Gazmoñerismo estrellado

Hubo un tiempo en el que nos maravillaban las estrellas, pero cuando descubrimos que no eran las almas de nuestros ancestros, fue tal el desencanto que nos dedicamos desconsoladamente a destruirlas. A destrozarlas, allá afuera, y aquí dentro, en lo más íntimo. Y, sin embargo, de cuando en cuando encontrábamos una que otra, nueva, resplandeciente, brillante, que según nuestros sabios modernos siembre había estado ahí, desde el principio de los tiempos…

Gazmogno

Perdidos.

Las estrellas pocas veces son visibles, a veces algo nos impide contemplarlas y entender que en el cielo se dibuja un maravilloso mapa de la creación. Quienes contemplaron en su momento a las estrellas estaban libres de perder el rumbo y si acaso lo perdían no tardaban en encontrar pronto el camino que los llevaría a donde necesitaban ir. Algunos viajeros se guiaban por las estrellas para regresar a casa, éstas siempre tuvieron la cualidad de ser eternas y de moverse de manera constante como para decir al navegante dónde se encontraba el hogar, sin importar si el tiempo fuera del mismo había sido de veinte días o de veinte años. Gracias a la vista de los astros era posible saber que el mundo seguía siendo el mismo, el hombre cambia con el tiempo, envejece y se acerca cada día más a la morada de los muertos, pero el cielo continúa y muestra su rostro siempre igual a los nuevos habitantes del mundo.

Sólo un cambio en las estrellas sería suficiente para entender un gran cambio en el mundo, y únicamente quien ve al mundo y viaja por el mismo se puede percatar de un cambio en el firmamento, no es posible quedarse inmóvil cuando se presenta tal modificación, y tampoco es posible regresar al hogar siguiendo el mismo camino de salida cuando todo ha cambiado ya.

Es una lástima que una nube de preocupaciones mezquinas nos impida ver a las estrellas, ya no podemos ir a casa, y menos podemos hablar de grandes cambios en un mundo que por falta completa de interés nos resulta desconocido.

Maigo.

La gente lista

 «La Fe dice lo que no dicen los sentidos, pero no lo contrario de lo que ven.

Está por encima de ellos pero no contra ellos.»

B. P.

Antenoche soñé el pasado. Me soñé y te soñé aquel día. Acostada en el suelo, siempre frío y de cantera, te veía. Estabas junto a todas ellas. Pero yo, te lo juro, no las veía. No podía. Tú eras la más bella. Tú eras la que siempre me seguía. Mi estrella. Brillabas, siempre fija, siempre con una paz que yo nunca tenía. Te miraba, te admiraba. No importaba si no te comprendía. “Mírala; esa estrella, la más grande, es mi madre. Te ve desde arriba porque te está cuidando”, me explicó mi mamá. Todo encajaba; siempre estabas, siempre te encontraba porque siempre me cuidabas. Esta explicación me bastó… hasta que no. Hasta que decidí aprender física y química como la gente lista. Según toda la gente de ciencia tú ni me veías ni me cuidabas ni me seguías. Ahora eras un gas, puro plasma con energía. Te describían, daban razón de tu formación y predecían tu destrucción. Descubrí que había vivido en la mentira, descubrí los secretos detrás de tu existencia. No eras un milagro ni mi abuelita; eras una masa con luminosidad y no sé qué tanto más. Ahora eras un montón de cosas que, en realidad, entendía muchísimo menos que la explicación de mi mamá. Ninguna de las dos me bastó, sigo sin comprender bien a bien qué serás. La diferencia entre las dos explicaciones, además quizá de la belleza, son las consecuencias. Las razones y miles de descripciones de la ciencia moderna acarrean peligros verdaderos. La ciencia hoy nos describe verdades completamente ajenas y contrarias a nuestra experiencia. Verdades que nos enajenan. El peligro no es sospecha ni predicción; es real. Se llama nihilismo.

PARA APUNTARLE BIEN: Esto es de Robert Browning.

My Star

All that I know

Of a certain star

Is, it can throw

(Like the angled spar)

Now a dart of red,

Now a dart of blue;

Till my friends have said

They would fain see too

My star that dartles the red and the blue!

