Braúl de los recuerdos

Y si me hundo en mi nostalgia, ¿quién habrá de sacarme ahora?

¿Y si me pierdo en el olvido, quién me hará recuperar el camino?

Porque dos mil cinco era el año y septiembre corría, un jueves llegaba y veintinueve era el día…

Hiro postal

Recuerdos

“Son aquellas pequeñas cosas

que nos dejó un tiempo de rosas

en un rincón, en un papel o en un cajón.”

Joan Manuel Serrat

El año llega a su fin y con él llega también el tiempo de volver a vivir. Los recuerdos se amontonan en tu mente mientras luchan por salir en tropel y entonces saboreas cada momento, cada instante como si hubiese ocurrido ayer. Y ahí estás: celebrando tu cumpleaños apostando en un casino donde tu regalo fue ganar doscientos pesos y una tímida sonrisa nace de tus labios. Ahora te recuerdas haciendo nuevas –pero sin duda valiosas– amistades con compañeros a los que has visto diario por los últimos tres años y con los que apenas si hablabas, pero que sólo bastó un momento para que todo cambiara y, para cuando te diste cuenta, se habían convertido ya en tus amigos del alma, lo que ensancha tu sonrisa. Enseguida revives aquel instante en el que un chico te dedicó el piropo más creativo que te habían dicho jamás y la sonrisa brilla con todo su esplendor.

Pero no todo fue verbena y alegría… También hubo esa época de noches llenas de tristeza cuando lloraste hasta secarte –y sacarte– el amor perdido, ése en el que habías puesto todas tus esperanzas, tus sueños e ilusiones y que fue muy bonito mientras duró, pero que desde el principio tenía fecha de caducidad aunque tú no lo quisieras aceptar y te da un vuelco el corazón. Igual de triste y dolorosa fue la jornada en la que se extravió tu perro, aquel apestoso obeso al que adoras con toda tu alma, pero que finalmente regresó sano y salvo a casa y fue así que comprendiste cabalmente lo que significa aquello de “el que busca, encuentra”, y al rememorar la lección sientes tus ojos llenarse de lágrimas. Asimismo, te dolió saber cuán cierto es que uno nunca aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido cuando tu hermano extendió sus alas y se marchó de casa para volar detrás de sus sueños y enseguida enjugas aquella gota salada que resbala por tu mejilla.

¿Y cómo olvidar aquellos momentos que te robaron el aliento y te enchinaron la piel? Como cuando asististe al concierto de aquel par de pajarracos locos y maravillosos que con sus canciones te hicieron reír, llorar y bailar, casi todo al mismo tiempo, o cuando tus asesorados, a los cuales has llegado a considerar como tus hijos, no tuvieron más que bellas palabras de agradecimiento para ti por todo lo que habías hecho por ellos. Y, claro está, no puedes dejar de mencionar aquel momento mágico, ése en el que sientes que el mundo desaparece y el tiempo deja de avanzar porque te encuentras justo en el lugar preciso y con la persona perfecta, y de esta manera te das cuenta de que estás listo para jugarte el corazón otra vez…

Y entre más revives todos esos instantes, una verdad –por muy masticada que esté– sale a la luz: es de momentos de lo que realmente está hecha la vida. Momentos felices y lúgubres, momentos de éxito y fracaso, momentos de desesperación y esperanza, momentos de debilidad y fortaleza, momentos que quisiéramos enterrar en el olvido y momentos que siempre habremos de tener presentes… Son aquellos momentos los recuerdos que sonríen tristes y que al final del año traemos de nuevo al corazón para que nos hagan llorar cuando nadie nos ve.

Hiro postal

Recuerdo

El mundo

 ha quedado vacío

hay solamente luz

I.Fraire

Recuerdo de niño cuánto me gustaba. Tan esperada y deliciosa la hora. La hora de la hora. Siempre a las siete de la noche. Antes de cenar para evitar la enfermedad. Recuerdo el color; el viejo azulejo verde botella, y el tenebroso y enorme espejo oxidado que con el tiempo se volvió más pequeño y menos confiable y certero. Recuerdo la espera larguísima de agua caliente; quince, veinte y hasta treinta minutos duraba la espera.  Eran cinco los que duraba caliente.  Tal vez por eso, porque sabía que acabaría pronto lo disfrutaba tanto y el recuerdo es hoy tan claro (así como comer bien un buen helado, así como un beso bien dado). Recuerdo las gotas y el sonido al tocar el suelo. Recuerdo el vapor y el ruido invitándome, gritándome que estaba llegando el momento. Recuerdo las gotas tocar mi cuerpo, pasearse, jugarme y jugar yo con ellas. Recuerdo el olor del jabón: sábila, avena y un toque de limón.  Recuerdo abrir la boca, mover mis brazos, sentir mi cuerpo, tallarlo, limpiarlo. Recuerdo y me recuerdo sonriendo, me recuerdo feliz. Recuerdo el ordenado ritual, y aunque era sólo una vez por semana paso a paso lo repaso, sin embargo estos días, aunque sé que lo hago diario, muchas veces no recuerdo si me he bañado. No sé bien el color del baño, el olor del jabón ni dónde me tallo. Muchas veces no recuerdo si me he enjabonado, así que lo hago dos veces.  No me importa ya si el agua es caliente o fría. No sé ni cuánto me tardo. Ahora ya no lo disfruto tanto. De veras intento recordarlo. Intento e intento más. No es mi culpa, ha de ser porque todo cambia. Ha de ser desde que el baño se volvió regaderazo, por ahí de cuando la gracia se volvió filantropía o la amistad se hizo cosa virtual. No es mi culpa, es que hoy ya no hay tiempo de bañarse de verdad…

PARA APUNTARLE BIEN:  Esto es de John Keats:

To Homer

Standing aloof in a giant ignorance,

Of thee I hear and of the Cyclades,

As one who sits ashore and longs perchance

To visit dolphin –coral in deep seas.

