El genio y el daimon

El genio y el daimon

 

Los hombres de genio son a los burgueses casi como los cristianos son a los fariseos. Tan conocidas son las acusaciones de los burgueses a los hombres de genio como las respuestas de Jesús a los fariseos. Menos atención ha generado -y el historicismo es el principal responsable- la relación entre Jesús y los hombres de genio, así como las consecuencias de la ensarkosis para la genialidad. Explorar la relación entre Jesús y los hombres de genio, además, nos dará la posibilidad de pensar la condición de la política y la individualidad tras la encarnación. ¿Cómo pensar la posibilidad de la política ante la cancelación de lo necesario?

Los hombres de genio necesitan negar la historia de la salvación para salvar la posibilidad de sí mismos. Ante Jesús, los hombres de genio preguntan: “¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos?” (Mt. 8, 29) Ante los hombres de genio, Jesús se presenta como expulsador de demonios, como desacralizador (cfr. Nietzsche, Anticristo, §26). El tormento de los hombres de genio ante Jesús es la desacralización de su genialidad: la genialidad deja de ser un dón divino y la encarnación inaugura en todos los hombres la responsabilidad de la salvación. Negar la salvación es asumir el propio destino como quien es echado a los cerdos. Aceptar la salvación es negar la posibilidad del genio. Tras Jesús no es necesaria la genialidad. Después de Jesús parece innecesaria la filosofía.

Para los hombres de genio su genialidad extática es heredera del daimon socrático. Los hombres de genio consideran la filosofía como una inspiración libertaria. Su arquetipo es la caverna platónica: el genio se libera de sus cadenas (“había estado atado muchas veces con grilletes y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grilletes, y nadie podía sujetarlo” Mc. 5, 4. cfr. Rousseau, Del Contrato Social, libro 1, capítulo 1, párrafo 1). En cambio, considerando a la filosofía como actividad erótica, el daimon socrático no es liberador, sino disuasor: eros delinea la intimidad del filósofo. Concebir la intimidad filosófica como libertaria es cancelar la posibilidad de eros. La experiencia de la vocación filosófica no es la del rey-profeta (Cfr. Maquiavelo, Príncipe, VI). El daimon bosqueja la política del filósofo. Por su posibilidad política, el daimon socrático no es el genio; eros no empodera.

El filósofo socrático lleva su vida en una tensión constante entre el eros y el honor. El daimon delinea la posibilidad política del filósofo. Cuando comprendemos que “eros es la gracia de la naturaleza”, entendemos la dimensión propia del santo. Cuando entendemos socráticamente la gracia, comprendemos por qué después de Jesús tanto la filosofía como la política son posibles. Después de Jesús, por tanto, es indispensable volver a preguntar qué sea eros.

 

Námaste Heptákis

 

Para no olvidar. 1. El pasado 22 de junio fue asesinado en Veracruz el vocero de la Brigada Nacional de Búsqueda de desaparecidos, José Jesús Jiménez Gaona. 2. Antier, 23 de junio, se cumplieron tres meses de la desaparición forzada de la activista del colectivo de búsqueda de desaparecidos «¿Y quién habla por mí?», Claudia Ivonne Vera García. No hay novedades sobre su caso. 3. Mañana 26 de junio se cumplen 21 meses de la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa. Tras la entrega del «libro blanco» no hay novedad alguna sobre el caso. 4. El lunes 27 de junio se cumplen dos años del encarcelamiento de José Manuel Mireles, preso político.

