Bienviniendo

Dedicando con F

Un día leía que leían, sobre la vida, sobre la muerte, en el presente. Sobre las flores marchitas y sus primaveras que pintan rostros en las lágrimas, en las angustias, en los colores. Leía que leían sobre la crisis y los problemas y las carencias. Leía que leían sobre pobreza, sobre riqueza y sobre una mesa. Y sobre todo leía que leían, con miedo, con elegía, con displicencia…

Y una pausa me detuvo el llanto –como el momento en que se quiebra una burbuja–, en un espasmo, en un instante, regresando al corazón cierta esperanza; como una madre que consuela el desconsuelo que enmascara en la caricia; cual cristal de una visión desempañada por las lágrimas; visión del ya y del todavía que se cuela por el alma como un rocío de primavera –aunque marchita– pero común a una nueva voz que se une a coro con nosotros, nosotros y nuestro ocio, nosotros y nada más. 

Gazmogno

Mi primera vez

Sinceramente, de esa primera vez, nada recuerdo. Tal vez no sea la única y acaso pudiera dedicar todos mis esfuerzos en intentar traerla a mi memoria, pero a varios ayeres de ese acontecimiento, sólo puedo atinar a especular de manera burda lo que sucedió en aquella ocasión. Supongo, casi sin temor a equivocarme, que nada salió como yo lo había pensado. Ya me imagino el lugar; en vez de un ambiente tranquilo y amable en el cual yo hubiera podido relajarme y así disfrutar de lo que estaba haciendo, seguro me vi envuelta en un caos donde el barullo de todo lo que estaba alrededor de mí me distraía y no lograba concentrarme en aquello que deseaba hacer. Porque eso sí, segura puedo estar aun sin recordar aquella vez que de veras deseaba hacerlo y esto lo afirmo confiando en que me conozco, de menos, un poco; que no haya salido como yo quería es ya otro cantar. El cómo también debió ser improvisado, pues dado el ambiente imagino que no hubo tiempo suficiente como para tomarse las cosas con mucha calma. En tales condiciones, no creo que el proceso haya sido muy placentero que digamos, ni tampoco que el resultado fuera tan bueno como se esperaba, porque si hubiera sido no de ésta, sino de otra manera, jamás hubiera olvidado la mentada primera vez.

 Aunque ahora que lo pienso mejor, qué bueno que nada resultó como yo quería y esperaba porque fue entonces que me dediqué a hacerlo una y otra vez, confiando en eso de que “la práctica hace al maestro”. Entonces entré a esa etapa de experimentación donde uno pone a prueba los consejos que ha ido tomando de aquí y de allá, ya fuera que alguien enterado de la situación gustosa y muy espléndidamente hubiera decidido dárnoslo, ya porque furtivamente lo hubiéramos escuchado tomándolo como “prestado”. Con ello, uno comienza a darse cuenta de sus gustos; de que prefiere hacerlo en tal lugar en vez de éste otro, que con determinado modo se siente más a gusto, que algunas veces le va bien darle rapidez al asunto y en otras es mejor tomarse tanto tiempo como sea necesario (o posible), que de esta forma y no de otra queda uno bastante satisfecho con el resultado obtenido. Y claro, también surgen los problemas, las carencias o deficiencias; que no se cuenta con los recursos necesarios para llevar esto a cabo, que uno se acomoda mejor con tal manera pero el resultado no es tan bueno como con ésa otra que requiere más trabajo, o bien que nuestro humor casi siempre indica la forma en que habremos de proceder en estos asuntos. Con todo, también se me han presentado esas ocasiones donde he tenido el placer y la gran dicha de encontrarme con alguien que tenga acumulada ya cierta experiencia dentro del campo y del cual he aprendido, o bien todo, o bien lo que considero que me hace falta. Aunque no todo ha sido miel sobre hojuelas, pues me he encontrado también con el caso de aquel al que sólo le interesa llevar a cabo el acto y poco le importa hacerlo bien; y de esas personas, a menos que uno esté dispuesto a hacerles ver qué están haciendo mal, es mejor alejarse lo más que se pueda.

 En fin, ¿que si me acuerdo de la primera vez que escribí algo, consciente de que quería hacerlo? Ha quedado por demás claro que no (aunque no pongo en duda que en verdad quería), y en torno a ella puedo hacer miles y miles de suposiciones de cómo fue, pero lo importante en realidad no es esa primera vez, sino lo que ella trajo consigo, pues de menos ahora me esfuerzo por escribir bien y por mejorar cada vez que me es posible, aprendiendo de aquellos que saben más que yo y atendiendo a los consejos que amablemente se me han dado. No voy a negarlo, la práctica la he dejado un poco de lado y es precisamente por eso que hoy me uno a esta big band y a su blog, ahora también mío, esperando no desentonar en la armonía que ya tienen compuesta, sino al contrario, proporcionar una nueva melodía que los haga escucharse mejor. Ojalá que así sea.

Hiro postal