Intensas falsedades

¿Por qué la felicidad no se puede reducir a un solo momento de alegría efímera pero potente?, ¿por qué para decir que somos felices debemos serlo durante toda la vida? El primer argumento para tirar la sombra de felicidad que da un intenso momento está contenido dentro de su descripción: su propia pequeñez. El empuje que da una ardiente placer desaparece de un zarpazo. El que dice experimentar así la felicidad se eleva hacia unas nubes que no puede ver y cae en un antro oscuro. La caída produce dolor.

La felicidad no la da un momento de placer en soledad porque la añoranza hacia aquel único momento producirá tristeza. ¿Esto quiere decir que debemos buscar placeres constantes y su consumación para ser felices? El problema de afirmar lo anterior aparece cuando queremos establecer los placeres buenos. Aquellos que nos disparan a la euforia no son buenos, pues además de lo ya dicho nos destruyen. El honor y la gloria, como bien lo señala Montaigne, son semejantes a los placeres anteriores, porque, aunque Pompeyo haya dominado países y generales enteros, no pudo evitar su caída. El poder llega con el mismo impacto y fuerza con el que se pierde. ¿Cuán humillado no se sentirá quien podía pasear kilómetros enteros en los más bellos pastizales viéndose posteriormente tras las rejas? La vida política no da la felicidad. En este punto el que ama los placeres momentáneos buscó dentro de sí una explicación impactante del porqué la vida que eligió no es tan simplona y fútil como se le pintó: “Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida”. El romántico encuentra felicidad en el amor que devora.

Ante el romántico, quien en cualquier momento puede explotar, queda aquel que se dedica a la filosofía, a los placeres del pensamiento. ¿Por qué mientras el romántico exacerba cualquier expresión y experimenta dentro de sí las más fuertes pasiones, que le causan dicha y desdicha, alguien como Sócrates, a punto de morir, no da muestras de tristeza?, ¿será que la actividad filosófica, por el tipo de vida y la frecuencia con que se necesita realizar, garantiza la felicidad en todos los momentos, hasta en el último?

Yaddir

Sobre los bienes y males y nuestra percepción de ellos III

Uno de los peores males que nos imaginamos, como personas que nos gusta la comodidad, es el encontrarnos sin un centavo. El dinero y su obtención es una de las principales actividades humanas. Lejos está de ser la mejor actividad humana, pues los ricos no necesariamente son buenas personas. Ya no importa cómo se obtenga el dinero, sino obtenerlo, por eso el narcotráfico es una actividad que nunca se acabará, pues es un negocio efectivo. Aunque como se puede ver con el narcotráfico, así como con la corrupción, es que resulta más difícil cuidar el dinero que obtenerlo. ¿De cuántas intrigas, complots, y traiciones no tienen que estarse cuidando las personas adineradas?, ¿pueden saber cuándo su hombre de confianza los va a traicionar? Resulta mayor tormento tener dinero que carecer de el.

El problema no se resuelve si se procuran las leyes necesarias para cuidar del dinero, pues los mayores delincuentes siempre encuentran el modo de volver legal el robo. Más bien se debe pensar cuál es la finalidad para la que se obtiene el dinero. Si se trata de vivir bien, es mejor hacerse con el dinero suficiente para alimento y vestido, sin que aquél vuelva demasiado avaro a quien lo obtiene. Aunque algunos piensen que es bueno acumular, tener un ahorro, ante alguna situación que esté en las vaporosas manos de la fortuna, parece que nunca sabremos qué tan mal o qué tan bien puede tratarnos aquella jovenzuela. Lo que no soluciona el problema, pues ante la fortuna, aceptando que es totalmente caprichosa y siempre estamos en sus manos, no podemos hacer nada. En la tercera parte del complejo ensayo XIV, Michel de Montaigne sugiere que no hay que preocuparse por la fortuna, pues el mal no lo provoca la mala fortuna, sino el constante temor que se le tiene. Aunque haya mala fortuna, se puede colegir de la segunda parte del ensayo, lo importante es enfrentarse con valentía a sus inconstantes dictámenes. Al dolor se le enfrenta con ánimo de hierro. Cómo pensemos que se debe enfrentarse a la fortuna, nos ayuda a entender cuál es nuestra idea del mejor modo de vida.

Según lo que nos dice Montaigne sobre la fortuna, pensamos que podría ser un digno heredero de las heroicas ideas del imperio romano. Pero en el ensayo XV cuestiona la valentía y se decanta por la prudencia; de tal modo que parecería que su idea de la prudencia es cobardía, pues señala que no debería defenderse una plaza pública si se está en tremenda desventaja. Incluso aprueba que se castigue a ese tipo de temerarios. Coriolano hubiera sido castigado, pese a su triunfo, según la idea de Montaigne. El francés no es un estoico cualquiera. Nos hace pensar complejamente la pregunta central de la filosofía: ¿cuál es el mejor modo de vida?

Yaddir

Palabras políticas

En México, cuando de un suceso político sumamente visible se trata, podemos contemplar una amplia secuencia de versiones que afirman explicarlo, todas con el apellido Auténtica. Como suele pasar con los apellidos, a veces nos dicen más de los padres, incluso de los abuelos, que de los jóvenes portadores; las versiones se llegan a utilizar para beneficio paternal o de algún pariente lejano. Ejemplo de ello podemos encontrarlo en el caso de los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapa. Hay quienes dicen que los culpables son los políticos perredistas, otros culpan a los de la bancada priísta, algunos señalan al antiguo mandato panista y hasta se han acusado a los propios desaparecidos.
Ante tantas versiones, algunas bastante divulgadas, parece inútil intentar desenmarañarlas todas para descubrir la verdadera; para qué intentarlo si nunca podremos saber quiénes son los culpables (como siempre sucede en situaciones semejantes), mejor haríamos ocupando nuestro tiempo en asuntos más importantes. La confusión parece propia de los sucesos políticos escandalosos; no se trata sólo de una capucha tapando un rostro, sino de un laberinto en el que mientras más se busca la salida, más obstáculos se encuentran para hallarla.
No hay que dejar de considerar que algunas situaciones políticas parecen más escandalosas de lo que realmente son, mientras otras apenas si son conocidas. Esto no debería desanimarnos a intentar entender dichas situaciones, pues sería como si nos quedáramos quietos mientras nos caen bombas, como si dejáramos que imperase la confusión, a creer que poco podemos saber de nuestro entorno y en nada podemos influir. Siquiera hay que intentar saber en dónde vivimos para mantenernos a salvo. Pero la indagación de nuestra situación política de poco serviría si no vamos compartiendo, mediante la palabra, nuestros hallazgos, porque pensamos y vivimos relacionándonos con más personas, compartiendo un problemático país.
Si creemos que la palabra es un modo, quizá decir un medio sea más correcto, pretender vivir mejor, no podemos renunciar a entender y discutir lo que pasa en nuestro entorno. Fácil nos resulta decir que el laberinto no tiene salida mientras nos mantenemos tranquilamente quietos, un poco más complicado parece ayudarnos a buscarla y lo más difícil, me parece, es encontrarla.

 Yaddir