H

La H no es muda; mas, para que hable, hay que callarnos. Su hablar es una caricia de madre, una mariposa revoloteando en el jardín, una hoja moviéndose al viento, un dormitar tranquilo en la hamaca.

La H no es muda; llena de aire sus pulmones, de vida, y enseguida habla en una exhalación.

La H no es muda, no calla, no muere; suspira.

El cumplido no cumpleaños de Alicia

“Feliz, feliz no cumpleaños…”, escuchaba Alicia que cantaban a sus espaldas mientras huía de la casablanca del Sombrerero persiguiendo al Conejo, “…feliz, feliz no cumpleaños…”, huía de esa casa de locos en busca de la medida del tiempo, “…feliz, feliz no cumpleaños…”, escapando del caos, de la insanidad, “…feliz, feliz no cumpleaños…”, aferrándose desesperadamente al tic tac que se alejaba a brincotadas en manos del Conejo, “…feliz, feliz no cumpleaños…” escuchaba una y otra vez “…feliz, feliz no cumpleaños…” con el tic, “…feliz, feliz no cumpleaños…” con el tac… feliz… tic… feliz… tac… cumpleaños…

En ese instante se detuvo y se volvió aterrada para mirar al Sombrerero, descubriendo en su mirada que no había sido un error: había escuchado bien, demasiado bien como para comprender que el sueño había terminado, que el Sombrerero moría en ese error junto con todo el País de las Maravillas, que la locura se invertía perdiendo todo el sentido que sólo en ese extraño mundo podría tener. Había estado tan aferrada a la medida del tiempo y a la cordura que decidió sacrificarlo todo por el tic tac de un reloj cualquiera en las manos de un conejo blanco.

Gazmogno