Otras meditaciones sobre nuestro tiempo

Otras meditaciones sobre nuestro tiempo

(Las siguientes meditaciones se ofrecen al lector para los tiempos que corren en que su estupefacción no puede rebasar los 120 caracteres. Úsese con precaución).

Principio de identidad. El disenso es garante del respeto, lo demás es necedad.

Terrorismo. El odio siempre es impersonal.

Escándalo. Objetar al cristianismo que su amor no es personal es no entender la muerte de Cristo.

Guerra. La barbarie no es inhumana, sólo incivilizada.

Principio de diferencia. La coincidencia dejó de ser hábito y comenzó a ser real.

Námaste Heptákis

 

Que quepa duda. En entrevista con el periodista Ricardo Rocha, el subsecretario de Educación Básica, Javier Treviño, declaró que la alta cifra de participación en las evaluaciones educativas el pasado fin de semana (94.3% de los profesores) es señal de la aceptación que tiene la Reforma Educativa entre los docentes. Cabe la duda: dado que la negación en la participación de la evaluación puede significar la pérdida del empleo, ¿cómo distinguir entre coerción y aceptación? ¿La Reforma Educativa se impone por persuasión política o por asfixia económica?

Escenas del terruño. 1. Certero, Ciro Gómez Leyva se preguntó en El Universal el pasado 23 de noviembre si acaso tenemos un presidente al que nadie le hace caso o uno que ni le preocupa la inseguridad en el país. Léase, que es buen testimonio.
2. En el mismo tenor, el jueves 26 en Milenio, Carlos Puig pasó revista al decálogo presidencial.
3. En el caso de los normalistas desaparecidos hay un detalle digno de mención. Dando seguimiento al aporte de Carlos Marín en torno a la posible infiltración del narco en la norma de Ayotzinapa, Héctor de Mauleón señaló información importante el 19 de noviembre. El caso no debe ser olvidado.

Coletilla. Con su característica claridad y su templada inteligencia, Jesús Silva-Herzog Márquez reflexionó el pasado lunes en Reforma sobre los atentados de Paris y el fenómeno a ellos concomitante. Hay que leerlo.

Hablar en el desierto

El amor por la palabra mueve: a veces mueve a las pesadas montañas, y otras veces sólo mueve los labios burlones de quienes dicen ver en la palabra algo tan valioso como para no pronunciarla nunca. El que ama la palabra cuida lo que dice y lo que hace, porque sabe que el decir es un hacer y que el hacer es un modo del decir; en cambio, el que se finge amante de la palabra se finge cuidadoso de la misma, y no siente reparo en decir una cosa y hacer lo contrario, pretende callar cuando habla y evita a toda costa el juicio silencioso de quien mejor lo ve.

La burla hacia el amante que habla, incluso en el desierto, se nutre del vacío aplauso que otorga un público ciego y al mismo tiempo carente de amor por la palabra y de respeto hacia sí. Al burlón no le importa bailar y embriagarse, todo lo deja sin reparo con tal de tener en bandeja de plata el silencio eterno de quien le muestra, como espejo, su rostro y por ende la falsedad de su amor.

Quien ama a la palabra respeta lo que dice porque se sabe un ser de palabra, y si bien cuida lo que dice su cuidado no lo sumerge en el silencio y como Juan Bautista se pronuncia sin importar que eso ocurra en medio del desierto.

 

Maigo