Memoria de la sangre

Memoria de la sangre

Ante la violencia siempre cunde el horror. La violencia es palpitación de la tragedia. Deja heridas para toda la vida en el alma de un hombre y, sobre todo, abre heridas en la vida de una comunidad. Para la comunidad es importante abrir los ojos ante la tragedia, sentir su herida y abrir el corazón para que no sea el miedo lo que la domine. Una manera de la valentía es conmover. Poner juntos la otra mejilla para mostrar que enfrentamos las injusticias y que podemos pensarnos el uno al otro y sentir el dolor que se expande en la carne que es nuestro ser aunque no sea inmediato como el de una herida superficial. La violencia nos deja en conmoción y dicha conmoción se muestra en el silencio que puede resguardarse como olvido. Probablemente es por ello que se piensa el hecho violento de manera desconcertante. No sirve el repudio si no se ve la equivocación. No sirve la justicia con el odio, y no está claro que sea así la máxima justicia. Es inútil la política cuando no se aspira a dialogar en torno a la fuerza, sino sólo a ejercerla o a temerla.

¿Qué es la caridad, sino la gracia de ser amoroso? La paz que es movimiento incesante, porque es una llama encendida que no se apaga, cuya fuente mira mejor que la verdad no se encuentra de un vistazo, y que sabe que los ojos nos pueden engañar. Virtud que se muestra no en la debilidad sino en la fortaleza de la mansedumbre. Virtud que no abandona por ser gracia al otro sólo para sí mismo o para lo que pueda ser Dios. Virtud por la que vemos que Él es amor, como dejó dicho La Palabra. La gracia no es silencio de Dios para los demás. La gracia nos permite entender la diferencia entre Dios y los hombres, al mismo tiempo ver esa semejanza impresa en el hombre.

La comprensión de la violencia a través de la caridad pide que la gracia de la palabra sea carne, como en el evangelio. Se pone la otra mejilla como manera de dicha comprensión. Los muertos y los olvidados nos orillan a notar que el mal no ha de pasar desapercibido. Es relativamente falso que el problema no se sufra cuando no toca la carne propia. El sufrimiento está en la sensación de desamparo: la presencia de la fuerza a ojos y manos de todos, en la pérdida que es pérdida común. Pérdida que se abre con el sentido del prójimo. Lágrimas de la frustración que enseñan que la violencia nos mete en un valle insondable, del que no hemos de salir hasta que podamos vernos a las caras sin lamernos las heridas; hasta entender que el mal orilla a preguntarnos por la posibilidad del bien en el momento en que sentimos se nos ha arrebatado casi todo, menos lo que permite las lamentaciones de la dignidad.

La confusión nos hace pensar que la violencia es ejercicio exclusivo del poder. A diferencia de la guerra, la sangre se bate sobre la tierra sin más justificación que la ciega idea de vivir a toda costa. No es sólo sobrevivir. La pobreza enseña que la dignidad no es lo mismo que la supervivencia. Es el problema del mal: nos lleva a curiosear en él como una extrañeza ajena a la vida cómoda, al punto que nos parece un reproche. No hay que buscar la retórica adecuada para la sanación (superación personal). Hay que abrir los ojos en la esperanza. ¿Cómo es esto posible, si la esperanza es una gracia en la noche, en la oscuridad, sin saber qué hay delante? Nunca sabemos que hay delante, sólo vemos el día que tenemos por vivir. La palabra requiere ser razón que pueda convivir en la miseria sin anular el mal; la razón que hace manifiesto que Dios no es silencioso. Anular el mal es optimismo moderno. La esperanza es vivir por la salvación. La esperanza muestra a la carne en su perentoriedad y al hombre en su eternidad.

Quizá el mayor enemigo de la fe sea la disgregación, pues la presencia divina busca al menos a dos almas que puedan ser recinto de la oración y del deseo de lo mejor. Mejorarnos es mejorarse. Mejorarse es, tal cual, buscar ser mejor. Ser mejor es posible porque la ontología en el caso del hombre le muestra que su animalidad es única. La fe no puede mantenerse en la fortaleza de la congregación aún en el mundo moderno. La violencia es en la superficie el grito más fuerte en contra de la validez de ser fiel. Nos parece que hacen falta acciones, pragmatismo de verdad. Que la fe no es más que ingenuidad ante la crueldad. Pero la crueldad está al centro de la fe. La injusticia que la envidia, el poder y el pecado provocan para ser sufrida hasta sus últimas consecuencias; todo aquello de lo que se aprovecha el mesianismo que nuestro país sufre y ha de sufrir todavía. La fe pide que veamos en la crueldad y la fuerza no la verdad natural, sino la sombra de la falsedad, del yerro, y en esa falsedad algo para perdonar. La cruz muestra que la muerte no es claudicación. Nos abre la fe una posibilidad de no quedarse en la ausencia de razones ante lo violento. El perdón exige sondear la causa, no pensar en la violencia que no tiene rostro. Que el mal no nos burle con sus trazas.

