Como un sol con forma humana

 

Como un sol con forma humana

 

A veces hay días en que las manos se sienten más vacías. No son manos ligeras, sino ahuecadas. No son manos torpes, sino de cierto modo entumecidas. Manos que extrañan el calor y las caricias. Manos que quieren otras manos. Manos que palpan ausencias, empapadas de anhelos, resecas de ilusiones, quizás en su soledad polvosas. Me lo hace pensar un bello poema de Emilio Prados [Málaga, 1899 – Ciudad de México, 1962] que leí a media tarde, en la banca de un jardín extrañamente desolado. ¿La gente huyó del calor? ¿Los habituales del jardincillo rehuyeron del sol? A veces hay días con un sol y un calor que hacen más plena la vida. A veces el calor y el sol más comunes nos hacen recordar al sol y al calor más humano. Copio el poema.

 

 

El desierto comienza por los ojos.

Tu carne, ¿es aún más dulce bajo el sueño?

 

 

…Cerca como tu propia imagen,

lejos como tu propio cuerpo,

mi soledad me ha sorprendido

como una forma humana:

como un ser invisible.

 

El poema es notable en sus contrastes. Contrasta la primera estrofa con la segunda, no sólo por su extensión, sino principalmente por su forma: a primera vista la primera estrofa carece de centro, mientras que la segunda se forma en función del sorprendente verso “mi soledad me ha sorprendido”. Nótese que el verso central de la segunda estrofa es el único en que explícitamente aparece el yo. En la figura de la segunda estrofa se contraponen los tu de los dos primeros versos a los un de los dos últimos. Mi forma la mediación. ¿Mediación de qué? Precisamente, considerar la respuesta nos permite ver que yo permea por el poema tácitamente, en especial en la primera estrofa: yo es el agente de los ojos y el sueño; es el centro de la primera estrofa. Así, el poema tiene unidad en la relación entre y yo posibilitada por los centros de sus estrofas, relación que muestra el movimiento todo del poema.

         El poema inicia con un hombre mirando solitario. El mundo se cubre con la aridez de quien no ve frente a sí a quien quisiera ver. No es lo mismo ver un mundo árido, caluroso y soleado en la soledad, que mirar juntos el pleno medio día del mundo. La aridez solitaria reseca inevitablemente la garganta, irrita los ojos, dificulta respirar. En compañía, en cambio, la expectación es la que dificulta la respiración, los ojos se dilatan sorprendidos admirando, la garganta, las bocas… En el día soleado del solitario aparece el mundo interminable: vasto desierto ilimitado. Cuando dos comparten el día soleado, el mundo y su tiempo son finitos, mínimos, insuficientes. Y el calor, del calor digamos que ya lo puede imaginar el lector.

         ¡Aparece la carne! No es la carne propia, pero tampoco es ajena. La carne propia no sorprende, pues nunca es carne, para serlo se requiere una abstracción, un juicio muy distinto al de nuestro hombre mirando solitario. La carne ajena no sorprende, pues tampoco es carne, sino objeto, abuso, emplazamiento. La carne sólo es carne cuando dos se encuentran, cuando dos se descubren en la aparición de lo que realmente son. Por ello la pregunta: “¿es aún más dulce bajo el sueño?” El sueño figura un encuentro. La dulzura de la carne se encuentra o bien en el encuentro real o en el imaginado, pero nunca en el planificado objetivamente, en la distancia utilitaria. La carne es dulce: tierna, como la emoción de los enamorados; plácida, como el tempo de las caricias; suave, como el sabor de un caramelo que despliega sus olores para deleitar el tacto. “Tu carne, ¿es más dulce bajo el sueño?” evoca el recuerdo del encuentro, la calidez que se contrasta con el sofoco del solitario día soleado.

