Entre la cruz y el azar

Atentos los soldados, lo que pasa por encima de sus ropas es cuestión para ellos de importancia, los cuidadores poderosos en manos del azar el sentido de sus tardes encontraban.

Tras los insultos a los reos, uno de ellos sumamente manso, los vigías veían cómo es que los dados les concedían o les negaban el tener un manto y una túnica en suerte. ¿Qué caerá? ¿Será bueno? ¿Acaso hubo trampa?

Los poderosos vigías se entretenían con asechanzas, mientras en el madero la vida de su reo se acababa.

Las suertes sobre ropas extendidas en el suelo, y elevándose al cielo, el manso Cordero, viendo cómo a pesar del juego la salvación alcanza para aquellos que no buscan poder, para los que lejos de los juegos y las chanzas entregan sus vidas por los amigos sin esperar de este mundo alabanzas.

¡Qué lejos está el tesoro de la salvación cuando cuelga del madero!, ¿Cuánto nos alejamos de ser salvos al preferir las suertes y los insultos que son propios del juego  en lugar de ver el gesto de amor del inmaculado Cordero?

A veces pareciera que la vida se nos va en tiradas mezquinas, destinadas a ganar investiduras ya vacías.

Maigo

Deudas de juego

José despertó con el sabor de una moneda en el paladar y sin cuatro de sus ocho incisivos. Alarmado, se miró en el espejo, buscó debajo de la almohada y en el lavabo sin éxito alguno. No recordó haber tenido una riña o un accidente el día anterior, ¡mucho menos una cita con el dentista! Desesperado, recorrió la casa de cabo a rabo hasta que por fin encontró igual de alegres y divertidos que las noches anteriores, a esos hombrecillos bidimensionales (sí, los mismos que le extirparon las uñas de los pies, los vellos de la ceja derecha, y los lóbulos de los oídos) apostándolos en un singular juego de dados. Se miraron un segundo como dos desconocidos, y el silencio reinó en la casa. Encogiéndose de hombros pegó un suspiro profundo mientras se tranquilizaba, una vez resuelto el misterio, recordó sus andanzas, sus pérdidas y sus ganancias de toda la semana. José sonrió y no quiso perder más el tiempo, dio la media vuelta y con toda la calma del mundo se vistió para salir al trabajo.