Tacitus

Intentamos volver

Intentamos volver

 

entre restos de cena están las migas

los olvidados coros de la noche

 

Inútil recorrer los límites del silencio: no hay señales, no hay arriba, no hay abajo, intentamos volver y nos devuelve. Un silencio que no se guarda, sólo se observa. Silencio en el que a solas me despierto. Silencio del deshabitado. Silencio que el poeta intenta nombrar al tiempo que comprueba que el mundo es indigno de la Palabra. Hablo del silencio de El deshabitado, la última novela de Javier Sicilia.

         El deshabitado es una despedida más, es el último ejercicio novelístico de Javier Sicilia, su retiro de la narrativa. El deshabitado es la descripción exterior del silencio interno que nos reveló Vestigios, su último poemario. Contrario a su despedida lírica, la última novela de Sicilia está inevitablemente malograda. Vestigios se escribió sobre los hitos desgarrados de la muerte; El deshabitado testimonia la dolorosa memoria. Los poemas de Vestigios yacen a la sombra de la Palabra; las páginas de El deshabitado apuntan a la soledad interna, a la clara ausencia de mi ausencia. En El deshabitado, sin hallar los límites del silencio, Sicilia exhibe los límites de la palabra.

         La primera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es formal. Javier Sicilia (el autor) escribió una novela en que Javier Sicilia (el narrador) cuenta la experiencia límite de Javier Sicilia (el personaje) tras la muerte de su hijo Juan Francisco Sicilia. El personaje, sin embargo, al mismo tiempo de ser un personaje en la novela es un personaje en la vida pública del México contemporáneo, un personaje clave de la historia reciente. El narrador debe llevar al lector hacia el encuentro del personaje en la historia novelada y al recuerdo del personaje en la historia reciente. El narrador, omnisciente, también sabe lo que el lector experimenta: hace del lector, que es actor de la historia reciente, un personaje mudo de la historia novelada. Al mismo tiempo, el autor reúne en una misma obra a su narrador, su personaje literario, su personaje público y su activista político frente al lector, sin que por ello el lector pueda sentirse abrumado. Los cinco Javier Sicilia que confluyen en la novela dejan al lector ante un misterioso silencio: el silencio del deshabitado. El poeta ha tomado la palabra para que dentro de ella se despliegue el silencio: cuando Dios nos ha abandonado, nos descubrimos deshabitados… y no tenemos nada que decir. Como la novela no puede encubrir el silencio, porque inevitablemente habla, la novela es inevitablemente malograda. Sicilia tomó la palabra para decirnos que ya no bastan las palabras.

         La segunda dificultad de la última novela de Javier Sicilia es una dificultad lectora. ¿Qué hará el lector ante un libro que anuncia la desolación de las palabras? ¿Para qué se lee una novela en cuyo centro el lenguaje no es casa de nadie y en cuya morada nadie puede habitar? ¿Por qué tendría alguien que leer la malograda novela autobiográfica de un deshabitado? Porque al menos todavía puede haber lectores que se lo pregunten. Tan inexplicable, tan incómodo, tan aparentemente inútil como lo fue repartir abrazos por el país, llorar con las víctimas, encontrarse en el amor adolorido, es leer la nueva novela de Javier Sicilia. No es un testimonio del Movimiento por la Paz, no es una reivindicación de los muertos, mucho menos es una justificación de la desconcertante actividad del poeta. El deshabitado es la ventana al inexplicable e incómodo vivir de quien lo ha perdido todo, pero ama; de quien ha sido abandonado, pero busca; de quien transido de dolor, besa. El deshabitado es la novela de quien entiende el drama inmenso del que entrega con un beso y de quien se entrega besando, del que habita la noche y del que escapa a la mitad de ella, del que observa el silencio.

         La tercera dificultad de la última novela de Javier Sicilia es práctica. La novela sostiene que en nuestros tiempos ya no bastan las palabras, sino que la palabra, nuestras palabras, como la Palabra, debe volverse carne: como el perdón se encarnó en los abrazos que las víctimas se dieron recorriendo el país en la Caravana por la Paz. El lector ve en la novela el desmoronamiento de un hombre, de un país, de un mundo, ve la indignidad del mundo para la Palabra y ve la necesidad de que la Palabra sea carne. Y la encarnación sólo puede entenderse como un acto de despoder. La dificultad práctica de El deshabitado es idéntica a la dificultad teórica del retraimiento de Sicilia: no encabezó un movimiento para tomar el poder, sino que lo encabezó para renunciar a él. ¿En qué medida un lector está en posibilidad de despoder?

