen del diario acontecer, de la afectación de un intelectual que ofrece a su público cautivo sesenta pretextos para atrincherarse en un escolasticismo caduco o un intelectualismo vano. Nada más lejos de la realidad. Zaid creó su nueva obra con la sabiduría del hombre que sabe escuchar sus tiempos. El libro de palabras de Gabriel Zaid no reúne palabras al azar o al tanteo: pone en claro las palabras que necesitamos para dialogar en la plaza pública. La heurística de la etimología zaidiana se llama sabiduría política. Mil palabras cuida al hombre con la claridad de la palabra.

 

Námaste Heptákis

 

La letra yerta. El pasado lunes, Cantumimbra planteó que el concepto usual de lo “políticamente correcto” no denota la ironía con el que lo mentamos, por lo que vale pensar en la necesidad de un neologismo. Él propuso tres: flexiortodoxia, ortopolítico y doxinestesia. He de confesar que el primero es el más cercano conceptualmente, pero que es feo, por ser demasiado largo y tener una doble “x” que dificulta su pronunciación; no lo imagino en una copla satírica. Ortopolítico no me gusta, pues puede ocultar lo que se intenta decir y puede servir para cosas peores. Doxinestesia suena bien, principalmente por el carácter sensible del asunto, pero requiere el deslinde de la actividad sinestésica y su distinción de la publicidad. Propongo timagogia, que nos recuerda que en el caso de lo “políticamente correcto” estamos ante una psicagogia centrada únicamente en un elemento –lo thymos-, que -distinta a la demagogia- se orienta a sectores específicos de la población y no siempre con intenciones políticas, y que sus llamados a la indignación recurrente son -en alguna ocasión- entimemas. ¿Cómo ven?

Coletilla. Qué belleza ante el horror.

La interioridad literaria

La interioridad literaria

 

Entre las críticas simplonas ―que se irán volviendo lugar común― sobre la nueva obra de Paul Auster, 4 3 2 1 [2017], se encuentra aquella que la afirma como una novela autobiográfica, afirmación tan difícil de sostener tanto por la irrepetibilidad de la vida como por la variación intencional del estilo usual del autor. Auster ha dedicado cuatro novelas a la autobiografía y en las cuatro predomina el estilo usual del autor. En 4 3 2 1, en cambio, el estilo es deliberadamente distinto. Auster sabe que no va a repetirse, incluso cuando haya de contar “lo mismo”. Si algún día queremos comprender el peculiar logro creativo de la nueva obra de Auster, tendremos que deshacernos del prejuicio de que se trata de una novela autobiográfica. Si algún día queremos comprender el todo creativo de 4 3 2 1, tendremos que comenzar a pensar en Auster como creador. Y una de sus cuatro novelas autobiográficas nos puede ayudar de inicio.

         Informe del interior [2013] es un recorrido pesquisón de la interioridad, pero no de esa interioridad que la superficialidad mística cree haber encontrado o que el esoterismo de las cadenas de oración y meme cree alimentar, sino la interioridad única y unificable que una memoria atenta y esforzada encuentra en su reconocimiento del pasado. La interioridad como actividad de la memoria no es arqueología interior, sino expedición asombrada al momento mismo en que se inaugura ese diálogo del alma consigo misma que es la interioridad, que es lo reporteable, que es de lo que de nosotros mismos vale la pena hablar. Lo dice bien Auster contando un episodio de sus seis años: “cuando la voz interior se despierta y surge la capacidad de discurrir, cuando te dices a ti mismo que estás produciendo un pensamiento. En ese momento entra nuestra vida en una dimensión nueva, porque en ese punto adquirimos la aptitud de contarnos nuestras historias a nosotros mismos, de iniciar la ininterrumpida narración que continúa hasta el día de nuestra muerte”. La interioridad es el lugar desde el que nos contamos historias. La interioridad es la fuente de la lectura.

