Esbozo sobre la teoría de la representación

Nos resulta habitual escuchar que no tenemos políticos que nos representen. La diferencia que existe entre un gobernador y la mayoría de los ciudadanos consiste en que ellos no sólo tienen derecho a la salud, a la vivienda, a la seguridad, a votar y a las actividades recreativas, tienen obligación de atenderse con los mejores médicos, de vivir en amplias mansiones, de que los escolten decenas de guardias,  de elegir a quién se vota y a quién no y de derrochar dinero en los más inverosímiles lujos. Además, difícilmente atienden las quejas ciudadanas y si parecen hacerlo, siempre es para mejorar su imagen; parece que hacen, parece que dicen, parece que no hicieron, parece que no dijeron. No es difícil ver el muro que hay entre un político y un ciudadano; la representación no es posible y tampoco la política.

La representación, parafraseando al pensador Eric Voegelin, nos clarifica nuestra experiencia política. Si no estamos bien representados, nuestra vida política, en comunidad, se va deformando. El sistema democrático-institucional es el que parece que debería representarnos mejor, pues los ciudadanos eligen a quienes los representen mejor (presidentes, ministros, cancilleres, etc.) en distintas zonas y en distintas áreas. Esto resulta inmejorable si la política no fuera un remolino entre las apariencias y la realidad. Parece que un presidente puede recobrar la grandeza de una nación si el presidente está acostumbrado a hacer buenos negocios, pero la política no se reduce a la administración; la representación no es un negocio. Los representantes locales suelen ser personas adecuadas a la localidad; localidades homogéneas no tienen problemas en escoger a quien les parezca un digno representante de sus costumbres; localidades mixtas, pueden dividirse y encontrarse en constante pugna: un hombre racista no admitirá al distinto, pero si la mayoría son distintos y están representados, al racista sólo le queda rumiar su rabia esperando el momento de vengarse. Pero que un hombre parezca representar según su vestimenta, su tez de piel o por algunas de sus actividades, no lo hacen buen gobernante.

La representación puede mejorarse si se piensa en el tipo de régimen que podría representar mejor a los ciudadanos. Como la representación no es una imposición, los ciudadanos deberían discutir sobre el mejor modo en el que se sientan representados y quiénes los pueden representar mejor. Elegir a un representante por gusto, siempre será problemático por la variedad de gustos que se pueden presentar. La política no es un reality show.

Grito revolucionario

Grito revolucionario

La supremacía a su vez es causa de revoluciones cuando uno o varios tienen un poder superior al que corresponde a la ciudad…

(Aristóteles, Política V, ii)

Cada vez que se gesta una lucha o una revolución en el corazón de los hombres, es porque se entiende que el bien no se está respetando; muchos sufren, cuando deberían de ser pocos o casi nadie (pues también se entiende que por más luchas y búsquedas del bien que se hagan, algunos sufrirán). Al esfuerzo que se hace por reconsiderar el bien, cuando todo está mal, se le llamó revolución o movimiento subversivo. Todavía algo más. La intención, (resultado de la fecundación entre idea y sentimiento) que es el retoño casi ciego de cualquier acción, debe madurar o morir pronto a fin de no causar daño.

Una revolución que se sustenta en intenciones o intenciones particulares, fracasa. Si no se tiene una idea clara de lo que se busca, la intención, al ser hija del sentimiento, siempre saldrá lastimada de orgullo e indiferencia. Los revolucionarios trastocaran sus intenciones, viéndose en todo momento como hombres heridos y marginados que morirán de tristeza o de rabia; intentando establecer la anarquía. Ningún provecho da el olvido de las primeras intenciones de justicia.

Es por esto que las revoluciones no son en ningún momento el olvido de la política, ni el fatuo intento de destruirlo todo. Las verdaderas revoluciones son un ejercicio político, si es que atendemos a lo que el estagirita nos dice respecto a la comunidad política: …al bien mayor entre todos habrá de estar enderezada la comunidad… ésta es la comunidad política a la que llamamos ciudad. El maestro de Alejandro no recomendó tomar en todo momento las armas, sino que indica cuál ha de ser la actividad del orden político: enderezar los pasos al bien mayor entre todos. Sólo cuando el mayor de los males, es decir, la injusticia o desigualdad, reina, sólo ahí es justificable y justa una revolución.