Escenas del terruño. 1. La indignación selectiva de Fabrizio Mejía Madrid, quien formará parte de la Asamblea Constituyente de la CDMX por parte de Morena, le hace protestar airado por las amenazas a los periodistas que cubren el conflicto oaxaqueño y mofarse de las amenazas que la Asamblea de Barrios y sus grupos afines han hecho contra Héctor de Mauleón. En la mente del señor Mejía, como en la de tantos indignados selectivos, la censura y la amenaza son aceptables contra quien no contribuye a su movimiento. ¡Y ahora legislará! 2. El enfrentamiento entre simpatizantes de la CNTE y las policías Federal y de Oaxaca, el pasado domingo, ha sido una fuente de confusión y de cambios en las disposiciones políticas del país. Por una parte, del señor que tiene el puesto de gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, se obtuvo un deslinde casi inmediato tras señalar como responsables del enfrentamiento a grupos radicales “ya por todos conocidos”. Por otra, uno de los aludidos, Flavio Sosa, advierte que el conflicto en Oaxaca es más serio que en 2006 y que por tanto las fuentes oficiales lo están minimizando. Además, las versiones de los funcionarios y de los testigos del enfrentamiento, no coinciden. Tampoco coinciden los señalamientos sobre quiénes son los muertos, quiénes los heridos y qué hacían en el lugar de los hechos. Tras el enfrentamiento, la respuesta oficial ha sido doble. Primero, destinar la investigación a un grupo de élite. Segundo, la Secretaría de Gobernación ha aceptado el diálogo con los líderes de la CNTE, sin que parezca posible una solución dialogada al asunto. 3. «El que celebra se descuida», señaló Manlio Fabio Beltrones en entrevista radiofónica sobre la actitud del presidente nacional del PAN, y con ello da la clave  para entender la «derrota» del PRI y su renuncia a la dirigencia del partido. Si el que celebra se descuida, ¿el que renuncia se cuida?

Coletilla. “A una sociedad escindida corresponde una poesía en rebelión”. Octavio Paz

Arrepentimiento moderno

En el diario íntimo de un hombre, atormentado por el dolor de un gran descubrimiento, vi la siguiente entrada. En ésta el sujeto solicitaba que quien leyera le diera escapatoria a sus palabras; las cuales me dedico a transcribir. Y lo hago por chismosa, si no, por qué leer intimidades, y quizá esperando que los dolores de este hombre para alguien puedan servir. Le doy pues la palabra y dejemos que lo no íntimo salga de entre lo que sí lo es, y aunque algunas partes del texto son ilegibles procuro dar lo que de éste se conserva íntegro:

Invierno del año 1**7 de la era de Nuestro Señor.

Puse mis esperanzas en los sentidos, pero me di cuenta de que estos se engañan con facilidad, sienten calor cuando hace frío, y engrandecen lo que demasiado cerca está. Desconfiando de tan infieles guías y negando la verdad en lo que ellos pudieran decirme, confié en pesos y medidas, y con razones obtuve certezas que dejaron lejos las bellezas que antes viera con placer.

Las razones me perdieron, y a un lago me fui a llorar, sentí que el corazón me latía y dejé los pesos, las balanzas y las medidas; y decidí a mi corazón escuchar. Llanto, temor y lamentos me oprimieron sin cesar, di rienda suelta a mis sentimientos y afirmé mi libertad. Pero libre me vi solo, sin amigos para conversar, no hallé quien me diera consuelo, cada uno de quien esperé se encerró en su individualidad.

La soledad pesa y cala, no me gusta sin amigos estar. Hace frío en este invierno y no tengo con quien platicar. Pensé que era bueno estar solo, sin molestias, sin los otros, sin sus cuitas aguantar. Pero ahora, ahora que estoy muriendo, comprendo que la raíz de mi desdicha se ubica en aquello en lo que llegué a confiar ciegamente, creí que sólo de mí dependía ser feliz y que con trabajo duro y duras dudas conquistaría lo que sólo brinda la amistad.