         El deshabitado no puede ser una novela bien lograda, porque por su lectura nunca logrará que su lector se despodere. Javier Sicilia no predica la conversión de los débiles. El poeta no es coribante de un nuevo rito. La despedida de la narrativa no es un acto de poder, de arroparse en el silencio, sino de despoder, de deshabitación de la palabra. El poeta ya no hablará como poeta: será palabra encarnada. A sus lectores nos queda abierta la posibilidad de leer despoderando, de que la palabra sea carne.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Anoten la fecha: 12 de diciembre de 2016, la primera ocasión que el término «desaparecidos» apareció en un discurso del presidente Peña. Héctor de Mauleón ha hecho un recuento de nuestra narcofosa nacional, recuento que ha incomodado a algunos y le ha valido una nueva amenaza de muerte. 2. Algo cambió en la historia del secuestro en México durante la semana. En San Miguel Totolapan, Guerrero, un grupo de «autodefensas» secuestró a 21 personas ligadas al líder de secuestradores de la región, Raybel Jacobo de Almonte «El Tequilero», para obligarlo a liberar a quienes él había secuestrado. La labor de los funcionarios fue de mediadores entre ambos grupos de secuestradores a fin de conseguir el intercambio de secuestrados. Leyó bien el lector: los funcionarios mediaron un pacto criminal. 3. Es preocupante que la nueva jornada de acciones para pedir resultados en la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde hace 26 meses inicie con violencia. El pasado miércoles, un grupo de normalistas lanzó piedras, petardos y bombas molotov contra el cuartel militar de Chilpancingo; desde el interior del cuartel los militares contestaron con petardos. ¡Los militares contestaron a la agresión! Al parecer las nuevas jornadas concluirán con una peregrinación de la Normal Rural «Raúl Isidro Burgos» a la Basílica de Guadalupe, donde el Cardenal Norberto Rivera oficiaría una misa en memoria de los normalistas desaparecidos. De ser así, sería un acto más de la reinvención del Cardenal Rivera, quien tras el nombramiento del nuevo Cardenal ha cambiado su discurso y ahora finge que le preocupan las causas sociales. ¿Acaso no recuerdan que la principal preocupación de Rivera Carrera este año habían sido los anos? Si tan comprometido se siente con los padres de los desaparecidos, ¿por qué no los apoyó para el encuentro con el Papa Francisco? El Cardenal Rivera quiere salvar el puesto y para ello está dispuesto a prestar los cerillos. Indignante.  4. Las cosas buenas casi no se cuentan… Basta leer El Sur del pasado 12 de diciembre, que informa que en una comunidad del municipio guerrerense de Cochoapa el Grande, el municipio más pobre del país, están esperando a los profesores desde 2012, pero no llegan. El problema, además, es que los profesores que acreditaron las evaluaciones no son bilingües (tu’un savi-español) y los padres de los niños -que rondan los 30 años- son una generación que tampoco tuvo profesores, por lo que no hablan español. Las cosas buenas ¿qué? Aquí puedes descargar, lector, un diccionario de tu’un savi. 5. La semana pasada un grupo de secretarios de Estado jugaron a hacer guacamole porque -al parecer- no tienen nada mejor que hacer, lo consideran buena onda y les da publicidad. El juego se inscribió en un evento agropecuario organizado por el exgobernador de Querétaro y actual secretario de Agricultura para anunciar una cierta certificación a una marca de uno de los empresarios favoritos del sexenio. Tan bien le va a dicha marca que no sólo reúne a cuatro secretarios de Estado para amenizar la tarde y asegurar sus exportaciones a medio oriente, sino que en próximas semanas el gobierno anunciará con bombo y platillo, en voz del actual secretario de Salud y exrector de la UNAM, la alianza de los servicios públicos de salud con una cadena de laboratorios de dicha marca para subrogar el servicio de mastografías. El dato: la marca ha sido asociada con un viejo barón del narco, del mismo cártel que creció en Querétaro y en la UNAM durante los años anteriores. Curioso, ¿no? 6. El pasado domingo, en el suplemento cultural de La Jornada, apareció una reseña del nuevo libro de Valeria Luiselli -que reseñé aquí la semana pasada-. Curioso inicio de la reseña: «en una época en que la literatura se ha dado permiso de ser un género en sí misma e incluso toma prestados recursos del periodismo». ¿Eso en un suplemento «cultural»? ¿Eso en el diario que, en la República Socialista de Coyoacán, presumen como el único preocupado por la cultura?

Coletilla. «Todos tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión. Cuánto dolor puede causar una palabra rencorosa, fruto de la envidia, de los celos y de la rabia. Cuánto sufrimiento provoca la experiencia de la traición, de la violencia y del abandono; cuánta amargura ante la muerte de los seres queridos. Sin embargo, Dios nunca permanece distante cuando se viven estos dramas. Una palabra que da ánimo, un abrazo que te hace sentir comprendido, una caricia que hace percibir el amor, una oración que permite ser más fuerte…, son todas expresiones de la cercanía de Dios a través del consuelo ofrecido por los hermanos». Papa Francisco, quien hoy cumple 80 años.

Curso rápido de pedagogía contemporánea

Curso rápido de pedagogía contemporánea

 

Aprendizaje significativo. Del libro de texto a detesto el libro el cambio es poco significativo.

Modelo educativo. La educación en valores se practica en el casino.

Constructivismo. Pasó de hablar ex cathedra a predicar ex kratera.

Sociedad de conocimiento. Todos sus alumnos eran oyentes: daba clases de oídas.

