Política de la selfie

Política de la selfie

 

En 1982 Fidel Velázquez mexicanizó una frase mencionada cinco años antes en España por Alfonso Guerra: el que se mueve no sale en la foto. En la versión original, la frase denotaba el orden interno del PSOE, cuestionado por los detractores de la transición democrática. En la versión mexicana, la frase tomó tintes esotéricos señalando el carácter iniciático necesario para captar las decisiones tomadas en la tenebra, aquel sitio donde unos cuantos prohombres de la Revolución Institucional tomaban las decisiones con las que salvarían a la patria. Contemporánea, la frase de Jesús Reyes Heroles penetraba en la dialéctica interna del sistema priista y exhibía la posibilidad hermenéutica del mismo: en política la forma es fondo. El priismo requería que las decisiones privadas tuvieran una imagen pública que refrendara la posición de los poderosos, escudara del incumplimiento de la ley y señalara, para unos cuantos, lo decidido en la tenebra: simulación y disimulo como pericia política (cfr. Francis Bacon, Of Simulation and Dissimulation, 3). De ahí la necesidad del fotógrafo oficial en los eventos de los grandes hombres. De ahí los reporteros certificados para cubrir la fuente. De ahí la necesidad de la prensa oficial, las ocho columnas elogiosas y el pie de foto sibilino. Los eventos “públicos” de los políticos devinieron publicidad de la carrera privada de los hombres del partido. La política vino a ser el arte de aparecer en la foto.

         Con la llegada de la prensa libre y la democracia, el uso político de la fotografía se modificó: las fotos comprometedoras acompañaban al titular escandaloso. Un hermano incómodo, la grabación en la que un político fijaba con ligas los fajos de billetes o la diputada que pedía una bolsita para guardar un soborno rompían el pacto de silencio: el arreglo privado se volvía público, la presumida bonhomía de la familia revolucionaria se desdibujaba ante el ejercicio desvergonzado de los negocios privados en los puestos públicos. En política se desfondaron las formas. Los políticos aspiraron a no moverse para no ser captados en la foto. Judicialización de la tenebra; la legalidad como práctica de la complicidad. La impunidad reforzó la impudicia. Y de la prole impune nació la sobrerreacción moral que ahora ha llegado al poder.

         Podría pensarse que las fotos de unidad y conciliación de los días siguientes a la elección del pasado primero de julio son una restauración de la política de la fotografía. La foto del presidente electo con los empresarios, la foto de los gobernadores con el presidente electo, los mensajes de compromiso, sumisión y complicidad a nombre de la patria parecerían formas adecuadas al fondo del asunto, poses estudiadas para no quedar fuera de foco, anhelo de asistir al retrato de la inauguración de los nuevos tiempos. Sin embargo, la restauración todavía no es posible: quedan resquicios democráticos y todavía hay ejemplos de prensa libre. De hecho, no considero que la restauración se esté buscando. Creo que la política fotográfica que ha comenzado a gestarse adopta las características del actual imperio de la selfie.

         La proliferación de los medios fotográficos, así como la abundancia de medios para compartir instantáneamente las fotografías, ha modificado la relación del hombre con las fotos. Vivimos los tiempos en que cualquiera puede fijar la mirada sobre cualquier cosa, fijar las cosas desde cualquier mirada, los tiempos en que todo se desliza por las pantallas aspirando a eternizar los instantes, en que la vida se cuenta como la sucesión de lo efímero. Fotos por todos lados, fotógrafos por todas partes. Cualquiera es testigo de nada; nadie atestigua todo. En medio de ello, el hombre quiere hacer válida su presencia en una foto mal encuadrada que se toma por sus propios medios, a sí mismo, para sí: efimeriza sus momentos olvidables para sellar su propio olvido. Que cada quien cuente su historia. Que nadie sepa nada. Que todos sean don nadie.