Negué la salvación del hombre por afianzar mi grandeza, esperé ser reconocido y servido por ser grande, pero en lugar de grandezas todos nos perdimos en una mísera igualdad, estoy sólo y sin amigos con los que me pueda salvar. Mi pluma ya se debilita, ya no puedo escribir más, la muerte se acerca a mi lecho y sólo a mí me llevará, ni un amigo me acompaña, porque creí poder solo con esta horrible soledad, tengo…tarde veo que ni los sentidos, ni las razones, ni las explosiones de sentimientos me darían la salvación que pretendía conquistar…

Hasta aquí la página sobreviviente de un diario extraviado en las soledades de un viejo laboratorio.

 

Maigo.

 

Claroscuridad de la vida

Claroscuridad de la vida

para A. Cortés
en esperanza

There is one creed: ‘neath no world-terror’s wing
apples forget to grow on apple-trees
G. K. C.

De todos es conocida, al menos en sus más generales detalles, la alegoría de la caverna de Platón. Todos saben que el maravilloso ateniense labró en una insuperable imagen el camino que ha de recorrer todo joven filósofo. Todo joven filósofo, supongo, se habrá juzgado desde el estándar platónico y frente a él habrá orientado sus aproximaciones. Algunos preferirán juzgarse desde la comparación con el incendiario que baja por la montaña; otros, con el genio que contempla el fuego en la estufa de su cocina mientras moldea un trozo de cera; unos más, con el paseante solitario que ha conquistado el amor propio y tanto se ha liberado de las cadenas de los prejuicios sociales, como ha salido librado de las debilidades de la civilización. Pero el perturbador Zaratustra, el geómetra genial y el estruendoso de Ginebra son, en sus propios relatos, personajes principales; no así los cavernícolas de Platón. La voluntad del sabio que baja de la montaña, el buen sentido del genio que descubre el método y la pasión libertaria del revolucionario que rompe las cadenas son opuestas al eros platónico: el cavernícola es obligado a salir de la caverna por alguien más y la salida es la prueba de su eros. El personaje de Nietzsche necesita a alguien más para confirmar su imperio, el de Descartes para justificar su obra y el de Rousseau para confirmar sus actos; pero el de Sócrates lo necesita como causa final desde el inicio de la acción ―por ello Cicerón se imaginó que los cavernícolas en el exterior no dejaban de platicar sobre lo más importante, lo que al mismo tiempo es lo más interesante. O dicho de otro modo, los cavernícolas son personajes secundarios en la historia de su propia vocación, la historia de eros.

En la historia de eros, me parece, después de la caverna platónica hay una segunda imagen importante casi por todos conocida: las negaciones de Pedro. Tras la aprehensión de Jesús, Pedro está calentándose junto a la fogata y niega su fe por primera vez. Posteriormente sale del palacio de justicia y niega a Jesús por segunda vez. Finalmente, en la plaza pública lo niega por tercera vez, al tiempo que Jesús pasa junto a él aprehendido y lo mira de reojo mientras es trasladado por los guardias. Las negaciones de Pedro ocurren: junto a la fogata, fuera del palacio y en la plaza. En paralelismo con la imagen platónica, las negaciones de Pedro se relatan con peculiar atención a la luz y lo visible, al reconocimiento de la verdad como un alejamiento paulatino de la mentira y a un giro del alma que se llama conversión. Las negaciones de Pedro son la reinterpretación cristiana del eros platónico y en su imagen se ha labrado el camino del joven filósofo cristiano.

¿Qué hacía Pedro junto a la fogata? El Evangelio afirma que se calentaba. Y no seré tan perogrullesco como para preguntar por qué se calentaba, pues casi cualquiera podría notar que no se calentaba porque tuviese frío, sino que se calentaba porque necesitaba ser reconfortado. Pedro buscaba en la fogata el alivio a su alma destemplada por la culpa. Pedro buscaba en la luz y el calor de la fogata una orientación suficiente ante el escándalo; la luz y el calor son el rastro inteligible de la Creación. Contrario a los cavernícolas platónicos que no saben reconocer la realidad de las imágenes que se enorgullecen de ver, Pedro busca en la fogata una imagen de la realidad conocida en la experiencia de Jesús y negada en el escándalo de la aprehensión. Pedro, frente a lo cavernícolas, buscaba una imagen que le impidiera perder al original. La primera negación es el fracaso de la imagen.