TICs. Para comentar el texto basta stalkearlo.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Sobre el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos destaca, nuevamente, la información que ha hecho pública Héctor de Mauléon. En cuatro entregas (I, II, III y IV) presenta el relato de un jefe de sicarios sobre aquella noche. De acuerdo a «El Cepillo», la normal Raúl Isidro Burgos sí está relacionada con el narcotráfico y uno de los líderes estudiantiles pertenece a un cártel rival de Guerreros Unidos. 2. El admirable historiador Jean Meyer nos recuerda, nuevamente, el exterminio de los cristianos en la guerra de Siria. 3. La Red de Defensa de los Derechos Digitales documentó el espionaje gubernamental a los usuarios de telefonía móvil y conexión inalámbrica a internet en 12 estados del país. Es decir: los gobiernos estatales nos espían ilegalmente. 4. Carlos Puig se confiesa con sus lectores: «vivo en un país donde las cosas se están poniendo del carajo». Creo que lo he pensado casi igual, casi… 5. Vaya semanita para el diario Reforma, primero le hackean su servidor y el ataque afecta hasta la impresión y distribución del diario. Dos días después, como ya señaló Carmín el jueves, policías del Estado de México golpean, humillan y abusan de una reportera. Y el viernes, desde las páginas de El Universal, reciben una pedrada. Vaya semana, pues.

Coletilla. «Quien busca fruto maduro descuida la amenidad de los campos”. Pedro Crisólogo

Amistad y fidelidad

Amistad y fidelidad

El diálogo ciceroniano sobre la amistad, Lelio, es un diálogo de ausentes. Desde la primera línea del texto se hace referencia a las ausencias. Los amigos ausentes en el Laelius son causa del diálogo. Cicerón parece sugerir que pensamos más la amistad cuando hemos perdido a los amigos. Como si fuera el caso que para Cicerón, como después lo será para Hegel, la filosofía llega tarde.

Los interlocutores del Laelius lo son de dos tipos. En primer lugar, se encuentra Ático, a quien Cicerón dirige el discurso inicial y para quien escribió el diálogo. En segundo lugar, y en un nivel hermenéutico distinto, se encuentran Lelio, Fannio y Escévola, quienes conversan a lo largo del diálogo. En cuanto a los personajes ausentes cabe distinguir a tres. Primero, Cicerón refiere a Escévola como su amigo ausente. Después, el autor recuerda a Rufo como el amigo ausente de Ático. Y finalmente, señala a Escipión como el amigo ausente de Lelio. Los dos primeros están ausentes en el primer nivel hermenéutico del diálogo, el tercero lo está en el segundo. El primer ausente del primer nivel es el tercer presente en el segundo nivel. Escévola articula ambos niveles, los relaciona. Quinto Mucio Escévola “el augur”, cuyo nombre significa zurdo, es quien permite acceder al pasado, quien invierte el orden, es un augur invertido; por algo los augures romanos eran zurdos. El amigo ahora ausente pudo ser presente antes, su evocación nos presenta la amistad. El amigo se va, pero la amistad… Algo hay que aprender ahí sobre la enseñanza amistosa.

Las tres ausencias son causa del diálogo en tres diversos sentidos. La ausencia de Escipión nos ubica en el momento del diálogo (“pocos días después de la muerte de Africano”), y con ello nos sugiere que el discurso de Lelio que vamos a escuchar está relacionado con la cercana muerte de su amigo. La ausencia de Rufo es la causa de la conversación referida a Cicerón por Escévola. Y la evocación del ausente Escévola es el modo por que el autor pretende beneficiar tanto a su amigo, quien le había pedido un escrito sobre la amistad, como a aquellos que se acercan a Cicerón para aprender de la amistad. Las evocaciones de Escipión y Escévola son semejantes en tanto el autor las señala como propias de la fidelidad; mientras que la ausencia de Rufo como causa de la conversación es la sospecha de la infidelidad de sus propias acciones. La conversación referida en el Laelius es originada por la certidumbre sobre la fidelidad.

La conversación recordada por el autor del Laelius es originada por la incertidumbre sobre la fidelidad. Para Cicerón, favorecer la certidumbre sobre la fidelidad es un modo de hacer bien a los amigos; aunque el acto mismo de la amistad es un mejor modo de beneficiarlos. O dicho de otro modo, cuando no vivimos entre caballeros, la amistad no basta, sino que es necesario hablar bien de ella. Cicerón enseña, apuntando sin declarar, que la enseñanza amistosa es la evocación de la amistad de los buenos hombres. La evocación, aunque siempre es posterior, no por ello llega tarde. Si aprendemos a pensar la amistad con Cicerón, comprenderemos por qué la filosofía no puede llegar tarde.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El miércoles próximo se cumplen 25 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Hay dos novedades en el caso. Primero, en la glosa del informe ante el Legislativo, la procuradora afirmó que se ampliará el campo de búsqueda. Segundo, ayer se informó de la detención de Felipe Flores, quien la noche del ataque ostentaba el puesto de jefe de la policía municipal en Iguala. El caso no debe ser olvidado. 2. Desde agosto, el Colectivo Solecito ha encontrado 105 fosas clandestinas en Veracruz. 3. Excelente reportaje de Luis Chaparro, en El Universal, sobre el reinicio de la masacre en Ciudad Juárez, Chihuahua. El reportero entrevistó a un jefe de sicarios del Cártel de Juárez que advierte el inminente enfrentamiento con el Cártel de Sinaloa. 4. Naucalpan es una tragedia. Héctor de Mauleón señala los problemas de seguridad en el municipio, así como las negligencias en los servicios públicos. En entrevista con Ciro Gómez Leyva y Humberto Padgett, el pasado jueves, el presidente municipal señaló que el 10% de los policías municipales trabaja para el crimen organizado, pero que no son despedidos porque no hay dinero para su liquidación. Así de absurdo Édgar Olvera. 5. José Woldenberg ha sido el único que, más allá de la grilla, ha dado la importancia debida al anuncio del EZLN de participar en la elección de 2018. Hay que leer su reflexión.

