Curva divina

En estos tiempos, uno puede encontrarlas en cualquier lado, pero lo cierto es que no siempre se dejan ver. Tal vez por eso las cace uno, pues de otra forma sería imposible admirarlas. Como en toda caza, hay que estar atento para captar su movimiento y, tan pronto las hayamos divisado, prepararnos para capturarlas con sigilo, a fin de que no huyan e intenten esconderse de nuevo. ¿Que cuál es su aspecto? ¡Imposible saber! Pueden ser tan grandes como la entrada de una cueva y tan pequeñas que se confundirían con el horizonte, tan toscas como la piedra de un monolito y tan delicadas como pétalos de flor. Hay unas que brillan como el sol en pleno verano mientras que otras no despiden más que una oscuridad abismal. También las hay cálidas como la fogata en una noche estrellada y frías como el agua de un lago al amanecer. Hay unas que poseen un cierto carácter infantil en tanto que otras han perdido ya todo rastro de inocencia. Y así están desperdigadas por el mundo, confundiéndose con el llanto de los niños, los gemidos de los jóvenes, los ronquidos de los viejos y los gritos de toda la gente. Sí, yo también me he preguntado para qué molestarse tanto en distinguirlas si parece que no quieren ser encontradas, pero entonces recuerdo que no son ellas las que lo buscan a uno sino uno quien necesita de ellas, quizá por los efectos que producen en uno tan pronto como se les ha atisbado. Hay unas que inspiran confianza, que aminoran la tristeza, que calman el dolor. Hay otras que dicen lo que no pueden mil palabras, que hieren tanto como cien espadas o que duran más que la eternidad. Hay las que guardan secretos esperando ser descubiertos, pero también las que los cantan a voz en cuello y a cualquier postor. Hay unas que infunden miedo y te hielan la sangre y hasta la médula mientras que otras, de tan seductoras, locamente enamoran y te invitan a amar. Y así vamos nosotros, como judíos errantes, esperando ese momento en el que divisemos aquella curva divina, pues a veces lo único que falta es una sonrisa para seguir viviendo.

Hiro postal