Tercer debate

Tercer debate

 

Revisitando tres epigramas de Marco Valerio Marcial en tiempos políticamente correctos, timagógicos y todavía sin dictadura moral.

 

Honestidad valiente

Nerón quiso a Roma honrada;

por él solo fue saqueada.

 

 

Primero los pobres

Grande es tu pobreza,

pronto lo será más;

en cuestión de riqueza

los ricos ganan más.

 

 

A favor de la familia

Basta, que te has divertido.

Cásate ahora, culo lascivo.

Amores castos son todos

los que se te permiten ahora.

¿Venus casta, cosa de locos?

Con Ligdo se casa Litoria:

antes amante, ahora esposa,

más desvergüenza, señora.

 

 

Coletilla. De Nexos de este mes, una buen párrafo de Jesús Silva-Hérzog Márquez.

Anticipo una presidencia seductora, fuerte, ambiciosa, torpe y enmarañada. Tendrá un respaldo popular inusitado en nuestra historia reciente. No sentirá la restricción de las reglas ni de los hábitos. Enfrentará una oposición débil y confundida. Los límites que puede enfrentar serán más económicos que políticos. A pesar de su fantasía, México no es una isla: tendrá poco espacio para jugar con la irresponsabilidad. Desplegará magistralmente una política de símbolos que será recibida con júbilo por una sociedad indignada por el recuerdo del pasado reciente. Sostendrá en la mano la conversación pública. Seguirá provocando polarización, definirá toda intervención pública como una lucha entre el pueblo y las mafias defendiendo privilegios. Las organizaciones de la sociedad, las instituciones de la imparcialidad, los medios críticos sufrirán el embate de una política belicosa. Al mismo tiempo, los grandes proyectos, las causas magníficas serán obstaculizados por las distracciones y las incompetencias de un equipo de novatos y trasnochados. La magia del voluntarismo se exhibirá muy pronto, ineficaz.

La amargura tiene futuro

La amargura tiene futuro

 

Parece que la crónica y los artículos periodísticos están condenados a la caducidad, pues su sentido y su oportunidad se afianzan al transcurrir de los días, tanto como su finalidad da la apariencia de —como dijo Eduardo Nicol— “empantanarse en lo anecdótico”. Y esa apariencia debería tornar exagerada cuando ante un libro de artículos periodísticos y crónicas estamos. ¿Qué sentido tendría para los renglones torcidos de la cotidianidad aspirar a la perseverancia de las líneas de los libros? ¿Cómo justificar la conformación del horizonte limitado de las horas en la palabra perdurable de los libros? Se alegará que el valor literario eterniza lo efímero, aunque no lo sabremos si leer no sabemos; o que desde Lisias los libros se han atado a la circunstancia, lo que se agrava cuando nuestra circunstancia es que no leemos; o que los libros son productos de mercado —y piratería—, aunque de ello no saquemos nada claro. De ahí que resulte asombroso encontrar un extenso libro de crónicas y artículos periodísticos cuya oportunidad está en el futuro. Me refiero al nuevo libro de Guillermo Sheridan Paseos por la calle de la amargura y otros rumbos mexicanos [Debate, 2018].

         Dividido en siete secciones, Paseos por la calle de la amargura reúne las crónicas y los artículos periodísticos que Sheridan ha ofrecido en los últimos años. Por sus páginas lo mismo caminan emperifollados los rasgos “culturales” de la corrupción mexicana, que asoman esperpénticos los miembros de la nobleza sindical, o convidan impúdicos radicales de toda laya e intelectuales comprometidos de boina y morralito, mientras liban indecentes a un nuevo ídolo los revolucionarios de café y bayoneta acompañados de los esperanzados de mitin y redes ciudadanas, o caminan desprevenidos creyentes, espías afortunados, poetas agraciados y uno que otro despistado. Más de quinientas páginas de letras circunstanciales reunidas en un libro indispensable para nuestro futuro.

