Fenomenología del recuerdo

Fenomenología del recuerdo

Huele a muerte resucitada. Sabe de distintos modos, según llueva, truene o clareen los nítidos cristales del alba. Arde, quema, alivia y, muchas veces, pesa. Es el brazo derecho de la mirada; se presenta oscuro, límpido, a veces simplemente no se logra alcanzarlo, por más que corramos en pos de él. Es necio, displicente, manso: multiforme, como un Odiseo reducido en virtud. Joya pulida por lo humano: es manantial de la palabra.

Ahora que trato de alcanzarlo por su propio camino, se presenta algo que me cuesta reconocer en público, y que siempre sonará bastante sentimental. La cara que siempre me afecta de este visitante es su sonrisa melancólica: entre sus formas, la que me afecta inevitablemente es la que me hace recordar la ausencia. Cosa extraña: la ausencia no se nota sin la presencia en la memoria. Nostalgias aparte, su ausencia verdadera me atemoriza de sólo imaginarla. No puedo escapar de él.

Me importa hablar de él porque sería un descarado sin culpa si él se ausentase. Compañero de cuna de la conciencia, mis mentiras se disuelven si él me deja. No es una tragedia. La tragedia, o, mejor dicho, el horror (aunque pueda sonar como un puritano más) es verse totalmente ignorante de lo bueno o malo que se ha hecho. La amnesia moral sí me atemoriza, porque la huelo como consecuencia en mis malos pensamientos, ya la palpo en la presencia de mis malas obras. Ya no hablo sólo de la historia como engendro suyo, sino de la habitación que ha labrado en mí. Más loco que alguien que padece locura aparente por la enfermedad, por ello, me parecen los que se hacen los olvidadizos, siendo como los fariseos que juzgan la paja en el ojo de su hermano, olvidando mirar la viga que atraviesa el suyo en el reflejo de su propia oscuridad fingiendo ser luz.

 

 

Tacitus

Reflexión auditiva

Al escuchar por casualidad varios corridos, de esos que datan de la Revolución y llegan hasta los que cantan las loas de quienes se ocupan del tráfico recordé que Aristóteles dice al inicio de la Ética a Nicómaco que toda acción tiende a un bien, y con ello señala que nadie hace algo pensando en que se hará daño al hacerlo: las malas acciones provienen de malos juicios respecto a la idea de lo bueno, y esos juicios errados son efecto de la ignorancia que tenemos respecto al bien, la cual nos es propia en tanto que somos incapaces de ver plenamente los efectos de todas y cada una de nuestras acciones. Somos seres limitados y finitos, y nuestra posibiliad de ser buenos también lo es.

Nuestro modo de ser, con límites y con fines, nos permite apreciar las dificultades que hay para llevar una vida virtuosa. No es fácil ser bueno, no sólo porque serlo implica un trabajo que parece abandonado por muchos y tomado en serio por muy pocos, sino porque el conocimiento de lo que es bueno no siempre se tiene a la mano, de modo que resulta muy fácil errar en el camino, en especial cuando el camino se desdibuja en medio de la exaltación del vicio y del desprecio por la virtud.

Si por vicio entendemos el exceso o el defecto respecto a la acción, y con esta consideración juzgamos lo que se enaltece en el medio en el que vivimos, se evidencia que hemos errado el camino, pues por todas partes vemos cómo es que lo bueno es el exceso y lo denesnable es la moderación, exageramos las potencias de los sentidos, y los complacemos o los torturamos según sea el caso, ya sea para mostrar que podemos acceder a lo placentero con facilidad o para saber que aguantamos más que los demás, si es que de sufrimiento se trata.

Nos complacemos o sufrimos, casi siempre a voluntad, pensando en que nuestros actos son justificados por una idea de bueno, que en caso de ser errada nos libra de ciertas responsabilidades por causa de nuestra ignorancia. No vemos que la ignorancia no borra la necesidad de responder por lo que hacemos, así como tampoco vemos que los primeros a los que hay que responder por nuestros actos es a nosotros mismos, conocedores de lo que nos mueve y lo que nos detiene.

