La crueldad delatada

La crueldad delatada

 

pero no es que yo me cubra

los ojos de ceniza:

mis ojos son ceniza

Ilusionan a la mayoría los grandes cambios. Cambios notables y notorios. Cambios poderosos. Porque el poder mueve multitudes, las emociona, las domina. El poder es atractivo porque provoca a la esperanza a un lugar en el futuro. El poder ilusiona con un futuro mejor. Por ello es que el despoder parece tan desconfiado, tan falto de lustre, tan menor. El despoder desilusiona, aparece como una renuncia al futuro, como conformidad con el presente, como confiada esperanza. La desesperación nunca es suficiente para el despoder. ¿Cómo reconocer la suficiencia desesperada?

         La patria, sin reconocer suficiencia alguna, está por entregarse a la desesperación empoderada y el primer signo ha sido la crueldad frente a la experiencia viva del despoder. El pasado viernes 14 de septiembre, en uno más de los foros de pacificación del nuevo régimen, el poeta Javier Sicilia tomó la palabra. Como es habitual en sus discursos, antes de abordar la realidad de las víctimas, Sicilia convocó al encuentro de la palabra a través de los versos y al reconocimiento del dolor a través de un minuto de silencio por las víctimas y los desaparecidos. El minuto de silencio fue interrumpido por los asistentes al foro, quienes gritaron que no los callarían, que seguirían protestando, que no aceptaban el minuto de silencio por las víctimas porque con ese minuto se pretendía callar a quienes protestaban. El poeta esperó, retomó el discurso; algo había cambiado.

         Podría pensarse que la interrupción de un minuto de silencio es un hecho menor ante el drama de las víctimas. Podría pensarse que la protesta debe sobreponerse al silencio porque el drama de las víctimas va más allá de toda civilidad, pues la crueldad contra las víctimas ha destrozado totalmente lo civil. Podría pensarse que un minuto de silencio es anecdótico, mera costumbre establecida, el intento de normalizar la anormalidad violenta. Pero a mí me parecen completamente erradas esas consideraciones. A mí me parece que la interrupción de ese minuto de silencio ha cambiado plenamente la situación del país de una manera tal que al parecer la mayoría todavía no se ha dado cuenta.

         El minuto de silencio sí es una costumbre nacida en el seno de la civilidad. Sin embargo, no lo es el minuto de silencio por las víctimas. Hace siete años Javier Sicilia abrazó a la nación adolorida y visibilizó a las víctimas. Llamando al minuto de silencio por las víctimas, Sicilia permitió que escucháramos el eco de la soledad, la resonancia del llanto, el siseo de los suspiros, la reverberación del dolor, el desierto creciente de la masacre. Javier Sicilia encabezó a cientos para recorrer la nación abrazándose, besándose, compartiendo el dolor, alimentando el consuelo. El poeta conmovió a la patria. El minuto de silencio por las víctimas fue el logro de la conmoción.

         ¿Qué logró Sicilia? En medio de la plaza pública, tras las palabras de los poetas, el poeta nos convocó al silencio, a reconocer la palabra ahogada. Y ahí, en el reconocimiento, a la vista de todos y en el centro de todo, Javier Sicilia renunció al poder. No fue su movimiento el camino para empoderarse. No logró el silencio para que imperara su voz. No llamó a callar para empezar a obedecer. En el silencio al que fuimos convocados, el poeta nos llenó de amor. El minuto de silencio nos susurró la necesidad de ser amados.

         Siete años después, el desprecio. La furia invadió el silencio. La crueldad apuñaló en la otra mejilla. Ilusionados los más con un poderoso cambio, valió despreciar al poeta. Arrastraron su silencio, lo rompieron, lo destrozaron. El zaherido poeta fue el nuevo chivo expiatorio. Llegó el momento de quienes reclaman. Llegó el momento de hacer escuchar bien y de hacer escuchar fuerte. Llegó el momento del poder. Llegó el momento de la delación y la crueldad. En un solo minuto despreciamos la nobleza por su debilidad, encantados en la fortaleza de lo vil. Lo peor es que la imagen de aquel acto público es vida interior de más de uno. ¿Hasta cuándo seguirá el engaño?

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. Hace algunas semanas comenté que a mi juicio la descentralización de las dependencias públicas tiene como motivación oculta la formación de sindicatos propios del nuevo régimen. El jueves 20 de septiembre, Morena aprobó en el Legislativo la llamada “libertad sindical”, por lo que la formación de los nuevos sindicatos estará garantizada por ley. Apúntenme ese tanto.