         Paseos por la calle de la amargura mira al futuro como indiscutible semillero de ideas e investigaciones. Será indispensable, por ejemplo, para entender la correspondencia entre Octavio Paz y Carlos Fuentes (cuya edición está próxima a aparecer gracias al trabajo de Malva Flores), y entendiéndola será necesario para pensar las posibilidades de la amistad literaria (y ese investigador futuro deberá, también, abrevar de otro estudio sherideano, pero sobre la amistad de Alfonso Reyes y Julio Torri, contenido en Señales debidas [Fondo de Cultura Económica, 2011]). O bien, para orientarse en el tejido de las historias de la intelectualidad en el 68, sus relaciones con el incomprensible Gustavo Díaz Ordaz o con el gobierno populista del presunto asesino Luis Echeverría Álvarez. Se entenderá que dichas historias nos serán indispensables ante gobiernos populistas o incomprensibles gobernantes.

         Dos son las secciones del libro en que la investigación del pasado destaca por su oportunidad presente y futura: los documentos de la CIA que conciernen a la operación política y literaria en México, y los fundamentos ideológicos de la normal rural de Ayotzinapa. En cuanto a los primeros, Sheridan destaca la confusión recurrente en las investigaciones del caso JFK y de los hechos del 2 de octubre de 1968, derivada de los testimonios imaginativos, paranoicos y fantásticos de Elena Garro; así como la grilla ideológica en los reportes de inteligencia, con más de una consecuencia interesante en la historia literaria: Rulfo, la revista Diálogos, Emir Rodríguez Monegal, el MURO y el caso del espía más estúpido del mundo (ahora articulista de un diario combativo y ménade de la tropicalidad). Sobre Ayotzinapa, Sheridan vuelve a la pregunta olvidada: ¿quién envió a los normalistas a Iguala? Por las pistas que deja para una investigación futura se va componiendo el mosaico de la ideología dirigente de Ayotzinapa, su historia política, sus relaciones con otros grupos de activistas, okupas y ultras, la descripción de sus técnicas, estrategias (o falta de ellas) y modos, así como el bosquejo de su acción posible ante un escenario gobernado por la que se dice izquierda. Libro de oportunidad presente y futura.

         El logro más importante de Paseos por la calle de la amargura, empero, es la selección de las crónicas. Si bien las crónicas traslucen sus observaciones por el filo del minutero, la perspicacia en su mirada y el buen tino de su inteligencia permiten a Sheridan ofrecer una tipología de los rumbos mexicanos. Nuevo Teofrasto, su catálogo de caracteres de la mexicanidad menándrica (y colonias bananeras anexas) reúne los temas y los tópicos que quisiera perseguir toda policía moral. Oportunidad futura para un libro que, en la dictadura moral, nos permitirá reconocer la caricatura de la honestidad valiente, la hipocresía de la república amorosa, el absurdo de la fascinación por el líder. El nuevo libro de Guillermo Sheridan es una presencia necesaria en nuestro futuro, alegría indispensable para cuando la patria deambule por la calle de la amargura.

 

Námaste Heptákis

 

Coletilla. Alguien se aplicó con una buena estrategia para la campaña de Meade y en la semana ganó perdiendo. El consenso general se mueve entre dos polos: se equivocó al señalar a Nestora, o acertó al poner en el centro a las víctimas. Yo no comparto ninguna de las dos opiniones. Alguien en el equipo de Meade vio con claridad que tras el debate, hoy es la fecha importante porque se cumplen 44 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y es quizá la última oportunidad de usar el caso para la campaña. El uso lo tenía pensado el equipo de López Obrador, quien ayer se presentó en Iguala. ¿Cómo detenerlo? El equipo de Meade puso en discusión el caso de Nestora Salgado y con ello no sólo impidió la presencia de la “comandanta” en el mitin de Iguala, sino la publicación de la nota que pedía el lopezobradorismo y con ello contuvo el uso del caso para la campaña. Mientras, todos los sesudos analistas se fueron con la finta.

Babel y furia

Analiza, antes de que el odio nuble la razón

Hay un locutor de MVS que no reserva su aversión a cierto candidato presidencial. Su programa está enfocado al variopinto mundo del espectáculo, sin embargo, en un sólo día, el radioescucha puede enterarse de su sentir electoral. La aversión no se queda en la cabina, traspasa a su tuiter. Visitarlo es leer chistes (unos muy malos) sobre aquél, memes y fotos ridículas, enlaces de blogs políticos, columnas de periódicos alarmistas y opiniones verdaderamente analíticas. Igualmente uno observa espectáculos llenos de furia y a veces vulgaridad; mentadas de madre responden a otras, flotan descalificaciones por la ortografía analfabeta o se recurre lo más que se pueda a la creatura macabra llamada socialismo. Por momentos, el tuiter se vuelve un sitio álgido de propaganda. Si hubo un Sendero del Peje, su perfil debería renombrarse la Barranca del Peje.