So thou wast blind! –but then the veil was rent;

For Jove uncurtain’d Heaven to let thee live,

And Neptune made for thee a spumy tent,

And Pan made sing for thee his forest-hive;

Ay, on the shores of darkness there is light,

And precipices show untrodden green;

There is a budding morrow in midnight;

There is a triple sight in blindness keen;

Such seeing hadst thou, as it once befell,

To Dian, Queen of Earth, and Heaven, and Hell.

 

MISERERES: El presidente del PRI, J. C., dice que “ofende a los mexicanos” la acusación del caso MONEX. Lo niega y lo vuelve a negar. Acá está la impugnación que presentó el Movimiento Progresista, y también una columna que habla sobre esto: http://www.sergioaguayo.org/html/columnas/Losaficionados_180712.html, http://www.sergioaguayo.org/html/biblioteca2/MRA_JuiciodeinconformidadAMLOproceso.pdf. La semana pasada se aprobó la reforma política que pretende –dicen- aumentar la participación ciudadana; se aprobaron cosas como la posibilidad de que el presidente electo tome protesta sólo ante la Mesa Directiva de las Cámaras o ante la Suprema Corte. Incluye también la posibilidad iniciativas y candidaturas ciudadanas- independientes a nivel federal y consultas populares. Críticos califican la reforma como un avance contra la “partidocracia” mexicana que antepone la preservación de sus privilegios porque está aterrada de la ciudadanía en la vida pública. Otros son más escépticos y dicen que han quedado temas en el tintero.

Sueño de una noche de verano

Dedicado a A. A.

Early one morning the sun was shining,

I was laying in bed,

wondering if she’d changed at all

If her hair was still red

Bob Dylan

Sabe si alguna vez tus labios rojos

quema invisible atmósfera abrasada,

que el alma que hablar puede con los ojos

también puede besar con la mirada.

Bécquer

¿Será? ¿Seré? ¿Seremos los mismos? ¿Qué fuimos? Seis años ha y fue como si retomáramos los viejos caminos en un tiempo nuevo. Como volver a caminar tomados de la mano, aunque cada quién en distinta dirección. Si fuera un tango se hablaría de los recuerdos amargos – como se hizo – de los instantes perdidos – como se reprochó – de los inviernos alojados en nuestras frentes y en nuestra voz – como realmente pasó. Y aun así el tango no pudo con la belleza que se posó en nuestras miradas, en nuestras risas y en las sonrisas de lo que ahora somos por lo que fuimos.

 

Un anillo, un pequeño anillo fue el lazo que unió nuestro pasado con un presente que no deja de seguir, a cada instante, a cada momento, a cada recuerdo… que nunca dejó de rondar, de insistir; desde aquel anillo que sostuve trémulo ante tu incrédula y terrible mirada, hasta el pequeño brillante que tratabas dulcemente de ocultar – brillante que mostraba luminoso el infranqueable abismo que los años lenta e inclementemente cavaron entrambos… aun cuando por un instante parecimos haber sido los mismos, los de ayer, sin anillos, sin recuerdos, construyendo en una breve charla el presente y destruyendo en un fugaz momento el pasado.

 

El tiempo indómito hizo de las suyas uniéndonos y alejándonos y volviéndonos a unir. En los recuerdos, en las fugas, en los anhelos y en los reproches. Una historia que hace mucho terminó quebrándose en dos, volviéndose símbolo de nuestra vida, dos caras de una misma moneda con que nos pagó el destino por las faltas de una juventud malversa, de un amor mal interpretado, cuya llama persistió por mucho tiempo trocándose en cenizas que descubrimos algunas siguen encendidas, esperando el último escozor.  Revivimos felices los momentos dolorosos y volvimos a amarnos en instantes de recuerdos que quién sabe en dónde estén ahora ni qué pueda hacerse con ellos ni si queramos hacer algo.

 

Pero el reencuentro está demasiado fresco, demasiado cerca como para poder apreciar su belleza de la forma en la que, a instantes, la volví a apreciar en tu mirada: tímida, agazapada, como el pequeño león que aprende a cazar y cree que es más un juego que una supervivencia, con la misma seducción y coquetería con la que caí enamorado la primera vez, pero que ahora se confunde con el recuerdo y con el pasado y con tantas imágenes que llegaron a mi mente en un torbellino que todavía persiste mientras intento hilar estas palabras.

 

Sé que no somos los mismos y que hay más cosas ocultas que las que puedo en este momento contar o comprender, o incluso descubrir, y también sé que, como en toda moneda, las caras de lo que fue nuestro amor miran a lados opuestos; pero entiendo que la belleza nos volvió a unir en un instante, en ese pequeño instante en el que, aunque en recuerdos, volvimos a vivir nuestra historia y, embriagados por el pasado, nos besamos aunque tan solo fuera, como dijo Bécquer, con la mirada.

Gazmogno