Coletilla. “Finalmente se han tornado, los seres humanos, en extraños, en una amenaza constante y una enfermedad que amenaza”. Guillermo Fadanelli

Dictadura del olvido

Dictadura del olvido

(En torno a la amnistía)

 

Si bien las cualidades personales no bastan para constituir una dictadura, tampoco son suficientes para evitarla. En democracia, por su parte, ha de evitarse la razón de Estado con el mismo celo con que ha de prevenirse el estilo personal. Por ello las señales de la posibilidad de una dictadura han de buscarse en la transgresión entre lo público y lo privado, identificarse en los momentos en que lo legal se asume como voluntad personal o en que la opinión particular se propone como ley general. Riesgo inminente de que la dictadura acecha a la democracia es cuando una demanda legítima de justicia resulta vilipendiada por la opinión del líder. Aunque no se quiera ver, vivimos un riesgo real y no sólo por el carácter y las cualidades de Andrés Manuel López Obrador.

         Iniciados los foros de consulta para la reconciliación y la pacificación, la propaganda oficial y oficiosa ha repetido el llamado a la unidad “por el bien del país”. Sin atender a la legalidad del asunto o al trabajo de las víctimas organizadas, los propagandistas repitieron la presentación de la situación extrema a que podrá llegarse si no se atiende ahora el llamado del futuro presidente. Casi como chantaje, la propaganda ha dicho que si no se acompaña en esto a la nueva administración estará comprometido el futuro del país. ¿Cuál es la medida por la que se prueba el extremo del llamado? ¿Cuándo se probó que el país estará en vilo si no se acata la decisión gubernamental? ¿No es necesario suponer al futuro presidente, consolidando un fuerte presidencialismo, como posibilidad única de salvación para que el alegato de la situación extrema funcione?

         En la inauguración de los foros, un grupo de víctimas reclamó, explicable y legítimamente, contra la propuesta de amnistía del futuro presidente. La respuesta del López Obrador fue que respeta a quienes no piensan como él, pero que la patria es primero y por el bien del país las víctimas han de acatar su propuesta. ¿Cómo entender la respuesta que recibieron las víctimas? ¿La respuesta se distingue en algo de la inculpación (“son malandros”) y la nulificación (“son daños colaterales”) calderonistas, o de la procrastinación legalista y el intento de desdibujamiento mediático del peñanietismo? ¿Dicha respuesta anuncia acaso que las víctimas, la familia de nuestros demasiados muertos, están más cerca de hallar finalmente la justicia?

         A mi juicio, responder al dolor de las víctimas con la razón de Estado combina la insensibilidad de Peña Nieto y la testarudez de Calderón Hinojosa. Si don Enrique usó a las instituciones parapetando su inacción y don Felipe escudó en la figura presidencial su incapacidad de reconocer los propios errores, parece que don Manuel usará la investidura para instaurar su opinión y a las instituciones para ejecutarla. La razón de Estado es cerrazón a la comprensión de las víctimas, simulación de la justicia, tentación totalitaria.

         Sin embargo, la tentación totalitaria no es un asunto exclusivo del futuro presidente, ni el problema se reduce a sus seguidores. La tentación totalitaria es peligrosa cuando los miembros de la sociedad asumen la situación extrema, cuando se acepta la razón de Estado, cuando admiten viable la dictadura. El consenso aparente en torno a la unidad es peligroso. La renuncia a la crítica lo es más. ¿Cómo explicar que entre los principales periódicos sólo uno citara completa la respuesta del futuro presidente a las víctimas? ¿Cómo explicar que hasta ahora sólo Javier Sicilia ha criticado la respuesta y señalado el riesgo totalitario que ella trasluce? ¿Cómo entender que nuevamente la nación prefiera el desprecio a las víctimas, guardar silencio ante tan indignante respuesta  y sumarse embelesada (incluso aplaudiendo la respuesta por provenir del líder) a un proyecto político? La amnistía propuesta será una renuncia a la justicia, conciliación por decreto, dictadura del olvido.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. ¡Oh, patria sentimental! Tierna tierrita del nopal, la baba y la alabanza. Raza broncínea de agachados, gachos y agachones. No, lector, no me he puesto sentimental, sino que son los combativos camaradas del terruño quienes andan con el corazón en la mano, deshojando margaritas por las plazas, colmados de felicidad. Muchachitas enamoradas que cambiaron los recios anhelos de la revolución por el suspiro pispireto por el caudillo. Ven al líder, suspiran, se ruborizan y afirman, como Enrique Galván Ochoa en La Jornada del martes: «Buscaba la Presidencia, ganó el país». ¡Qué conmovedor! Aunque no deja de ser ridículo. Tan ridículo como el enamoramiento burguesito del doctor Lorenzo Meyer, quien dijo el jueves en Reforma: los simpatizantes del futuro presidente pueden restarle apoyo cuando no pueda atender lo que le solicitan, por lo que se necesita evitar un exceso de demandas y mantener el apoyo. ¡Chin! ¡Exceso de demandas! A ver, niños, bien formaditos y a repetir las demandas aceptadas por el régimen. Ah, patria mía, qué tiempos tan inspiradores en que los revolucionarios de antes son los bien portados de ahora, en que los que antes denunciaban con rabia ahora elogian con labia. ¡La cuarta transformación!

