Gazmoñerismo estrellado

Hubo un tiempo en el que nos maravillaban las estrellas, pero cuando descubrimos que no eran las almas de nuestros ancestros, fue tal el desencanto que nos dedicamos desconsoladamente a destruirlas. A destrozarlas, allá afuera, y aquí dentro, en lo más íntimo. Y, sin embargo, de cuando en cuando encontrábamos una que otra, nueva, resplandeciente, brillante, que según nuestros sabios modernos siembre había estado ahí, desde el principio de los tiempos…

Gazmogno

Jaque Mate

La reina miró desesperadamente al rey mientras un miserable peón le enterraba su pequeña espada. Todo estaba perdido.

Gazmogno

Genitalia

Ella que aparece a contraluz

…………………………………desnuda

…………………………………………………violeta

………………………………………………………………coronada de flores

con sus senos firmes

con sus labios tibios

con su boca dispuesta a recibir los suspiros del placer

……………………………………………………………………que besa

………………………………………………….que mama

…………………………………..que bebe

fervientemente

con sus labios firmes

con sus senos tibios

con sus pezones erectos  por la fricción

………………………………………………………de la lengua

………………………………………………………que succiona

………………………………………………………el clítoris

con sus firmes tibios

con sus labios senos

con su entrega que se vuelve contra la luz

……………………………………….de su desnudez

……………………………………………violada

…………………………………………………con sus flores marchitas.

Gazmogno

Jornada a las Tierras donde Nace el Sol (6) – Final de la primera parte –

Después de unos momentos de incertidumbre y confusión, escuché que mi amigo, desde la lejanía, me decía, “¿Qué te pareció el té?” Al no responderle, me preguntó, “¿Te gustó?” Como no podía salir del trance, mi amigo estiró su brazo y cuidadosamente me quitó la tacita de las manos mientras me preguntaba, “¿Todo bien?” “Si”, le dije, sintiendo cómo la porcelana dejaba de estar entre mis manos, quedando solamente la sensación del vacío en mis dedos.

Lenta y desordenadamente le fui contando lo que parecía haber sido una alucinación. Atentamente me escuchaba.

Cuando terminé le pregunté que cuánto tiempo había estado yo en trance. Me respondió que apenas unos instantes al terminar de beber el té. “¿Pero qué pasó con todo el tiempo que estuve en la oscuridad, y luego los ojos y los tambores y todo eso? ¿Fue una alucinación?”, le cuestioné preocupado. “No”, me dijo muy seriamente mientras se dibujaba una gran sonrisa en su rostro. “Lo que experimentaste fue un satori.” Y me habló de la iluminación repentina y del samadhi. “Cuando la mente se estira y se tensa en busca de una explicación racional a la cual no es posible llegar se entra en un estado de contemplación, de samadhi, en el que basta sólo un pequeño roce para quebrar el fundamento racional mismo.” Y me contó de la larga trayectoria que tuvo el budismo desde su tierra natal hasta la tierra del Samurai y del Bushido; de cómo Dhyana se vistió de Ch’an en China y se adoptó como Zen en el Japón; de la llegada del vigésimo octavo patriarca hindú a Asia y del nacimiento del té. “El venerable y venerado Bodhidharma, cuya fiereza lo llevó a arrancarse los párpados para no quedarse dormido mientras meditaba, convirtiéndose éstos en hojas de té al caer al suelo.” Y de los enloquecidos monjes zen que habitaban las montañas escribiendo haikús y golpeando a sus discípulos en la cabeza con enormes ramas de bambú para llevarlos directamente a la iluminación. Y del koan y de cómo cada quien debe encontrar el suyo para entender la budeidad. “La experiencia que tuviste demuestra que eres un verdadero Bodhisattva, el pequeño satori, la pequeña iluminación que tuviste no es más que el principio del despertar. Un koan no es solamente una frase absurda que lleva al estallido de la razón para la comprensión total, un koan es la destrucción misma de la razón, debes sentirlo con todo tu ser. Acabas de encontrar tu propio koan en el nombre que te dio la mirada. “Ku” es tu verdad, ahora debes asimilarla, comprenderla en su totalidad.”

No puedo recordar a detalle todo lo que me dijo mi amigo aquella noche. La excitación me atravesaba por completo y una sensación punzante me recorría el cuerpo. Había tomado una resolución. Debía descifrar mi koan a como diera lugar. Esa misma semana decidí despojarme de todo bien material quedándome únicamente con el dinero suficiente para emprender un viaje hacia Oriente con destino a Japón, tierra del zen, de la Gran Belleza y del Sol Naciente.

(Aquí termina la primera parte, en algún lejano momento se publicará la continuación)

Gazmogno