¿Navi…dad?

Pensar en la cena, en el vino y los invitados, y especialmente en los invitados, también puede ser ocasión para renovar los rencores que se decían olvidados.

La cena se especia con las desconfiadas miradas, el vino se marida con amargas añoranzas y se bebe y avinagra mientras se habla de ánimos renovados, y de paz y amor, siempre que se deje a los otros olvidados.

Las reuniones navideñas, que hoy en día se celebran, forman comunidades, unen a los comunes y excluyen a los dispares, no difieren mucho de las redes sociales, donde se despotrica y maldice, pero sólo entre los iguales.

Cuando el centro de la cena era un pedacito de pan y no todo el fausto de hoy día el alma se nutría y lo que se formaba no era una comuna, era una hermandad. Pero el pan no llena a los estómagos siempre hambrientos, y menos a los tiranos que para los primeros trabajan atentos.

Añoro el pedacito de pan, tranformado en Cristo, porque eso de los rencores y los sinsabores de vivir en comunidad quedaba de lado, especialmente al ver en el otro al hermano y no sólo a un miembro de una sociedad.

Maigo.

Frío otoño que no invierno

Hace frío, huele a ponche y a comercio, se acercan los adornos y el festejo y se deja de lado la calidez del Nacimiento.

Las hojas caen de los árboles, la nostalgia invade el alma de los más sentimentales,otros ven apresurados que el año ya se fue y se preguntan por el tiempo que a estas alturas del calendario ya no es.

Hace frío, con las prisas por cubrirnos no miramos, ya no vemos la soledad y abandono en que se encuentran los niños que buscan llenar sus vacíos con miles de regalos.

Hace frío y falta para las fiestas de Navidad un rato, esas fiestas que los lucidos dicen carentes de sentido, aunque su amargura es más por envidia que porque sean avispados.

Hace frío, algunos piden ayuda y la maldicen sin descaro, otros sufren en silencio el desprecio de aquellos que les son más cercanos y entre fríos corazones se siente el frío de cuando ya no es verano.

“¡Qué frío hace!” es el grito que en las calles cada día comienza a repetirse sin descanso y del frío que anuncia que el invierno no ha llegado nos quejamos.

¡Qué frío hace! el olvido de Belem nos ha llegado y lo que era comunitario como la belleza de un Dios siendo niño se convierte en una estatuilla bailando.

¡Qué frío hace! Nos morimos de frío sin notarlo, y damos importancia a los comentarios que justifican nuestra crueldad ante el descobijado.

Mucho frío, es lo que hace en este otoño que sin ser invierno, el frío de nuestros tiempos nos ha anunciado.

Maigo