Coletilla. «No estamos viviendo tiempos rebeldes, al contrario, estamos en la época de la asimilación inmediata. La rebeldía no es perseguida, el derecho a expresarse lo ejerce hasta la idea más estúpida. En las redes, el insulto es libertad de expresión. La masa aullando y linchando es opinión pública». Avelina Lésper

El espectáculo de la paz

El espectáculo de la paz

 

La guerra no es visible por su fuerza, sino porque es política. El odio, en cambio, puede salir a la vista tanto como permanecer oculto. El odio público se reconoce sin agotarse en una sola manifestación. El odio privado puede esconderse incluso al más minucioso de los autoexámenes. Sin embargo, la paz es tan invisible como de visibilidad requiere la justicia.

         ¿Es invisible la paz? Fue el cristianismo quien exhibió la invisibilidad de la paz en contraste con la visibilidad de la pax. La pax de los romanos fue una sustitución de la justicia: la indeterminación ante la Ley inauguró la tolerancia. El gobernante declaraba la pax por la supervivencia del Estado. La justicia, ya no siendo fundamento del orden político, fue relegada al ámbito de los acuerdos personales: el Estado como garante de la legalidad de los acuerdos entre los particulares. El Estado renunciando a lo político, construyendo lo publicitario. La fuerza de coacción, disuasión y persuasión como fundamento del orden público. La pax como un acuerdo público y publicitado; la paz como un estado interior e individual, tranquilidad desgajada de la gracia. Aparición del orden burgués y reconvención a la espiritualidad moderna. El sujeto como tensión entre las leyes del Estado y del Espíritu: el sujeto desgarrado de nuestra crisis: aúlla la nostalgia de la fraternidad fracturada.

         ¿Puede entonces declararse la paz desde la administración del Estado? Puede, claro, convocarse a las víctimas, consultarse a los líderes religiosos, aglutinar a los bandos políticos y legislarse la amnistía, pero no podrá pasar de ser una declaración de pax, un instrumento público y publicitario. Sin duda que la posibilidad de declarar la pax confirma la fuerza del convocante. Sin duda que tener la fuerza para convocar a la declaratoria de pax da cuenta de una práctica pública diferente. Sin duda que la pax podría poner a todos de acuerdo. Pero la justicia no es solamente un acuerdo, ni la diferencia es por sí misma la dignidad. La diferencia y el acuerdo serán ejercicios indudables de la fuerza en tanto la justicia no sea su fundamento, en tanto la paz no sea posible.

         Para que la paz sea posible, nos hizo ver Javier Sicilia, se requiere la justicia. Si algo puede hacer el Estado para la reconciliación es propiciar la justicia. Sin justicia, sin el cuidado de la dignidad de las víctimas, toda acción del Estado será mera manifestación de la fuerza, simulación, inmoral utilización del dolor de las víctimas para el reposicionamiento moral del nuevo régimen. El Estado ha de garantizar la justicia porque es política, porque es visible. Es al individuo a quien corresponde la paz; es la víctima a quien la paz ha sido prometida. Aspirar a visibilizar la paz es un engaño, una simulación, fuerza pura de la propaganda.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Hacia el pensamiento único. Uno, en carta en La Jornada un grupo de académicos inició la presión para la sustitución de los directivos del IPN a fin de trabajar para que la institución sea acorde a los lineamientos del nuevo gobierno. Dos, el secretario general de la UNAM declaró que la institución analiza apegarse al plan económico del nuevo gobierno. Tres, la futura secretaria de Gobernación federal afirmó que revisará el nombramiento del Fiscal Anticorrupción de Veracruz. Cuarto, la futura secretaria de Energía declaró que el resultado de los análisis y los estudios de los especialistas sobre el sector energético concluye lo mismo que la propuesta inicial de AMLO. Quinto, los foros para la pacificación, que se llamarán «Foros para la Reconciliación Nacional»,  iniciarán en Ciudad Juárez el 7 de agosto. Ahí se delinearán las acciones a seguir, que coincidirán «reconciliadoramente» con los designios del futuro presidente. Sexto, el futuro presidente contestó que las críticas a su incuestionable decisión de nombrar a Manuel Bartlett al frente de CFE son normales, pero contrarias a su movimiento, por lo que Bartlett se queda. Séptimo, en torno al nombramiento de Manuel Bartlett, el otrora líder de anarcos y próximo diputado evangelista Gerardo Fernández Noroña acusa desmemoria histórica: a la gente se le olvida que es fundador de Morena y por tanto todo un patriota. Octavo, segunda cabeza editorial que se le entrega al nuevo régimen. Ahora fue Carlos Marín. ¿Le sigo o ya se entendió el cambio? 2. El Frente Nacional por la Familia no está preocupado por la desaparición del PES, pues para confirmar su condición confesional el partido resucitará… quizá no al tercer día, pero lo hará. ¿Cómo? Hoy se reúnen los ideólogos de la “defensa de la familia” para platicarlo.