Coletilla. Un bello ensayo sobre una reflexión poética, eso es lo que Jesús Silva-Herzog Márquez ha escrito sobre don Alfonso Reyes.

Amistad y pudor

Amistad y pudor

 

El diálogo platónico sobre la amistad, Lisis, es rico en rubores. Pudor y amistad, podríamos pensar, tienen una relación profunda e indispensable. Al tiempo que, mientras lo consideramos, nos sorprendemos de lo inusitado de la relación: en nuestros tiempos es poco afortunado quien busca lo que sobre el asunto se ha pensado. Parece que para Platón era claro que pudor y amistad tienen una relación profunda; para nuestros días, parece que si acaso hay relación no hay razones para que sea profunda. La diferencia, obviamente, da qué pensar.

En total hay tres rubores en el diálogo: dos corresponden a Hipotales y uno a Lisis. Evidentemente, no podrían ruborizarse los impetuosos Ctésipo y Menéxeno, pues no es apropiado ruborizarse para el compañero de Hércules (recuérdese que así se asume Ctésipo en el otro diálogo platónico en que aparece; considérese que los nombres de los hijos del Hércules mítico y el Hércules platónico coinciden). De los tres pudores, el primero se presenta al exterior de la escuela; los otros dos, al interior. Dentro de la escuela, los dos pudores delimitan la parte privada del diálogo y señalan la ausencia de Menéxeno. Los pudores del Lisis se presentan en la investigación de la amistad como deseo; mientras que la investigación de la causa de la amistad no presenta pudores. La investigación de la causa de la amistad está rodeada de la investigación pudorosa de los deseos. Podríamos pensar que, para Platón, no sabremos realmente qué es la amistad si no preguntamos qué es el deseo.

El primer pudor del Lisis aparece cuando Hipotales ve descubierto su deseo por Lisis. El segundo, cuando Hipotales reconoce su deseo por Lisis. El tercero aparece en Lisis cuando su deseo de saber se ve descubierto. Los tres pudores aparecen en el descubrimiento del deseo. Los tres pudores descubren los tres tipos de deseo: epithymía, philía y eros. Los tres deseos son descubiertos por la presencia de Sócrates, por la sabiduría erótica de Sócrates. El conocimiento de uno mismo, obviamente, no puede dejar de lado la pregunta por el deseo.

El último de los pudores del Lisis cierra el pasaje en que se muestra la razón por la cual la amistad no es una acción; lo que tiene una consecuencia importante para pensar la necesidad del cuidado de la amistad –como lo suele pensar la mayoría- y la posibilidad de la amistad virtuosa –como la suelen pensar los lectores de Aristóteles-. El lugar del último pudor en el diálogo indica al fundamento mismo de la amistad y del pudor. Tras el último pudor, el deseo sólo vuelve a aparecer en el diálogo hacia el final, en la consideración de lo oikeion, el fundamento de la comunidad en que se dan la amistad y el pudor. Amistad y pudor se relacionan porque la vida humana experimenta lo oikeion. Y lo difícil es reconocer esa experiencia. Amistad y pudor sólo vuelven a presentarse juntas en función de lo oikeion cuando San Pablo muestra el fundamento de la comunidad de fe (Gálatas 6:10). La amistad está en problemas cuando ni San Pablo ni Platón nos iluminan, cuando lo oikeion no puede reconocerse y cuando no vemos posibilidad de que pudor y amistad vayan juntos. ¿O no es por eso que confundimos la amistad con la complicidad?

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Una cosa es la paz con justicia y dignidad, otra es la pax oeconomica de los administradores de la desgracia. Según leemos en la conversación de Martha Anaya con J. Jesús Lemus, el país está a un paso de conseguir la segunda -y con ello un paso más lejano de la primera-. ¿Cómo nacerá la pax? Mediante un narcopacto bajo la convocatoria de Rafael Caro Quintero en contra de Joaquín El Chapo Guzmán. 2. Si es cierto lo que publicó el pasado lunes Jorge Fernández Menéndez, a la indignación de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa hay que añadir el asco del canibalismo en el basurero de Cocula. 3. Ha pasado desapercibida, pero es información importante: en comisiones de la Cámara de Diputados se ha aprobado una iniciativa de Sylvana Beltrones para limitar la reproducción asistida a parejas casadas. 4. Nuevamente tomaron las calles y alzaron la voz. Nuevamente sus alegatos son endebles. José Antonio Crespo comenta un caso. Mientras que el panista Germán Martínez Cázares hace una reflexión cuidadosa sobre «la defensa de la familia» que bien deberían considerar sus compañeros de partido.

