El mundo simulado

Se dice que entre la cenizas de lo que antaño fue un gran palacio, vive un loco que tiene fama de incendiario.

Algunos con justicia consideran que él quemó todo lo que en ese sitio había: las cortinas, los cuadros, los libros; y que dejó desnudo lo que al palacio hacía, las piedras y quizá algunos escombros que no cayeron ante los efectos del calor.

Otros simulan que ese loco no fue responsable de que todo se convirtiera en cenizas, por incendiario que fuera, él no puso la cortinas, la puertas de madera, los cuadros y los libros que ahí estaban.

La culpa no es de él aunque en su mano llevaba la antorcha que inició al incendio, el día en que todo se convirtió en cenizas, la culpa es de quienes antes que él dejaron material inflamable como compuestos de la casa.

-No hay que culpar al incendiario, él realmente no hizo nada, sólo llegó a mostrar lo que de inflamable había en la casa- eso dicen sus defensores, amantes de las piedras y por qué no también de las alabanzas que salen desde el palacio que hiede a humo y se jacta de todo lo que fue quemado señalando que su antorcha tan sólo está limpiando.

Los amantes de las simulaciones dicen que todo está muy bien y agradecen a las llamas que se hayan llevado lo que sólo es boato y adorno para dejar lo que vale la pena para los hombre de bien.

Vivimos en un mundo simulado, donde fingimos que todo está maravillosamente, donde agradecemos las cenizas, aunque en el fondo no nos guste que se haya vuelto presente la destrucción de todo aquello que se había tenido siempre.

Vivimos un mundo simulado, simulamos querer ser buenos cuando en realidad queremos ser muy malos.

<p class="has-text-align-right" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">MaigoMaigo

Maigo.

El pequeño cubrebocas

Usar cubrebocas es más que una distracción a la belleza o a la propia identidad. Usarlo armoniza nuestra actitud social con las demandas sanitarias; una muestra de civilidad, obediencia o miedo. Los rebeldes ensalzan su descontento con la autoridad mostrando su sonrisa al desnudo. “Nadie nos va a tapar la boca con nada” manifiestan orgullosos, como si estuvieran resistiéndose a una terrible tiranía. (En una tiranía no podrían sonreír sin permiso). Resulta signo de buen sentido el criticar al estado, no se me malentienda que debe obedecérsele ciegamente en todas sus disposiciones. Pero las evidencias recalcan con insistencia que se daña más a nuestros vecinos por nuestra resistencia al uso del cubrebocas que a los muy criticables servidores públicos. El más débil siempre es el más propenso a los daños. A veces la rebeldía manifiesta ignorancia y la obediencia resalta la inteligencia.

Yaddir

Uso de las palabras

Surgen las palabras en la pantalla desde el teclado para darle forma a lo que estoy pensando. Escribo y leo lo que voy escribiendo: qué palabra uso primero, cuál me tiene descontento, cuál o cuáles constantemente repito. Descubro lo que quiero decir y descubro la maravilla de las palabras para decirlo. Casi siempre las palabras son las que me permiten descubrir lo que estoy pensando; sigo las relaciones que las palabras me ayudan a trazar, vislumbro los entramados que cada tema tiene entre sí, cómo cada cosa se muestra y ayuda a mostrar a las demás. A tientas creo ver algo, veo cómo se va acercando o cómo me estoy acercando a ello, cómo lo veo con más claridad. Pero no todo es tan racional, no sólo pienso al escribir y el escribir y leer me ayudan a pensar, pues me emociono con una idea e intento perseguirla con esta o aquella palabra, con una u otra frase. A veces comprendo que estaba alegre cuando escribía sobre las preguntas y lo que queremos decir al preguntar o recuerdo que me enojé al escribir de política. Recientemente descubro que hablar de las redes sociales me ayuda a no estar tan a disgusto con ellas.