         Don nadie se toma la selfie con el presidente electo. El presidente electo placea para darse baños de pueblo y gustoso se deja fotografiar por los nadies. Que cada quien tenga su propia historia con el nuevo gobernante para que todos se sientan parte del gobierno. Que los empresarios quieren sentirse parte de la mayoría unánime: selfie del evento. Que los gobernadores quieren anunciar su compromiso con la nueva administración: selfie del evento. Que cualquiera quiere ser parte del cambio: selfie con el presidente electo. Nada más “democrático” que la igualdad de la selfie. Forma “democrática” para ocultar el fondo autocrático. Donde todo lo público es publicitario, la tenebra es el consenso que valida la publicidad. Patriotismo del celular. Selfie como símbolo nacional. Nada más vano. Y la prensa, tan confundida sobre sí misma que se autointerpreta como el timeline de la nación, no se da cuenta de nada. Y la intelectualidad, tan asidua al autoelogio que lo confunde con la selfie, no se da cuenta de nada. Y la oposición, si queda, imitará las formas, aspirará a replicar los fondos. Que todos salgan en la foto para testimoniar lo efímero. Estamos ante la política de la selfie, el empoderamiento de don nadie, el paso anterior a la timagogia laocrática.

Námaste Heptákis

 

La letra yerta. Laocracia, lo sé, se utiliza desde hace un siglo en la plataforma del Kommunistikó Kómma Elládas (que en noviembre cumplirá 100 años). Sé también que desde abril de este año el término ha sido utilizado por una organización populista de España. Sin embargo, yo no lo pienso ni como los comunistas, ni como los populistas. Difiero de los primeros porque no creo en la lucha de clases como explicación suficiente del fenómeno político, ni en que la solución al problema político sea primeramente económica (¡la ciudad de los cerdos!); además considero dicha explicación como esencialmente antidemocrática. Difiero de los segundos porque les falló su diccionario de griego (si es que lo consultaron, aunque creo que usaron el traductor automático): laos no es el pueblo en oposición a la organización burocrática del demos, sino que nombra a la tropa en general, a la muchedumbre, con indiferencia a la libertad o la esclavitud. Una laocracia en los términos del populismo español puede ser el régimen pretendidamente libertario que mantiene esclavos a los esclavos… ¡chin! Yo sí sé lo que las palabras de Tersites le hacen al pueblo.

Coletilla. Cuarta transformación. Nuevos tiempos. Cambio y esperanza. Y Elba Esther estará ahí acompañando a López Obrador.

Meditación sobre la brevedad

Meditación sobre la brevedad

 

– El lacónico confunde la brevedad con la bravura.

 

– La brevedad siempre es imprecisa.

 

– El mejor lector abreva en la brevedad.

 

– La claridad es breve si es profunda.

 

– El desidioso cree breve a la parquedad.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El próximo lunes se cumplen 33 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Los funcionarios se comprometieron a ofrecer avances de la investigación en agosto. El vocero de los padres de los normalistas desaparecidos afirmó que desearía que México fuera como Venezuela, esto tras el «apoyo» que la canciller venezolana expresó a los padres. La afirmación del vocero da pie, nuevamente, a la guerrilla ideológica.  2. Importantísima la nota de Diana Baptista en Reforma del pasado domingo, pues muestra que tras el esfuerzo de hacer públicos los documentos de la «guerra sucia», ahora se ha censurado información importante bajo el pretexto de la ley de archivos. Probablemente ya se han perdido datos importantísimos para la reconstrucción de nuestra historia reciente. 3. «Don Andrés Manuel está convencido de que respirar su prédica limpiará el aire de México, que acompasar el ritmo de nuestros pulmones a la cadencia de su discurso depurará el espíritu de la República. La corrupción no terminará en un clic. Terminará con un Ooom». Dice el lúcido Jesús Silva-Herzog Márquez. 4. José Luis Martínez nos recomienda la lectura de Los suspirantes 2018, especialmente por el perfil de Eruviel Ávila -quien hoy se casa con la sobrina del presidente de Coparmex- elaborado por Humberto Padgett; perfil que disgustó al góber y por el que el periodista ya fue demandado. 5. Y en El País se reseña una investigación de Christian Ingrao en Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS [Acantilado, 2017], donde se documenta que los integrantes del movimiento nazi no eran necesariamente rudimentarios, sino todo lo contrario. Como dijo mi maestro: lo doctor no quita lo pendejo… y a veces hasta lo estimula.

