Y después de comer…

Pasó la comida del domingo, pero ésta, a diferencia de la buena comida, que por lo menos nos deja un sabor agradable en la boca, ya sea por su sazón o por la agradable compañía, se pasó de hieles. Desagradables y amargas hieles que nos ponen en peligro de deshacernos descuidadamente de todo lo bueno que hasta antes de esa comida desagradable habíamos conseguido.

Hace doce años, unas horas después de haber cerrado elecciones la gente salía a festejar a la democracia, más que al candidato o al partido electo, festejaba la salida de algo que se había convertido en un cáliz tedioso por repetitivo, festejaba una salida más que una llegada. Doce años después, el cáliz que tocaba apurar ya estaba manchado por el sabor de la sangre y peor aún, por la amargura de la desconfianza, tanto que se vertiera lo que se vertiera en él todo sabría mal.

Recuerdo aún la alegría de muchas personas, embriagada de alegría porque vio que votar tenía sentido, que se podía ser efectivamente responsable de lo que pasara en su entorno, así como recuerdo el desencanto que poco a poco fue llegando cuando todo pasó de ser divertido a ser peligroso.

Aún sin estar de acuerdo con la embriaguez general de hace doce años, no deja de doler la resaca que llega doce años después, pues las personas ya no festejan, y ya no lo hacen porque no ven motivo alguno, desconfían de todo y de todos; renuncian a votar y se lamentan de tener que elegir cuando ya todo sabe igual, y junto con ello renuncian a lo poco que quizá sea aprovechable en los platos y la copas manchadas por tanta sangre y tanto dolor.

Pasó la comida del domingo, y todos hubimos de apurar un cáliz amargo para brindar, a sabiendas de que vertiéramos lo que vertiéramos en él, ya fuera un licor viejo, uno nuevo, uno diferente, uno de esos licores que se suben rápido y embriaga, o algún licor más suave y pacífico al estómago, el sabor que nos quedaría en la boca sería el sabor de haber apurado un cáliz amargo.

Pasó la comida del domingo y ahora debemos hacer lo posible por no vomitar aquello bueno que se consiguió antes dicha comida, hemos de evitar los movimientos violentos que revuelven el estómago y confiar en que algún día aprenderemos a cocinar.

 

Maigo.

Estiaje

“El arte, como el amor, es otro orden sagrado de la vida, arisco e irreducible…

Es, también, válvula por donde escapa el dolor, desquite contra la amarga existencia”

A. R.  

 

Aguas bajas por falta de lluvias. Así últimamente diagnostican a muchas partes del país. No llueve, no llueve y no llueve. Los animales mueren, se secan por no tener qué beber ni comer. Las plantas lo mismo, y el hombre también. No hay con qué bañarse o lavar, nada qué cultivar, nada qué vender, nada de dónde comer y beber. El desierto se anuncia y corre con pies de plomo pero con una rapidez como si fuera del aire. Va, viene, cae a caudales como lo hizo alguna vez el agua. Los bosques se volvieron estepas y las estepas desiertos. Desierto y más desierto. Todo del mismo color. Todo tan igual, tan extremo;  el frío, el calor, la sed, el hambre, la desesperación y la desesperanza. ¡Qué horror!…Pero nomás tantito. No todo, ni siquiera ahí, ha de ser tan malo. Aun ahí hay algo de vida, y tal vez la más extraordinaria. Pues es vida que parece soportarlo todo, que le gana al calor y al frío infernal. La que almacena, aprovecha, disfruta y alaba las pocas gotas de agua como ninguna otra. Aun ahí hay flores y de los colores más raros, vivos y hermosos. Vida, plantas y animales aferrados a lo único que les pertenece: la vida. Y viviendo en lo extremo, al extremo, la defienden de todo peligro, con espinas y capas de piel que pueden parecer raros, feos y dolorosos, pero que, viéndolos bien, aunque raros, son hermosos. Pienso que no sólo unas partes, sino México entero vive un tiempo de sequía y estiaje. Tal vez la desesperación, el calor, el frío, el mismo color, la arena en los ojos, no nos dejan ver bien. Nos hacen olvidar toda esa vida fuerte y hermosa. La política, arenosa, extrema y peligrosa -así como la temporada de estiaje-  nos deja con sed y desesperanza. Nos llena de tierra los ojos y de lodo los pies, no nos deja ver más allá de ella. Nos impide ver que hay cultura, arte, literatura. Que está toda esta gente aferrada a la vida, esforzándose y luchando cada día. Vida que está en cada panadero, carpintero, quesero, agricultor y zapatero. Aquí, como en el desierto, hay flores y frutos, y de los mejores. No olvidemos que hasta en el desierto brillaron los milagros.

