Harakiri

El monje se cruzó de piernas a mitad del templo, tomó una pequeña cuchilla que se encontraba frente a él y, en lugar de abrirse las entrañas como lo dicta la tradición del deshonor, se clavó la hoja en el pecho. «Se abrió un par de labios,» dijeron sus discípulos conmovidos, «para que pudiera hablar su corazón».

Gazmogno