Coletilla. La amistad que pervive al paso del tiempo y las ocurrencias de la vejez se expresan notablemente en tres bellas historias que Cristina Pacheco nos regaló el pasado domingo.

De lo íntimo, lo privado y lo público

De lo íntimo, lo privado y lo público

 

Siete astillas para uso de los astutos.

 

Continencia. Para no serlo de conciencia, fue reo de concupiscencia.

Fidelidad. Cuando cobró consciencia ya tenía toda la vida por detrás.

Templanza. Una estatua que aprendió a mentir.

Justicia social. La esperanza en la revolución lo llevó de demócrata a democríteo.

Humildad. Nos conmovió su perdón fríamente calculado.

Autoconciencia. Se conoció tan profundamente que nunca más quiso ver de nuevo en sí mismo.

Pudor. Tenía la cara roja de desvergüenza.

 

Námaste Heptákis

 

Para no olvidar. Se han cumplido 22 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Ayer, funcionarios federales y miembros de la CIDH acordaron los detalles del mecanismo de seguimiento a la investigación del caso. Más allá del boletín informativo de la SRE, todavía no se conocen los detalles del mecanismo. Ojalá que el período vacacional no distraiga nuestras atenciones de un acuerdo tan importante.

Escenas del terruño. 1. La periodista Anabel Hernández entrevistó a Caro Quintero. 2. Héctor de Mauleón ofrece un panorama del crecimiento del Cártel de Jalisco Nueva Generación, «el cártel del sexenio«. 3. La presencia del futbol en los medios tiene implicaciones políticas. Que un equipo haga de las transmisiones de sus partidos un «pago por evento» tiene consecuencias políticas. Javier Tejado Dondé ha reflexionado sobre el asunto en el espejo de las izquierdas sudamericanas. Artículo interesante que, obviamente, hay que leer cum grano salis. 4. En contra del consenso popular, Raymundo Riva Palacio nos sugiere pensar el problema del triunfo de Hillary Clinton en las elecciones próximas.

Coletilla. El número de agosto de la revista Letras Libres, que comenzará a circular el próximo lunes, tiene por tema principal el humor mexicano. El tema se desarrolla bajo tres perspectivas. Trino Camacho y Paco Calderón dialogan sobre la caricatura política. Enrique Serna y Ana García Bergua dialogan en torno al humor en la literatura mexicana. Mientras que Enrique Hernández Alcázar y Víctor Trujillo dialogan del humor político. Comparto una frase de cada uno de los dialogantes para que se te antoje, lector, el número de agosto y leas la revista.

“Los políticos son muy cínicos, lo que ellos quieren es salir en la caricatura, les encanta”. Trino

“Lo políticamente correcto es un atentado a la democracia”. Calderón

“La falta de diálogo claro en la política, las segundas intenciones, tienen influencia en una manera de hacer humor. La renuencia al chiste dicho y la preferencia del chiste sobreentendido ha sido parte fundamental de nuestra tradición humorística, esto es lo que ha formado la cultura del humor en México”. Ana García Bergua

“La indignación política no suele producir humor, produce una sátira severa al estilo de Juvenal, que censura con gravedad a los poderosos”. Enrique Serna

“La clave del humor político es que debe estar sustentado en el periodismo”. Enrique Hernández Alcázar

“El humor es una especie de tanatología”. Víctor Trujillo