¿Qué sentirá el que insulta a los usuarios de Twitter por estar en contra de su postura política? No hablo de aquellos mercenarios que cobran por insultar, pienso en quien, quizás empujado por la ola de insultos, concibe como un deber cívico usar groserías contra quienes insultaron a sus ídolos. Supongo que sentirá alguna clase de orgullo, como el soldado que defiende a su patria. Tal vez se enoje porque su representante político es parte de él, él es parte de su representante político e insultar a éste, como resulta claro, es insultarlo a él mismo. En ese sentido se está defendiendo del directísimo ataque que le hacen a él. Pienso que no sería delirar demasiado si el insultador de Twitter (o de cualquier otra red donde se pueda comentar sobre posturas políticas) se imagina a sus adversarios ideológicos como seres a los que se les da lo que a él se le quito. Insultar, para el sujeto mencionado, es una exigencia, una retribución. Me rio de creerlo (aunque en alguna ocasión leí en una crónica periodística que algunas personas tocaban las ropas del más alto funcionario público en espera de un milagro), pero podrían existir personas que crean que el mentado ente político sea en realidad una especie de ser divino, alguien que tiene, quién sabe cómo, comunicación con Dios. Las palabras como reforzadoras del orgullo, usadas para la defensa o la exigencia, o que legitiman la defensa entre la Divinidad y los hombres. ¿Cómo saber quién de ellos tiene razón? Ellos asumen que la tienen, así que no es una pregunta para ellos. Estoy seguro que si se les cuestiona si sus palabras carecen de veracidad, los insultos caerían sobre el cuestionador. Tal vez ninguno la tenga si defienden por todo a su líder. Aunque tampoco podría tenerla en todo momento el que critica, pues criticar no es señal de entender completamente lo que se critica. Creo que simplemente hay que entender por qué hacen lo que hacen los políticos, por qué se les critica, por qué se les defiende y cuándo merecen ser defendidos y cuándo criticados. Pero si lo que predomina en redes son los insultos antes que las ideas y los argumentos, si los auténticos insultadores se vuelven infelices por insultar, esos espacios perjudican más de lo que pueden beneficiar.

Yaddir

La ridiculez del Bufón

Cuentan que los bufones suelen hacer reír a la gente, son capaces de mostrar a los reyes muchas de las locuras con las que se mueven sus congéneres. A veces, incluso, los monarcas reflexionan una vez que se ven ridiculizados, siempre y cuando tengan sentido del humor y sabiduría para no mostrarse tiranos.

En las cortes, el lugar del monarca es el trono y el del alerquín, bufón y saltimbanqui suele ser el salón o la plaza, los lugares y tareas están determinados y no es propio del rey ocasionar risas mediante ridiculos o bromas.

Sin embargo, hay ocasiones en que algún bufón llega a rey, juega con el cetro y se sienta en el trono, hace bromas frente a todos y a todos alegra con sus ocurrencias, pero al no dejar de ser bufón se ofende ante la ausencia de risas con sus chistes y comienza a actuar como si no escuchara y a ridiculizar a quien sí lo escucha atento.

Algunos ilusos creen que es divertido cuando los bufones llegan a reyes, creen que habrá ocurrencias cada mañana, mismas que se podrán corregir por las tardes, pero la realidad termina imponiendo su crueldad y las ocurrencias acaban en ridículo, no sólo del bufón que canta cada mañana y manda mensajes de aliento los domingos, también aquellos que se reían de sus bufonadas y más de los que tomaron en serio lo que sólo parecía una mala pasada del destino.

Lo propio del bufón es estar parloteando en la plaza y lo propio de un rey es callar y atender a las leyes para que el reino entero no se hunda como una inútil balsa en medio de las tempestades que pueden atacar.

Por desgracia, a veces el bufón se transforma en rey mediante la palabra, usa mentiras, quejas y todo lo que encuentra para incendiar la plaza, y siendo incendiario a todos condena a morir porque se pierde de vista la ridiculez en sus palabras.

