Presencia

Presencia

Cuando el amor se ve desde el crisol del fuego, el problema no es que nos consuma, sino que se convierte apenas en escarcha de cenizas. Acaso la belleza, faro del amor, nos haga sabios cuando no requerimos animar las brasas con el tacto. Acaso el mejor beso se goza con los ojos abiertos, quitando el hollín de que se empapan esos vidrios cuya materia prima es un grano leve, excitable. Esperar no es manotear sobre la lumbre. La comunión verdadera no nos deshace: el castillo de arena que debe rendirse se llama vanidad. El amor es el soplo de la verdad, cuya irradiación enciende la vida en deseo, mientras la amistad reúne las manos deshaciendo el abismo. El pudor no contiene: es un ánimo solar. Sólo se disuelve en la vergüenza cuando se es desvergonzado. El pudor, así, no cubre el cuerpo, sino que entrega en desnudez fiel el alma.

 

 

Nota: te pido paciencia, buen lector, pues el juego que Námaste Heptákis y Javel han abordado seguirá la próxima semana en un intento más de mi parte.

 

Tacitus

Amistad y pudor

Amistad y pudor

 

El diálogo platónico sobre la amistad, Lisis, es rico en rubores. Pudor y amistad, podríamos pensar, tienen una relación profunda e indispensable. Al tiempo que, mientras lo consideramos, nos sorprendemos de lo inusitado de la relación: en nuestros tiempos es poco afortunado quien busca lo que sobre el asunto se ha pensado. Parece que para Platón era claro que pudor y amistad tienen una relación profunda; para nuestros días, parece que si acaso hay relación no hay razones para que sea profunda. La diferencia, obviamente, da qué pensar.

En total hay tres rubores en el diálogo: dos corresponden a Hipotales y uno a Lisis. Evidentemente, no podrían ruborizarse los impetuosos Ctésipo y Menéxeno, pues no es apropiado ruborizarse para el compañero de Hércules (recuérdese que así se asume Ctésipo en el otro diálogo platónico en que aparece; considérese que los nombres de los hijos del Hércules mítico y el Hércules platónico coinciden). De los tres pudores, el primero se presenta al exterior de la escuela; los otros dos, al interior. Dentro de la escuela, los dos pudores delimitan la parte privada del diálogo y señalan la ausencia de Menéxeno. Los pudores del Lisis se presentan en la investigación de la amistad como deseo; mientras que la investigación de la causa de la amistad no presenta pudores. La investigación de la causa de la amistad está rodeada de la investigación pudorosa de los deseos. Podríamos pensar que, para Platón, no sabremos realmente qué es la amistad si no preguntamos qué es el deseo.

El primer pudor del Lisis aparece cuando Hipotales ve descubierto su deseo por Lisis. El segundo, cuando Hipotales reconoce su deseo por Lisis. El tercero aparece en Lisis cuando su deseo de saber se ve descubierto. Los tres pudores aparecen en el descubrimiento del deseo. Los tres pudores descubren los tres tipos de deseo: epithymía, philía y eros. Los tres deseos son descubiertos por la presencia de Sócrates, por la sabiduría erótica de Sócrates. El conocimiento de uno mismo, obviamente, no puede dejar de lado la pregunta por el deseo.

El último de los pudores del Lisis cierra el pasaje en que se muestra la razón por la cual la amistad no es una acción; lo que tiene una consecuencia importante para pensar la necesidad del cuidado de la amistad –como lo suele pensar la mayoría- y la posibilidad de la amistad virtuosa –como la suelen pensar los lectores de Aristóteles-. El lugar del último pudor en el diálogo indica al fundamento mismo de la amistad y del pudor. Tras el último pudor, el deseo sólo vuelve a aparecer en el diálogo hacia el final, en la consideración de lo oikeion, el fundamento de la comunidad en que se dan la amistad y el pudor. Amistad y pudor se relacionan porque la vida humana experimenta lo oikeion. Y lo difícil es reconocer esa experiencia. Amistad y pudor sólo vuelven a presentarse juntas en función de lo oikeion cuando San Pablo muestra el fundamento de la comunidad de fe (Gálatas 6:10). La amistad está en problemas cuando ni San Pablo ni Platón nos iluminan, cuando lo oikeion no puede reconocerse y cuando no vemos posibilidad de que pudor y amistad vayan juntos. ¿O no es por eso que confundimos la amistad con la complicidad?