Then it stops like a bird; like a flower, hangs furled:

They must solace themselves with the Saturn above it.

What matter to me if their star is a world?

Mine has opened its soul to me; therefore I love it.

 MISERERES: Hasta ahora son 37 los fallecidos confirmados por la tragedia de PEMEX. Faltan los desaparecidos. Falta saber por qué pasó lo que pasó, por qué esa “acumulación de gas y explosión difusa”. Y sobre la polémica Harvard-Calderón y las cartas de Aguayo y Sicilia hay noticias nuevas, éstos volvieron a enviar una (última) carta a la Universidad. Acá lo pueden ver todo: http://sergioaguayo.org/html/civicopoliticas/Calderon_Harvard.html. En el mundo; Vaticano reconoció la unión gay, pero no el matrimonio.

Infancia

Esa noche, arropada ya en la cama, no hacía más que voltear a la ventana y mirar en el cielo a aquella tercia de estrellas brillantes. “Los Reyes Magos llegarán pronto” dijo para sí ilusionada mientras las veía titilar e intentó conciliar el sueño. Lo que no sabía la niña es que al otro día, en vez de regalos, descubriría que esas tres estrellas centelleantes no eran más que el cinturón de Orión y que no existía tal cosa como los Reyes Magos…

Hiro postal

Así en la tierra como en el cielo

“Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”

Aquel pueblo no era uno famoso, pocos lo conocían, especialmente los traileros del norte que iban y venían camino a Guadalajara, San Luis o Zacatecas. No era un pueblo mágico, aunque tenía bellas construcciones, casas e iglesias. Guardaba historias del siglo pasado, de la revolución y las guerras cristeras. No era conocido por su alta gastronomía, por sus deliciosas gorditas, papas locas, quesos,  tunas y otras maravillas. Aquel pueblo no era conocido siquiera por ser lugar de encuentro de miles, enormes y bellísimas estrellas. No había visto nacer a un santo, a un héroe, mucho menos a un presidente. Era un pueblo pequeño, mocho, sin cines, gimnasios, ni siquiera súper-mercados. Pueblo bicicletero. Pueblo olvidado de Dios. A pesar de haber sido algún día pacífico ahora estaba infectado del narco, de zetas y de corrupción. Pero así como casi todo estos días, aunque pocas, tenía bellezas que deslumbraban. Aunque poca, aquel pueblo tenía gente tan bella que brillaba así como esas estrellas. Había visto nacer, crecer y morir muchas millones de flores, de vidas y velas. De aquel raquítico pedazo de pueblo era la vieja Chayito. Nacida hace quién sabe cuánto.Huérfana y adoptada por los tíos más ricos, creció empapada de la religión, la Biblia y la vida de Nuestro Salvador. Se educó –como todas las mujeres en ese pueblo perdido- para encontrar marido, y lo encontró. Amó pero no fue amada; después de su tercer hijo, descubrió, señalada por todo el pueblo y llena de pena escarlata, que su esposo tenía una y más amantes. Nunca se divorció (iba en contra de los designios de Dios), nunca dejó de amarlo (iba en contra de los de su corazón). Heredó lo que su tío y padre le dejó: grandes pedazos de tierra, relojes y joyas mejores, y una casa de esas viejísimas de la Revolución. Casa que se volvió su hogar, el de sus hijos, sus nietos y unos cuantos más. Casa que aprendió después de mucho a defender con uñas y dientes. Aprendió también y con dolor, que no todos iban por el mundo buscando hacer el bien al por mayor. Perdonó robos de enemigos, amigos, tíos y a sus mismos hijos. Amó como pocas hijas, esposas y madres. Comprendió, después de tanto dolor y llanto, que su único hijo varón podía ser homosexual y no ser una barbaridad.  Aprendió a valerse por ella misma, vendía productos de Avon y también de Stanhome. Vivió para contar la historia de la balacera entre narcos, federales y zetas justo afuera de su residencia. Al paso de los años el brillo de su rostro tal vez no era el mismo, pero después de tanto, de tener mucho y luego no tanto, de ser abandonada, engañada y sospecho hasta golpeada, Chayito en el fondo seguía siendo la misma. Seguía yendo a misa domingo a domingo. Mañana, tarde y noche rezaba y pedía, nunca por ella, siempre por sus seres queridos y no tan queridos. Pedía por su pueblo, su México y el mundo entero. Poco o mucho, todo lo que fuera de ella, lo ofrecía a aquél que se le ofreciera. Su dinero, sus cosas, sus deliciosas gorditas, su tiempo, su ayuda, toda ella. Le dolía no poder o saber ayudar, le dolía más que no aceptaran la poca ayuda que podía dar. No sabía nada de gramática, astronomía o matemática. No hablaba otros idiomas, no leía poemas ni entendía elocuentes frases ni rimas. Pero Chayito después de mucho, como pocos, seguía creyendo en la gente y también en Dios. No dudaba del bien escondido en aquel pueblo que ahora ardía en medio de dolor. Chayito, después de tanto con sonrisas o con llanto, cada noche seguía volteando al cielo a admirar las estrellas sin saber que ella era una de ellas.  Ella, como pocos o nadie, quiso alcanzar y ser como la Gracia de nuestro Padre… Es bueno voltear al cielo de vez en cuando, aunque haya nubes, aún se hallan bellezas y encantos. Estos días así como en el cielo, en la tierra también se encuentran estrellas.