El mayor de todos los bienes políticos es la justicia. Por eso mismo, la intención revolucionaria abre los ojos, madura y ve lo mejor si no se le olvida el grito que la despertó: Justicia e igualdad.

Javel

Para ir gastando: Si has puesto atención, lector, a la mayoría de los noticieros, esta semana en que se ha hablado de los desastres que está causando la CNTE, podrás darte cuenta que cuando quieren mostrar lo terrible de su lucha, insisten en ofrecernos encuestas y resultados de las pérdidas económicas causadas por los plantones y demás acciones. Cuando el mayor de los bienes es el derrame económico, ¿también las revoluciones deben repensarse?

La nueva música de las esferas

La nueva música de las esferas

 

La crítica antiilustrada tiene en claro que no quiere al hombre timorato que produjo la modernidad. Además, los antiilustrados están seguros de la necesidad de producir un nuevo hombre, de reeducar las pasiones. No las reeducan ilustradamente porque, por una parte, saben que la educación ilustrada termina en la ilusión tecnocrática. No las reeducan ilustradamente porque, por otra parte, su fin va más allá del horizonte humano de la Ilustración. La reeducación de las pasiones de los antiilustrados va más allá de la técnica y mira más allá del hombre: tiene una finalidad suprahistórica. De la técnica se aleja porque ya sabe que el desenvolvimiento histórico de la razón concluyó en la razón instrumental. Si se ha de ir contra la producción histórica de la razón, se ha de ir con algo más allá de la razón misma: la crítica antiilustrada reivindica la inspiración. Y la inspiración, suponen los antiilustrados, supera al logos porque es suprahistórica, supera al sujeto porque apela al genio, supera los emplazamientos hasta ser nuevamente originaria. La inspiración antiilustrada es el murmullo de un dios inefable.

La moral necesaria que exige la crítica antiilustrada encuentra su fundamento en la inefabilidad de su dios. Una moral imposibilitada de ser kata logon es una moral originaria, y por originaria y alógica es inefable. Una moral mística de santidades inefables es la característica de la vida antiilustrada. Niega al nihilismo porque se erige espiritual… aunque no tiene razones para negar al uno o afirmar al otro. Una inspiración suprahistórica cuyos actos trasciendan la historia misma y en el acto la refunden, eso busca la moral antiilustrada. Porque inspirándose suprahistóricamente pretende recuperar la originalidad perdida: no se mide desde la razón instrumental ni desde las ilusiones históricas, sino que se pauta desde la oda cósmica al reino divino. La crítica, obviamente, debe preparar el camino para escuchar el trueno originario. La crítica cimienta la obediencia. La inspiración como una iluminación repentina y atronadora a mitad de la tormenta. El inspirado como el escucha adecuado, el que recibe las órdenes, Befehlsträger… La moral necesaria exige cantar la oda de la tiranía divina.

El inspirado encuentra su libertad en la obediencia. La libertad se redefine como la participación en el acontecimiento cósmico. El inspirado se vuelve a sí mismo instrumento del milagro. Su instrumentalidad reespiritualiza el mundo. El inspirado de los antiilustrados devuelve al mundo su sentido místico y al hombre su sentimiento religioso. La religión de la obediencia resignifica al hombre desde un punto más alto, eleva sus miras y le reinfunde ánimo: por su obediencia acaece el Acontecimiento. La nueva religión: un hombre a la altura del cosmos que se aterra con el sentimiento originario: el acontecer de la nada: koan. La nueva religión inventa la catarsis de la tiranía.

 

Námaste Heptákis

 