PARA APUNTARLE BIEN: Este texto lo hice después de leer dos textos de Zaid (alentadores en tiempos que no lo son tanto): México avanza y Extraña felicidad. Acá están: http://letraslibres.com/blogs/articulos-recientes/mexico-avanza, http://letraslibres.com/blogs/articulos-recientes/extrana-felicidad . También les pongo una parte del capítulo ocho de Hard Times de Dickens:

“Never wonder! Herein lay the spring of the mechanical art and mystery of educating the reason without stooping to the cultivation of the sentiments and affections. Never wonder…All the bodies agreed that they were never to wonder…It was a disheartening circumstance, but a melancholy fact, that even these readers persisted in wondering. They wondered about human nature, human passions, human hopes and fears, the struggles, triumphs and defeats, the cares and joys and sorrows, the lives and deaths of common men and women! They sometimes, after fifteen hours’ work, sat down to read mere fables about men and women, more or less like themselves, and about children, more or less like their own.”

MISERERES: Mañana se terminan la temporada de campañas, y con ella los anuncios, espectaculares, plumas, estampas y flyers. Algunos ya decidimos votar, otros anular o abstenerse. Yo sigo insistiendo que el voto no anulado, sigue siendo la mejor opción.”El voto en blanco es una tentación legítima, pero no es una buena idea. Lo razonable es votar por los que estorben menos el desarrollo de la autonomía social” –dice Zaid en su última columna. Aunque no estoy de acuerdo con algunas cosas que dice, con esto sí. Acá su columna: http://www.letraslibres.com/blogs/articulos-recientes/voto-razonado. Y otra de Sheridan (igual respecto al voto): http://letraslibres.com/blogs/el-minutario/el-voto-como-anatomia. En este blog pueden ver al darle click muchos más textos sobre el voto de personalidades más o menos estudiosas de la política mexicana. De verdad léanlos; http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/06/votos-razonados.html. Según las encuestas, el PRI regresa. Acá un artículo interesante sobre esto: http://www.guardian.co.uk/world/2012/jun/24/mexico-perfect-dictatorship-comeback

El voto inútil

He escuchado y leído muy enérgicas recomendaciones por el voto útil en estos últimos días antes de la elección presidencial. La verdad es que no soy muy conocedor ni de política ni de las pequeñas sutilezas a su rededor como para estimar en mucho mi opinión al respecto. Entiendo que el voto útil se refiere a que votar por uno de los candidatos menos probables logrará que para el probable sea mucho más difícil quedar electo, y la posibilidad claramente indeseable de que el más probable ganara hace más útil votar por un candidato menos peor. Es más, lo que de veras sirve es no dividir los votos eligiendo a «cualquiera» de los menos probables, sino más bien hay que votar por el segundo lugar en preferencia para acrecentar significativamente la dificultad para el aparente ganador.

Me parece que no hay ninguna falla en el razonamiento: si suficiente gente vota por el aparente segundo lugar, podrá convertirlo en el primero, y si el actualmente preferido es más indeseable que aquél otro, luego vale el esfuerzo por obstaculizarle el camino. «Pero –se piensa–, necesitaríamos muchísimas personas que nos ayuden con su voto útil para que se junte esa ‹suficiente gente›», y por eso se explica la gran insistencia, añadiéndole al discurso que sólo es útil el voto si se empata en un solo candidato. Esto es suficientemente obvio. Los que no me parecen tan obvios son los supuestos de estos razonamientos. Para empezar, se debe aceptar que es evidente quién de los candidatos es más indeseable que quién; en segundo lugar, que es mejor que el voto sea útil.