Cada uno hace uso de su red social como le venga en gana. Sea intelectual de nicho, periodista de grandes masas o usuario rodeado de amistades fantasmales, existe casi ninguna restricción para publicar. Ventaja o desventaja del Internet. Un ejercicio interesante es distinguir el reflejo que emana de su uso. ¿Qué clase de votante o ciudadano se vislumbra? Aunque no existen elementos para deliberarlo enteramente, al menos es un asomo a su reflexión sobre política. Es cierto, como han diagnosticado unos, que las redes sociales conforman a Babel. Opiniones sobre todo se esparcen en la nada. Sin embargo eso no impide tener dardos de sensatez política, breves comentarios que en momentos, si bien no contribuyen, orientan en la discusión. Por ello se agradece que ciertas inteligencias se trasladen al mundo de los blogs o tuiter mismo, o que haya periódicos o revistas con portales en línea. Justo hay perfiles que permiten descubrirlos. El lector, con buen sabor de ojos, recomienda un texto a otro. En sucesos que trascienden, un comentario breve mostrando aprobación o indignación, logra despertar en algunos la pregunta por la política.

Al igual que el locutor, más uno difiere con el candidato puntero. Muchos lo aborrecen, guardan temor,  lo miran con recelo feroz. Sin embargo, lo que hace destacable uno de otro es la altura para criticar. Ser enérgico no es lo mismo a ser violento. Con facilidad una indignación puede trastornarse en insulto, y en la arena digital más fácil aún. Con intención de salvaguardar la república, ayudan a rasgarla. En ocasiones, sin darse cuenta, cometen el error que denuncian. Critican la polarización, el discurso de odio, y no se protegen de su ofuscación. Juegan a ser la mafia del poder al mover cielo, mar y tierra con tal de no verlo en la silla presidencial. Vale el insulto para desnudar sus declaraciones; frena tajantemente el ataque verbal. Lo que tampoco saben es lo que ahora vemos. Su deber cívico, su hazaña de justicia, acaba siendo contraproducente. No sólo menoscaban la moralidad en la política, sino atizan las llamas del incendiario. Olvidan la fragilidad de la democracia y renuncian a guardar su fortaleza. El rechazo de Enrique Krauze no lo ha llevado a anhelar el nepotismo priista o la corrupción de finales de siglo; al locutor, en cambio, la repelús por el puntero le ha mostrado el priismo de Atlacomulco como una alternativa viable.

Mirada de Paz III

Mirada de Paz III

 

A veinte años del fallecimiento

de Octavio Paz

 

Nunca volvemos al mismo sitio tras leer un buen poema. Leer poesía colorea heraclítea la realidad, de ahí que nos sorprendan los nombres que da el poeta. En el poema se nombra lo real aparentando algo más y mirando en la apariencia refulge misterioso lo que de real se había olvidado: la mirada del poeta es espejo del hombre que refleja y especula, que muestra y demuestra, que al decir nos dice y diciendo nos enseña a decir. De ahí que el buen poeta que dirige bien su mirada a otros buenos poetas nos resulte tan clarificador. De ahí que sea indudable la vocación magistral del poeta Octavio Paz leyendo a otros poetas. La mirada de Paz se posa en las obras, atraviesa los versos, entona los acentos, especula, muestra, señala y nombra; nosotros, lectores del lector, nos la habemos entre nombres, entre señales, miramos el juego de miradas en la casa de espejos que son los grandes libros esperando que quizás alguna nos vea de modo tal que algo se nos haga claro. Del buen poema, quizá, volvemos con alguna claridad.