Los desaparecidos. Han pasado 19 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. El pasado domingo 24 de abril el GIEI presentó el informe final de su investigación. Para Ciro Gómez Leyva, los miembros del GIEI «no encontraron a los normalistas, no apuntaron al lugar en donde pueden estar los restos, no perfilaron metodológicamente al autor intelectual, pero hicieron avanzar la información, ayudaron a comprender la historia y, con sus recomendaciones, le clavaron un aguijón a la política y al sistema de justicia, que terminará marcando un antes y un después». En opinión de Héctor de Mauleón «el informe final de los expertos arroja pocas respuestas sobre lo ocurrido aquella noche. Pero nos arroja a la cara el retrato de un sistema de investigación atroz. Indicios de tortura, posible siembra de evidencias, encubrimiento de autoridades federales, obstrucción e inexplicable abandono de nuevas líneas de investigación… y de paso, el demoledor video de una diligencia de la que no hay registros en el expediente». Por su parte, Jorge Fernández Menéndez pregunta: «¿Por qué el GIEI insiste en desconocer el más importante de los hechos? Que el enfrentamiento es de Guerreros Unidos contra un grupo en el que estaban convencidos de que venían integrantes de Los Rojos para matar a sus jefes de plaza. Guerreros Unidos ordena el secuestro y la matanza y los policías trabajaban para ellos. El GIEI lo ignora porque no le gusta la tesis, lo que ellos vinieron a comprobar era un supuesto acto de contrainsurgencia que resultó que no coincidía con la realidad. Pero, entonces, decidieron enviar al diablo la realidad». Mientras que Salvador Camarena piensa que a partir del informe podemos afirmar que «la maquinaria de la PGR no sirve ni para mentir». En tanto Carlos Loret de Mola considera que el informe está redactado de tal modo que garantiza su uso político tanto por parte de los opositores al gobierno, como por parte de sus seguros defensores. Considerando las consecuencias de los señalamientos del informe, Héctor Aguilar Camín señala: «en seguimiento de su lógica y de sus pruebas, el GIEI y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos deberían plantear para México la consecuencia judicial que se sigue de sus conclusiones». Y Raymundo Riva Palacio concluye: «Nunca como ahora el Caso Ayotzinapa estuvo en mayor riesgo de caerse».

Por otra parte, ya son cinco casos de desaparición forzada en Veracruz. 1.En el caso de los desaparecidos de Tierra Blanca (José Benítez de la O, Mario Arturo Orozco Sánchez, Alejandro González Díaz y Susana Tapia Garibo, desaparecidos por policías municipales en Tierra Blanca el pasado 11 de enero), el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Roberto Campa, se reunió ayer con los familiares de los desaparecidos para presentar avances de la investigación. «No vamos a estar en paz porque ya estamos muertos en vida, pero al menos vamos a tener algo de nuestros hijos», afirmó en entrevista radiofónica Dionisia Sánchez, madre de Mario Arturo. «Lamentablemente ni una pizca de esperanza tenemos de que nuestros hijos estén vivos», añadió José Benítez. Queden consignadas las tristísimas declaraciones en el catálogo de nuestras miserias. 2. Claudia Ivonne Vera García del colectivo «¿Y quién habla por mí?» fue desaparecida por policías estatales en el municipio de Veracruz el pasado 23 de marzo. No hay novedades en la investigación. 3. En el caso de los desaparecidos de Papantla (Uriel Pérez Cruz y Alberto Morales Santiago, desaparecidos por policías municipales en Papantla el pasado 19 de marzo), Roberto Campa aseguró que no se ha dado carpetazo al caso y que los funcionarios buscarán a los familiares. Por su parte, en entrevista para Milenio, Ninfa Cruz -madre de Uriel- afirmó: «Todavía no tenemos respuesta. Nos dicen que los policías están encerrados y se reservan el derecho a declarar». Cuestionada sobre estas semanas en que ha buscado a su hijo, añadió: «Es una muerte lenta. Cuando te levantas a las 5 y dices es un sueño, no está pasando, pero cinco minutos después dices no es un sueño, ya no lo voy a volver a ver». 4. Jesús Alan Ticante fue desaparecido por policías municipales en Papantla el pasado 19 de marzo. Roberto Campa, subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, aseguró que buscará a los familiares. 5. Diego Arnulfo Bazán Vargas fue desaparecido por policías estatales en Veracruz el pasado 7 de abril. No hay novedades sobre el caso.

A tres semanas de operaciones de la Brigada Nacional de Búsqueda de desaparecidos se reporta el hallazgo de más de 500 fragmentos óseos calcinados en Veracruz.

Los desaparecidos no deben ser olvidados.