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Una cosa es la paz con justicia y dignidad, otra es la pax oeconomica de los administradores de la desgracia. Según leemos en la conversación de Martha Anaya con J. Jesús Lemus, el país está a un paso de conseguir la segunda -y con ello un paso más lejano de la primera-. ¿Cómo nacerá la pax? Mediante un narcopacto bajo la convocatoria de Rafael Caro Quintero en contra de Joaquín El Chapo Guzmán. 2. Si es cierto lo que publicó el pasado lunes Jorge Fernández Menéndez, a la indignación de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa hay que añadir el asco del canibalismo en el basurero de Cocula. 3. Ha pasado desapercibida, pero es información importante: en comisiones de la Cámara de Diputados se ha aprobado una iniciativa de Sylvana Beltrones para limitar la reproducción asistida a parejas casadas. 4. Nuevamente tomaron las calles y alzaron la voz. Nuevamente sus alegatos son endebles. José Antonio Crespo comenta un caso. Mientras que el panista Germán Martínez Cázares hace una reflexión cuidadosa sobre «la defensa de la familia» que bien deberían considerar sus compañeros de partido.

Coletilla. Hace dos semanas señalé que el Frente Nacional por la Familia está integrado por panistas, yunquistas y miembros de lo que será el Partido Solidaridad. Ya está confirmado públicamente: el Frente Nacional por la Familia buscará ser partido político nacional. Dejará de lado el nombre de Partido Solidaridad -como se le conoce en círculos de extrema derecha- y aprovechará el impulso de su forma actual. Sus caras públicas: Mario Romo, de Red Familia, expresidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Solidaridad y relacionado con el gobierno panista de Martín Orozco en Aguascalientes (elección en la que ministros de culto católico pidieron votar por el PAN); Juan Dabdoub, del Consejo Mexicano de la Familia y quien, para ACI Prensa, declaró en junio pasado que buscan derrotar en las elecciones de 2018 a quienes apoyen a la comunidad LGBTTTI; Vicente Segú, de Fundación Incluyendo México, aliado de la gobernadora priista de Sonora Claudia Pavlovich y promotor en 2006 de la pena de muerte para violadores. El financiamiento va por cuenta de Patrick Slim, hijo del famoso empresario.

Cubrirse

Cubrirse

¿Será de verdad el pudor un modo correcto de conducirnos al desentrañar el pecado original? Las ventajas pedagógicas de ese método pueden ser en verdad útiles para los hombres modernos, que creen que el pudor se asocia inmediatamente con la vergüenza que cubre los genitales y los miembros casi enteros. La salida del paraíso puede ser así retraída a las versiones antropológicas de la historia humana (todas hijas del contrato y el Estado moderno) No obstante, hay una imposibilidad que, en dicha senda educativa, obstruye inevitablemente el paso firme. Tanto para el estado de naturaleza de los románticos como para los maquiavélicos realistas, el pudor es necesariamente convencional, porque es fruto psicológico de los choques entre las doctrinas morales; de ahí que Nietzsche pueda radicalizar esa visión con su idea del nihilismo y la voluntad de poder.

Para el hombre moderno no hay posibilidad del pecado original. Porque para saber gobernar como príncipes no necesito saber si la desobediencia a Dios o la seducción del pecado son en verdad males, sólo necesito saber aprovecharme de esa seducción. Acaso la importancia que la fuerza tiene para el pensamiento político moderno pueda asociarse muy bien con esa oscuridad en torno al pudor y al pecado original. Cuando la fuerza es la columna del pensamiento político, el pudor degenera hacia la administración publicitaria del líder. Ningún político moderno puede mostrarse vulnerable, pero sí inútil y funesto.