Coletilla. Hace dos semanas señalé que el Frente Nacional por la Familia está integrado por panistas, yunquistas y miembros de lo que será el Partido Solidaridad. Ya está confirmado públicamente: el Frente Nacional por la Familia buscará ser partido político nacional. Dejará de lado el nombre de Partido Solidaridad -como se le conoce en círculos de extrema derecha- y aprovechará el impulso de su forma actual. Sus caras públicas: Mario Romo, de Red Familia, expresidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Solidaridad y relacionado con el gobierno panista de Martín Orozco en Aguascalientes (elección en la que ministros de culto católico pidieron votar por el PAN); Juan Dabdoub, del Consejo Mexicano de la Familia y quien, para ACI Prensa, declaró en junio pasado que buscan derrotar en las elecciones de 2018 a quienes apoyen a la comunidad LGBTTTI; Vicente Segú, de Fundación Incluyendo México, aliado de la gobernadora priista de Sonora Claudia Pavlovich y promotor en 2006 de la pena de muerte para violadores. El financiamiento va por cuenta de Patrick Slim, hijo del famoso empresario.

La noche de la impostura II

La noche de la impostura II

 

Voy buscando la razón

de tanta falsedad.

La mentira es obsesión

y falsa la verdad.

 

Ayotzinapa es símbolo del fracaso de la política. En la noche triste de Iguala se reúnen los elementos que denotan el fracaso de la política. Al tiempo que la oscuridad de esa noche alumbra como por contraste el fracaso principal: el narco. El narcotráfico sólo es posible ante el fracaso de la política, aunque el acercamiento habitual al mismo oculte el fracaso. Ayotzinapa, de cara al fracaso, puede ayudarnos a comprender el problema del narco.

Son tres los modos habituales de “explicar” el narcotráfico: como un problema legal, como un problema de salud pública y como un problema económico. Como problema legal, se supone que el narcotráfico es superable a partir de la modificación de la ley, o de su aplicación estricta. La aplicación estricta de la ley sólo es posible donde es posible la política, donde no lo es, la ley no se aplica, sino que a la fuerza se le llama ley. La modificación de la ley, en tanto ley, sólo puede ser política; modificación a base de la fuerza –del soberano, de la multitud o de la necesidad- es tiranía, no política. Como un problema de salud pública, el narcotráfico se reduce al consumo y su atención se reduce a la legalidad o a la prevención. La legalidad, como en el punto anterior, pide de la política. La prevención sólo es posible cuando hay comunidad. No hay prevención de lo público cuando lo público se ha esfumado. El consumo de drogas como política pública supone que todavía seamos polis. No siéndolo, imposible es prevenirlo. Como problema económico se piensa en dos vertientes: como economía política y como administración de los recursos públicos. Como economía política pide su legalización o solapar la dependencia económica a la economía ilegal. Este sentido se parece a nuestra experiencia del narcotráfico, pues es claro que el desarrollo económico del país –en las regiones en las que lo hay- va de la mano con la economía del narco; nuestro caso, empero, no reúne las economías, sino que ha podido separarlas y en su separación ha encontrado un nuevo negocio. Como administración de los recursos públicos hay dos vertientes: recursos destinados a la salud y recursos destinados a la seguridad. De los destinados a la salud se habló líneas atrás como problema de salud pública. Los destinados a la seguridad fueron señalados como el nuevo negocio que la interacción de las economías formal e informal ha propiciado. El narco ha hecho redituable el negocio de la seguridad.

El negocio de la seguridad sólo es posible cuando lo político ha fracaso, pues es negocio porque cuida del bien individual en tanto se desentiende del bien común. El negocio de la seguridad prospera en la medida en que lo común es desatendido. El negocio de la seguridad prospera en el movimiento dialéctico de un crimen que destruye lo privado y una “administración pública” que destruye lo público. El negocio de la seguridad sólo es posible en una conglomeración en la que cada uno vela por su propia economía. Y sólo en la situación en la que a cada uno le interesa su propia seguridad pude ser posible la terrible noche en que desaparecieron los normalistas de Ayotzinapa.