         Los puntos suspensivos lo mismo son la entrada del sueño que su salida. Si el encuentro del poema es imaginario, la segunda estrofa muestra la experiencia interna de nuestro hombre mirando solitario. Si el encuentro del poema es real y los dos puntos señalan la llegada de quien se espera, la segunda estrofa muestra la experiencia interna del hombre sorprendido por el descubrimiento de la soledad. En el primer sentido, la separación entre y yo produce la sorpresa de saberse solo. En el segundo sentido, la inminencia del encuentro entre y yo exhibe la dilución de lo que yo había sabido de mí mismo. En ambos sentidos, yo se conoce a sí mismo; sólo en el segundo, el conocimiento de yo confirma una realidad.

         Leamos conforme al primer sentido. La estrofa contrasta sus partes. De los dos primeros versos, el contraste entre imagen y cuerpo aumenta la distancia entre el hombre mirando solitario y la experiencia interna del ensueño. La imagen está cerca, pues quien ensueña la trae a la presencia. Ante el agobio caluroso, el hombre mirando solitario se refresca imaginando la presencia. La imaginación, en cambio, el ensueño más que el sueño, hace evidente la inmaterialidad del anhelo: sólo hay cuerpo propio ante las propias fantasías. De ahí que el hombre mirando solitario sea sorprendido por su soledad. El ensueño gravitó la ausencia. Sabiéndose solo, el solitario se reconoce humano. La limitación del propio anhelo, la realidad opuesta al deseo, el límite claro de la voluntad, son muestra de la forma humana. El solitario no quisiera su soledad, pero la ausencia le hace evidente que está solo. En su soledad concluye: es un ser invisible. De no serlo, no estaría ausente, pues sabría de la soledad de yo y estaría ahí presente. El ensueño del encuentro fue el oasis de la trágica condición humana.

         Leamos ahora conforme al segundo sentido. Los contrastes del primer sentido emanan de la sorpresa en el segundo. O para decirlo de otro modo: el hombre que miraba solitario pasa de la imagen al cuerpo y luego a la sorpresa, de la sorpresa a una plenitud humana y luego a algo no visible. Es decir, el hombre esperaba solitario y tuvo la fortuna de que llegase el esperado, la brisa refrescante de quien uno quiere ver. Llegando lo primero en aparecer es la imagen, pues ahora el yo del poema puede comparar su ensoñación con lo presente: la presencia se apropia de la imagen y con ello descubre el cuerpo. Frente al cuerpo radiante de , yo se sorprende por su soledad. Yo, definido desde una soledad conceptuada por la ausencia, descubre con sorpresa las nuevas posibilidades de ser: le descubre a yo que no ha de ser un solitario, que puede ser un yo plenamente entregado a . La sorpresa es la refutación de la opinión sobre uno mismo. Yo junto a descubre su forma humana. ¿Qué descubren y yo en el encuentro? Se descubren invisibles. La carne sólo es visible cuando dos que se aman se encuentran; el desierto es exterior para los que se aman. Sólo por un amante yo puede conocerse. A veces el desierto comienza por los ojos; a veces tu mirada me habita plenamente.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. La Oficina de la Presidencia contestó a Animal Político que no tiene obligación legal de contar con documentos sobre lo que diga el presidente. Así, como lo dije ante la presentación de la Estrategia Nacional de Lectura, tantos eventos para presentar el nuevo curso de la historia patria son puro cuento. Régimen de la simulación. 2. Pues la Presidencia mintió, otra vez. En la presentación del militar que ostentará el «mando civil» de la Guardia Nacional se omitió parte importante del currículo del general Rodríguez Bucio: estudió en una escuela militar que enlista entre sus egresados a 11 dictadores latinoamericanos. Detallito. Error de dedo. Régimen de la simulación. 3. Y no sólo miente, sino que manipula. Tras las preguntas de Jorge Ramos en la mañanera de ayer, se comenzaron a modificar las cifras del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública para que coincidiesen con lo que afirmó el presidente. Una vez que Raymundo Riva Palacio advirtió que la modificación se estaba llevando a cabo, desaparecieron las cifras de la página oficial. Miente, simula, manipula… ah, pero es honestidad valiente. 4. El presidente pide a Reforma que revele sus fuentes. Sí, el mismo que cuando es cuestionado dice que tiene otros datos que no va a presentar. Si fuera chiste, se contaría solo. 5. Perdida entre las notas pequeñas, pero importante para nuestra cultura política. La encontré en un diario local. El Instituto Nacional Electoral, la Secretaría de la Función Pública y la Secretaría del Bienestar, con Olga Sánchez Cordero como testigo, firmaron un acuerdo por el que se prohíbe que los partidos políticos usen el dinero público para comprar los frutsis y las tortas para los acarreados. No hace falta comentario irónico. 6. Para Enrique Krauze «en las urnas, el ciudadano decidió contra sí mismo. Vivimos una nueva biografía del poder».