Los modernos no carecen de vergüenza. Ni siquiera los admiradores del deseo y el cuerpo. No distinguen bien el pudor. No carecen de vergüenza porque tienen un orgullo, por más ridículo que les parezca a los críticos posmodernos. Adán y Eva se taparon tras la caída, y así conocemos al hombre desde entonces. El vestido parece la marca que separa al paraíso del mundo lleno de trabajos, partos y sudores. ¿Qué pasa si esa deja de ser una versión sexual de la vergüenza? O, mejor dicho, si tomamos en justa medida la dimensión sexual de la revelación en torno a la caída.

Ha de ser así si no queremos hacer del deseo una cuestión trivialmente vergonzosa. Ha de serlo si el conocimiento moral es algo distinto a la naturalidad de la necesidad de cubrirse. Y es que el pudor, más que temor a la exposición, puede ser una manifestación de la corrección del deseo y el pensamiento. La moda sí puede ser convención, pero ella no existiría sin la educabilidad del deseo. La educabilidad no es la posibilidad de ser condicionados. El temor ante los gays sería rescate del pudor si aceptamos que el pudor repele la vulgaridad sexual. La virtud no se escandaliza ante el desnudo. Para las versiones modernas del pudor siempre existirá la tensión que los psicoanalistas ponen entre la sexualidad y la represión, en tanto expliquen el erotismo de manera trivialmente conservadora para el pudor. Es decir, en tanto apelen a la ética como esperanza técnica. Tanto el romanticismo como el realismo lo hacen.

Tacitus

 

Endulzar el gargajo

Y tú no te perfumes con palabras para consolarme — Joaquín Sabina

Pido disculpas de ante mano, queridos lectores, por el montonal de malas palabras que se encontrarán a continuación, que aunque se encuentran justificadas por el tema, no deja de causarme escozor escribirlas desnuditas de todo adorno. La disertación presente comenzó hace varios años, unos diez o doce, y fue provocada por una amiga mía a la que yo le tenía especial aprecio y le reconocía su vasta cultura y educación (o al menos su buena disposición para con las cosas intelectuales porque iba todos los sábados al tianguis del Chopo conmigo). Sucedió aquella vez que estando yo en Facebook jugando alguna mamada como Farmville, mi amiga escribió una entrada que decía algo así:

“Qué desagradables son las personas que sin mayor problema les da por escupir en la calle, luego uno pasa y el gargajo lo mira desde el suelo con una carita de inocencia agitando la mano como diciendo: ¡hola!”

No pretendo condenar a los practicantes de tan ancestral tradición china en la ciudad de México, en lo personal no suelo escupir en público, pero no lo tengo por mal visto, siempre y cuando sea en la calle y no dentro de una casa como hacían ciertos gitanos que conocí una vez en un salón de póquer. La entrada de mi amiga llamó mucho mi atención, no por su encomiable pudor y consciencia cívica, sino por su modo de contar la anécdota: describía (como todos podemos ver) una situación grotesca, pero le añadía un toque caricaturesco y hasta cierto punto gracioso. ¿Por qué chingados? Preguntarme eso fue mi primera reacción cuando lo leí. ¿Qué no estaba tratando de que nosotros compartiéramos ese repudio por los bárbaros que escupen en la calle? ¿Qué no era evidente que caricaturizar el acto ayudaba a simpatizar con éste y por lo tanto justificarlo un poco? Al menos a mí me parece que sí. No podía comprender cómo alguien a quien le gustaba la música punk (y que años después teñiría su cabeza de rosa y la raparía porque la anarquía es lo más chingón del mundo) y era bien intelectual, tuviera esta contradicción en una entrada de Facebook llena de protesta contra la sociedad y su mala educación. En fin, con el paso del tiempo comencé a darme cuenta de que no era un caso aislado, incluso bauticé a esta tendencia con la expresión “endulzar el gargajo”.

