Las botitas del emperador…

Dicen los que saben que Gaius Julios Caesar Augustus Germánicus se hacía llamar Mesías y que su autonombramiento lo llevó a ordenar que se le construyera una estatua en Jerusalén. El Mesías, de la tierra romana, gobernó de tal forma que perdonó deudas a los que fueron acusados de traición a la patria por causa de Tiberio, su antecesor. El gran perdonador de vidas al que cariñosamente los soldados legionarios llamaban Calígula, es decir botitas,  era muy aceptado por el pueblo, de haber encuestas en ese tiempo seguramente habría rebasado el 90 por ciento.

En los primeros siete meses de su reinado Calígula entregó recompensas al ejército y celebró lujosos espectáculos, siempre poniéndose del pueblo el calzado y mostrando que su gobierno era justo por cambiar lo que en Roma ya parecía estar hecho pedazos, luchó contra la corrupción en el Impero Romano, persiguió delincuentes, y entre ellos juzgó a varios miembros del Senado.

El César, que por su pasado y actuar era tan amado, tras los primeros meses de su gobierno se vio desesperado. El dinero que tenía Roma en el erario se había terminado y Calígula culpó por ello al Senado, persigió a críticos y a otros los hizo correr tras un joven corredor que se llamaba Incitato, un cónsul que en realidad era un caballo.

Incitato era veloz y ganaba apuestas, eso lo hacía el indicado para dictar leyes, quizá equitativas para las bestias; con avena y hojuelas de oro se alimentaba, mientras en las calles el pueblo de Roma el hambre aguantaba.

Las deudas contraídas por el amado por el pueblo, es decir por Calígula, llevaron al emperador a pedir a la plebe aportaciones para salvar de la miseria a quienes eran de Roma pobladores, sobra decir que éstas pronto dejaron de ser voluntarias, los impuestos y las deudas cada día menos se soportaban.

El amor se convirtió en odio y el hambre en desesperación, el pueblo romano a su autonombrado Mesías loco llamó, la demencia de Calígula se ha convertido en un asunto para hacer historia, pero no sólo él fue el demente que cambió para siempre a Roma.

Por la locura del gobernante al Imperio, que años atrás fundó Julio César, el pueblo más o menos se negaba. Algunos dicen que la República intentó surgir con vida, pero no fue posible porque en el corazón de los gobernados la tiranía ya estaba instaurada.

Tras Calígula, a muchos otros malos tiranos, los habitantes de la ciudad fundada por los críos de la loba, soportaron; y en la más baja de las esclavitudes se fue hundiendo el pueblo Romano.

Maigo.

Hacer historia

Cuentan los historiadores que cuando César se encontraba exiliado de Roma, despúes de haber sido cónsul durante un tiempo conveniente para Graco y Pompeyo, se dedicó a escribir para el pueblo romano, describiendo con detalle los trabajos que pasaba en el territorio que enriquecería las arcas de Roma y aumentaría su seguridad.

El comentario que ahora es famoso porque relata las guerras de los romanos en las Galias cuenta de las acciones bárbaras que llevó a cabo Vercigetorix al dejar morir de hambre a las mujeres, niños y ancianos que ya no podían ser alimentados mientras durara el sitio de los romanos, se justifica la conquista y las acciones que los lectores podrían ver como actos reprobables adquieren entonces el matiz de aceptables.

Algunos lectores de las acciones de César, consideran que la relación de lo que ocurría en las Galias, más que historia es propaganda, de modo que el pueblo viera al general que aspiraba a dictador sufriendo de fríos y hambres en tierras lejanas.

Entre los comentarios y el reparto de pan, además de festejos que tuvieran muchos espectáculos sangrientos en la arena de batalla, la gente de Roma en César cada vez más confiaba, en él veían a un salvador y un protector de los derechos y garantías, y sin darse cuenta de lo que ocurría el pueblo se enajenaba y su libertad perdía.

Con César relatando lo que él mismo hacía en lo que hoy sería Francia la narración de la historia devino en propaganda y en lecturas que engrandecían cualquier acción por César realizada, pues desde su partida a las Galias él siendo César ya no se pertenecía a sí mismo, sino más bien a la ciudad eterna que junto al Tiber se levantaba.

No creo que Heródoto en eso pensara cuando empezó la investigación que una vida le llevara, pero Heródoto no se concentra más que en aquello que es digno de mención de los pueblos por él conocidos, o al menos eso dice a veces.

Pero lejos estaba el padre de la historia de lo que hacía César con sus comentarios, ya que Heródoto no relata ni siquiera el hecho de las Termópilas buscando paralelismos con su persona.

Maigo

Adendum: Estimado lector que hasta ahora me has acompañado cada semana, como parte de la celebración por los 10 años de vida que ya tiene este Blog, regresa con nosotros alguien que desde el inicio estuvo, luego vagó y finalmente regresó, por lo que a partir de este momento compartiré el espacio que cada semana tengo para que ese alguien publique, así que desde hoy las entradas que cada miércoles hacía se espaciarán a cada dos semanas.

Gracias por la lectura, y por los comentarios, por la amistad y las letras y especialmente por la paciencia que hasta ahora me has tenido.

Te pido lector le des la bienvenida a quien con nosotros se incorpora, publicará el próximo miércoles, no sé si desde temprana hora, pero lo tendremos por aquí cada dos semanas y con alegría le digo en buena hora regresas Perro de Llama.