Escenas del terruño. 1. Interesante la diferencia que publicó El Universal en torno al «debido proceso». Por un lado, la opinión del ministro José Ramón Cossío; por el otro, la opinión de Isabel Miranda de Wallace. 2. Alberto Patiño advierte sobre cambios en la legislación sobre el aborto. Desde el 24 de marzo el personal médico de las instituciones públicas está obligado a practicar el aborto a mujeres que lo soliciten y afirmen haber sido violadas. La medida se basa en el principio de buena fe, por lo que el personal médico no necesita verificar el dicho. 3. Interesante la opinión de Alejandro Téllez sobre los bloqueos legislativos a la ley 3de3: «El movimiento #YoSoy132 representó la ruptura de mi generación con un medio de comunicación masiva como es Televisa. Las protestas por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa representó la ruptura de mi generación con las verdades históricas del Poder Ejecutivo. El bloqueo en la Cámara de Senadores a la iniciativa ciudadana Ley 3 de 3 representa la ruptura de mi generación con la esperanza de representatividad en el Congreso de la Unión».  4. Juan Villoro reflexiona: «Sería grave que Trump gobernara Estados Unidos. Más grave es que nos gobierna Peña Nieto». 5. Y Carlos Puig resume con precisión una semana nefasta.

Recomendación. A partir de mañana circula el número de mayo de la revista Letras Libres. En el ensayo de portada, Enrique Krauze reflexiona sobre el desaliento de México y pregunta «¿a qué se debe nuestra desilusión democrática?». Responde: «violencia, corrupción e impunidad». Imprescindible leerlo, aunque nos agríe el ánimo que EPN se empeña en mantener idiotamente alto.

Coletilla. Fernando García Ramírez ha escrito una buena reseña del excelente nuevo libro de Gabriel Zaid. Hay que leerla.

Sobre el desgaste ondulatorio en la vía de las libertades

Sobre el desgaste ondulatorio en la vía de las libertades

Quizás el sitio con mayor pluralidad en la ciudad de México sea el metro; no por ello, empero, es el lugar más convivencial. Dentro de sus límites, el metro congrega una efusión de variedades, acoge todos los gustos, resiste a casi todas las actividades, es el producto mejor logrado para enmarcar la espontaneidad caótica. Al mismo tiempo es funcional y efectivo; al menos en cuanto lo permite su propia imperfección. El metro podría ser, después del PRI, nuestra más exacta imperfección. Por ello, como con el PRI, el metro es para algunos disfrutable. El metro, glosando a Vargas Llosa, es nuestra anarquía imperfecta.

Defender al metro porque lo admite casi todo y pretender que esa es una defensa democrática es tan absurdo como pretender que la poligamia es la organización más igualitaria de una sociedad y que esa es una defensa democrática. Si bien la democracia es imposible sin la pluralidad, la sola pluralidad no hace democracia. Mejorar al metro cancelando la pluralidad que permite en vista a la efectividad es empeorarlo; aferrarnos a la pluralidad derruyendo las reglas es el modo más efectivo de acabar con la efectividad relativa del metro, empeorándolo igualmente. El metro no se puede mejorar ni con trenes más rápidos ni con modas más estrafalarias; ni vigorizando sus reglas ni extenuándolas. Al metro, como a la democracia, sólo se le puede mejorar con la convivencialidad.

El metro, como sistema de transporte, pierde mucho lo mismo si se cancela una línea, que si se limita la entrada a alguna moda; no es posible, empero, dejar andar un tren del metro en malas condiciones o fingir que los autolíticos son una pluralidad más de todas las que admite el metro. Llorar, levantar con ira el puño, cerrar afiebrados las calles y denunciar maquiavélicos complotes por la sola defensa de la pluralidad es tan excesivo como pedir un vagón del metro para cada moda, un horario para cada actividad y un servicio eficiente para los gustos de todos. Para que el metro funcione en su imperfección son necesarias las reglas. Para que la pluralidad sobreviva a las reglas es necesario cumplirlas sin alimentar la inquina social. La pluralidad, para ser buena, debería trabajar por la convivencialidad.

Námaste Heptákis

Garita. La audiencia donde podría determinarse la libertad de José Manuel Mireles ha sido programada dos días después de la elección a gobernador de Michoacán. Entre los dos posibles ganadores, el amarillo dijo que actuaría en coordinación con el gobierno federal en cuanto al tema de las autodefensas; la azul dijo que escucharía las recomendaciones del gobierno federal, pero haría valer su autonomía.

Escenas del terruño. El equipo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha ofrecido su primer reporte sobre los desaparecidos de Ayotzinapa; por desgracia el reporte ni añade algo a lo que ya sabemos, ni cambia en algo la situación. Estamos a unos días de que se cumplan seis meses de aquel suceso y el caso ha dejado de estar en la discusión pública. Ni siquiera el aviso de un evento entre los padres de los desaparecidos y el EZLN en mayo próximo reavivó la discusión. El caso no debe olvidarse.