PARA APUNTARLE BIEN: Esto es de Afonsina Storni. Gracias, Námaste Heptákis por presentármela.

DOLOR

Quisiera esta tarde divina de octubre 

pasear por la orilla lejana del mar; 

que la arena de oro, y las aguas verdes, 

y los cielos puros me vieran pasar.

 

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, 

como una romana, para concordar 

con las grandes olas, y las rocas muertas 

y las anchas playas que ciñen el mar.

 

Con el paso lento, y los ojos fríos 

y la boca muda, dejarme llevar; 

ver cómo se rompen las olas azules 

contra los granitos y no parpadear; 

ver cómo las aves rapaces se comen 

los peces pequeños y no despertar; 

pensar que pudieran las frágiles barcas 

hundirse en las aguas y no suspirar; 

ver que se adelanta, la garganta al aire, 

el hombre más bello, no desear amar… 

 

Perder la mirada, distraídamente, 

perderla y que nunca la vuelva a encontrar: 

y, figura erguida, entre cielo y playa, 

sentirme el olvido perenne del mar.

 

MISERERES: Hoy cumple años el papá de Mafalda. Ayer en el Reforma se publicó algo de EPN. Miren: http://laprimeraplana.com.mx/elecciones-2012/el-comienzo-del-cambio-enrique-pena-nieto/. Otro artículo (triste para mí ) fue el de Juan Enríquez Cabot titulado ¿Esperanza Tec? Dice que “ser elitista en educación funciona…. Hay que saber, a fin de cuentas quién es lo mejor de lo mejor, en quiénes hay que invertir. Esta es la gente que construye nuevas compañías, ciudades, países…Si México quiere crecer, requiere acuartelar mentes y dedicarlas al crecimiento tecnológico-económico”. Mírenlo, la página del PRD lo publica: http://agendapoliticanacional.infp.prd.org.mx/resumen.php?articulo_id=184959 

Humo

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas

inconstantes, ese montón de espejos rotos.”