¿Qué hacía Pedro fuera del palacio? Pedro salió del palacio cuando la imagen se hizo imposible, cuando queriendo huir de la oscuridad necesitó huir de la luminosidad. Pedro en la intemperie vive la indecisión del deus absconditus. La fogata había revelado su culpa; la intemperie la dejaba expuesta. Afuera, Pedro es reconocido por la luz del sol amaneciente. A Pedro se le vuelven inasibles las imágenes y los conceptos. La segunda negación es el fracaso de una teología pagana.

¿Qué hacía Pedro en la plaza? Según el testimonio de Mateo, a Pedro lo reconocieron en la plaza por su modo de hablar. La luz de la fogata de la primera negación y la luz del sol en la segunda son sustituidas por la luz de los discursos. No son discursos adecuados a los griegos, pues explícitamente se indica que Pedro habla en galileo. Tampoco son discursos adecuados a los judíos, pues implícitamente se recalca lo transgresivo del discurso cristiano. Pedro es ofuscado por la necesidad del discurso, pero en la culpa su discurso se vuelve imposible. La tercera negación es el fracaso de la palabra.

La modificación que las negaciones de Pedro hacen a la historia del eros es su inclusión en la historia del logos y la historia de la salvación. Mientras Pedro está en la plaza y niega por tercera vez a Jesús, el Maestro pasa frente a él conducido por los soldados y lo mira de reojo. San Lucas añade: “Pedro recordó las palabras que el Señor le había dicho: «Antes de que el gallo cante hoy, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, lloró amargamente”. La mirada de Jesús incendió el recuerdo e iluminó la fe de sus palabras. La mirada de Jesús confirmó a sus palabras como la revelación y a su persona como contenido de la misma. La mirada de Jesús reveló a Pedro el camino del arrepentimiento y señaló la verdad del perdón. La afanosa búsqueda de luz que Pedro emprendió por la culpa tornó conciencia del pecado en cada negación, pero encontró la luz verdadera en la mirada del perdón. Contrario al cavernícola platónico, tras la revelación el joven filósofo cristiano busca afanosamente la luz. El eros cristiano en lugar de ser tiránico, nos libera.

 

Námaste Heptákis

 

Garita. El pasado lunes 30 de marzo, representantes de transexuales y transgéneros del Distrito Federal solicitaron al INE facilidades para la emisión del voto a partir de la validación de los tres elementos de identificación que incluye la credencial para votar: fotografía, firma y huella digital. La solicitud es coherente con las recientes modificaciones a la ley que permite el cambio legal de identidad de género.

Escenas del terruño. En cuanto al caso de los desaparecidos de Ayotzinapa es necesario comentar dos cosas. En primer lugar, es digno de considerar el argumento abolicionista que los padres de los desaparecidos han adelantado respecto a la elección: no hay condiciones para asegurar que en la próxima elección no estarán eligiendo a otro Abarca. Ciro Gómez Leyva, en El Universal del pasado lunes, expuso claramente el asunto. En segundo lugar, no se debe pasar por alto el llamado que los padres de los desaparecidos han hecho a “El Carrete”, líder criminal a quien han solicitado información para encontrar a sus hijos, pues consideran insuficiente la información oficial. Ambas consideraciones son testimonio importante de la antipolítica que predomina en nuestros días y del connotado ímpetu de efectividad que va dominando el ánimo público.

Coletilla. Ayer, la corte del estado de California, en los Estados Unidos, determinó la legalidad de las clases de yoga como formación curricular en las instituciones de educación básica bajo el argumento de que no son una vía de inducción al hinduismo, y por tanto no son promoción religiosa. Sospecho que la salubridad es la religión contemporánea.