         Octavio Paz describió del siguiente modo al joven poeta José Carlos Becerra: “Me sorprendieron su calor, su capacidad para admirar y maravillarse, la inocencia de su mirada y sus facciones un poco infantiles. A veces la pasión centelleaba en sus ojos y lo transformaba. Hombre combustible, el entusiasmo lo encendía y la indiferencia lo apagaba. […] José Carlos lo oía todo con los ojos brillantes. Descubría el mundo ―y el mundo lo descubría. […] No el mundo, sino el yo: la marea verbal mece al joven poeta que, en un estado de duermevela, se dice a sí mismo más que a la realidad que tiene enfrente”. La mirada de Paz se posa en la mirada de Becerra para reconocer entre sus versos la incandescencia del mundo; el lector, mirando la mirada que mira la mirada, recorre el mundo de José Carlos Becerra admirándose de un fuego nunca visto, guiado sólo por un humo sospechado, confrontado con el recuerdo y la nostalgia del entusiasmo.

         Leo el poema intitulado El otoño recorre las islas:

A veces tu ausencia forma parte de mi mirada,

mis manos contienen la lejanía de las tuyas

y el otoño es la única postura que mi frente puede tomar para pensar en ti.

 

A veces te descubro en el rostro que no tuviste y en la aparición que no merecías,

a veces es una calle al anochecer donde no habremos ya de volver a citarnos,

mientras el tiempo transcurre entre un movimiento de mi corazón y un movimiento de la noche.

 

A veces tu ausencia aparece lentamente en tu sonrisa igual que una mancha de aceite en el agua,

y es la hora de encender ciertas luces

y caminar por la casa

evitando el estallido de ciertos rincones.

 

En tus ojos hay barcas amarradas, pero yo ya no habré de soltarlas,

en tu pecho hubo tardes que al final del verano

todavía miré encenderse.

 

Y éstas son aún mis reuniones contigo,

el deshielo que en la noche

deshace tu máscara y la pierde.

Poema de nostalgia y serenidad. José Carlos Becerra señala a la soledad con el nombre del otoño y transfigura en ello el drama de la ruptura amorosa en la contemplación sosegada del orden. A nuestras vidas, afanadas y surtas, señeras y habitables, de amor y desamor, las recorre el otoño: vemos resquebrajarse las hojas de la costumbre, los vientos barriendo nuestras seguridades, en su desnudo las ramas intimidando la esperanza y la luna coqueta de octubre asoma con un sediento sabor a promesa. El poeta nos brinda un espejo orleando nuestra nostalgia.

         Al inicio del poema miramos la mirada del poeta reconociendo en su luz la soledad. El solitario mira al mundo desde la ausencia del amado. No puede asirlo, el mundo escapa: lejanía contenida, recuerdo que roza las manos hormigueantes. El otoño es la postura que anticipa los días fríos de soledad, la fragilidad triste de las ramas resecas, el encorvado dolor de quien extraña. Miramos al poeta viendo al mundo con su soledad a cuestas. De ahí que encuentre ese rostro entre los rostros, tal apariencia entre las apariciones, los lugares del nunca, los tiempos truncos del futuro, las noches en que late fosca la soledad presente.

         En mejores días, el poeta se mira sonriente, cristalino; ahí la ausencia lánguida se filtra amenazando ignición. El poeta lo sabe, por ello lo acepta: “es la hora de encender ciertas luces”. Recorre cuidadoso los espacios, escabulle los vistazos entre escondrijos, puntos ciegos y resguardos. Pasa lista de lo hallado, inventario de lo que sigue en pie. Finalmente acepta: nunca más hacerse al amor como a la mar. El ausente ha dejado de ser puerto seguro. Se mira hacia lo lejos la señal de las naves encendidas. ¡Somos islas!

         Concluye José Carlos Becerra con una sabía ironía: “éstas son aún mis reuniones contigo”. Que las islas se sepan islas, que se prevengan de la inundación en el deshielo de la noche. Ya perderán su seguridad, su confianza. Ya despertarán cuando amaine para encontrar su máscara deshecha. Ya mirarán la ausencia en la mirada, el otoño recorriendo las islas.