Coletilla. “Cuando los jóvenes apasionados resultan ahuyentados por la vulgaridad de la democracia, Platón puede indicarles que también el valor, el orgullo y la voluntad de gobernar pueden conducir al despotismo de una élite espiritualmente corrupta, en lugar de llevar a un gobierno justo; y cuando los demócratas elogian la libertad y la igualdad, olvidando que el gobierno requiere formación espiritual y disciplina intelectual, puede advertirles que se encuentran en el camino de la tiranía”. Eric Voegelin

La Tiranía Universal

En esta misma semana leí dos ideas que, combinadas, me parecieron hacer un aterrador prospecto. La primera es que con la comprensión moderna que tenemos de la política somos incapaces de diagnosticar correctamente cuáles gobiernos son tiránicos. La segunda, que nuestra historia social progresa acercándose cada vez más al estado homogéneo y universal.

Resta corroborar qué tan verdaderas son; sin embargo, algo tienen de alarmante en su sola propuesta. Que seamos incapaces de concebir correctamente la tiranía en nuestros gobiernos no sólo quiere decir que imprevistamente pueden dominarnos, cosa que de por sí parece terrible, sino también que puede atraernos sin que conozcamos las consecuencias plenas de acercarnos a tales regímenes. Es decir, pueden controlar partes de nuestra vida en las que nos pasa desapercibido que estamos sometidos a su fuerza tiránica. Para empezar, la tiranía no reconoce la ley más allá de la que ella misma imponga según su criterio o capricho. En el caso poco probable de un tirano con muy buen juicio, se substituirá la ley por buenas decisiones a las que en cada caso le indicará su prudencia; pero es ingenuo esperar algo así. El menoscabo de la ley puede ocurrir aún teniéndola escrita, pues el constante desapego a una forma de legislar se puede dar por corrupción y por interpretación arbitraria de los códigos. Si el juez tiene el poder de actuar a capricho haciendo de cada nuevo caso una novedosa manera de acatar la ley, o de plano se le pasa por alto cuando “conviene” a quien la debe procurar, ésta es lo mismo escrita en una constitución que inválida y olvidada. Es decir, cuando cada decisión del gobernante es una nueva medida de la justicia, ésta desaparece. La tiranía es injusta por definición. En segundo lugar, la tiranía no se ocupa nunca de procurar el bien común. Los motivos del tirano pueden ser grandísimamente diversos, pero finalmente condicionan su régimen para sostenerse en ejercicios que no pretenden hacer vivir bien a quienes domina.

Si esta forma básica de concebir la tiranía es aceptable, por estas razones podríamos imaginar de dónde brota la miopía ante el surgimiento y mantenimiento de tales regímenes: tendría nuestra ciencia política que haber desdeñado la importancia de la ley en la comunidad, o que haberse desafanado de buscar el bien común, o ambas cosas al mismo tiempo. Por el motivo que sea, es un hecho que las democracias modelo de hoy confían en una felicidad que sólo podría darse con la libertad de que cada quién encuentre su propio modo de vivir de acuerdo a sus propias concepciones de bien. Ni la ley tendría más fundamento que una muy generalizada visión de los requisitos mínimos para garantizar esta búsqueda (los derechos humanos), ni sería posible que ningún estado propusiera un plan completo basado en algún bien que considerara el bien común.

La segunda idea puede desprenderse en cierto grado del bosquejo anterior. El esfuerzo moderno por progresar descansa en la confianza de que es posible, con mayor o menor éxito, consolidar regímenes tolerantes que mantengan sus propias costumbres mientras que estiman las de los foráneos con el mismo valor. Así, la libertad que se pretende no es un bien en sí mismo, sino un estado ideal en el que cada quién podría –tratando a todos los hombres por igual–, elegir qué será su propia felicidad. El bien ya no puede ser común, cada quién elige el suyo. Es evidente por qué este anhelo se inclina por un estado homogéneo (al mismo tiempo que hace de cada vida una separada del resto mucho más que en la comunidad de las viejas ciudades). Mientras más éxito se tenga en esparcir esta convicción, menos será necesario que se mantengan los límites con respecto a otros regímenes. Tarde o temprano, si todo siguiera este curso, todos los modernos vivirían bajo el mismo régimen de las mismas consideraciones: no habría ni costumbres ni tradiciones ni nada que hiciera de los grupos de los hombres algo sectario, nada que pudiera erigirse como comunidad aislada del resto de la humanidad equitativa. Así la que era tolerancia de país con país se convierte en una de hombre con hombre hasta que las fronteras sean las personas mismas.