Coletilla. ¡La filosofía al servicio de la patria! El señor Enrique Dussel ha presentado un escrito quedabien, o lo que también podríamos llamar el artículo de dos caras, o el alegato de la razón a fuerzas. Para que no le digan que se entrega al nuevo sátrapa, don Enrique aparenta una crítica a la prepotencia del liderazgo; pero para no desaprovechar los nuevos tiempos, propone «socializar» los cambios impulsados por el líder, es decir unirse a los nuevos tiempos, participar activamente en ellos. Si el líder falla, ya dirá que lo advirtió y que por eso comenzó a criticarlo; si el líder no falla, ya dirá que lo advirtió y que por eso propuso apoyarlo. ¿Qué anda buscando don Enrique? ¿Será que los violentos prohijados por la liberación y el morenaje no han encontrado lugar en la nueva distribución de puestos?

 

Caracterología

Caracterología

 

Definió la autoestima como confianza en ci-nismo.

 

Odiaba mirarse al espejo: siempre encontraba un fraude.

 

Era tan erudito que coleccionaba frases célibes.

 

Ya no sé si soy escéptico.

 

Leyendo Platero y yo me descubrí un niño para libros.

 

 

Námaste Heptákis

 

 

Coletilla. El pasado lunes 26 de marzo se cumplieron 42 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa; no hay novedades en la investigación del caso. El pasado miércoles 28 de marzo se cumplieron 7 años del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Y ayer, 30 de marzo, el MPJD convocó a los candidatos presidenciales a pronunciarse sobre las víctimas y a reunirse con ellas. Es importante la convocatoria del MPJD, pues durante la semana se atacó en medios a tres de los fundadores del movimiento. El martes, los ataques se dirigieron a Emilio Álvarez Icaza, por la alianza de Ahora y el Frente. El miércoles, un medio electrónico divulgó la noticia falsa de una alianza entre Javier Sicilia y López Obrador. Y el jueves, un periódico sirvió para injuriar a Julián Le Barón. Aprovechando las vacaciones, algunas personas inventan rumores que servirán para la guerrilla electoral.

 

Silencio privado

Silencio privado

 

Una vez más tenemos frente a nosotros el mismo problema y una vez más le vamos a dar la vuelta. Cierto, no es correcto que un periodista –mucho menos siete- sea asesinado. Cierto, la respuesta de los administradores es insuficiente y se anticipa ineficaz. Y también es cierto que los periodistas son sólo un gremio y que no parece justo un trato privilegiado a un segmento de la población cuando en este territorio de guerra y muerte sólo nos iguala el bautismo de las balas y el olvido de las fosas. Pero no por ello es cierto que el responsable de los asesinatos sea el “narcoestado”. Ni es cierto que el presidente Peña sea el culpable de la muerte de los periodistas. Ni mucho menos es cierto que cambiando el modelo económico, o con “honestidad valiente”, o con mejores leyes, los periodistas ya no serán asesinados. Ninguna respuesta gubernamental tendrá éxito donde no hay Estado, así como ninguna reforma moral será posible donde no hay comunidad. En el régimen de la escasez el crimen es el único modelo económico; aunque puede pertenecer a la iniciativa privada –modelo estadounidense-, puede ser estatalizado –modelo del socialismo del siglo XXI-, o puede ser un régimen mixto –modelo Revolucionario Institucional-. Nuestro exterminio será inevitable; nuestra supervivencia caínica. El problema, insisto, es que no hay comunidad y sin ella ningún fratricidio puede ser legalmente sancionado. Donde la ley es imposible sólo salva el aniquilamiento.

         Podría suponerse entonces que el asunto de los periodistas asesinados se subordina al problema general de la ausencia de comunidad, que el asesinato de un periodista sólo es un pretexto más para hablar nuevamente de lo mismo de siempre. Pero no es así del todo. Creer solamente eso es errar el punto y dar nuevamente la espalda a lo importante. Afirmaré lo que para muchos es una clara exageración: sólo se necesitan periodistas en la sociedad democrática. O dicho de otro modo: para que una sociedad se mantenga democrática cuando su número de miembros excede el límite natural de la vecindad es necesario el periodismo, pues sólo por su mediación es posible lo que –en una frase insuperable- Daniel Cosío Villegas expresó como ideal: hacer pública la vida pública. Cuando el periodismo torna en militancia ideológica, o en publicidad corporativa, o en propaganda oficial, no forma comunidad, sino que la debilita y la falsifica. Y la reacción del gremio periodístico ante el asesinato de un colega puede ser lo mismo formadora de comunidad, que destructora de ella. Usar el asesinato para avanzar la agenda del intolerante opositor eterno, culpar al presidente de todos los asesinatos, o esparcir el rumor de la censura omnipresente, no es en modo alguno construcción de comunidad, sino posicionamiento público de una convicción privada, posibilitación de la resolución sectaria, grilla antipolítica. Los periodistas no actúan necesariamente con miras en la política.