Intereses privados llevaron al grupo guerrillero que controla políticamente la normal de Ayotzinapa a obligar a los novatos a la violación de la ley. El grupo guerrillero gana en su propia seguridad arriesgando la seguridad de los normalistas. Intereses privados llevaron a los grupos de narcotraficantes a atacar a los normalistas. Los grupos de narcotráfico que atacaron a los normalistas ganan en su propia seguridad, y en su negocio de extorsión en nombre de la seguridad, exterminando a sus rivales y competidores. Intereses privados de los grupos políticos favorecieron el arraigo del narcotráfico en la zona. Los grupos políticos ganan el usufructo de recursos y clientelas a partir de la permisividad de la actividad ilegal. Las fuerzas públicas del orden ganan en su negocio de seguridad –negocio a costa del Estado en su primera etapa y privado en su segunda etapa- mirando desde la baranda el exterminio violento de los negociantes del terror. Intereses privados juegan con la memoria y la desmemoria de los normalistas desaparecidos en un macabro cálculo de imagen pública y marketing de la grilla. Ayotzinapa es marca de alto rendimiento en el negocio de la seguridad. Y el negocio de la seguridad es la cara comercial del imperio de la fuerza. Ayotzinapa es símbolo de la gestación de la tiranía.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. «No creo que pueda encontrarse, en la larga historia de la política mexicana, una decisión más estúpida que la invitación que el presidente Peña Nieto hizo a Donald Trump la semana pasada», dice Jesús Silva-Herzog Márquez en uno más de sus memorables ensayos. 2. Alejandro Hope no considera que la nueva estrategia oficial de seguridad en los 50 municipios más violentos del país resulte exitosa. 3. Interesante reportaje de Contralínea sobre la inspección oficial a presuntos posibles terroristas en México. 4. Omar Sánchez de Tagle advierte sobre el regreso de la violencia en Michoacán. Por su parte, Héctor de Mauleón da cuenta de los reacomodos entre los grupos de narcotraficantes de Michoacán durante la desastrosa operación de Alfredo Castillo.

Coletilla. «Vivimos entre el miedo y la incertidumbre, sin esperanza de que la situación mejore. ¿Ya qué le queda a una? Sólo esperar a que a una le toque». Testimonio de tamaulipeca en el libro Humberto Padgett, Tamaulipas. La casta de los narcogobernadores. Un eastern mexicano, Urano, 2016. p. 175.

La noche de la impostura I

La noche de la impostura I

 

Ayotzinapa es la imagen más completa de la corrupción del país. Corruptas las escuelas que envueltas en el engañoso manto de la autonomía no distinguen públicamente y con honestidad su activismo político de su labor académica. Corruptos los funcionarios del Estado que omiten su colusión con el crimen y su solapamiento de la ilegalidad, que preocupados por los cálculos de la elección próxima y la encuesta siguiente desvirtúan la investigación y desprecian a las víctimas. Corruptos los combativos de la causa arraigada y los sosegados de la pax mafiosa. Corruptos los mexicanos a los que nos desaparecieron hace dos años a un grupo de jóvenes normalistas, los mexicanos que no podemos dar razón.

         A dos años de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa se sabe que los normalistas fueron atacados mientras se transportaban en cuatro autobuses secuestrados; que los normalistas secuestraron cuatro autobuses durante una acostumbrada y normalizada “colecta” de fondos; que los normalistas requerían secuestrar autobuses, tomar casetas y “recolectar” fondos “a nombre de la normal rural” porque se dirigían a la Ciudad de México para participar en la protesta “estudiantil” del 2 de octubre; que la mayoría de los normalistas desaparecidos eran jóvenes de nuevo ingreso a quienes el “comité de lucha” de la normal tuvo el derecho de obligar a “recaudar” fondos, tomar casetas y secuestrar autobuses para participar en la protesta “estudiantil” en la Ciudad de México y conmemorativa del 2 de octubre de 1968; que el “comité de lucha” de la normal rural es un órgano de formación política del grupo que fácticamente controla la institución y que sigue las órdenes de una organización clandestina afincada en la sierra de Guerrero y que tiene por fin el combate al Estado mediante la focalización de frentes de combate… En resumidas cuentas: sabemos que los jóvenes fueron desaparecidos mientras fueron obligados a infringir la ley por un grupo guerrillero. Y la guerrilla, tan corrupta como siempre, ha guardado un indecoroso silencio por dos años.