No hay mucho que buscar en el subconsciente, ni hay que hacer grandes estudios del lenguaje y la moralidad, lo que hizo mi amiga no tiene otro nombre que pudor. Es una práctica común que todo el mundo realiza, es tan común que no nos damos cuenta de que la realizamos con frecuencia, pero está allí. Gracias a él, el mejicano (que si algo lo caracteriza no es lo ingenioso, sino lo mocho) tiene una gama extraordinaria de palabras sin sentido. Llama “pompis” a las nalgas, “popó” a la mierda, “doctor” al médico, “choninos” a los calzones, “gallo” al gargajo, “pollito” al pene y “ciencia” a la psicología; dice “Güero” en vez de decir güey (no importa lo que digan esos imbéciles fresas de la red cola en sus anuncios, no le decimos güero al que no está güero por el puro antojo), dice no “manches” en vez de no mames, está “cañón” en vez de está “cabrón”, si usted, querido lector es mejicano, tendrá un repertorio de vestiditos para las palabras tan amplio como el mío (si no es que más). Todas ellas solo muestran pudor y vergüenza a la hora de hablar, a la hora de usar palabras que dan mala imagen al hablante o que tenemos por mal vistas. Normalmente las ocultamos y mostramos una más agradable (para no incomodar), a los mejicanos nos gusta endulzar el gargajo porque somos agachones. Cuando me di cuenta de esto me volví malhablado y comencé a decirle pan al pan y vino al vino (lo más que puedo); sin embargo, yo aprendí a disfrazar mis palabras, mis groserías desde niño por temor a mis padres. Tiempo después me di cuenta que ellos mismos me enseñaron usando términos como popó y pipí cada rato que a uno le daba la gana.

¿Por qué vengo hoy a hablarles de mierda y de gargajos, de prostitutas y de lefa? Bueno, resulta que estando esta mañana en el trabajo, me encontré con un artículo desos que me gusta leer, desos que les gusta divulgar los estudios que hacen en las universidades del chiste y que demuestran todo lo que la imaginación no puede. En él, se trataba un tema interesante: la moral está íntimamente ligada al lenguaje. ¡Ah, no mames verga, güey! Dije y comencé a leer. Encontré cosas interesantes: comienza con un cuento muy corto (como los de tuiter) en el que se narra que un güey le da por comerse a su perro después de que lo atropellan. Según los estudios de doctores (doctores de verdad) de cierta universidad europea cuyo nombre no recuerdo, se le había presentado ese cuento a un montón de gente que hablaba alemán, a un montón de gente que hablaba francés y a una minoría que hablaba italiano. Luego al mismo grupo de gente se le presentaba otro caso donde se exhibía una pareja de hermanos incestuosos (no lo platicaré porque lo encuentro singularmente repulsivo y bárbaro en cualquier idioma) y para finalizar se les presentó el famosito dilema de si hay que aventar a un hombre a la muerte desde un tren andando para salvar a otros cinco pasajeros que viajan en el mismo. Según los estudios que señala el artículo al que me refiero, los individuos del experimento tuvieron una mayor aceptación de los problemas antes señalados cuando se les presentaba en otro idioma (sí, si esto les parece pendejo, esperen a leer lo que viene) según la explicación presentada en el artículo (y que por supuesto debe ser muchísimo más compleja en la tesis de aquellos doctores europeos) es que el idioma natal de las personas tiene un vínculo más fuerte con los sentimientos del individuo porque el subconsciente lo filtra (no me pregunten cómo, yo no creo en el subconsciente) mágicamente como hace con todo lo que percibimos y pensamos, para hacer sentir a la persona que está haciendo algo malo. Sin embargo, cuando se presentaban en una segunda y tercera lengua, ésta no dejaba actuar al subconsciente, por lo tanto lo único que actuaba allí era la razón y la lógica (que se sugiere en el texto sea la que rija nuestras vidas), es por esto que los conejillos de indias humanos, aceptaban el incesto como un acto de “libertad entre dos seres humanos, adultos y responsables”, y por lo que un 33% de chinos elegían tirar al pasajero del tren cuando se les presentaba el problema en inglés, contrastando con un veintialgo por ciento que lo había elegido al enfrentarse con el mismo problema en su idioma natal. Se sugiere, para finalizar, que la moral está en el lenguaje (de un modo impío) y que hay cierto modo de lograr una educación sentimental (y por lo tanto un modo de crear hombres moralmente superiores, y si no, con juicios morales más acertados) teniendo humanos políglotas.