J. L. B

Cada noche se acostaba en el patio de su casa de cantera helada a mirar las estrellas. Todas eran especiales. Todas hacían que ése –su cielo- fuera así y ningún otro. El hombre está hecho de pequeños y delicados instantes –una vez me dijeron. Pensé que nunca lo había pensado. Pensé que tal vez ese hombre tenía razón. Así que revisé los míos. Comencé a recordarlos,  a suponerlos y sospecharlos. Supuse que hubo uno (un instante) en el que supe quién era mi madre, en el que comprendí qué era una madre. El instante en el que por primera vez me hinqué, junté mis manos y quise platicar con Dios. Aquél otro cuando sentí un calor bien adentro que explotó en forma de enojo rojo. Cuando me pegué en un poste y en otro poste. Cuando entendí de veras qué era multiplicar. Cuando sentí la lluvia, probé el café y el otoño. Cuando me picó la comezón. Cuando creí saber de qué se trataba el amor. El primer beso, el segundo y el último. Cuando probé la vainilla y descubrí que nos miente porque no sabe a lo que promete. El instante en el que creí saber quién era. El otro en el que supe que había creído mal. Cuando sospeché que extrañaba y que tenía miedo a la soledad. Cuando confirmé mis sospechas. Cuando me hicieron llorar, cuando hice llorar, y supe que yo no era nada especial…Y así han de seguir miles, son demasiados y yo tengo mala memoria. De muchos no me acuerdo,  pero me los cuentan. Me los cuentan mis padres y abuelos, mis pies y mis manos, mis marcas y arrugas. Mi cuerpo y también mi alma. Instantes, como todos, de una naturaleza especial. Rarísimos. Se resbalan y se esfuman, así como el humo, pero también se quedan. Nos van dejando, pero también nos van quedando. Pienso yo que nos conforman, nos construyen y mantienen. La memoria los conserva y nos conserva. Nos recuerda lo importante, lo que no hay que olvidar. Nos recuerda quiénes somos. Hoy, sospecho, esos instantes ya no los disfrutamos tanto. Ahora ya no los vivimos tanto; los dejamos ir así como llegaron. Así como del viento, nosotros ni enterados. Hoy nos gritan que les pongamos atención. Nos gritan que volteemos a verlos y volvamos a saborearlos; al café, la vainilla, el amor y el llanto. A voltear al cielo y de veras (ad)mirar las estrellas. Hoy, se me hace,  ya no nos acordamos–ni tú, ni yo, ni México- de lo que nos gusta o disgusta, de dónde venimos o a dónde vamos. Tal vez, sólo tal vez, así, volviendo a ellos, recordemos o descubramos quiénes somos, qué queremos y  podemos llegar a ser.

PARA APUNTARLE BIEN:

“What if you slept 
And what if
In your sleep
You dreamed
And what if
In your dream
You went to heaven
And there plucked a strange and beautiful flower
And what if
When you awoke
You had that flower in you hand
Ah, what then?”

S. T. Coleridge

MISERERES: La encuesta del Reforma del jueves pasado tiene a todos anonadados. Acá la pueden ver y pensar lo propio: http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/05/la-encuesta-de-reforma.html.  Son interesantes, y tal vez poquito tristes, las declaraciones del ex –presidente Fox; para él el PRI ya está en los Pinos, las encuestas no valen nada, y detrás del movimiento #Yosoy132 están lopezobradoristas radicales. ¿Sí?

Los heraldos del cielo

How many times must a man look up

before he can see the sky?

Bob Dylan

Hay golpes en la vida tan fuertes que te hacen ver las estrellas. Y no me refiero a la alegoría del golpe como causante de estrellas alrededor de nuestra cabeza. Me refiero al hecho de abrir los ojos, dejarse de pendejadas y observar el cielo estrellado. Sentimos los golpes de la vida, su furia, como si fueran castigos que enceguecen nuestro andar. Que nos derrotan. Pero lo cierto es que cada golpe es una muestra de lo mal que andamos el camino, de lo erróneo de nuestros pensamientos, de lo endeble de nuestros asideros. Recibimos el impacto y podemos ver en él un castigo o un premio –o como diría algún viejo sabio oriental “ni lo uno ni lo otro”. Recibimos el impacto y alzamos la cabeza en la oscuridad de nuestra noche para maldecir, totalmente enceguecidos, y en lugar de ver las estrellas nos retorcemos de dolor en el agujero de nuestra conmiseración. Pero hay golpes tan fuertes –y de una misericordia tal- que nos obligan a  voltear al cielo y abrir los ojos. Simplemente eso. Abrir los ojos para descubrir que lo hemos hecho todo mal, pero sabiendo que por muy mal que lo sigamos haciendo al final tan solo quedarán las estrellas, aunque ya no haya ojos que las observen.

Gazmogno