Sobre el agua

Navegaban en una trajinera sin adornos. Había oscuridad; parecía dominar la noche. El agua presumía suciedad, se tragaba todo lo que caía. Iban sin conductor. Nada hacía sospechar que las orillas estuvieran cerca; apenas si se recordaba tierra firme. No se alcanzaba a apreciar otras embarcaciones. ¿Hacia dónde irían?

Yaddir

Perdidos.

Las estrellas pocas veces son visibles, a veces algo nos impide contemplarlas y entender que en el cielo se dibuja un maravilloso mapa de la creación. Quienes contemplaron en su momento a las estrellas estaban libres de perder el rumbo y si acaso lo perdían no tardaban en encontrar pronto el camino que los llevaría a donde necesitaban ir. Algunos viajeros se guiaban por las estrellas para regresar a casa, éstas siempre tuvieron la cualidad de ser eternas y de moverse de manera constante como para decir al navegante dónde se encontraba el hogar, sin importar si el tiempo fuera del mismo había sido de veinte días o de veinte años. Gracias a la vista de los astros era posible saber que el mundo seguía siendo el mismo, el hombre cambia con el tiempo, envejece y se acerca cada día más a la morada de los muertos, pero el cielo continúa y muestra su rostro siempre igual a los nuevos habitantes del mundo.

Sólo un cambio en las estrellas sería suficiente para entender un gran cambio en el mundo, y únicamente quien ve al mundo y viaja por el mismo se puede percatar de un cambio en el firmamento, no es posible quedarse inmóvil cuando se presenta tal modificación, y tampoco es posible regresar al hogar siguiendo el mismo camino de salida cuando todo ha cambiado ya.

Es una lástima que una nube de preocupaciones mezquinas nos impida ver a las estrellas, ya no podemos ir a casa, y menos podemos hablar de grandes cambios en un mundo que por falta completa de interés nos resulta desconocido.

Maigo.