         Octavio Paz miró en la poesía de José Carlos Becerra un humor incendiario. Becerra no negó la realidad del mundo, sino que la vio para iluminarla con su mirada, para encender lo sombrío de la experiencia, para incendiar la experiencia de lo sombrío. Sombras iluminadas entre la certidumbre y la duda. “La certidumbre se alimenta de la duda ―mejor dicho, la duda es la prueba, la llama, donde se quema la certidumbre. Los dedos en la llama”. Becerra mira al fuego e incendia, al incendiar ilumina: la claridad del lector es un incendio que permea por los recovecos del alma. Concluye Paz que los poemas de Becerra “lo revelan como un hombre que vivió cara a la muerte y que, frente a ella, quiso rescatar los misterios del tiempo humano y oír el rumor de los cuerpos encontrados en la memoria, en el chasquido de la nada”. ¿No es precisamente la soledad un misterio del tiempo en que la nada sorprende a la memoria? En el juego de miradas de los poetas el fuego ha mostrado su orden.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El jueves siguiente se cumplen 43 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Tras la revelación, por Roberto Zamarripa, de las conversaciones de miembros de Guerreros Unidos, la discusión sobre el tema ha sido nula. ¿Será que algunos están callando en la esperanza de que se olvide y vuelvan en un par de meses con el puño en alto a culpar al Estado? 2. Las unanimidades políticas siempre son sospechosas. Me extraña, por ello, que nadie se pregunte cómo fue posible el «consenso» en la propuesta de eliminación del fuero en la Cámara de Diputados. Más que afán celebratorio, sospecho afán persecutorio. Creo que surge de la adicción a los escándalos mediáticos. 3.  Importante atender a las modificaciones a la Ley de Asociaciones Religiosas. Piénsese que se beneficiarán principalmente los grupos reunidos en torno al Frente por la Familia y al PES. 4. Buena nota de La Jornada: los jóvenes prefieren las dictaduras. ¿Será que eso explica la reacción de la juventud en redes ante la encuesta entre jóvenes que Reforma publicó en la semana? 5. No tengo pruebas, pero la presurosa lectura que se ha hecho de los dichos no me cuadra con los hechos pasados. No creo que el adinerado ingeniero juegue tan mal con el que las encuestas ponen tan arriba. No creo que el candidato necesitado de apoyo decida pelearse con uno de sus promotores tradicionales. Creo que en realidad fue un teatrito para las galeras y que nos lo dice el único punto en que ambos estuvieron de acuerdo. Según Carlos Slim, el problema del nuevo aeropuerto es que el modelo de inversión no fue una concesión al sector privado, por lo que la posible cancelación del proyecto genera incertidumbre; según López Obrador, el nuevo aeropuerto no sería problema si fuera una concesión al sector privado. Especulando, porque especular es bien sabroso (Jorge G. Castañeda dixit), si gana Andrés Manuel y sigue adelante con la idea de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto se planteará una solución negociada por la que Carlos Slim se quedará con la concesión. ¿No tiene eso más sentido?

Coletilla. Julio Hubard recuerda a Octavio Paz: el hombre en crisis.

Mirada de Paz I

Mirada de Paz I

 

 

A veinte años del fallecimiento

de Octavio Paz

 

Aprendemos a leer poesía leyéndola. Los poetas son los maestros de lectura de la poesía. Los poemas son el lugar en que los poetas enseñan. El poeta lector de poetas es maestro de lectura de la poesía en su sentido más público, más político, más crítico. Octavio Paz, poeta, meditador sobre la poesía y crítico, fue un gran lector de poetas y con su mirada a la poesía de los otros también nos enseña sobre eso que es poético.

         Leyendo la poesía de Ulalume González de León, Paz afirma: “para ella el lenguaje no es un océano, sino una arquitectura de líneas y transparencias […] sus poemas son objetos hechos de sonido, pero el ritmo poético que los mueve no es un oleaje sino un preciso mecanismo de correspondencias y oposiciones. Al oírlos, los vemos: son geometría etérea. No obstante, si queremos tocarlos, se desvanecen. La poesía de Ulalume no se toca: se ve. Poesía para ver”.