Coletilla. «La Iglesia está muriendo en las almas», afirma Joseph Ratzinger en su artículo sobre la Iglesia y los abusos sexuales. No, no culpa a la revolución sexual de los sesentas (como simplonamente se ha reseñado en medios), sino que muestra que frente a la revolución de los sesentas el catolicismo tomó decisiones teóricas que explican la confusión actual. Confusión que produce el emplazamiento efectista de las preguntas, emplazamiento que hace ineficiente el plan contra la pederastia. Y confusión fundada en el olvido del centro de la vida cristiana: la eucaristía. Si la Iglesia ha de hacer frente al problema de los abusos sexuales lo ha de hacer desde el misterio de la vida cristiana, desde el misterio de la carne. La teología no puede ocultarse en la psicología, ni siquiera en la que se presume humanista. La teología debe ser capaz de dar una respuesta teológica. ¡Qué alegría saber que todavía hay un católico inteligente!

Conjurados

 

Conjurados

Por la idea, dos pueden pensar en lo mismo cuando hablan. También es por la idea que la retórica, la hermenéutica y la “ciencia” de la comunicación encuentran su límite. El diálogo, cuando es de ideas, está más allá que un acto de persuasión, que una interpretación o que la transmisión de un mensaje. Cuando dos dialogan sobre ideas lo importante es que las palabras no oscurezcan las ideas, que sean tan claras como las ideas lo permitan. Sin embargo, hay un rastro que conduce a una cierta comunidad, una cierta conjura, que va más allá del diálogo sobre las ideas: una cierta integridad erótica. Nos ayuda a pensarlo un poema de Emilio Prados.

Levántame despacio

una punta del sueño…

Míralo por debajo.

                   Sentirás

mi memoria latiendo,

igual que un pulso tuyo

conservado.

                   Cuéntalo bien…

Ajústalo a tu paso…

Deja caer de nuevo

la punta de mi alma.

En su apariencia, el poema gravita en torno al encabalgamiento de los versos centrales. En ese centro, notamos la única referencia al del poema que no está acentuada. En este poema de encuentro y comunidad, el aparece en sus acentos: cinco imperativos y un futuro. El futuro es la condición de la comunidad que apunta al centro del poema. El poema se construye desde su encabalgamiento para mostrar la reunión de los involucrados, para hacer patente la comunidad.

         El inicio del poema podría presentarse simplemente como un símil de las sábanas y el sueño. Así como se invita a alguien al propio lecho, el poeta invita a alguien al propio sueño. Aunque no llegamos del mismo modo al sueño que a la cama. Algo ha de pasar, ajeno a nosotros, para que en la cama se produzca el sueño. El sueño aparece cuando nos entregamos a él en la cama. La invitación del poema es la de una cierta entrega, en la cama y en el sueño, a un cierto misterio que da vida al poema.