         ¿Qué hacer? Propongo –raro en mí- tres acciones. Primero, no olvidar lo que nos enseñó 2011. El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad visibilizó a las víctimas y las puso al centro de la vida pública; en tanto el poeta Javier Sicilia nos mostró que es posible demandar justicia con gravedad y sin rencor. ¿Qué lugar ocupan ahora las víctimas en los medios? ¿A qué periodista le siguen preocupando esos casos del infierno personal, frente al aquelarre seductor de un gobernadojete corrupto? La estrategia mediática de la administración de Peña Nieto fue desviar la mirada de las víctimas; casi todos los medios la siguieron y ahora nos sorprende nuevamente el terror. Las historias de las víctimas se acumulan y ya hasta olvidamos cómo contarlas. Segundo, cambiar el uso de las tecnologías: lo importante políticamente no es la publicidad del medio, sino la información comprobada –no importa la primicia, Carlos; no importa el escándalo, Carmen; no importa el ánimo del presidente, Pascal-. Ninguna víctima será hashtag; retuitear a Epigmenio cada día 26 no localizará a los 43; la historia de ninguna víctima se gasta en un tuit. Y tercero, olvidémonos de la desmemoria. El demócrata se informa más allá de la tendencia. Para hacer público lo público, se necesita claridad privada. El demócrata debe estar atento y lúcido entre el boletín oficial y el trascendido, entre la candidez de la propaganda y la malicia de las fake news, entre la convicción militante y el escepticismo ácrata. Y si para el demócrata nada tienen que hacer las víctimas en lo público, nada tendrán que hacer los periodistas en la patria. La demagogia siempre triunfa en privado.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El abogado de los padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa presentó un panorama de la trayectoria del caso. Los padres retiraron su plantón afuera de las oficinas de la PGR tras llegar a un acuerdo para atender las cuatro líneas de investigación señaladas por el GIEI. 2. «Lo que agoniza puede pervivir en una larga crisis donde lo primero será ignorar la disfuncionalidad, la inoperancia» dice Roberto Zamarripa. 3. La alianza entre Rayito de Esperanza y la Maestra se sella sobre una sabrosa historia de la que Raymundo Riva Palacio muestra algunas escenas: la incompatibilidad entre Elba y Videgaray, la alianza entre Miranda Nava y la CNTE, o la cercanía de los salinistas al morenaje. 4. El pasado miércoles, la profa Delfina, candidata de Morena al EdoMex, calificó de fascistas a los opositores venezolanos. Nadie se llame a sorpresa, que no es la primera vez que la gente de Morena defiende la dictadura de Maduro. Hay quien vive la pesadilla ajena como sueño propio. 5. ¿Cuál es el papel de las iglesias en la elección del Estado de México? Lo responde Bernardo Barranco. 6. Y por último, la historia de un traficante de influencias que se nos casa.

Coletilla. El pasado lunes 15 de mayo de 2017 dejó de transmitirse, tras sesenta años continuos de radiodifusión, el que probablemente sea el programa radiofónico más transmitido en México: La tremenda corte. Las madrugadas ya no serán las mismas para los que nacimos viejos.

De la propia crueldad

De la propia crueldad

 

Al final del capítulo central de El hombre sin cabeza [Anagrama, 2009], Sergio González Rodríguez [1950-2017] se presenta: “Llevo en mi cuerpo cicatrices y prótesis en el codo, en el antebrazo y en el tobillo hasta la rodilla producto de operaciones quirúrgicas por golpes, fracturas y caídas. También otra cicatriz en la cabeza por una trepanación curativa. Y tengo prótesis en otro brazo, ante los ojos y en el oído. Soy lo que se llama una persona normal”. El capítulo indaga los motivos de la mutilación criminal, la desacralización del cuerpo, la nostalgia de lo salvaje. Las heridas del autor se equiparan con las torturas rituales, los despliegues del poder, las marcas de la crueldad. Y si todo ello inquieta, inquieta mucho más la conclusión: “soy lo que se llama una persona normal”. Para cualquiera esa es la crueldad del autor consigo mismo; para mí, es la presentación más completa que, en sus textos, hizo de sí mismo Sergio González Rodríguez. La crueldad está en no entenderlo.