         Leo el poema Huellas:

Tu ausencia

se espesa si la pienso:

huella visible de tu cuerpo

 

Tu presencia

borra todas las huellas

quiere ser recordada como luz

 

La huella de la luz está en un sitio

donde tú

no estás ni presente ni ausente

Si nos ceñimos a la oposición señalada por Paz, el poema presenta claramente la diferencia entre lo que se puede tocar y lo que se puede ver. Lo que puede ser tocado, empero, no es meramente táctil: tocar no es dinamismo automático de los cuerpos en el espacio, sino actividad libre de los hombres en el tiempo. Sólo el hombre toca porque evoca. Lo visible, en cambio, sólo se evoca porque provoca: ver es la provocación imaginaria del deseo. “El poeta ve al tiempo mismo en el momento de su desvanecimiento”, añade Octavio Paz. Las huellas, en Ulalume, en Paz y en la vida diaria, son siempre una tensión entre lo visible y lo tocable. Ni cualquier marca es una huella, ni todo lo que deja huella se ve fácilmente. De ahí que reconozcamos imprevistas huellas insospechadas, de allí la dificultad para borrar nuestras huellas.

         El poema tiene una huella inquietante: los dos puntos. ¿Qué dibuja Ulalume con esos solitarios dos puntos? Primera respuesta, y sencilla, Ulalume dibuja la soledad que se presenta en el poema. Los dos puntos son la pareja equidistante cuya separación se sabe y se comprende huella. No es huella por el mero pasado compartido, que el pasado no es necesariamente equidistante; sólo equidista el pasado que nos importa, el que nos hace ser lo que todavía somos. No es huella como la marca indeleble que identificaría un psicologismo romántico, que eso es empobrecimiento del presente. Ni es huella como el desgarre a futuro de lo insatisfecho, que eso es una vana obsesión. Hay que pensar la huella de la pareja equidistante.

         Los dos puntos del poema tensan la correspondencia y oposición entre el pensamiento y lo corpóreo. El pensamiento espeso no es solamente una metáfora, sino una descripción precisa del sentimiento de la ausencia. Caemos en la cuenta de la ausencia cuando la espesura de los pensamientos, como la del bosque, no permite claridad alguna. Mientras que en la ausencia, lo corpóreo es lo plenamente claro: queda en la mano el vacío de la caricia, entre los dedos sopla la vacante del juego, los brazos se alivianan de abrazos, entre las piernas vahea un desértico silencio… La claridad de lo corpóreo contrapuesta a la emboscadura del pensamiento: la huella de la ausencia.

         La huella de la presencia, en cambio, sólo sale a la luz en la evocación. “Tu presencia borra todas las huellas” no habla de la presencia material, sino de la presencia corpórea, de ese cuerpo que es materia evocada, tiempo vivido (Xirau dixit), caricia pasada. La presencia que borra todas las huellas es la del recuerdo de la persona amada que viene a la presencia por el amor mismo, por los caminos tantas veces recorridos. En la evocación amante, el cuerpo hace presencia en los labios anhelantes, en la inhalación fragante, en esa suspensión de la vida que llamamos suspiro. La presencia “quiere ser recordada como luz”, no como una imagen, no como un recuerdo, sino como esa experiencia cegadora que nos hace cerrar los ojos ante la totalidad corpórea y presente de quien ama. La luz no es, por tanto, un instante que sólo pueda ser recordado, no es un punto desvanecido en el tiempo. La luz es un lugar: el lugar en que se encuentran los amantes. Por ello en la luz “tú no estás”: estamos. La falta de luz, ahí donde el amor no enceguece, es donde no es posible vernos y sólo puede verse cada uno, donde cualquier marca es una huella, donde toda huella se ve fácilmente.

         Concluye Paz su lectura de Ulalume González de León: “la poesía no es ni puede ser sino el parpadeo del tiempo, el signo que nos hace el tiempo en el momento de su desaparición”. Octavio Paz señaló los signos de la construcción ulalumeana, los parpadeos que son difíciles de notar para el lector primerizo. El lector, encaminado por la mirada de Paz, puede andar entre los signos para orientar su vida. El lector, de la mano de Paz, puede descubrir que a veces el poema es un guiño del pensamiento.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. ¡Bravo! Por primera vez alguien le escribió un discurso bien planeado al presidente. Tan bien estuvo el discurso sobre la decisión de Donald Trump de enviar a la Guardia Nacional a la frontera con México que los críticos de Peña Nieto tuvieron que amenazar a una nube (Jorge G. Castañeda), apurar la intemperancia (Julio Hernández), o simplemente inventar un chisme (el directivo de Reforma tras F. Bartolomé). Claro, hay que entender que entre los críticos, quienes no están en campaña, juegan su propio juego de periodismo ficción.