         A dos años de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa se sabe que los normalistas fueron atacados por un grupo criminal que los confundió con el grupo con que rivaliza en el tráfico y la explotación de opio en la región; que el grupo criminal incluía entre sus miembros –al menos- al presidente perredista del municipio de Iguala, a su esposa y al jefe de la policía municipal; que el día de la desaparición, el grupo criminal se encontraba en la zona para dar seguridad al evento de precampaña de la esposa del presidente municipal; que en la desaparición de los estudiantes se contó con la participación de miembros de dos policías municipales, se utilizó armamento oficial y se emplearon las patrullas oficiales; que los policías federales asignados a la zona estuvieron presentes en el ataque a los normalistas y que “apoyaron” a los elementos municipales, pero que los videos que evidencian su participación fueron borrados accidentalmente y que las dos copias de seguridad se encuentran actualmente extraviadas; que los normalistas fueron separados en –al menos- tres grupos y conducidos a –al menos- tres lugares diferentes; que durante el ataque hubo incidental presencia militar, pues mientras los elementos castrenses realizaban la búsqueda de una motocicleta coincidieron con el ataque de los policías a los normalistas; que las fotos tomadas por uno de los militares que presenció el ataque fueron desechadas del expediente de la investigación oficial porque eran demasiado oscuras y que fueron destruidas por orden de un militar superior; que uno de los grupos de normalistas fue conducido al basurero de Cocula donde fue quemado, como el mismo grupo criminal ya lo había hecho en el mismo lugar y en al menos cinco ocasiones anteriores; que la investigación de los hechos del basurero está llena de dudas por la evidencia de una inspección extraoficial por parte de un alto funcionario federal, quien posiblemente plantó evidencia en el lugar en que oficialmente se presume terminaron las cenizas de los calcinados; que otro grupo de normalistas fue conducido a una casa de seguridad custodiada por policías estatales y en la que los cuerpos de los normalistas presuntamente fueron disueltos en ácido, como ya acostumbraba hacer ahí el grupo criminal; que se desconoce el destino de los normalistas restantes; que se registró actividad de los celulares de algunos de los desaparecidos en el tiempo en que –según la investigación oficial- los celulares ya habían sido destruidos por los criminales; que no hay explicación oficial de los defectos de la investigación; que el PRD no ha dado razón de su respaldo a un político criminal; que la administración estatal de Guerrero no pudo dar razón de la participación de los policías estatales; que no hay un posicionamiento oficial de los altos mandos del ejército sobre la participación de sus subordinados durante los hechos; que el diálogo entre los padres de los desaparecidos y los funcionarios federales se encuentra suspendido; y que ningún grupo político ha atendido a uno de los principales reclamos de los padres de los desaparecidos: ¿qué garantía nos dan los partidos políticos de que al votar por los candidatos que ellos respaldan no estaremos votando nuevamente por un político criminal?

         A dos años de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa se sabe que los detractores de los normalistas los hacen responsables de su propia desaparición y sentencian vanidosos que eso les pasa por no venerar los ideales de la cultura burguesa, no perseguir los filantrópicos fines del progreso tecnológico y en su lugar buscar la quimera de los trasnochados ideales de justicia social e igualdad de oportunidades; que los defensores de los normalistas desaparecidos culpan al Estado y al Sistema de la desaparición, al tiempo que denuncian airados la desaparición trepidante de las diferencias, el refinamiento de la exclusión y el sofoco de la escasez que opera el desarrollo económico; que los profesionales de la política han utilizado indecorosamente el caso para apuntalar sus propias posiciones y cuestionar las ajenas; que la desaparición se ha utilizado para enmierdar la pestilente guerra ideológica que ha fracturado al país; y que Ayotzinapa, como la imagen más completa de la corrupción del país, nos ha mostrado el desinterés por lo común, por el razonamiento público y ha hecho presente la triste realidad de que ya no hay país.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. Sin duda, la semana quedó marcada por cuatro noticias importantes: dos acapararon los titulares, una fue injustamente ignorada y a la otra no se le consideró en su justa dimensión. 1. En la semana se dibujó la verdadera estatura del presidente Lic. (sic) Enrique Peña Nieto. La UP reconoció que el estudiante plagió. Donald Trump humilló a Peña. Y al final, un evento facilón para que el presidente reiterara que el problema no es de él, sino de los otros, pues somos los otros quienes no vemos lo que él ve. 2. La muerte de Juan Gabriel convocó a -casi- todas las plumas y permitió los más queridos ejercicios nacionales: la injuria, el linchamiento, la sospecha y la conformación del tribunal totalitario de los moralistas de cinco minutos. Rápido, usemos las preferencias sexuales del muerto para lavarnos las manos de nuestra homofobia. Apúrense, prendan velas junto al féretro con los cerillos de Monsiváis para que los políticos se tomen la foto. Vamos, desempolven el traje de la mexicanidad y fabulen raquíticos retratos de nuestra educación sentimental… En medio de la vorágine resalto dos columnas que, a mi juicio, son de las pocas realmente honestas. El lector verá que en esencia dicen lo mismo; alguno sospechará que la similitud muy probablemente nos acerca más al fenómeno. A falta de talento para que yo pueda decir algo sobre Juan Gabriel, te sugiero lector que leas y guardes para ti la columna de Genaro Lozano en Reforma del martes pasado y la de Luis González de Alba en Milenio de ayer. Creo que son las aportaciones más valiosas sobre el caso para nuestro presente político. 3. La reportera Miriam Moreno, del equipo de Ciro Gómez Leyva, dio a conocer un video en que se prueba que en el enfrentamiento de Nochixtlán también disparó la policía estatal, y disparó a matar. ¿Por qué se ninguneó la noticia más importante de la semana? 4. Gravísimo: el gobernador de Morelos mandó golpear a la conciencia moral del país, el poeta Javier Sicilia. Javier nos abrió los brazos para llorar juntos nuestra tragedia y ahora que lo golpean nos preocupa más un estúpido plagiario. Cuando el amor nos vale madre, todo valió madre.

Coletilla. “Cuando se ha perdido la fe cualquier forma de resistencia es mejor que nada. Estos tiempos no nos preparan para otra cosa”. Javier Sicilia