Bendita ignorancia

Quien tiene una idea clara sobre lo que es bueno y malo puede con facilidad distinguir a una bendición de una maldición, el bien decir va asociado con el buen desear. Y sólo cuando se sabe qué es bueno es posible desear a alguien algo bueno, lo mismo ocurre con el maldecir; el camino de reconocimiento es circular y por ende poco aceptable para quien tiene un alma que sólo recibe como argumento válido aquel que de alguna u otra forma permite un progreso constante y notorio respecto a lo que se pretende conocer.

Pero cerrar la puerta a quien ama el camino progresista es no tomar en serio la pregunta que nos aqueja sobre lo bueno y lo malo, en especial cuando se puede pensar que el progreso es ciego y por ende incapaz de reconocer lo que es una bendición de una maldición. De igual forma cancelar la pregunta y la respuesta que nos pueda dar la fe es irresponsable en tanto que la religiosidad de quien tiene fe da muestras calaras de saber lo que es bueno y lo malo, aún cuando sus argumentos parezcan distantes de lo que son del agrado de los oídos que odian lo circular o lo contradictorio.

En un mundo donde la fe no resplandece como antaño, es necesario volver a preguntar si hay manera de distinguir a lo bueno de lo malo, lo que implica apostar nuevamente el ser a la posibilidad de preguntar y responder sinceramente.

¿Desde dónde y hacía donde podemos dirigir la pregunta que nos llevaría a cambiar nuestra vida? La religión no resulta del todo atractiva, de modo que se puede caer en el error de preguntar al religioso con la plena disposición a no creerle, así la pregunta no sería genuina y la respuesta sólo nos conduciría a alimentar más ciertos prejuicios. La razón tampoco es de fiar, sus límites ya han sido claramente delimitados y lo bueno y lo malo quedan ajenos a la misma, en caso de preguntar a la razón entonces sólo tendremos una moral provisional que por lo mismo es poco segura. No faltará quien diga que le podemos preguntar al corazón, pero éste es veleidoso e inconstante y a veces su voz se confunde fácilmente con la de los sentidos, de modo que lo bueno se puede reducir a lo placentero y lo malo a lo doloroso, poco a poco nos vamos quedando solos y sin tener a quién preguntar.

Las posibilidades se van cerrando y junto con ellas se va diluyendo la distinción entre lo bueno y lo malo, entre lo que es bendición y lo que es maldición; y con este constante cerrar de puertas lo único que queda para ser cuestionado es el hombre, que se expresa en todo lo que hace y en lo que cree.

Viendo lo que resta, el hombre, resulta necesario explorar cada uno de los caminos a los que nuestra disposición y ánimo se han cerrado -ya sea por prejuicios, por conocimientos previos o por falta de ánimo- como si para saber lo que es bueno y malo nos reconociéramos primero como ignorantes en la materia y no como sabios dispuestos a tomar un camino que ya llenamos de obstáculos.

 Maigo.

La pérdida del juicio

¡Cuán dura cosa es decir cuál era

esta salvaje selva, áspera y fuerte

que me vuelve el temor al pensamiento!

Dante.

 

El progreso es un movimiento conformado por contradicciones, por un lado pretende facilitarnos la vida, haciéndola más cómoda y duradera; y por el otro consigue hacer de nuestras vidas un infierno al ponernos a trabajar en aras de lo que se necesita para progresar, lo que hace de una larga vida una maldición.