Maigo

Algunas preguntas tuiteras

¿Dónde se podrían discutir los problemas que le importan a una ciudad, a todo un país, si no es en Twitter?, ¿una red con tantos usuarios podría concitar algún acuerdo que satisfaga a la mayoría?, ¿a quién le habla un usuario de latinoamérica con más de diez mil seguidores cuando comenta su postura, supongamos, sobre el racismo?, ¿qué pasa con todos los que se quedan afuera de la discusión porque no tienen una postura sobre ninguno de los temas en pugna, porque no es un problema para ellos?, ¿y qué pasa con las personas que no tienen acceso a internet, que no cuentan con una computadora o un smartphone y que a veces ni siquiera tienen acceso a la electricidad?, ¿así como hay usuarios que se asumen líderes de algún grupo, o de alguna opinión, los que tienen acceso a un dispositivo e internet para tuitear son la voz de los que no pueden alzar la voz?, ¿para qué opinar si la opinión no conduce a alguna reflexión, a algún acuerdo o a algún plan de acción?, ¿alguna de las llamadas minorías vive mejor desde la aparición de Twitter y la popularización de las tendencias?

Yaddir

Los teatros del tirano

A Nerón le gustaba mucho el teatro, aunque a los romanos de buena cuna les parecía una actividad inmoral e impropia para cualquier buen ciudadano, sin embargo a pesar de las buenas costumbres él se dedicó a construir varios espacios para que se presentaran obras que fueran divertimento del público.

Los amantes de la teatralidad amaban a Nerón y cuentan que algunos lo veían como un emperador cercano a las clases más bajas debido a que procuraba favorecer a los más pobres entre los romanos, en ocasiones se enfrentó contra los ciudadanos por favorecer a los libertos, y los que sobre él saben más señalan que las diferencias con su madre se debieron más a una exesclava que a cuestiones de poder.

Por otro lado, los que no eran amantes de los espectáculos y que solían ver lo que ocurría tras las bambalinas construidas por el emperador, veían en Nerón una enorme necesidad de ser amado por el pueblo y de recibir constantes aplausos de un público ávido de espectáculos que le impidieran ver su triste realidad.

Durante el tiempo que gobernó el emperador de la teatralidad, Roma se incendió y aunque se sabe que él procuró que se apagara el incendio mientras éste acababa con todo, los contemporáneos lo acusaron de frivolidad y de tocar la lira al ritmo marcado por las llamas.

Si el constructor de teatros tocó o no la lira al son de los maderos cayendo a causa del fuego y de los gritos de dolor de los ciudadanos quemados, es algo que no podemos saber.

Pero lo que sí queda claro es que a pesar de la popularidad que alcanzó Nerón como amante de las artes, su mala administración vació el tesoro del imperio más extenso del mundo, y sus políticas fiscales lo llevaron a ser declarado enemigo de Roma y a ser perseguido hasta la muerte que se ocasionó con asistencia de su secretario.

Ahora que ya han pasado siglos desde el paso de Nerón por el Teatro del mundo me pregunto cuántos como él no estarán dispuestos a subirse al escenario y mostrar sus dotes históricas y su capacidad para ocultar tras bambalinas la realidad que no ven los que como espectadores se parecen a los romanos.

Maigo

Aquestos datos

Entiendo que el pueblo, por muy sabio que sea, no tiene por qué enterarse de todo, mucho menos dar el visto bueno sobre cada asunto de materia pública.

Entiendo que nuestro presidente tenga que ocultar información para poder hacer su trabajo.

Lo que no entiendo es qué carajos significa que tenga otros datos.

Si tiene otros datos implica una de dos cosas:

• los datos que son públicos son falsos

• los datos públicos son verdaderos y los suyos son falsos

Si los datos a los que tenemos alcance son falsos, ¿por qué no mantenerlo así y dejar que las cosas funcionen como mejor le convenga?

Si los datos que tenemos son verdaderos, ¿por qué no hacer públicos sus datos falsos para traer más confusión y volver al punto anterior?

Seguramente mi razonamiento está chueco y me falten algunos puntos para sostener esto, pero yo no dejo de pensar, cada que oigo que él tiene otros datos, que alguien le está diciendo mentiras al presidente y él se las está creyendo.