Es falso que sepamos con tanta seguridad cuál de los candidatos a la presidencia sería peor gobernando. Es fácil olvidar que en nuestra vida pública todo discurso de los candidatos termina siendo parte de su campaña, no del diálogo político, y con mucha dificultad conocemos su posición hacia asuntos de interés público (sus «verdaderas» intenciones y posibilidades, podría decirse). Las campañas están diseñadas para agradar lo más posible a los votantes, y esto es lo mismo que decir que las campañas funcionan con principios demagógicos, mercadotécnicos, no políticos. La confianza en que el segundo más preferido será mejor que el primero, descansa en nociones quebradizas y manipulables en las que el descontento de los ciudadanos por el gobierno actual juega un papel grandísimo y difícil de tener en perspectiva. En nuestro estado fácilmente se caldean los ánimos, y el que mejor se aproveche del sentimiento logra más allegados a su supuesta causa. Las «propuestas» terminan siendo más bien estrategias para recaudar votantes y lo que debería ser un ejercicio democrático termina siendo una competencia por los números. La condición de nuestras «elecciones» inclina a una carrera estadística antes que a la defensa de una posición preferible de gobierno. Me parece más cierto que nunca, que no sabemos quiénes son los candidatos, y ellos intentan lograr que esa sensación se disipe con el mayor esfuerzo posible para «ganar votos», nunca para que los conozcamos.

El segundo supuesto, que el voto tiene que ser útil, resulta para mí parte del problema. Debería llamarnos suficientemente la atención que nuestra «democracia», para empezar, no se enfoque al bien común, y para continuar, que esté virando del ya triste elegir el menor de los males, al todavía peor evitar el mayor de los males. Estoy seguro de que cuando se decide entre todos cómo combatir algún desastre es posible hacerlo democráticamente, cuando es algo inminente como una amenaza externa al Estado; pero nuestro caso es diferente. Ahora sucede que el mencionado desastre (o los cuatro desastres posibles) es uno de nosotros (y eso suponiendo que tenemos claro qué significa «nosotros»). Decir que los candidatos son males menores o mayores es lo mismo que decir que no nos representan. Si ninguno de ellos nos representa, elegir a uno de ellos no es un ejercicio democrático, sino un ardid pragmático. No debería ser que votáramos para evitar que gane el peor, debería de haber alguien considerado por nosotros como el mejor. Pero es dudoso que lo haya. El voto es, tomándolo en serio, el modo de pronunciar nuestra elección; es la afirmación de nuestra preferencia por el modo de gobernarnos. Sin embargo, es tan ajeno a la realidad y tan ingenuamente idealista decirlo así, que se nota que en el voto no hay más que resabios, si acaso, de democracia. Cuando aceptamos que nuestro voto se convierta en peso estadístico estamos accediendo a que nuestra opinión valga lo mismo que eso: paja demagógica, cemento para los escalones de los mejores compra-votos (porque el dinero, las gorras y las tortas no son los únicos medios para comprar votos).

Resta considerar la anulación del voto. Para empezar, es claro que no es útil y comúnmente se le critica por ello. Tampoco parece haber razones para recomendarlo, pues su predominio podría hacerle más mal a una democracia vulnerable. Si acaso, sólo podría decirse que mantiene la dignidad del «ejercicio democrático» que admite estar reducido a una pelea deshonesta que desmerece a un ciudadano. Los verdaderos ciudadanos pueden confiar en que es suya la elección de la forma de gobierno; el voto nulo, por otro lado, es tan sólo la afirmación de que ninguno de los representantes representa.

NOTA: Este texto fue ligeramente modificado después de su producción original, con la finalidad de hacerlo más claro.

Manzanas

“Go, go, go, said the bird: human kind
Cannot bear very much reality.”

 