Este acto reflexivo de dar cuenta de lo que hacemos nos convierte en jueces de miarada implacable y verdugos constantes, en especial cuando vemos que las obras realizadas han sido injustas y malvadas, y que las amistades formadas con base en esas obras sólo han sido encuentros casuales y de conveniencia, mismos que han acompañado al otro a ser malvado y mezquino, al igual que nosotros.

Maigo.

El grillo

“Droll thing life is — that mysterious arrangement of merciless logic for a futile purpose.

 The most you can hope from it is some knowledge of yourself — that comes too late –

a crop of inextinguishable regrets.” 
J. C
.

Unos dicen que es signo de los hombres débiles; pura fragilidad y cobardía. Dicen que es mala y nociva. Otros dicen que no hay de qué preocuparse, que eso ni existe que son puros inventos del hombre blanco. Otros más,  la ven como algo bueno; dicen que es lo que nos limpia, que es memoria viva. Que, aunque buena, no siempre es placentera; es el testigo siempre presente y el más vivo acusador.  Así, la atacan y la defienden en una discusión que no parece tener final. Aunque siga sin saber bien qué sea, sigo creyendo que a la conciencia no se la puede negar. Que, aunque escondida, por allí siempre está. Es con nuestros actos, buenos o malos, y la memoria de éstos.  Nos dice en secreto cuando algo estuvo mal, cuando no la oímos nos grita hasta el cansancio en forma de remordimiento. Nos acerca al perdón y al arrepentimiento. Y, finalmente, al alumbrarnos si nuestro acto fue bueno o malo, nos hace apenarnos o vanagloriarnos. Ahora casi todos predican que la conciencia no es algo interno; que esa voz que se oye no está así nada más, sino que se funda desde afuera en la sociedad. La conciencia, dicen, no es algo tan padre, metafísico ni mágico; es una construcción humana impuesta. Lo que afuera nos dicen que es bueno y es malo, adentro –en la llamada conciencia- retumbará. Si se dice, por ejemplo, que la fama y el poder  son lo mejor, la supuesta conciencia nos hará sentirnos bien o mal de acuerdo qué tan cerca andemos de esos dos. Sin embargo, me pregunto si no será, más bien, al revés. Me pregunto si  la conciencia, no es algo que surge de nuestro más adentro, en lo más profundo de nosotros donde no hay espacio ni lugar.  En otros tiempos la mayoría creía esto. Quizá la conciencia sí sea como un rocío del alma. Si la conciencia es algo interno, aunque quizá sea complicado y hasta imposible comprenderla y demostrarla, se abre doradas puerta. Se deja abierta la posibilidad de que no sólo exista, sino que distingamos y estemos hechos para algo como el bien y la verdad.

PARA APUNTARLE BIEN:

Yet still there whispers the small voice within,

 Heard through Gain’s silence, and o’er Glory’s din;

 Whatever creed be taught or land be trod,

Man’s conscience is the oracle of God.

Lord Byron  en The Islands

MISERERES: Hoy por la madrugada, jóvenes “tomaron” la Prepa 6 demandando “persecución” y “hostigamiento” por poner cámaras de video.  Por otro lado, se está buscando que la controvertida y cara (costó más o menos 1300 mdp)  “Estela de Luz” se resignifique: personajes como Javier Sicilia están proponiendo que sea un memorial para las víctimas de la violencia. Y, respecto a la Reforma de Telecomunicaciones aprobada por los diputados, el Senado sigue sin acordar nada. Este artículo habla sobre este tema: http://www.animalpolitico.com/blogueros-el-vaso-medio-vacio/2013/03/19/telecomunicaciones-ni-ilusos-ni-desilusionados/#axzz2PKtlWggE