Los beneficios y los maleficios del progreso se notan con facilidad, basta con comparar cómo vivíamos antes y cómo lo hacemos ahora, y una vez hecha la comparación saldrá a la luz si éste es benéfico o no. Lo que no es tan notorio, o al menos no se ve con tanta facilidad es el criterio mediante el cual se ha de juzgar al progreso, quienes consideran que éste es bueno, lo hacen porque creen que lo mejor para el hombre es la seguridad de una larga vida llena de confort; por su parte, quienes ven en el juzgado algo maléfico para el hombre se fijan en lo que la seguridad de una larga vida y el confort hacen del mismo, señalando que las comodidades traídas por el progreso conllevan la conformación de hombres cada vez menos humanos, es decir, cada vez más sumergidos en la inacción que trae consigo el abandono de las pasiones y en la pasividad que trae consigo el abandono de la razón.

Decidir respecto a esta cuestión no es tan sencillo como parece serlo si consideramos que con una comparación basta, pues lo que muestran algunos como benéfico en el progreso le es propio al hombre como ser vivo, en tanto que éste buscará la manera de mantenerse con vida desde que llega a este mundo, y lo que señalan los otros como nocivo atiende al aspecto espiritual del hombre, en tanto que se ocupa de ver cómo es que lo material termina por disolver las pasiones y el pensamiento.

Si vemos con atención el problema de defender o juzgar al progreso radica en que los argumentos de defensores y críticos se concentran por lo general en un solo aspecto de lo que es el hombre, o bien se le consideran como un ser material o bien lo ven como un ser espiritual. Aunque bien pudiera ser el caso que sea las dos cosas al mismo tiempo, lo que también tendría que ser sustentado, en especial cuando tal unidad ya no parece aceptable fuera de la experiencia cotidiana, la cual tiene el problema de no ser muy confiable después de que la razón la juzgara como insuficiente.

Así pues, el juicio sobre las bondades o perjuicios del progreso requiere no sólo de nuestro conocimiento respecto a lo que sea el hombre, sino de la certeza que podamos tener sobre el conocimiento mismo.

El bosque en el que nos perdemos al tratar de ver qué es lo mejor para el hombre se va haciendo más oscuro, poco a poco se van perdiendo los rayos del sol y el horizonte se va junto con ellos.

Maigo.

Hablando del Olvido III. Olvido progresista

El progreso de una sociedad se puede medir en su capacidad para olvidar, entre más olvidan los miembros que la conforman mayor es la apertura de los mismos hacia los cambios que trae consigo el progreso. Un ser memorioso se vuelve conservador y demasiado rígido ante los ojos del olvidadizo progresista, quien debe dejar atrás lo que ya pertenece al pasado y continuar su camino sin atender a lo que ya fue.

No faltará quien diga que lo antes afirmado no es verdad, que gracias al progreso las sociedades más avanzadas pueden guardar una cantidad de datos que ningún ser humano puede, que más cabe en aparatos sumamente pequeños y complejos, que en la masa enorme a la que fácilmente denominamos cabeza.  Pensamos a la memoria como un contenedor, como algo que inicialmente no tiene nada y que poco a poco se va llenando; no nos percatamos de que al pensarla de esta manera nos pensamos a nosotros mismos como seres que llegamos a este mundo completamente vacíos, es decir, nos vemos como contenedores que se van llenando o se van vaciando según lo requerido.

Esta imagen es peligrosa porque el sentido que pudiera tener nuestra vida y todo aquello que decimos es digno de recordarse se va perdiendo en la medida en que vemos lo recordable como meros datos, es decir, como objetos a vaciar en otros contenedores que pueden ser sumamente fieles en su calidad de tales, pero al mismo tiempo muy infames, porque con lo memorable se llevan el sentido de lo supuestamente guardado.

En otros tiempos o lugares la buena memoria era algo admirable, y más lo era cuando lo que se recordaba era algo que podía ser importante, cuando lo memorable daba algo más que datos a quien lo rememoraba y cuando quien se encarga de recordar impedía que lo importante para la comunidad se perdiera entre las murallas silenciosas del olvido. Pero recordar implica vivir de nuevo, si no de la misma manera de otra, y por lo tanto implica regresar sobre los pasos ya recorridos, y no hay nada más contrario al progreso que retomar lo que ya ha sido superado hace mucho.