         Importante la descripción de Auster, pues la conciencia, antes que un fenómeno moral, aparece como un fenómeno literario: aquello por lo cual contamos historias, aquello por lo cual queremos que las historias nos sean contadas. La experiencia literaria (expresión alfonsecuente) como origen de una vida dignamente humana. De ahí, el autor como creador de lo humano: de la propia historia en la autobiografía y de las posibilidades de la propia historia en una obra mucho más compleja. De ahí, el lector como cocreador de lo humano: testigo del testimonio autoral, autor de su otredad, escucha de la historia ajena narrada con la voz propia. La interioridad reporteada por Paul Auster es la que origina al autor, lo reapropia de su fundamento, lo hace fenómeno literario. Nada semejante se encuentra en esa totalidad creativa que es 4 3 2 1. ¿Para qué buscaríamos el testimonio austeriano de su origen narrativo? Buscamos nuestra propia voz en los relatos ajenos desde el día en que sabemos por los libros que nunca más estaremos solos. La interioridad nunca es solitaria.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Ayer se cumplieron 40 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. El pasado lunes 22, una comisión de representantes de los familiares de los desaparecidos se reunió con el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En la reunión se acordó una reunión con el pleno del Consejo de la Judicatura Federal para el próximo 31 de enero. Según el abogado de los normalistas, la reunión tiene por objetivo informar de las omisiones de los jueces para librar órdenes de aprehensión contra los policías de Huitzuco, además de solicitar que la investigación se oriente contra las Fuerzas Armadas. 2. Importante el señalamiento de Carlos Puig: el 30 de diciembre de 2017 fue liberado Erick Valencia Salazar, El 85, y no nos habíamos enterado. Y peor: en un oficio fechado el 16 de diciembre se informa de la sentencia del 29 de diciembre: back to the future! 3. Qué raro: la Fepade “acuerda” con Javier Corral que sólo investigará las acusaciones contra César Duarte por desvío de recursos para las campañas electorales. ¿Por qué se necesita acordar que la Fiscalía Especial Para la Atención de Delitos Electorales investigará sólo delitos electorales? Ah, qué exitosa la caravana de Corral. 4. Enrique Quintana no quita el dedo del renglón: alguien está manipulando la percepción sobre las cifras económicas para propiciar inestabilidad. En esta ocasión el dato es la inflación de la primera quincena de enero, que en los corrillos se trata como altísima, pero en los datos es bastante baja. 5. “Honestidad valiente”, le dicen, juar juar. Una corruptela más de los impolutos. El exdelegado Ricardo Monreal se hizo de un negocito familiar durante su desastrosa administración de la Delegación Cuauhtémoc. Ya dirán los groupies de Morena: ¡compló!, ¡mafia del poder!… Lo de siempre. 6. ¡De risa loca! Una señora que se presenta públicamente como filósofa dio una conferencia en la que dijo que la capacidad de razonar nos ha hecho animales violentos y que por ello propone abandonar el humanismo para adoptar el animalismo. ¡Chíngale! Ah, claro, pero denostar a la razón y a la palabra no es ir contra naturaleza, doctora Rivero Weber, sino inventar el hilo negro: lo difícil no es ser humano, sino vivir humanamente.

Coletilla. “Laberinto” de Milenio diario nos deleitó hoy con un nuevo relato de John Maxwell Coetzee.

Simulación o disimulo

Simulación o disimulo

 

Revisito libremente a Teognis de Mégara. Originalmente, se trata de seis versos, o tres dísticos, de una sección bien conservada de las Elegías. En esta ocasión, intenté llevar los dísticos a cuartetas. ¿Se vale el intento? Por lo demás, el poema muestra una característica específica de la moral griega: su practicidad. Al lector que le recuerde al sexto de los Ensayos de Francis Bacon, le quedarán mucho más claros los límites de la practicidad moral.

 

 

Corazón, acorde al amigo

alterna tu tenaz talante,

adecuado con cada uno

según cada caso se trate.

 

Del pulpo toma el carácter,

que siendo él siempre flexible

de la piedra semeja parte

cuando a ella él se le ciñe.

 

Cambiar deberías ahora

que de otro color se tiñe.

Pues la astucia ha de ser prora

o naufraga el inflexible.

 

 

Garita. Si así será la campaña, nos vamos a aburrir bastante. El año pasado, en entrevistas con Pepe Cárdenas (que comenté aquí) y Carmen Aristegui, Andrés Manuel López Obrador inauguró su nuevo estilo de comunicación: indicando a los periodistas qué han de preguntar, cómo lo han de preguntar y para qué. Además, presentó su faceta de cómico voluntario. Por los días de su designación, José Antonio Meade (en entrevista que Cantumimbra comentó acá) corrigió una pregunta que le hizo un reportero del diario El País, pues se debían hacer las preguntas adecuadas a lo que quiere el candidato. Hace unos días, en su registro como candidato de Movimiento Ciudadano, Ricardo Anaya fue callado por Dante Delgado, quien determinó qué preguntas se han de hacer al candidato. El año pasado, López Obrador dijo que no habrá problema si no le hacen las preguntas que él quiere, pues tiene redes sociales para difundir su mensaje. Tras el replanteamiento de la pregunta, la gente de Meade difundió su mensaje. Tras la grosería de Delgado, la gente de Anaya difundió su mensaje. En algo ya ganó el estilo de López Obrador: será la campaña del soliloquio estruendoso.

Coletilla. Buen recuerdo de José Luis Martínez desde la pluma de “La China” Mendoza.