Tocarla, sentirla y olerla. Firme y tersa. Jugosa. Crujiente. El nivel exacto de dulzura. Blanca como la nieve. Rayada, roja y amarilla; indecisa. Riquísima. Deliciosa experiencia la de las manzanas. Todo comienza desde su elección: desde ir al mercado y verlas posando, presumiendo su color, su brillo, su tamaño y su olor. Sospechando su sabor. Otras frutas habrá más exóticas o afrodisíacas; con explosiones de sabor más salvajes en la boca. Las habrá más elegantes y vistosas, más suaves, más dulces y jugosas. Pero como la manzana no hay dos. Esa simplicidad es casi perfecta (y digo casi sólo por aquellos rumores de que nada es perfecto). O será que yo me conformo con poco. No lo sé. A mí al menos, siempre me acompañan, comer manzanas es tal vez de los hábitos que mejor me van. Nada como una manzana para complementar el desayuno, para después de correr y recuperar la energía. De postre; para hacerle honor a lo dulce sin olvidar lo saludable. A media tarde o tal vez a media noche; para acompañar al insomnio, para no olvidar el sabor….Hoy hablo de las manzanas porque, de un tiempo para acá, la mayoría de ellas no me saben igual. Ya no me saben a manzana, en realidad no me saben a mucho, no sé si sepan a nada.  Ha de ser que las estoy eligiendo mal –pensaba yo. Luego me explicaron que no, que es cosa de que así están todas (las manzanas pues). Ahora, por tanta demanda y competencia, a las manzanas las maduran, las inyectan, las untan y maquillan para que se vean grandotas, brillosas y sabrosas. Para que las compren aunque estén tan caras (como 34 pesos el kilo). ¡Qué desgracia! Pobrecitas manzanas. Y pobres diablos los que nos antojamos, compramos, saboreamos y comemos esas manzanas. Pues aunque más bonitas, vistosas y presumidas que las de tal vez todos los tiempos, son también las más mentirosas. Porque ya no saben a lo que sabían, ya no saben a lo que deberían. Tal vez porque ya dejaron de ser manzanas. Yo no sé qué sean, tal vez lo sepas tú. ¿Será que el mundo se está volviendo así; ahora será todo de “mentiritas”? Ojalá a los hombres no nos esté pasando lo que a estas pobres. Ahora se ve o nos vemos más bonitos y arreglados. Nos inyectamos, untamos y maquillamos. Parecemos más altos, con más presencia, más limpiecitos y mejor vestidos. Pero tal vez cada vez los hombres de ahora saben (o sabemos) menos a hombre. Ojalá no  seamos ya puro plástico fino. Ojalá no hayamos o estemos dejando de ser hombres también. Yo no sé que seremos, tal vez también lo sepas tú…

PARA APUNTARLE BIEN: Esto, como lo del epígrafe, es de la primera parte Burnt Norton, de Four Quartets de T.S. Eliot. Y lo pongo porque éstas son probablemente mis partes favoritas de esta sección. A mí trae una dicha enorme leerlo, tal vez a ustedes también (en especial a ti, G., “even while the dust moves, there rises the hidden laughter…”)

Words move, music moves
Only in time; but that which is only living
Can only die. Words, after speech, reach
Into the silence. Only by the form, the pattern,
Can words or music reach
The stillness, as a Chinese jar still
Moves perpetually in its stillness.
Not the stillness of the violin, while the note lasts,
Not that only, but the co-existence,
Or say that the end precedes the beginning,
And the end and the beginning were always there
Before the beginning and after the end.
And all is always now. Words strain,
Crack and sometimes break, under the burden,
Under the tension, slip, slide, perish,
Will not stay still. Shrieking voices
Scolding, mocking, or merely chattering,
Always assail them. The Word in the desert
Is most attacked by voices of temptation,
The crying shadow in the funeral dance,
The loud lament of the disconsolate chimera.

The detail of the pattern is movement,
As in the figure of the ten stairs.
Desire itself is movement
Not in itself desirable;
Love is itself unmoving,
Only the cause and end of movement,
Timeless, and undesiring
Except in the aspect of time
Caught in the form of limitation
Between un-being and being.
Sudden in a shaft of sunlight
Even while the dust moves
There rises the hidden laughter
Of children in the foliage
Quick now, here, now, always-
Ridiculous the waste sad time
Stretching before and after.

MISERERES: Las elecciones cada vez se acercan más; unos ya están bien decididos, otros no tanto. Unos le temen a la intolerancia, otros a los dinosaurios, otros a la inexperiencia que anuncia más de lo mismo de los últimos años, otros le temen a los tres. Entiendo la diferencia entre la anulación y la abstención, pero yo, como muchos, insisto en que anular el voto es beneficiar al candidato a la cabeza. No por robo de votos, boletas y nombres en las urnas; por probabilidad, por la famosa “campana” y otros métodos. Además de la pérdida de registro de los pequeños partidos, cosa que también se sospecha inútil porque las encuestas parecen mostrar que ya obtuvieron el porcentaje necesario (aún contando los votos anulados), la anulación no me parece buena opción. Por otro lado, la fusión Televisa-Iusacell ahora sí ya fue aprobada. Los que aprobaron alegan que no hay problema, que se está abriendo el campo a nuevas redes telefónicas y televisoras. ¿Será? Por ahora, las televisoras siguen conservando todos y cada uno de sus canales, aun el canal nueve y cuarenta a los que debían renunciar. A ver ahora qué pasa… Acá una columna relacionada con aquéllo: http://www.letraslibres.com/revista/columnas/es-util-anular-el-voto