         Se es injusto con la obra de Sergio González Rodríguez si se sitúa en su centro a la violencia, aun cuando a primera vista sea su tema explícito. Sí, él fue el primero en llamar la atención sobre las muertas de Juárez, el primero en hacer tema de reflexión pública las decapitaciones –del narco y del terrorismo-, el primero en señalar la planificación intrincada en la guerra contra el narco y también fue el primero –por desgracia tan desdeñado- en articular una respuesta coherente al olvidado “¿por qué?” colectivo tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Pero llamar la atención, reflexionar, señalar y articular la violencia fue sólo una labor preparatoria de su verdadera obra. La violencia no necesita de alguien que llame la atención sobre ella: llama la atención porque es violenta; aunque no estemos nunca tan seguros de qué es lo que de ella nos atrae. Reflexionar públicamente sobre la violencia no es, tampoco, inusual: el presidente Peña cree que la crisis de violencia está en nuestras mentes, el expresidente Calderón cree que la violencia es exclusiva de los criminales… Y no es suficiente señalar que reflexionamos sobre ella porque nos llama la atención; el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad nos dio la lección insuperable sobre esa insuficiencia. Señalar la violencia, ahora lo sabemos, es frecuentemente infecundo: dónde nuestros conteos de ejecutados, qué de los listados de desaparecidos, para qué nuestras efemérides de la barbarie… De igual modo, la articulación no agota la obra de González Rodríguez, pues en estos años de guerra civil hemos visto que se articula a gusto, zurciendo a un lado para incriminar al presidente, remendando del otro para inculpar al opositor, como si a nadie irritaran las costuras del trapo viejo que llamamos patria. La violencia, insisto, no es el centro de la obra de Sergio González Rodríguez.

         Creo que leeremos correctamente la obra de Sergio González Rodríguez cuando la lectura nos permita reconocer el papel fundamental de la técnica en la normalización de la violencia. La violencia se visibiliza cuando se fractura la normalidad, pero a la fractura hacemos frente con la intervención técnica: la violencia se normaliza. La violencia normalizada es invisible hasta que el desarrollo de la técnica impone una nueva fractura: normalizamos la violencia planificándola. Sergio develó la técnica de programación de la violencia. No nos confundamos, pues la estrategia bélica es agónica, mientras que la estrategia tecnológica es totalizante, ya que subsume la diferencia a la totalidad normalizada y emplaza la agonía a la posibilidad planificable. Los mecanismos para disminuir los feminicidios producen herramientas de exterminio y desaparición más sutiles, cual se refleja en la estadística de mujeres asesinadas; la autorregulación mediática de difusión de imágenes de la violencia del narco produce tanto la disolución de cadáveres en ácido como –en un futuro ya previsto en la obra teatral Antígona [Tierra Adentro, 2016] de Sayuri Navarro [San Luis Potosí, 1991]- la exhibición tumultuaria de cuerpos lacerados en el elegante Paseo de la Reforma; la planificación oficial del combate al narcotráfico convierte al territorio nacional en un campo de guerra y a la población en inevitables –y necesarias- “bajas colaterales”, y las “bajas colaterales” pueden ser utilizadas para políticas públicas de control a fin de “que no vuelvan a desaparecer 43 personas”. La normalización de la violencia es una sustitución técnica. La técnica hace a la violencia administrable.

         Al final de aquel capítulo de El hombre sin cabeza, Sergio González Rodríguez hizo la más completa presentación de sí mismo: fue una persona normal por la sustitución técnica de la mutilación violenta. González Rodríguez vio, quizá como nadie más, que no se puede ser simplemente espectador de la violencia o teórico o estudioso o crítico… Sergio nos enseñó que la violencia nos ha transformado, nos ha hecho normales, y que nada comienza a comprenderse de la violencia si no comprende uno el costo de la tranquilidad de lo normal. Pensar lo que de uno ha hecho la violencia no es en modo alguno ser cruel con uno mismo, sino reconocer la crueldad en uno mismo. ¿Acaso es cruel decirlo?

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Hay que agradecer a Sara Sefchovich que señale públicamente un problema grave, muy grave, en la distribución de recursos destinados a la cultura. ¿Dónde está el periodista que investigará esto? 2. Como regia tradición europea, lea el lector la saga del poder mexiquense en la historia de Alfredo III.  3. El gobernador priista del Estado de México se autorizó, por decreto, regalar dinero durante el periodo electoral. 4. El pasado martes, en La Jornada, el Comité de Salud Pública de la hermana República Socialista de Coyoacán, agrupado bajo el mote de Observatorio Ciudadano de Coyoacán, denunció el «servilismo» del canciller-aprendiz y defendió la dictadura venezolana. Búsquese la carta de esos defensores de la dictadura que, ¡ay!, son entusiastas bastoneras de Morena. 5. Que RT es un medio de propaganda no es ninguna novedad, sí lo es que esa propaganda busque influir en la elección de 2018.

