Adiós sin despedida

Albert Camus afirmaba que la respuesta más importante que nos damos todos los días es por qué vivimos un día más. Se responde así a la totalidad de nuestra existencia. De nuestra propia existencia. Afirmaba con esto que nuestra existencia era lo más importante para nosotros; la existencia de los demás no es tan importante, según este argumento. ¿Es más importante existir que existir bien?, ¿Se vive bien si no vivimos con otras personas?, ¿Las decisiones más importantes son aquellas que tienen que ver con el amor?

La pandemia nos ha mostrado otros aspectos de nuestra existencia, nos ha hecho pensar nuestra vida en su totalidad. Pero qué ¿significa pensar en totalidad nuestra existencia? La pregunta aparece imposible, pues los aspectos de los que se compone nuestra vida, con los que estamos componiendo nuestra existencia, son diversos, profundos, problemáticos, contradictorios. Sabemos cuando somos felices, pero no podemos responder en qué consiste exactamente la felicidad; tal vez sí sepamos indagar qué nos hace felices a cada uno, pero sólo si indagar nos hace felices. Podemos ser felices, pero no decidir cuándo estaremos felices.

La muerte de un ser querido nos muestra que nuestra existencia empieza en algún lugar dentro de nosotros pero no sabemos dónde termina. La vida y la existencia encuentran su sentido en el cariño hacia los demás. Encontramos lo que más importa en la compañía de los otros. Sin amistad ni amor no vale la pena vivir.

Yaddir

La semejanza entre Albert Camus y Maluma

Sé que más de un lector se va a indignar por nombrar a un alto miembro de la cultura universal y a un simple cantante sumamente famoso. Pero hay una razón que me lleva a juntarlos y, si el lector demuestra que mi razón es insuficiente, deberé retractarme. ¿Qué pueden tener en común un escritor que vivió en carne propia y reporteó las injusticias que padecieron los argelinos, quien escribiera una novela donde puso a un personaje sin carácter y un joven que eleva las pulsiones de sus fanáticas? Parece que no son sus capacidades intelectivas, ni que ambos aparezcan en una foto; ambos tienen en común su público.

No explote el lector en una carcajada al pensar que las personas que leen con gusto a Albert Camus, si es que realmente debe leerse así, bailen lo que canta Maluma. Esa semejanza, que quizá algunos compartan, no es la que pretendo destacar. Más bien, pretendo enfatizar que los lectores de Camus, así como los que escuchan a Maluma, no lo leen por las más profundas razones, lo leen por gusto. Dicho de otra manera: así como el existencialismo es una moda, la música de Maluma también. No quiero decir que el existencialismo sea algo que deba ser tomado a la ligera, todo lector debería horrorizarse al leer el extranjero o darse cuenta de que ese sujeto (que no puede llamarse personaje por su falta de carácter) es la podredumbre del hombre moderno. Por otro lado, si la base del existencialismo es alguna clase de pasión, sensación o la falta de ella, no puede tomarse, filosóficamente hablando, en serio. Evidentemente, el existencialismo, en algún punto, no es absurdo. Pero aquellos que denostaron a Maluma por leer a Albert Camus (que no sabemos si lo entienda más de lo que lo entienden los fans del argelino) evidentemente no se toman enserio el existencialismo.

Las modas surgen de los gustos y estos suelen tener su base en algo que se diluye. Por ello, no hay buenos y malos gustos, sólo gustos que se dice que son buenos y gustos que se dice que son malos. Evidentemente, sí es posible explicar en qué consiste la buena y la mala literatura. También es posible explicar por qué es mejor escuchar a muchos cantautores que a Maluma. Pero la razón en los tuits se diluye. Por eso, ayer no se criticó a Maluma por aparentar leer un libro de Camus, así como no se pensó por qué leerlo es mejor que escuchar a Maluma. Ayer, sólo se jugó a la indignación.

Yaddir