Ocho minutos

“Separados y silenciosos, esa noche hicimos un papel de convidados de piedra”

J. J. A.

Eran las ocho. Lucía, desconsolada, llamó a Juan, su amigo del alma. Eran pocas las veces que se habían visto, todas  gracias a Juan o al destino. Nunca antes Lucía le había hablado para que se vieran. Pero ellos se conocían bien. Él la conocía mejor que muchos, mejor que todos esos que habían sido de ella. Mejor que todos esos que creían conocerla bien. Esa llamada era la señal que él había estado esperando. ¡Qué emoción! –pensó. Era su oportunidad, la única, de decirle lo que sentía. Tenía poco tiempo, debía actuar rápido y actuar bien. Pensó, escribió, borró, volvió a escribir y memorizó cada palabra. Con ella había que ser cuidadoso. Llegó la hora. Ella –como siempre- llegó tardísimo, pero esta vez no cargaba su sonrisa de siempre; esta vez lloraba como si llorara al mundo entero. Mala suerte. Para eso el pobre de Juan no había ensayado. Ella lloraba pero también estaba muy equivocada,  ella y nadie más era la culpable de todo ese dolor. Juan lo sabía bien, pero no sabía qué decir.   Lo cierto es que en ese momento de tanta niebla a Lucía no le importaba la verdad; ella buscaba sólo palabras de aliento, un abrazo al menos, un poco de paz. Pero nada más.

¿Cuántas palabras caben en ocho minutos? ¿Cuántas promesas, ataques o propuestas? ¿Cuántas verdades y cuántas mentiras? ¿Caben perdones e invitaciones? Poco, o nada, queda de esos héroes que en un minuto rescataron al mundo. Nada ahora, más que un vago recuerdo, de aquéllos que cantaron las musas, de esos admirabilísimos seres que una vez todo el mundo deseó ser. Ojalá esos héroes estuvieran cerca, salvaran al mundo,  nos salvaran a todos, y si no, regaran así como el sol, gotas de tantita esperanza. Hoy se necesita más de un minuto para salvar al mundo. ¿Se puede hacerlo en ocho? Ya ni siquiera al mundo o a un continente, sino a un país. Uno chiquito, rotito y tantito dolido. Lleno “des” y más “des” (desconsuelo, desconfianza, descalificación, desconcierto y desdicha). Ni siquiera me refiero a salvarlo por completo, hablo de comenzar a o prometer salvarlo con eso que nos hace siempre tan humanos: las palabras. ¿Puede en ocho minutos resumirse y resolverse la realidad, la economía, el narcotráfico, y la corrupción? Yo creía que sí. Esperé los “qués”, “para qués” y los “cómos”. No llegaron.  Luego recordé lo ingenua que puedo ser. Pero tenía miedo de que en realidad, bien adentro, esperara mucho menos de lo que decía, quería o creía esperar. Tenía miedo de esperar y conformarme sólo con palabras bonitas, palabras de aliento. Tal vez estas palabras que se sienten como abrazos en el frío y besos en la soledad no son, no pueden ni deben ser –aun sufriendo el dolor más grande- nunca suficientes. Ha de empezarse o terminarse por allí, pero siempre debe buscarse un poco o muchísimo más.

PARA APUNTARLE BIEN: “Tal como lo había intuido, el rostro de María sonreía. Es decir, ya no sonreía, pero había estado sonriendo un décimo de segundo antes. Me ha sucedido a veces darme vuelta de pronto con la sensación de que me espiaban, no encontrar a nadie y sin embargo sentir que la soledad que me rodeaba era reciente y que algo fugaz había desaparecido, como si un leve temblor quedara vibrando en el ambiente. Era algo así” Ernesto Sabato lo dijo en El túnel.