What the fuck!? Es una expresión que se usa cada vez más en nuestros días, y la verdad es que me cuesta trabajo distinguir si es por moda o por pudor. Lo que sí sé es que en cuanto aprendí algunas malas palabras en inglés, no paraba de decirlas, rodeando así, la incansable vigilancia de mis padres. Por supuesto mis padres sabían que estaba diciendo una mala palabra (en inglés), pero les gustaba tanto que yo hablara otro idioma que no me reprendían. Como les comentaba unos párrafos más arriba, creo que tenemos la tendencia de ocultar con las palabras (y creo que esto es universal, sin importar si eres mejicano o belga  — esto se demuestra a la hora de terminar una relación amorosa, aquí y en china, quien termina la relación trata de hacer el acto lo más suave posible para la otra persona, le enumera sus virtudes y lo elogia un poco antes de mandarlo a chingar a su madre. Este es otro modo de endulzar el gargajo —), y por supuesto ocultamos las cosas que nos avergüenzan y eso sucederá mientras quede en nosotros una gota de pudor. La manera más sencilla de ocultar es cambiar el código con el que se muestra, es decir, el lenguaje, pero éste no necesariamente (como ya mostré anteriormente) debe ser un lenguaje extranjero, al contrario, las palabras ocultas dentro de la lengua madre son más asombrantes. Ahora bien, creer que uno va a comer caca porque se lo piden en inglés (o francés, o italiano, o Esperanto — si el esperanto hubiera logrado su meta y la moral estuviera efectivamente en el lenguaje, ¿no sería éste triunfo el holocausto de la libertad humana? —), me parece terriblemente absurdo. Si es cierto que a la hora de cambiar el idioma nos hacemos más abiertos a juzgar mejor problemas morales, no me parece que se siga que nos hagamos más propensos a llevar a cabo la acción que vemos como prohibida. Vaya, lo que quiero decir es que el problema que le veo a la propuesta de que la moral reside en el lenguaje, es que los chinos que aceptarían matar al hombre al leer en inglés el dilema del tranvía, no dejan de esconderse ante algo que les parece vergonzoso: el asesinato de un hombre (es como creer que asesinar con una máscara es un mejor modo de asesinar). Vaya, que endulces el gargajo usando otro idioma y no con una imagen caricaturesca como mi amiga, no quita el hecho de que aquella persona diciendo “fuck” en vez de “me carga la chingada”, siga encontrando vergonzosa la mala palabra (y por eso la oculta). Creer que no es así, es similar a creer que los travestis que salen en la noche a prostituirse en Puente de Alvarado, son, mientras están disfrazadas, mujeres de verdad.

Rubor bermellón

«I am shame that walks with Love, I am most wise to turn 

Cold lips and limbs to fire; therefore discern 

And see my loveliness, and praise my name.»