Coletilla. Murió el cultísimo Juan Miguel de Mora, el traductor del Rig Veda, los Upanishads, el  Ayurveda y El último lance de Rama. Por años el doctor de Mora promovió el estudio del sánscrito y de la cultura clásica india en nuestro país. Descanse en paz.

Intentamos volver

Intentamos volver

 

entre restos de cena están las migas

los olvidados coros de la noche

 

Inútil recorrer los límites del silencio: no hay señales, no hay arriba, no hay abajo, intentamos volver y nos devuelve. Un silencio que no se guarda, sólo se observa. Silencio en el que a solas me despierto. Silencio del deshabitado. Silencio que el poeta intenta nombrar al tiempo que comprueba que el mundo es indigno de la Palabra. Hablo del silencio de El deshabitado, la última novela de Javier Sicilia.

         El deshabitado es una despedida más, es el último ejercicio novelístico de Javier Sicilia, su retiro de la narrativa. El deshabitado es la descripción exterior del silencio interno que nos reveló Vestigios, su último poemario. Contrario a su despedida lírica, la última novela de Sicilia está inevitablemente malograda. Vestigios se escribió sobre los hitos desgarrados de la muerte; El deshabitado testimonia la dolorosa memoria. Los poemas de Vestigios yacen a la sombra de la Palabra; las páginas de El deshabitado apuntan a la soledad interna, a la clara ausencia de mi ausencia. En El deshabitado, sin hallar los límites del silencio, Sicilia exhibe los límites de la palabra.

         La primera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es formal. Javier Sicilia (el autor) escribió una novela en que Javier Sicilia (el narrador) cuenta la experiencia límite de Javier Sicilia (el personaje) tras la muerte de su hijo Juan Francisco Sicilia. El personaje, sin embargo, al mismo tiempo de ser un personaje en la novela es un personaje en la vida pública del México contemporáneo, un personaje clave de la historia reciente. El narrador debe llevar al lector hacia el encuentro del personaje en la historia novelada y al recuerdo del personaje en la historia reciente. El narrador, omnisciente, también sabe lo que el lector experimenta: hace del lector, que es actor de la historia reciente, un personaje mudo de la historia novelada. Al mismo tiempo, el autor reúne en una misma obra a su narrador, su personaje literario, su personaje público y su activista político frente al lector, sin que por ello el lector pueda sentirse abrumado. Los cinco Javier Sicilia que confluyen en la novela dejan al lector ante un misterioso silencio: el silencio del deshabitado. El poeta ha tomado la palabra para que dentro de ella se despliegue el silencio: cuando Dios nos ha abandonado, nos descubrimos deshabitados… y no tenemos nada que decir. Como la novela no puede encubrir el silencio, porque inevitablemente habla, la novela es inevitablemente malograda. Sicilia tomó la palabra para decirnos que ya no bastan las palabras.

         La segunda dificultad de la última novela de Javier Sicilia es una dificultad lectora. ¿Qué hará el lector ante un libro que anuncia la desolación de las palabras? ¿Para qué se lee una novela en cuyo centro el lenguaje no es casa de nadie y en cuya morada nadie puede habitar? ¿Por qué tendría alguien que leer la malograda novela autobiográfica de un deshabitado? Porque al menos todavía puede haber lectores que se lo pregunten. Tan inexplicable, tan incómodo, tan aparentemente inútil como lo fue repartir abrazos por el país, llorar con las víctimas, encontrarse en el amor adolorido, es leer la nueva novela de Javier Sicilia. No es un testimonio del Movimiento por la Paz, no es una reivindicación de los muertos, mucho menos es una justificación de la desconcertante actividad del poeta. El deshabitado es la ventana al inexplicable e incómodo vivir de quien lo ha perdido todo, pero ama; de quien ha sido abandonado, pero busca; de quien transido de dolor, besa. El deshabitado es la novela de quien entiende el drama inmenso del que entrega con un beso y de quien se entrega besando, del que habita la noche y del que escapa a la mitad de ella, del que observa el silencio.

         La tercera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es práctica. La novela sostiene que en nuestros tiempos ya no bastan las palabras, sino que la palabra, nuestras palabras, como la Palabra, debe volverse carne: como el perdón se encarnó en los abrazos que las víctimas se dieron recorriendo el país en la Caravana por la Paz. El lector ve en la novela el desmoronamiento de un hombre, de un país, de un mundo, ve la indignidad del mundo para la Palabra y ve la necesidad de que la Palabra sea carne. Y la encarnación sólo puede entenderse como un acto de despoder. La dificultad práctica de El deshabitado es idéntica a la dificultad teórica del retraimiento de Sicilia: no encabezó un movimiento para tomar el poder, sino que lo encabezó para renunciar a él. ¿En qué medida un lector está en posibilidad de despoder?