MISERERES: Debates y Post-debates, quién ganó todavía es sorpresa. Muchas encuestas –como la del Reforma- dicen que fue la candidata. Otros no piensan lo mismo. Acá pueden ver dos opiniones distintas: http://www.adnpolitico.com/opinion/2012/06/11/opinion-josefina-fue-la-mejor-pero-amlo-gano-el-debate y http://www.adnpolitico.com/opinion/2012/06/10/el-segundo-debate-una-interpretacion-de-urgencia. Hasta ahora, las encuestas de la elección siguen pronosticando los mismos (tristes) resultados.

Para Thimocrates: Pido perdón porque ese día, legalmente, tú tenías razón; debí decir duopolio. Pero sigo pensando lo mismo, cada vez avanzan más las licitaciones para el monopolio sospechado y bien o mal llamado por muchos como yo. Aquí te dejo unas cosas para que veas por qué creo lo que creo (claro que podemos acabar por acordar que desacordamos, yo espero sólo que lo leas). Éste es un texto de Denise Dresser: http://www.elmanana.com/diario/post/1653513. Y ésta es la respuesta del periódico The guardian a Televisa después de las acusaciones que ya sabrás –donde hablan precisamente del monopolio y del manejo de los medios para propaganda electoral-: http://www.guardian.co.uk/world/2012/jun/08/mexico-televisa-files-genuine-qanda?CMP=twt_gu, http://www.guardian.co.uk/world/2012/jun/11/wikileaks-us-concerns-televisa-pena-nieto?CMP=twt_guhttp://www.guardian.co.uk/world/2012/jun/11/wikileaks-us-concerns-televisa-pena-nieto?CMP=twt_gu. Te dejo también un saludo, Rubio.

Humo

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas

inconstantes, ese montón de espejos rotos.”

J. L. B

Cada noche se acostaba en el patio de su casa de cantera helada a mirar las estrellas. Todas eran especiales. Todas hacían que ése –su cielo- fuera así y ningún otro. El hombre está hecho de pequeños y delicados instantes –una vez me dijeron. Pensé que nunca lo había pensado. Pensé que tal vez ese hombre tenía razón. Así que revisé los míos. Comencé a recordarlos,  a suponerlos y sospecharlos. Supuse que hubo uno (un instante) en el que supe quién era mi madre, en el que comprendí qué era una madre. El instante en el que por primera vez me hinqué, junté mis manos y quise platicar con Dios. Aquél otro cuando sentí un calor bien adentro que explotó en forma de enojo rojo. Cuando me pegué en un poste y en otro poste. Cuando entendí de veras qué era multiplicar. Cuando sentí la lluvia, probé el café y el otoño. Cuando me picó la comezón. Cuando creí saber de qué se trataba el amor. El primer beso, el segundo y el último. Cuando probé la vainilla y descubrí que nos miente porque no sabe a lo que promete. El instante en el que creí saber quién era. El otro en el que supe que había creído mal. Cuando sospeché que extrañaba y que tenía miedo a la soledad. Cuando confirmé mis sospechas. Cuando me hicieron llorar, cuando hice llorar, y supe que yo no era nada especial…Y así han de seguir miles, son demasiados y yo tengo mala memoria. De muchos no me acuerdo,  pero me los cuentan. Me los cuentan mis padres y abuelos, mis pies y mis manos, mis marcas y arrugas. Mi cuerpo y también mi alma. Instantes, como todos, de una naturaleza especial. Rarísimos. Se resbalan y se esfuman, así como el humo, pero también se quedan. Nos van dejando, pero también nos van quedando. Pienso yo que nos conforman, nos construyen y mantienen. La memoria los conserva y nos conserva. Nos recuerda lo importante, lo que no hay que olvidar. Nos recuerda quiénes somos. Hoy, sospecho, esos instantes ya no los disfrutamos tanto. Ahora ya no los vivimos tanto; los dejamos ir así como llegaron. Así como del viento, nosotros ni enterados. Hoy nos gritan que les pongamos atención. Nos gritan que volteemos a verlos y volvamos a saborearlos; al café, la vainilla, el amor y el llanto. A voltear al cielo y de veras (ad)mirar las estrellas. Hoy, se me hace,  ya no nos acordamos–ni tú, ni yo, ni México- de lo que nos gusta o disgusta, de dónde venimos o a dónde vamos. Tal vez, sólo tal vez, así, volviendo a ellos, recordemos o descubramos quiénes somos, qué queremos y  podemos llegar a ser.