L. A.D.

A sus once años, Josué seguía indeciso. Por años la había traído, estaba más vieja y usada que sus tenis favoritos c

olor vino. Era como la esclava que desde su bautizo le habían dado, la traía desde hace quién sabe cuánto. ¿Dejársela o quitársela? No sabía qué hacer. Te la ha regalado Dios, le decía su madre. Pero él, que ya era un niño grande, sospechaba que así como los de los Reyes Magos, éste era regalo de algún humano y no de un ser mágico. Seguro nomás le decía eso para que la cuidara bien. Pero su madre le explicaba casi a diario que todos la teníamos. Le decía que mirara bien. «Fíjate en tu hermana, ella sí la cuida bien. La trae con ella para todos lados: en la escuela, en la calle, en los días grises y en los soleados.»… Su padre, por su parte, decía todo lo contrario. «¡ Quítatela de una buena vez! No sirve, ni ayuda en nada. Pesa y lastima. Es como una piedra en el zapato. Fíjate en tu hermano , es temerario, por eso es tan exitoso y tan sabio. Por eso tantos los siguen, por eso tantas novias y amigos.» El pobre Josué, ahora menos sabía qué hacer. Intentaba mirar bien. Miraba a su hermana: callada, reservada. De pocas palabras y amigos, pero siempre amable con él. Siempre haciendo caso a sus padres. Blanca como la nieve, se ruborizaba cada vez que la atención se quedaba revisándola de cerca. Miraba ahora a su hermano, con todo ese carácter y esa actitud. Tantos amigos, tantas novias. Sin temor a preguntar y cuestionar. Hacía lo que quería cuando quería, cantaba o saltaba si así lo deseaba. No se quedaba con ganas de nada. ¡Sí! Quería ser como él. Sí. Bueno, no. ¿Cómo no hacerle caso a su madre? Ella era la más buena; siempre estaba con él. Decidió entonces ir con Don Valeriano, su más viejo amigo. Él, como siempre, sabría qué hacer.  El viejo Don Vale le habló con la verdad. Le dijo que no sabía por qué, pero que todos la traíamos. Aunque como algunos la escondían, se les olvidaba que ahí la traían. Le decía que su padre tenía razón: que sin ella, estos días, uno tenía más novias y amigos. Pero luego añadió que ella nos recordaba que no estábamos solos, que nos ayudaba a portarnos bien. «Es el pesar carmesí. El pudor, la vergüenza o la pena, es la mancha escarlata que se pinta en el rostro,  pero brota de esa cosa rara que le dicen alma.» Después de esto, no dijo más. Pero Josué, finalmente, supo qué hacer.

PARA APUNTARLE BIEN: Where Shall We Bury Our Shame? – Thomas Moore

Where shall we bury our shame?
Where, in what desolate place,
Hide the last wreck of a name
Broken and stain’d by disgrace?
Death may dissever the chain,
Oppression will cease when we ‘re gone;
But the dishonour, the stain,
Die as we may, will live on.

Was it for this we sent out
Liberty’s cry from our shore?
Was it for this that her shout
Thrill’d to the world’s very core?
Thus to live cowards and slaves! –
Oh, ye free-hearts that lie dead,
Do you not, ev’n in your graves,
Shudder, as o’er you we tread?

MISERERES: Se aprobó la Reforma Laboral, ahora viene la energética. Por otro lado, Oscar Naranjo, asesor de seguridad de EPN (antes Director de la Policía Nacional de Colombia), dijo que el nuevo Ejecutivo buscará la disminución de la violencia. Pero su historia y la del nuevo Ejecutivo, en Colombia y en el Estado de México, hacen sospechar lo contrario.  Y el mundo; al borde de la recesión. En Europa protestan contra las medidas de austeridad para mejorar la economía. Ya no sólo es España y Grecia, Polonia, Portugal, Alemania y Francia se  unieron. Están contra el Tratado Europeo de Austeridad. Y como el fenómeno económico es mundial, México no se salva. Acá pueden ver cómo se han “inflado” los alimentos en México y América Latina ( cosa que es señal o síntoma de la recesión): http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/09/aumentos-en-el-precio-de-los-alimentos.html, http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/09/precios-de-los-alimentos-en-al.html.