         El deshabitado no puede ser una novela bien lograda, porque por su lectura nunca logrará que su lector se despodere. Javier Sicilia no predica la conversión de los débiles. El poeta no es coribante de un nuevo rito. La despedida de la narrativa no es un acto de poder, de arroparse en el silencio, sino de despoder, de deshabitación de la palabra. El poeta ya no hablará como poeta: será palabra encarnada. A sus lectores nos queda abierta la posibilidad de leer despoderando, de que la palabra sea carne.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Anoten la fecha: 12 de diciembre de 2016, la primera ocasión que el término «desaparecidos» apareció en un discurso del presidente Peña. Héctor de Mauleón ha hecho un recuento de nuestra narcofosa nacional, recuento que ha incomodado a algunos y le ha valido una nueva amenaza de muerte. 2. Algo cambió en la historia del secuestro en México durante la semana. En San Miguel Totolapan, Guerrero, un grupo de «autodefensas» secuestró a 21 personas ligadas al líder de secuestradores de la región, Raybel Jacobo de Almonte «El Tequilero», para obligarlo a liberar a quienes él había secuestrado. La labor de los funcionarios fue de mediadores entre ambos grupos de secuestradores a fin de conseguir el intercambio de secuestrados. Leyó bien el lector: los funcionarios mediaron un pacto criminal. 3. Es preocupante que la nueva jornada de acciones para pedir resultados en la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde hace 26 meses inicie con violencia. El pasado miércoles, un grupo de normalistas lanzó piedras, petardos y bombas molotov contra el cuartel militar de Chilpancingo; desde el interior del cuartel los militares contestaron con petardos. ¡Los militares contestaron a la agresión! Al parecer las nuevas jornadas concluirán con una peregrinación de la Normal Rural «Raúl Isidro Burgos» a la Basílica de Guadalupe, donde el Cardenal Norberto Rivera oficiaría una misa en memoria de los normalistas desaparecidos. De ser así, sería un acto más de la reinvención del Cardenal Rivera, quien tras el nombramiento del nuevo Cardenal ha cambiado su discurso y ahora finge que le preocupan las causas sociales. ¿Acaso no recuerdan que la principal preocupación de Rivera Carrera este año habían sido los anos? Si tan comprometido se siente con los padres de los desaparecidos, ¿por qué no los apoyó para el encuentro con el Papa Francisco? El Cardenal Rivera quiere salvar el puesto y para ello está dispuesto a prestar los cerillos. Indignante.  4. Las cosas buenas casi no se cuentan… Basta leer El Sur del pasado 12 de diciembre, que informa que en una comunidad del municipio guerrerense de Cochoapa el Grande, el municipio más pobre del país, están esperando a los profesores desde 2012, pero no llegan. El problema, además, es que los profesores que acreditaron las evaluaciones no son bilingües (tu’un savi-español) y los padres de los niños -que rondan los 30 años- son una generación que tampoco tuvo profesores, por lo que no hablan español. Las cosas buenas ¿qué? Aquí puedes descargar, lector, un diccionario de tu’un savi. 5. La semana pasada un grupo de secretarios de Estado jugaron a hacer guacamole porque -al parecer- no tienen nada mejor que hacer, lo consideran buena onda y les da publicidad. El juego se inscribió en un evento agropecuario organizado por el exgobernador de Querétaro y actual secretario de Agricultura para anunciar una cierta certificación a una marca de uno de los empresarios favoritos del sexenio. Tan bien le va a dicha marca que no sólo reúne a cuatro secretarios de Estado para amenizar la tarde y asegurar sus exportaciones a medio oriente, sino que en próximas semanas el gobierno anunciará con bombo y platillo, en voz del actual secretario de Salud y exrector de la UNAM, la alianza de los servicios públicos de salud con una cadena de laboratorios de dicha marca para subrogar el servicio de mastografías. El dato: la marca ha sido asociada con un viejo barón del narco, del mismo cártel que creció en Querétaro y en la UNAM durante los años anteriores. Curioso, ¿no? 6. El pasado domingo, en el suplemento cultural de La Jornada, apareció una reseña del nuevo libro de Valeria Luiselli -que reseñé aquí la semana pasada-. Curioso inicio de la reseña: «en una época en que la literatura se ha dado permiso de ser un género en sí misma e incluso toma prestados recursos del periodismo». ¿Eso en un suplemento «cultural»? ¿Eso en el diario que, en la República Socialista de Coyoacán, presumen como el único preocupado por la cultura?

Coletilla. «Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da ánimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oración que permite ser más fuerte…, son todas expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo ofrecido por los hermanos». Papa Francisco, quien hoy cumple 80 años.