PARA APUNTARLE BIEN:

“What if you slept 
And what if
In your sleep
You dreamed
And what if
In your dream
You went to heaven
And there plucked a strange and beautiful flower
And what if
When you awoke
You had that flower in you hand
Ah, what then?”

S. T. Coleridge

MISERERES: La encuesta del Reforma del jueves pasado tiene a todos anonadados. Acá la pueden ver y pensar lo propio: http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/05/la-encuesta-de-reforma.html.  Son interesantes, y tal vez poquito tristes, las declaraciones del ex –presidente Fox; para él el PRI ya está en los Pinos, las encuestas no valen nada, y detrás del movimiento #Yosoy132 están lopezobradoristas radicales. ¿Sí?

De los hábitos o del dinosaurio

“Cada instante que pasa nos arrebata un pedazo de rostro”

W.

El PRIeto estaba decidido a cambiar su vida; cambiar de rumbos, de novia, trabajo y amigos. Se había dado cuenta, desde hacía ya mucho tiempo –desde aquel julio del 2006- que no había hecho nada con su vida que lo hiciera sentirse orgulloso. Ya se lo había dicho su madre uno de esos días con olor a tierra mojada. ¡Y todo es culpa de tu padre por no educarte bien! –añadió. Tenía 28 años ¡y nada!,  no había hecho absolutamente nada. Decidió cambiar. Comenzó por las pequeñas cosas. Nunca había sido muy limpio, así que empezó lavándose las manos antes de comer y después de ir al baño, bañándose diario y cepillando sus dientes. Intentó ordenar el desorden que tenía por cuarto. Comenzó a correr por las mañanas, a comer como Dios manda. Quiso ser bueno, dejar las mentiras, visitar a su madre los viernes y llevarla a misa al medio día. Trató de retomar la carrera que hacía mucho, por flojera y no porque no lo hiciera feliz como les había hecho creer a todos, había abandonado. Buscó y buscó trabajo. No encontró; no tenía experiencia alguna. Pasaron los días. Seguía sin trabajo.  Se olvidó de bañarse y de ir a correr un día. Al día siguiente también.  Pronto volvió a ser el mismo.  Volvió a la flojera y a las mentiras. Meses después ya todo era igual. Ya ni se acordaba de las ganas que tenía de cambiar.

Tal vez tienen razón aquellos que dicen no sólo que los hábitos nos forman, o deforman, para siempre, sino que ya de grande uno no puede cambiarlos, uno ya no puede hacer mucho. Pienso que esto también debemos pensarlo en estas escandalosas épocas de elección. Un partido, así como un hombre, se define por sus actos y la historia que ellos dejan. Y es difícil, o tal vez imposible, cambiar de la noche a la mañana como por arte de magia. Aunque cambie el discurso, el dinosaurio sigue siendo el mismo. Aunque la forma sea otra (la cara más guapa y el regalo más grande), el fondo sigue siendo igual.

PARA APUNTARLE BIEN: “Una golondrina no hace la primavera, como tampoco un día de sol; igual que tampoco es un solo día ni un reducido intervalo de tiempo lo que constituye la felicidad y la dicha.” Aristóteles.

MISERERES: Peña Nieto habló ayer de él y de su partido como renovado, reformado: apoya el matrimonio entre homosexuales, el aborto y la pastilla de al día siguiente. No le preguntaron si apoyaba los monopolios televisivos (era por supuesto un programa de Televisa), pero esto se me hace que no lo apoya tanto (no va a morder la mano que le da de comer). Le preguntaron de nuevo por nombres posibles para integrar su gabinete; de nuevo no hubo respuesta.  Volviendo al movimiento #yosoy132; algunos lo ven con ojos más escépticos. Explican que el activismo de la juventud –al menos hasta ahora- no ha reflejado nada nuevo en las mediciones del voto. En realidad los jóvenes –dice el estudio- siguen siendo el segmento más abstencionista electoral (lo dice gente como Alcocer ayer en el Reforma pero también lo pueden ver acá: http://www.tribuna.info/index.php?option=com_content&view=article&id=112753:n1p5&catid=6:general&Itemid=130 ). Tal vez, como dice retomando a Novo, “a los mexicanos nos gusta lo usado y estrenar”. Falta ver a dónde va enfocado este movimiento, si es sólo a la democracia electoral, a otros ámbitos de la democracia, o si de plano por ahí nomás no va.