Inculpado…

Sin poder emitir palabra, sin libertad para moverse o siquiera respirar, el inocente escuchó todo.

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Culposa inocencia

La distancia no mata al amor sino los amantes que permiten que entre ellos crezca un abismo.

El tiempo no mata al amor sino los amantes que pasan los momentos que deberían estar juntos en compañía de la soledad.

La indiferencia no mata al amor sino los amantes que deliberadamente ignoran a quien dicen amar.

Los celos no matan al amor sino los amantes que, en lugar de apagar esas llamaradas, se esfuerzan por mantenerlas vivas.

Las mentiras no matan al amor sino los amantes que al pronunciarlas están convencidos de que la verdad nunca saldrá a flote.

Las peleas no matan al amor sino los amantes que, bajo cualquier pretexto, se infligen heridas imposibles de cerrar.

El amor no muere por sí solo ni mata a los amantes aunque ellos juren y perjuren que mueren de amor; en cambio, son los amantes, que se declaran inocentes, los únicos culpables de tan dolorosas muertes.

Hiro postal

El juicio sobre la maternidad.

Si preguntásemos a cualquier persona su opinión sobre Medea, lo más seguro es que ésta nos diga que el ser por el que preguntamos se caracteriza por su maldad y perversidad, pues sólo una madre desnaturalizada sería capaz de matar a sus propios hijos. Este juicio, si bien puede parecernos apresurado, no por ello es del todo errado o acertado, para ver con claridad si el juicio sobre la culpabilidad o inocencia de Medea es correcto es necesario ver de dónde sale éste.

Para comenzar con el examen sobre este juicio considero prudente ver las maneras como reaccionamos ante lo hecho por Medea. De entrada hay tres posibilidades, indiferencia, aceptación o rechazo, además de cierta confusión que se origina entre el rechazo y la aceptación absoluta.

La primera bien puede ser producto del desconocimiento de lo hecho por Medea, y suponiendo que hay conocimiento de lo mismo, bien puede originarse en la falta de interés que tiene la maternidad, pensada ésta no como el deseo de tener progenie, sino en la relación que se supone ha de tener la madre con sus hijos. Así pues, quien nunca se preocupa por ver cómo es que ésta relación puede ser óptima, en buena medida es incapaz de juzgar a una madre que mata a sus propios hijos.

Pero, también es claro que quien logra emitir un juicio sobre lo acontecido a los hijos de Jasón no necesariamente se ha detenido a pensar con calma en la relación que ha de tener la madre con los hijos que pare, más bien juzga desde su propia experiencia con la primera relación humana que se establece en la vida, es decir, con la relación con la propia madre y con lo que de esta relación espera.

Regresando a los modos de juzgar a Medea, vayamos al rechazo, que sería lo más natural que sienta quien considere que la relación madre e hijo supone el cuidado de la vida de éste por sobre todas las cosas.  Tal consideración tiene como punto de partida el razonamiento de que el amor materno implica un olvido de sí, lo que hace que la madre sea abnegada y prefiera cualquier cosa antes que ver a sus propios hijos sin vida y a ella convertida en una huérfana, pero esta manera de pensar al amor materno no deja de ser romántica y muy discutida por aquellos que consideran que la abnegación y el olvido de sí supone que el amor materno es injusto toda vez que el único que es beneficiado de éste es el amado.

Por su parte, aquellos que consideran que la muerte de los hijos de Jasón está más que justificada por las circunstancias en las que se encontraba Medea, juzgan desde una particular manera de entender al amor materno, en la cual no es necesario que la madre se olvide de sí misma para que efectivamente ame a sus hijos, quien ve desde esta perspectiva a Medea matando a sus propia descendencia, ve a una madre que sufriente evita a sus hijos las humillaciones que se desprenden de ser descendientes de la esposa rechazada ante los ojos de toda la ciudad.

Estas consideraciones respecto a la manera de juzgar lo hecho por Medea, no nos muestran con claridad si el juicio que sobre ella se emite es justo o no, ya sea de aceptación o de rechazo, pero sí nos muestra que para poder hablar con justicia sobre la inocencia o culpabilidad de quien ayudara a Jasón a obtener el ansiado vellocino de oro, es necesario pensar si el amor de madre necesariamente exige el olvido de sí, o la búsqueda por la conservación de uno mismo.

 

 

Maigo.