Al margen de la ley

César no contaba con que el amor de Bruto se volcara hacia la República, pensó que su hijo adoptivo aceptaría vivir con él al margen de las leyes dictadas por los ciudadanos, se equivocó y catorce veces su error le fue señalado.

 

Como el gigante que se sintió Julio César cayó estrepitosamente, haciendo tanto ruido como cuando se levantó en contra de la ciudad que lo condenaba por desobediente respecto a las leyes, hacía algunos años.

 

César murió en el Senado, y junto con su muerte marcó el final del poder de aquellos que la vida le quitaron, la sangre de César inició con el reinado de muchos tiranos que sucumbieron ante las intrigas de sus allegados, porque con el César las leyes fueron hechas a un lado y se transformaron en mandatos acomodados a la voluntad de un tirano.

Maigo.

 

La celebración de la indecencia

Lo decente es lo plausible, y en ese sentido es lo que se puede y merece ser dicho y mostrado en la plaza pública, en donde todos los miembros de la comunidad pueden no sólo apreciarlo sino hasta emularlo en tanto que es digno de honores por ser conveniente a la vida en común.

Por el contrario lo indecente, es lo que carece de decoro y, en ese sentido, carece  de la dignidad que corresponde a lo que debe ser honrado y dicho, es lo que debe mantenerse oculto por temor a horrorizar y dañar con ello a la vida de la comunidad entera, aunque los villanos y malvados lo ocultan más por temor a recibir algún castigo.

Una persona honrada, es una persona decente, es decir, es aquella que realiza actos que contribuyen al bienestar de la comunidad justa porque así le corresponde hacerlo, hace lo conveniente conforme a lo que la comunidad acepta como tal porque su aceptación de los actos corresponden con lo que es justo.

Cuando la comunidad a la que pertenece el hombre decente es una comunidad justa, lo decente será lo que se ajuste a la legalidad fundada en la justicia, pero en el seno de una comunidad injusta, en lugar de decencia y decoro se aprecia la desvergüenza y el cinismo para hacer lo más injusto sin recibir castigo por ello.

En una comunidad injusta, lo indecoroso no escandaliza y lo que apela a lo decente es mal visto y hasta juzgado como lo propio de quienes por falta de poder no logran imponerse al que es abiertamente indecente.

En una comunidad indecente es posible apelar a los buenos sentimientos, aunque esa apelación sirva para continuar haciendo lo que no sería decoroso en el seno de una comunidad justa. En una comunidad indecente lo que importa no es el decoro sino el poder para hacer que lo indecente parezca probo y que lo incorrecto sea buscar lo decoroso.

Un buen Tirano tiene que ser indecente, porque sólo así consigue que los indecentes de la comunidad injusta le apoyen y defiendan aún a pesar de los decentes, el poder del Tirano se apoya en el deseo que por la indecencia tiene el injusto que aspira a algún día convertirse en un cínico, capaz de hacer legal lo indecente y de mostrar como propio de ardidos lo que alguna vez fue legal.

Maigo