Vivir de nuevo puede ser doloroso y pesado, y olvidar en cambio, puede resultar placentero y conveniente para aquellos espíritus libres que saben dejar de lado lo que sólo los distraería de ser plenamente lo que son, si es que algo les queda por ser una vez que se han olvidado del peso que trae consigo el recuerdo y la tradición.

Pero no hay porque satanizar al progreso, pues éste no permite el olvido así como así, no es verdad que las sociedades progresistas dejen de lado a los clásicos y a todo aquello que por alguna razón, ya no se sabe bien cuál, deba ser recordado. Si bien es cierto que el hombre ya se ocupa en recordar las cosas, también lo es que éste mismo se ha dedicado a generar los aparatos que le permiten guardar fielmente cualquier cosa que deba ser recordada y que exija demasiado tiempo para su aprendizaje. Si no fuera el caso entonces no existirían aparatos a los que se les llama memoria, o no se hablaría de la memoria de otros tantos instrumentos que han sido diseñados para suplantar a los recuerdos dolorosos.

Si vemos de cerca, entre más abundan estos aparatos de más tiempo libre dispone el hombre y menos se ocupa de recordar lo que tan sólo necesita consultar en alguna cosa inventada por él, entre más progresa el ser hombre menos recuerda y entre menos recuerda más tiempo tiene para disfrutar de la vida.

Este tiempo para el disfrute es el que hace del olvido algo placentero, el placer se mueve en el terreno de lo efímero, mientras que el recuerdo lo hace en el terreno de lo perdurable, lo memorable puede doler, y ocuparse de ello puede distraer al hombre de lo que el olvido de todo trae consigo, que para muchos es un bien. La propaganda en favor del progreso es al mismo tiempo propaganda en contra de la memoria, y se basa en equiparar a la memoria con un mero almacenamiento de datos y al vacuo almacenamiento con el sentido de la vida que puede encontrar el ser humano una vez que se ve libre de lo que lo distinguiría más de los animales.

 

Maigo.

 

Libertador

Pensar en esclavos felices es algo que no puede dejar de aterrar a cualquiera que vea en el hombre la imagen de la libertad. ¿Y quién mejor que un libertador para defender a toda costa la libertad que tiene el hombre? ¿Quién mejor que aquél que sacrifica su tiempo para denunciar siempre la falsedad de la vida de los esclavos?

Seguramente no hay nada mejor que un libertador, un líder capaz de ser escuchado y de guiar a los hombres a vivir y morir por una causa, un ser competente para retirar a los seres destinados a la libertad las cadenas de la esclavitud que no lo dejan actuar conforme a su voluntad, aún cuando su voluntad sea contraria a la ley y a todo lo que en otro tiempo fue bueno.

El libertador es innovación, es cambio y es revolución, y por lo mismo es abandono de lo que fueron las buenas costumbres y también de las malas, pues bajo su guía ya no hay nada bueno o malo, todo es cuestión de perspectiva y nada más. Quizá por ello es que el libertador es escuchado por tantos, alabado y preferido en medio de la plaza pública, rescatado de los tormentos y soltado para que viva en las calles y en medio de los por él liberados.

Y cómo no hacer caso al libertador, si en vez de mandamientos y leyes trae consigo posibilidades, el hombre que sigue al libertador espera hacer lo que quiere en la medida de sus fuerzas, pretende comerse al mundo sin considerar su hambre, y atiende a los caprichos que le va dictando su deseo sin importar el sacrificio que se debe hacer para satisfacerlo.

El libertador deja al hombre convertirse en tirano y le permite hacer sus propias leyes y mandatos, sin importar hacia dónde puedan estos dirigirle, pues el libertador ve en el hombre a un ser sabio y capaz de actuar previendo lo que ocurrirá, y ve al mundo como un sitio donde de A necesariamente se sigue B.

Maigo.