El peligro de ambas posibilidades debería ya ser obvio, pero me siento obligado a decir un poco de él. Primero, la tiranía puede ser disfrazada de proyecto democrático, y segundo, la homogeneidad universal del estado puede ser el perfecto disfraz. Para quien es perseguido por el tirano, siempre ha habido una posibilidad (aunque sea extremadamente escueta) de alejarse u ocultarse de algún modo. Siempre se ha podido confiar en el contraste que el gobierno autoritario puede hacer con la gente de otras partes que vive vidas muy distintas. Esta distinción ayuda además a estimular el pensamiento sobre la justicia o injusticia de los regímenes. Es benéfica para el pensamiento político. Sin embargo, a una tiranía extendida a toda la humanidad, perfectamente disfrazada del único régimen posible aceptado públicamente, no hay escape. Y si fuera una mentira la felicidad que ofrece la modernidad en este estado libre, sería lo peor haber perdido todas las alternativas para formar de alguna manera aún una verdadera comunidad, pues equivaldría a condenarnos a una vida en la que ninguna felicidad es posible.

Medallones

Now, when there were none to see or hear him, he fell upon his knees on the floor,

 and, hiding his face in his hands,  wept such tears as, God send for the credit of our nature,

 few so  young may ever have cause to pour out before Him.”

CH. D.

 

O. había sido el milagro que hace no sé cuántos años no se daba en aquel hospicio de pobres (de aquéllos que ya no hay ahorita). Milagro que, como tantos, no fue celebrado y les pasó a todos de largo.  Nacido de una madre que alguna vez tuvo cara y tuvo nombre pero que se volvió polvo y humo el mismo día del milagro. De su padre, como no se sabe nada, mejor no se habla nada. Sus primeros años los dedicó al trabajo; arreaba, cargaba, levantaba y sudaba. Comía algo así como casi nada, menos los domingos, el día de Dios era día de rebanada de pan entera. Maltratado pero sin ser nada especial, como a los demás huérfanos, le tocaba golpiza si se atrevía a hablar, quejarse, llorar o siquiera pedir más. Vendido al señor de la única funeraria, aprendió de la muerte y otros displaceres. Su comida ahí, comida que era sólo una vez al día,  eran las sobras de las sobras que ni los perros se acercaban. Seguían los golpes y había más burlas. Nunca había conocido un amigo, una palabra o gesto de aliento. No conocía grandilocuentes palabras, (mal) hablaba sólo las necesarias. No sabía del amor aunque conocía bien el dolor. Sin conocer a su madre, sentía un fuego encenderse por dentro cuando sus tutores e iguales la mencionaban y se burlaban. Él sin poder extrañar algo o alguien, pues nada ni nadie bueno lo habían sorprendido a sus diez años, y nada ni nadie había sido alguna vez de él. Sin nada ni nadie tampoco que lo extrañara a él.  Sin ser cuidado, educado ni preocupado por nadie, él sabía como pocos de qué se trataba llorar. Y aquella noche, después de la golpiza que su cuerpo nunca olvidaría, con la misma hambre y con la misma sed, lloró tanto, con un llanto tan real y tan profundo, que todas las aguas, el cielo, el fuego y la tierra también lloraron con él. Lloraba todas las cosas, lloraba su hambre, a su madre, lloraba el frío y el atardecer. Lloraba porque, como había sospechado desde que aprendió de la muerte, la resignación lo buscaba, se acercaba y la oía respirando y acechando cada vez más. Estaba ella cada vez más cerca, tocando las puertas de su alma. Lloraba y, contrario a lo que le habían dicho, aunque no tuviera nada, descubría que sí tenía alma. Aquella noche, él conoció a la resignación, pero otras noches llegarían llenas de nuevos problemas, desgracias y también algunas risas. Alguna buena noche creería en la (di)solución total de todas sus desdichas, otras no tan buenas acabaría pensando que era imposible disolver o resolver y lo único que quedaba era manejar y aguantar tantas desgracias de la vida.  ¿Resignación, solución o regulación? Esas tres respuestas se le presentan a uno (y hasta a un país entero) cuando explotan los problemas. Cuál sea el mejor camino, así como O., pienso que sólo Dios sabe. Espero, más bien,  que aunque sea Dios lo sepa…

PARA APUNTARLE BIEN: Esto que leí en la semana es de Oliverio Girondo:

¿Dónde?

¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?…
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.

MISERERES: “La democracia moderna nace de la desconfianza a la naturaleza humana” dijo ayer José Antonio Crespo.  Dimes y diretes entre la izquierda quebrada y el PRI sospechoso. Nada resuelto aún. Chespirito critica al movimiento #yosoy132. Le pregunta (al movimiento) qué quiere y cuestiona su apoyo al SME. Ese apoyo, dice, es suficiente para rechazar el movimiento. También les comparto la columna de ayer de Juan Enríquez Cabot: Sabios. http://noticias.terra.com.mx/mexico/juan-enriquez-cabot-sabios,de58c92dba7d8310VgnVCM20000099cceb0aRCRD.html

Encantos y desencantos

Todo, todo lo hemos perdido menos el honor,

porque éste hace muy largo tiempo que nos dejó.”

José Fernando Ramírez.

“En la guerra y en el amor todo se vale”; eso yo no lo sé, pero casi siempre espero que sea un engaño. Pero lo que sí, es que en la guerra y en el amor, así como en toda competencia o juego como las cartas o el fútbol, suele haber un ganador y también al menos un perdedor. La victoria es lo que todos deseamos, su sabor es como el de ningún otro. Después de un largo partido o el vía crucis de un triángulo amoroso, se riegan gracias y desgracias, se oyen cantos pero también desencantos. Escurre orgullo pero también llanto. La democracia tal vez en esto se parece al amor y también al fútbol. El lado bonito, el de “lo logramos” y el del “sí se pudo”, lo viste a uno de ganador. Regala flores, honor y hasta ilusión. Pero  el otro lado no es tan amable, el del enamorado abandonado y descorazonado. El lado azul que hace perder la esperanza en uno. El del enojo, negación desconfianza, el del horrible premio de consolación. Muchas veces no gana el que queremos o el que creemos…“Uno gana o uno pierde, de eso se trata, sólo por eso está padre” –eso dice mi padre.  Sí, la victoria sabe a bien rico y la derrota pues a no tanto. Pero a veces también las victorias pueden saber a todo lo malo. Victorias llenas de negacionismo y sospechosismo. Victorias que pocos –o nadie- celebran. Tal vez es cosa de que no siempre todo se vale, ni siquiera en la guerra, democracia o el amor. Tal vez, así como a perder, también uno debe saber ganar y ganar bien. Perder con la frente en alto, y ganar también. Hoy, los que perdemos, negamos, o no celebramos, estamos destinados al llanto pero obligados a la lección. Los que perdemos estamos obligados a no olvidar el mal sabor. “El fin justifica los medios”; eso yo no lo sé, pero casi siempre espero que sea un engaño…

PARA APUNTARLE BIEN:  Esto es de W. B. Yeats.

On being asked for a war poem:

“I think it better that in times like these

A poet’s mouth be silent, for in truth

We have no gift to set a statesman right;

He has had enough of meddling who can please

A young girl in the indolence of her youth,

Or an old man upon a winter’s night”

MISERERES: En las últimas horas: ola de violencia en el norte, van por lo menos 60 muertos (pero sigue la cuenta). Televisa disminuye 16% en el segundo trimestre del año (desde que firmó con Iusacell), pero ya son monopolio. La izquierda mexicana declara que 5 millones de votos fueron comprados, ahora falta demostrarlo, mientras el PAN declina la invitación de la izquierda para impugnar. Reconoce irregularidades, pero acepta victorias ajenas. Suena cada vez más fuerte que hay un conflicto interno. Acá algunos artículos (de panistas) donde puede verse esto: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9152557, http://www.radiover.info/n.php?id=62089. También pueden ver la entrevista de EPN con F. Zakaria, donde habla sobre las drogas y la inmigración, acá: http://www.youtube.com/watch?v=-4QXiHnAcvQ&feature=relmfu.