Coletilla. “Quien lee de modo superficial palabras maravillosas, hace que también su corazón se vuelva superficial”. Isaac de Nínive

Caracterología

Caracterología

 

Definió la autoestima como confianza en ci-nismo.

 

Odiaba mirarse al espejo: siempre encontraba un fraude.

 

Era tan erudito que coleccionaba frases célibes.

 

Ya no sé si soy escéptico.

 

Leyendo Platero y yo me descubrí un niño para libros.

 

 

Námaste Heptákis

 

 

Coletilla. El pasado lunes 26 de marzo se cumplieron 42 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa; no hay novedades en la investigación del caso. El pasado miércoles 28 de marzo se cumplieron 7 años del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y ayer, 30 de marzo, el MPJD convocó a los candidatos presidenciales a pronunciarse sobre las víctimas y a reunirse con ellas. Es importante la convocatoria del MPJD, pues durante la semana se atacó en medios a tres de los fundadores del movimiento. El martes, los ataques se dirigieron a Emilio Álvarez Icaza, por la alianza de Ahora y el Frente. El miércoles, un medio electrónico divulgó la noticia falsa de una alianza entre Javier Sicilia y López Obrador. Y el jueves, un periódico sirvió para injuriar a Julián Le Barón. Aprovechando las vacaciones, algunas personas inventan rumores que servirán para la guerrilla electoral.

 

Lo mismo de siempre

Afanosos de atención, los precandidatos presidenciales aprovechan cualquier minuto. Saben que su difusión aumenta las probabilidades de voto. En sus cuarteles secretos, preparando tácticas digitales y publicitarias, anhelan un buen posicionamiento en el pistolazo oficial. Empezar con ventaja dará fuerza inicial a la campaña. Tal vez los anuncios vayan dirigidos a miembros del partido, sin embargo los posibles votantes igualmente escuchan. Muy pocos quedan a salvo de su aparición reincidente. Inocentemente los estrategas asumen el descuido y, como buenos combatientes, la adoptan como táctica. Sortean barreras legales, avanzan entre risas y buenos deseos, y no se avergüenzan de pertenecer al festín de redes sociales.

En los albores de la elección pasada, surgió la exigencia de menos spots y más debates. No sólo se pidió destinar recursos de uno para otros, sino modernizar o revitalizar los encuentros entre candidatos. Dejar a un lado los discursos por intervención y favorecer más la controversia. Hacer que el espectador distinguiera las diferencias y sentirse más afín a una propuesta. ¿Pero habrá suficientes televidentes o radioescuchas para eso? ¿No serán los programas con menor audiencia del año? El candidato y su equipo saben que no siempre las propuestas y argumentos no garantizan ser efectivos. Hay otros caminos que parecen asegurar más la popularidad o el voto. La promoción se vuelve una apuesta más atractiva. Una propuesta persuade; la imagen encanta. El tiempo de precampañas es la ocasión ideal para comenzar el arraigo del candidato en la cabeza de los votantes. Suponen que un buen meme, segmento viral, una lid en periódicos o cascada de spots propiciarán números importantes en las encuestas.

El televidente, radioescucha o cibernauta común, desde ahora, no tiene otro remedio que soportar los anuncios habituales. Habrá muchos que los tomen como chiste, otros serán atentos, pero gran parte lo tomará con tedio y frustración. La contienda electoral perderá su frágil atractivo y todos los frustrados se distanciarán de ella. Poco a poco se desfigurarán sus rostros de ciudadano; la política les parecerá más de lo mismo. De ignorar los anuncios, ahora ignorará todo lo concerniente a la política. La supuesta cotidianidad política absorberá cualquier suceso y parecerá que nada ocurre. Pan con lo mismo, sin necesidad de ingerirlo. No obstante, eso velará los gobernantes pillos, los candidatos seductores, los faraones que dirigen la pirámide. En esa disolución burda, sin darse cuenta pero sufriéndolo, se resquebraja su hogar.