         Al sueño se le mira por debajo. Quizá nadie ignora que los sueños, más que la naturaleza, gustan de ocultar. Quizá cualquiera podría aceptar que entre los pliegues de las sábanas del sueño es posible encontrar sorpresas y terrores, alegrías y esperanzas, lo sabido y lo por saber. Sin embargo, en la noche, cuando el se aproxima a la cama y levanta la sábana, el sueño se mira por debajo. No es un indiferente, no es un que no me conoce, no es un que no me ha soñado. Mirando al sueño por debajo aparece el yo del poema. Ni ni yo somos nadie o cualquiera. Mirando por debajo nuestros sueños nos encontramos.

         Sólo en el encuentro puede sentir. Sentir la memoria latiendo es la sensibilidad de un pasado común: el sueño torna en memoria cuando nos pensamos juntos. Sólo la memoria hace posible el reconocimiento. Ahí el centro del poema: yo sueña con el pulso de , la memoria reúne a y yo en un mismo pulso. Nos reconocemos en el mutuo palpitar del corazón, en la emocionada compañía, en la mano sudorosa, en la atracción de la mirada, en la vida que pulsa al unísono lo que juntos conservamos. Sólo en el encuentro yo puede sentir.

         Los dos imperativos siguientes indican el cuidado del reconocimiento. Ahora yo pulsa igual que . se conoce en el pulso de yo. Yo y se reconocen en el espejo de las caricias. La caricia como cartografía de la autognosis. Y en el último imperativo las caricias, la memoria, el sueño, la cama, caen en la comunidad que funda el poema: Ícaro se precipita; Eros se concentra. Por ello, “deja caer de nuevo” no es un imperativo como los demás. Ahora yo no ordena a , sino que es el misterio, aquello que permite la comunidad que funda el poema, lo que deja caer. Al final de la sincronía de nuestras pulsaciones sostenemos por la punta nuestra alma. ¿Y no es acaso sólo nuestra alma la que sueña?

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1.  Ya lo hemos dicho: la indignación es selectiva. Fernando García Ramírez, sujeto a una campaña oficial de linchamiento, enumera varias indignaciones selectivas de nuestra tetratransformación histórica. 2. Que 2021 será el año de la reconciliación, dijo el presidente. También será el de las elecciones intermedias, elecciones en cuya boleta quiere aparecer el presidente. Ofrecer reconciliación para afianzar el poder. ¡Qué buenos sentimientos! 3. Régimen de la simulación, eso es. En los próximos días se publicarán los datos oficiales sobre homicidios y la versión de la propaganda oficial será que han disminuido. Y claro que podrán probarlo, porque el número que presentarán será el de las carpetas de investigación, no el de individuos asesinados. Así, la ejecución de cuatro personas en un bar de Guanajuato la semana pasada se contabilizó como un homicidio, no cuatro asesinatos. Régimen de la simulación. 4. ¿De veras los funcionarios de la Secretaría de Salud demandarán legalmente a todos los residentes del Instituto Nacional de Psiquiatría para romper un paro en demanda de la protección de sus derechos laborales? Y eso que la 4T decía estar con la clase trabajadora. 5. Desde diciembre se dejó de actualizar. El pasado fin de semana simplemente desapareció el servicio. El régimen de la simulación, que supuestamente tiene el apoyo de la intelectualidad y hasta un presidente historiador, no ha dado explicación alguna. Parece que se ha cancelado la biblioteca Digitalee, uno de los mejores proyectos culturales de la administración de Peña Nieto, quien no podía presumir de sus lecturas.

Coletilla. «México y España comparten un corazón sangrante, un idioma que se multiplica en todas las lenguas indígenas de siglos, un mestizaje de sabores y palabras, párrafos y pensadores; España y México se miran sin necesidad de traducción ni subtítulos… y así pasen otros cinco siglos, nos amanecemos a diario con verdaderas ganas de conocernos», dice el nuevo director del Instituto de México en Madrid, Jorge F. Hernández. Una buena decisión y una buena noticia.